recaptcha-in-wp-comments-form domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131updraftplus domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131Nosotros elegimos visitar las termas de Széchenyi, pero la ciudad cuenta con varios balnearios, que utilizan tanto turistas como locales. Este sea quizás el más popular (además de ser el más grande de Europa), pero también el de Gellért, el de Rudas y el de Lukacs son muy bellos y de fácil acceso mediante transporte público. Nosotros elegimos Széchenyi más que nada por todas las fotos que habíamos visto, porque estaba muy cerquita del Airbnb en el que estábamos parando y habíamos reservado esa zona para recorrerla el último día. Ya había comentado que este balneario se encuentra en un gran parque público llamado Városliget (Parque de la Ciudad). Este gran espacio verde, de 302 hectáreas, alberga otras populares atracciones de Budapest: entre ellos se encuentran el castillo de Vajdahunyad, el Zoológico y Jardín Botánico de la ciudad, un circo e incluso una pista de patinaje sobre hielo. Es realmente un lugar para perder todo el día, además de una zona bastante bonita para pasear, incluso en invierno.
Para llegar al balneario, hay una estación de metro (Széchenyi fürdő, de la línea M1, la amarilla) dentro del mismo parque. Este es probablemente el modo más fácil de ir hasta ahí, ya que los deja a apenas 150 metros del ingreso. Nosotros optamos por ir caminando, ya que estábamos muy cerca. Si están parando por la zona de Nyugati, lo más probable es que la forma más sencilla sea ir a pie. Además es interesante comenzar a meterse por las callecitas hasta llegar a la Plaza de los Héroes, con su imponente Monumento del Milenio.
En invierno, esta zona tiene un color muy especial. Aunque no tuvimos nevadas durante nuestro paso por Hungría, los restos de escarcha podían verse por los caminos, con árboles pelados y ese tinte invernal que hace de Europa otra postal encantadora, y muy diferente a otras épocas del año. Este parque guarda una atmósfera muy especial, a medida que uno va caminando y se va acercando al increíble edificio que alberga al balneario Széchenyi.
Por suerte no tuvimos que esperar para comprar las entradas; enseguida nos atendieron. Los precios varían dependiendo de los servicios que contraten y del día en que vayan. Nosotros fuimos un día de semana, por lo que los valores son un poquito más bajos (realmente no es mucho). Pueden sacar el ingreso básico por 5200 florines húngaros (16,60 euros; 17,20 si van los fines de semana), que incluye un locker, o pueden solicitar un ingreso con vestuario si quieren un poco más de privacidad para cambiarse (por 18,20, 0 18,80 si es fin de semana). La señora que nos atendió, muy amablemente. nos explicó que nos convenía sacar un solo ingreso con vestuario y dos con locker; de esa forma nos salía menos, pero los tres podíamos usar el vestuario para cambiarnos por turnos. La verdad no es una gran diferencia, pero puede significarla si viajan en grupos más grandes o en familia. Les van a dar unas pulseritas, y con ellas van a poder entrar e ingresar a su locker o cambiador. También, si no les interesa meterse en las piscinas, pueden pagar la entrada de visita, que sale unos 2000 florines (6,30 euros aproximadamente) y les permite conocer el balneario. Además, el complejo cuenta con alquiler de toallas por 1000 florines (2000 de depósito, que les devuelven luego) y batas de baño por 2000 (5000 de depósito), por si no tienen propias o no quieren andar cargando con las suyas. Incluso también alquilan trajes de baño, pero nosotros llevamos el propio así que no podemos contar sobre esa experiencia —en caso de alguna urgencia, supongo que puede ser una buena alternativa.
Como dije, ingresar al balneario es como volver en el tiempo. Desde los cambiadores hasta los alrededores, todo parece sacado de una película antigua, conservando muchos detalles y su estilo renacentista moderno. Había relativamente poca gente cuando nosotros fuimos, lo que nos permitió recorrer las instalaciones tranquilos, cambiarnos sin apuro y sacar muchas fotos incluso antes de ingresar a las piscinas.
