recaptcha-in-wp-comments-form domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131updraftplus domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131Otro viaje se terminó y me quedaron muchísimas cosas para contar, para recomendar y para aconsejar después de este rally por el viejo continente que veníamos planificando con mi novio y un amigo hacía meses y que nos tenía llenos de ansiedad. Hace tiempo comenté que estaba antojada de estos pequeños posts de blog que no tienen información en particular, sino anécdotas, pensamientos, cosas…
Pasaron semanas maravillosas y sólo puedo decirles que viajen tanto como puedan. Que no les de miedo, que no les agarre duda, que no tengan incertidumbre por ir a un país distinto, a una cultura desconocida, a un lugar donde no hablan el idioma. Cuando más raro el destino, más nos sorprendemos con cuán distintos y qué parecidos que somos. La barrera lingüística queda eliminada por la voluntad de conocer, por esa capacidad innata que tenemos los seres humanos de hacernos entender, de comunicarnos, de buscar un contacto con una cultura que no nos es familiar.
Salir de lo cotidiano hace tan bien. Conocer otros lugares abre tanto la cabeza. Entender, escuchar, recorrer, recordar. Hay tantas cosas lindas que no nos enseñan sobre viajar, tanto que nos perdemos si no estamos ahí, si no lo vivimos nosotros. Que no nos fijemos tanto en la plata, que no nos llevamos más que los recuerdos y las cosas lindas que vivimos y vemos con nuestros propios ojos. Que las cosas materiales pasan, pero ¿quién te quita lo bailado?
Viajen. Vayan a lugares que nunca pensaron que iban a ir. Ahorren y saquen pasajes. Anímense a ir más allá de la costumbre. Intenten usar ese inglés rústico que hace años que no practican. Pidan una cerveza en un bar donde no entiendan muy bien la carta. Prueben un plato típico. Aprendan alguna palabra en un idioma nuevo. Saquen un ticket de tren que no esperaban comprar. Piérdanse por calles que no saben dónde terminan.
Viajen. Es una de las experiencias más lindas del mundo.
]]>Desde la ruta hasta las paradas, todo es familar. Es viajar entre anécdotas, entre recorridos pasados, entre viejos amigos. Es siempre igual, con historias que a veces se repiten aunque el público no se renueve. Familar.
Es llegar sin planes, sin itinerario, sin haber revisado qué hay para hacer y qué hay para comer. Es imposible hacer planes en una ciudad que me tiene tan acostumbrada a no tenerlos, después de haber vivido allá dos años y de haber pasado tantos veranos en sus playas. Porque los planes se van dando solos, porque cada esquina parece ser un recuerdo familiar, una fotografìa en el tiempo. Buscamos lugares que ya no estaban, confiterías que cerraron, restaurantes venidos a menos, nuevas marcas por conocer, infraestructura que dejó atrás los lugares donde pasabamos eneros y febreros completos, o breves fines de semana.
Es una sensación de deja vu, pero a la vez es darte cuenta que todo es tan familiar y, aun asi, tan nuevo. Tuve que hacer cuentas y anotar fechas para recordar que hacía ya siete años que no pisaba Mar del Plata. Siete años es mucho tiempo. Caminar por la ciudad fue darme cuenta que los lugares cambian tanto como uno, pero que la familiaridad se queda para siempre. A esa ciudad la sigo queriendo como sea y sé, que en el fondo, me quiere un poco a mí también. Que los recuerdos felices, aunque fuera otra persona en aquel entonces, también me pertenecen. Que los lugares cambian, los amigos se van, los locales cierran, los edificios crecen y todos se transforma, pero a veces seguimos enamorados del recuerdo y lo que significó un lugar en nuestras vidas en algún momento de ellas. Todas las historias que tengo de esa ciudad son cosas que añoro y que, a su manera, me hicieron feliz.