Ahora, lo que sigue es sólo para valientes. Viajar en invierno implica temperaturas bajo cero. Aunque nuestra visita puntualmente fue el último día de primavera (literal), las térmicas ya estaban por los dos grados bajo cero. Y nosotros ahí, con nuestros trajes de baño, mirando a través del vidrio las piscinas y pensando en cómo íbamos a recorrer ese tramo al aire libre (sip, no hay nada que los cubra desde los vestuarios hasta entrar al agua; no queda otra que pensar que el frío es psicológico y aguantarse). Entonces juntás coraje, intercambiás una mirada cómplice con tus compañeros —¿quién nos mandó a venir a bañarnos acá habiendo un pase para entrar vestidos?— y salís caminando rápido cual competidor de marcha deportiva, apretando los dientes y revoleando las ojotas a cualquier lado con tal de entrar ya. Y una vez que te metés hasta el cuello en el agua, la sensación es la más linda del mundo. El agua ronda los 38 grados y es una caricia al alma, después de días caminando Europa con escasos grados y algunos menos en la térmica. La caminata al aire libre vale la pena.
El complejo en sí cuenta con muchísimas piscinas, tanto al aire libre como cubiertas, frías y calientes. Además cuentan con muchas opciones de masajes, terapéuticos y otros tantos servicios de wellness, por si están en plan de pasar un día de relajación absoluto. Además cuentan con un Beer Spa (sí, un spa de cerveza), una tendencia que se está volviendo muy popular en Europa y que vimos en varias ciudades. Básicamente te meten en una bañera de madera que tiene agua termal mezclada con ingredientes de la cerveza, que son muy buenos para el cuerpo y la piel. Todo esto, obviamente, mientras tenés acceso a una canilla libre de cerveza checa mientras te relajás. Hay muchas opciones (acá están todos los precios), pero arrancan en un valor de 43 euros por persona, incluyendo el acceso a Széchenyi y al Beer Spa. No es barato, pero si alguno anda buscando darse un gusto y tomarse unas cuantas cervezas sumergido en esta mezcla revitalizante por 45 minutos, puede ser una buena alternativa a los baños típicos.
Nos sorprendió la cantidad de húngaros que se encontraban sumergidos en las piscinas exteriores, incluso dentro del bar con el que cuenta el complejo (no hay mucho para elegir, pero pueden tomar o comer algo después de meterse al agua, que siempre abre el apetito). En un principio, pensábamos que era más una atracción turística que otra cosa, pero muchos locales eligen este lugar para pasar el rato. También había unas cuantas familias con niños pequeños. Cuando empezó a caer la noche, vimos más movimiento de turismo y gente joven, por lo que quizás les convenga planificar su visita de acuerdo al ambiente que busquen.
La verdad es que podríamos haber estado más tiempo, pero con aproximadamente tres o cuatro horas llegamos a disfrutar de este lugar, en el que realmente pueden quedarse todo el día. Es una linda experiencia para conocer la ciudad desde otro punto de vista, y también tomarse un día para parar en el eurotrip y simplemente disfrutar de los famosos balnearios de la capital húngara. En las stories destacadas de mi Instagram hay algunas imágenes y vídeos de este lugar.
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Probablemente muchos hayan visto una foto de la Blue Lagoon, incluso sin saber qué era o que se encuentra en el suroeste de Islandia. Es fácil que las imágenes de este lugar resulten atractivas, ya sea por el color del agua o porque, básicamente, es un paraíso en medio de la nada que no parece real. Yo misma tenía mis serias dudas que el agua fuera de este color tan increíble o que el complejo realmente se viera como lo vendían las fotografías. Todas las imágenes que veía parecían retocadas.
De más está decir que, si estoy escribiendo esto, es para admitir que me equivoqué.
Parto de la base que ninguna foto le hace justicia a Islandia en general. Todas las fotografías que tomamos durante el viaje me parecen poco en comparación a lo que vimos esos días en este país que —creo que ya puedo dejar de repetirlo— es una sorpresa tras otra. Un lugar único.
La Laguna Azul, conocida como Blue Lagoon (Bláa lónið en islandés), se encuentra en Grindavík, y obtiene su suministro de agua de la planta de energía geotérmica de Svartsengi. El complejo se encuentra a sólo 20 kilómetros del aeropuerto internacional de Islandia, y a unos 50 kilómetros de Reykjavik. Las formaciones de la laguna comenzaron en 1976 como desperdicios de esta planta de energía, pero la gente empezó a darse cuenta de los beneficios que tenía el agua. Recién entre 1987 y 1995 comenzó a operar este complejo, que incluso hoy en día sigue en expansión y desarrollando facilidades para el bienestar de sus visitantes. Cuando lo visitamos, algunas zonas estaban cerradas y en construcción, aunque eso no afectó para nada nuestra experiencia.
Hay muchas opciones para ir a la Laguna Azul, pero en todas ellas es necesario reservar tickets con anticipación. No pueden ir si no tienen una reserva previa. Pueden ir tanto por su cuenta como en tour, pero en ambos casos tienen que tener un lugar asegurado previamente. El sitio oficial de la Blue Lagoon ofrece distintas opciones para contratar el servicio. Está en inglés, pero es bastante intuitivo: en la opción plan your visit van a encontrar toda la información necesaria para sacar tickets, llegar y pasar el día en este lugar increíble.
Primero lo primero: las entradas. Pueden optar por comprarlas por su cuenta desde el sitio, o sacarlas directamente con excursiones que incluyen traslado en bus (ida y vuelta). Nosotros optamos por esta segunda opción, ya que no variaban mucho los precios entre sacarlo en excursión o comprar el bus aparte. Lo bueno es que, si bien deben confirmar el horario de ingreso, pueden quedarse en la Laguna todo el tiempo que quieran: las empresas tienen transfers continuos que van desde el complejo hasta Reykjavik, para que puedan elegir la hora en la que quieren irse (recuerden chequear en el sitio de cada compañía cuáles son los horarios en los que sale cada bus, como para ir calculando el tiempo para irse —sobre todo si van en invierno, donde esperar afuera no es lo mejor que les puede pasar). La entrada más básica a la laguna, que fue la que incluía nuestro tour, está algo de 6100 coronas islandesas, lo que equivale a unos 48 euros. Aunque es un número para cualquiera que viaja con poco presupuesto, les puedo asegurar que vale cada euro que pagan. En lo personal, creo que es uno de los must de Islandia (además de un sueño personal, un lugar que no podía dejar de conocer). Hay otras tarifas, que también incluyen más servicios. Acá está la tablita con todos los detalles, que pueden ver en la página oficial:

Ahora ¡OJO! Los precios cambian a partir de marzo. Los muchachos de la Blue Lagoon decidieron eliminar la tarifa básica que no incluía nada, reemplazandola directamente por la que la siguen (que incluye la entrada, una toalla, una máscara de barro y una bebida gratis en el bar). No es un aumento, sino una modificación en las tarifas y qué incluye cada una, que de hecho creo que beneficia a los visitantes. Además, los precios pueden variar dependiendo de la demanda o del horario que seleccionen (a la hora de hacer la reserva, deben elegir la hora para llegar). Todo depende, pero en la web están muy claros los precios antes de comprar. A nosotros el 28 de diciembre, llegando por la mañana, nos salía algo de 60 euros. Estos son los nuevos precios:

Cuando compran la entrada pueden seleccionar, además, incluir el traslado al complejo desde Reykjavik que está algo de 4500 coronas islandesas (unos 35 euros). Contratando la excursión por Gray Line, nos salió aproximadamente 90 euros (si sumamos la entrada y el transporte, que es lo que incluye este tour, nos salía hasta más barato que comprarlo por la página de la Laguna Azul) y nos pasaban a buscar casi por la puerta de nuestro hotel (Hlemmur Square). El voucher nos lo enviaron por mail y ya con eso podíamos acceder tanto al transporte ida y vuelta como al complejo de la Laguna. Recuerden tenerlo impreso o digital, ya que se los piden también para tomar el bus de regreso.
Nosotros optamos por el horario de las 10 de la mañana, lo que implica que el pick-up en los hoteles arranca a las 8:30 para salir a las 9 desde Reykjavik. Después de pasar a buscarnos por los hoteles, nos dejaron en la terminal de micros, donde nos subimos a los que van hasta la Laguna. Como comenté, es un viaje de 50 kilómetros y dura aproximadamente una hora. En el camino, la magia de Islandia —al ser invierno, recién empezábamos a ver los primeros colores del amanecer, aunque aún era de noche— es digna de apreciar.
Todavía con oscuridad llegamos al ingreso a la Blue Lagoon, con diez grados bajo cero pisándonos los tobillos y un camino rodeado de nieve que lleva hasta el acceso. Con frío, entramos a la recepción que ya se encuentra aclimatada para los turistas. Mucha información disponible sobre el complejo y una pequeña fila nos separaban de acceder al spa. Nuestra tarifa no incluía toallas así que pagamos un extra para que nos dieran unas, también unas batas, y cargaron todo en nuestra cuenta. Lo que no está pago, lo pueden comprar o consumir dentro de la laguna utilizando la pulsera que les ponen al ingresar. Básicamente todos sus gastos se cargan ahí, y luego pagan al salir. Imaginate lo incómodo que puede ser andar dando vueltas con la tarjeta de crédito por el agua o los vestuarios; la pulsera soluciona todo.