En los últimos años tuve la suerte de conocer muchísimos lugares increíbles, de tomar fotos de escenarios en los que jamás creí estar (y a veces me parece irreal haber estado), de conocer culturas que me fascinaron y me cambiaron de formas impensables. Y, sin embargo, Mardel es ese lugar seguro al que siempre quiero volver. De Mar del Plata tengo los mejores recuerdos. Largos veranos con la familia sentados en la rambla, de varias temporadas, que me dejaron gente conocida y lugares familiares, donde no necesito revisar Google Maps para encontrarlos. El recuerdo de noches con amigos, andando sin rumbo y congelándonos por las playas marplatenses, que tienen esa costumbre de no respetar mucho la lógica del clima. Tardes en la Bostón con mi mamá y mi abuela, tomando el té sin apuro y compartiendo una Espuma de Limón. Esas mañanas en el departamento que compartíamos con otra familia, donde los desayunos implicaban, en algunas ocasiones, cinco docenas de churros de Manolo. Esa primera vez en un Casino, únicamente para mostrar el DNI y probar que ya había cumplido, hacía pocas horas, los 18 años. La infancia, la adolescencia, volver como adulta. Mar del Plata es ese lugar que, más que una ciudad, es un recuerdo en sí solo, una lugar familiar y acogedor al que quiero volver siempre.
Conocí cientos de lugares y espero seguir conociendo muchos más. Pero si me preguntan un lugar en el que fui verdaderamente feliz, a 400km de casa sigue estando Mardel.
]]>Los meses de anticipación desde que sacás el pasaje ya dicen algo. El no esperar el tiempo para descansar, sino para recorrer, para conocer, quizás también. Volver cansado, pero con la cabeza que te explota de recuerdos, experiencias y deseos de seguir descubriendo un lugar (o varios) es, quizás, uno de los motivos más importantes por lo que me cuesta creer que es un simple viaje de recreación.
Porque viajar (no vacacionar, sino viajar) te hace preguntarte muchas cosas: te hacés planteos, te das vuelta en un minuto y cambiás de opinión sobre cosas que creías saber de memoria. Entendés cosas que quizás antes no entendías. Te perdés en lugares que no conocés pero que, estás seguro, te gustaría tener meses para hacerlo.
Últimamente, me genera mucho placer que la gente a mi alrededor —conocidos, amigos, familiares— haya empezado a viajar más. No sé si es época de redes sociales y todo está más expuesto, pero no tengo recuerdo de ver tanta gente en tantos lugares lindos (sea acá cerca o a miles de kilómetros) en diferentes épocas del año. Y me parece perfecto. Más de una vez dije que no me parece un gasto, sino una inversión, y la gente que se va parece estar de acuerdo con que, de vez en cuando, está bien regalarse una experiencia así. Un viaje, un destino. Un lugar que queramos conocer, explorar, descubrir.
Y no voy a empezar de nuevo con que para viajar no se necesita ahorrar años ni tener muchísima plata. Ya dije varias veces que creo que es una cuestión más de predisposición que otra cosa. No quiero ser repetitiva. Pero siempre es cuestión de buscar. Esperar ofertas. Repito, a veces te bancás dos escalas, 40 horas de vuelo, tener que pasar por varios aeropuertos… De verdad, me cuesta llamarlo vacaciones. A veces hay que hacer sacrificios, pero se justifica. Todo vale. El único problema es que se vuelve adictivo, hasta el punto de empezar a darte cuenta que vale la pena resignar cosas con tal de volver a viajar. Aunque, desde la experiencia propia, no creo que ese sea del todo un problema.
Si tenés algún conocido que todavía se rehúsa un poco, insistí. Es el mejor consejo que le podés dar. Los autos, las cosas, lo último… todo es viejo, todo pasa. Juntar cosas, juntar plata, ¿de qué sirve? Lo mejor que tenemos son las cosas que vivimos y que nos cambian como personas. Y no es un cliché. Después de varios años de seguir esta linda tradición de “una vez al año andá a un lugar en el que nunca hayas estado antes”, puedo decir que es totalmente cierto.
A todos los que querés, hacelos viajar.
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