El acceso a los vestuarios obviamente está dividido para hombres y mujeres, y está prohibido tomar fotografías. Allí tienen la posibilidad de agarrar un locker, que está incluído en el precio de la entrada. Básicamente dejan todas sus cosas ahí, cierran la puerta y luego apoyan rápido su pulsera en unas máquinas que hay en el medio, cerrándose así y pudiendo abrirlos únicamente volviendo a apoyarla —yo lógicamente tuve que pedir ayuda, porque lo cerré y nunca apoyé la pulsera a tiempo—. Una vez que tienen sus cosas guardadas y su traje de baño puesto, deben dirigirse a las duchas antes de ingresar a la laguna. Ya una vez que hacen todo, recomiendan también recogerse el pelo o ponerse acondicionador, ya que el agua lo reseca mucho —doy fé, el efecto dura días.

Los vestuarios salen a una zona común, que cuenta con un pequeño bar para comer o tomar algo y un espacio para dejar toallones, batas y ojotas. Lo bueno de las aguas termales es que tienen un acceso interno desde este lugar, así que no hace falta que se congelen en el exterior para entrar; pueden ingresar directo.
Y que placer. Que lindo meterse en aguas celestes que tienen una temperatura de aproximadamente 37, 38 grados, cuando afuera hace unos 11 o 12 grados bajo cero y está empezando a amanecer. Sentís como se te empiezan a aflojar los deditos de los pies, que estaban congelados más o menos desde que habíamos llegado a Islandia. El complejo es enorme, y hay mucho para recorrer. Incluso sin salir de la laguna, se pueden poner una máscara de barro o, aún mejor, tomarse una cerveza bien fría mientras se relajan en aguas termales. También hay sidras, smoothies y jugos, que pueden disfrutar gratis (en caso que su tarifa los incluya) o cargándolos a su pulsera para pagar cuando salen. Los precios no son módicos en lo absoluto, como en gran parte de Islandia, ¿pero quién te quita el placer de tomarte una Gull helada mientras sale el sol sobre Grindavík?

El color del agua es como en las fotos, por la forma en que el sol refleja el sílice que contiene el agua. Todos pensábamos que era Photoshop, pero no. Tiene ese color y ese vapor y es absolutamente maravilloso. Con la entrada básica, además, les corresponde una máscara de barro de sílice, que les va a dejar la piel suave en cuestión de pocos minutos. Y tranquilos, todo el mundo anda con las mismas pintas que tenía yo en la foto, así que vayan tranquilos al stand que vale la pena.
La Laguna Azul cuenta también con un restaurante (que requiere reservación previa) y dos hoteles dentro del complejo. Estos, lógicamente, son un lujo y tienen precios acorde. Si pueden gastar unos 530 euros por noche (en base doble), pueden quedarse a disfrutar del spa hasta tarde y dormir junto a la Laguna en el Silica Hotel. Si querés darte un lujo, podés rentar una suite en The Retreat por la módica suma de 800 euros la noche. Obviamente, nosotros nos quedamos en un hostel en Reykjavik, pero reconocemos que debe ser una experiencia única. Obviamente, los húespedes de los hoteles tienen, entre otras cosas, accesos privilegiados a la Laguna durante toda su estadía e incluso acceso privados.

Estuvimos unas seis horas aproximadamente en el complejo, disfrutando de la Laguna, su café, su bar y sus instalaciones. Salimos a comer algo —venden sandwiches, snacks y algunas cosas, aunque tranquilamente pueden llevar algo desde la ciudad— y luego volvimos a entrar, disfrutando no sólo el amanecer sino también el atardecer en este increíble lugar.
A la salida, también tienen la opción de llevarse algunos productos hechos con elementos naturales provenientes de la Blue Lagoon. Igual, tranquilos, que si se olvidan de comprar hay una tienda especializada en el aeropuerto de Keflavík, en los negocios del Free Shop.
Si van a Islandia, no se olviden de pasar por este maravilloso spa y regalarse un día para descansar, rodeados de un entorno natural único como sólo este país lo tiene. Las fotos, así de hermosas como las ven en todos lados, no le hacen justicia. Hay que ver para creer.
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