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Crónicas de Viaje – #ArgieTravellers https://argietravellers.com Blog de viajes de dos argentinos viajeros Tue, 11 Jun 2024 07:20:35 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9.4 https://argietravellers.com/wp-content/uploads/2018/06/cropped-Bandera_Argentina-32x32.png Crónicas de Viaje – #ArgieTravellers https://argietravellers.com 32 32 I Seoul U https://argietravellers.com/i-seoul-u/ https://argietravellers.com/i-seoul-u/#respond Thu, 22 Jun 2023 20:09:09 +0000 https://argietravellers.com/?p=2506 Hay países que siempre soñamos con conocer. Ya conté un poco como Japón fue mi sueño de tantos años, quizás más de los que recuerdo, hecho realidad. Hay otros que simplemente no están en nuestros planes. Quizás por el tipo de atracciones, quizás por seguridad, quizás porque simplemente no sabemos mucho sobre ellos y no logran despertar nuestro interés.

Mi historia con Corea del Sur es un poco así. Poco sabía de este país, que, de a poco, se fue metiendo en el plano del entretenimiento de una forma tan sutil que casi ni nos dimos cuenta. Mi primer interés real por Corea surgió, como el de mucha gente, por una serie de televisión. Durante la pandemia vi mi primer k-drama, uno que probablemente sea de los más famosos del país asiático, uno que hace pocos días salió en las noticias por hacer que un pequeño pueblo de Suiza tenga que cobrar entrada para ingresar a una de las zonas donde se grabó.

Con el paso del tiempo me fui enganchando, me fui acostumbrando al idioma, me empezaron a dar curiosidad sus costumbres, su comida, sus lugares. Empecé a leer a sus autores, a escuchar su música. Y cuando se presentó la oportunidad de conocer la capital de Corea del Sur —porque fue una oportunidad más que un plan—, estaba muy emocionada de finalmente poder visitar este país que indiscretamente se había metido en mi radar.

Y sinceramente no me extraña que la cultura coreana se haya vuelto tan popular. Es una cultura con tantas cosas fascinantes, llamativas, curiosas. Seúl es una capital que lo tiene todo, realmente. Es una ciudad que a mí me encantó desde el primer momento, con toda su estética, con sus lugares que ya me sonaban familiares, con su comida maravillosa (¡y tan picante!) y sus cafés de todos los tipos y colores. Es una ciudad instagrameable pero también repleta de historia. Está perfectamente acondicionada para el turismo y es moderna, pero también sabe conservar parte de su cultura y su esencia.

Seoul me dejó maravillada con un país que, hace unos años, no estaba en mis planes de conocer. Hoy en día digo con toda certeza que me encantaría regresar y no sólo conocer más a fondo la capital (8 noches parecían un montón y terminaron sin ser suficientes), sino también recorrer otras zonas menos turísticas. Busan, Jeju, Daegu… todas tienen ahora un pin en mi mapa, en una zona que por años había pasado por alto. Seúl resultó ser un destino mucho más sencillo de lo que esperábamos para viajar por nuestra cuenta, me encantaría saber cómo es en el resto del país.

He leído opiniones diversas sobre Corea del Sur y sobre su ciudad más importante, pero a mí me ha dejado recuerdos maravillosos. A veces es extraño cómo encontramos destinos que queremos visitar (siempre cuento nuestra historia sobre Curacao), pero qué maravilla cuando no solo cumplen las expectativas sino que nos dejan con ganas de contarle a todo el mundo por qué deberían visitarlos.

Se vienen los posteos sobre Corea del Sur y sobre la maravillosa Seúl. Aunque su slogan ya será modificado pronto, a mi ese I Seoul U me quedó muy grabado en los recuerdos de una ciudad que, sin dudas, se metió en los primeros puestos de las más divertidas y atractivas en las que estuvimos.

 

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Un sueño sobre Japón https://argietravellers.com/un-sueno-sobre-japon/ https://argietravellers.com/un-sueno-sobre-japon/#respond Thu, 25 May 2023 16:01:17 +0000 https://argietravellers.com/?p=2488 A veces cuento que recuerdo, con bastante claridad, cuando llegamos con mi familia a Victoria Station, en la siempre vigente ciudad de Londres. Me acuerdo que nos sentamos a tomar un café y me sorprendió como una chica dejaba su computadora mientras se iba al baño. Esas cosas que a uno le llaman la atención porque no son de la misma manera donde uno vive. 

Recuerdo Londres y esos días que pasamos en una de mis ciudades favoritas en el mundo, esas que siempre había soñado con conocer. Tengo recuerdos muy puntuales, aunque pasaron ya casi diez años de esa primera vez. 

Y seguramente por muchos años recordaré también nuestra llegada a Japón. Nuestra primera mirada a la terminal de arribos de Haneda. Nuestro primer viaje en metro. Esa primera caminata hasta el hotel por las calles frente a Hamamatsucho. Ese primer encuentro con la cultura japonesa y esa belleza caótica que tiene Tokio. Esa primera conversación con alguien que, aunque hablaba poco inglés, intentó ayudarnos de todas las maneras posibles.

Japón es diferente a todo lo que conocíamos.

Este país es, por momentos, una simulación. Muchas veces es pararse en el medio de la calle y decir esto no puede ser real. Tengo en mente el monorriel pasando por donde estaba el hotel, en alguna callecita inmaculada de Minato-ku, y me parece un recuerdo inventado, como si lo hubiese prestado de alguna película animada. Pienso en la torre de Tokio iluminada desde nuestra habitación y estoy segura que lo soñé en algún momento de mi infancia, evocando alguna escena de un animé que me gustaba mucho. 

Japón es un país fascinante, de una forma que a veces es muy difícil de poner en palabras. Y conocerlo se sintió, y se sigue sintiendo, igual. Es todo eso que te dicen y más. Cuando te cuentan con emoción que nunca estuvieron en un lugar así, por favor, creeles a todos. No exageran. No hay un país igual. 

Y Tokio es otro caso aparte. Aunque muchos dicen que la verdadera belleza de Japón está en las afueras de la ciudad, Tokio me generó una fascinación casi infantil. Hay personas que aman el mar, otras las montañas, otras los lugares tranquilos. A mí me encantan las ciudades. Esas que te hacen levantar la cabeza todo el tiempo, esas que te llenan de sonidos, de experiencias, de cosas nuevas para probar. La monotonía de colores en el metro, siempre impecable, siempre abarrotado de gente, contrastando con las marquesinas, los ruidos, la familiaridad de toda su cultura y el ataque constante de algo para ver. La tranquilidad de las calles laterales que desembocan en avenidas donde un mar de gente toma un significado totalmente nuevo. Creés que nunca viste un mar de gente antes de caminar por Shinjuku un domingo de lluvia. Una ciudad famosa por los excesos, pero donde uno se encuentra redescubriéndola en esas callecitas de Omotesandō que parecen sacadas de otro lugar totalmente diferente. 

Hay una constante sorpresa por un día a día que parece orquestado perfectamente y que, de vez en cuando, es difícil de entender. Japón necesita un poco de paciencia. Por momentos hay que pararse al costado del camino y observar un poco, porque el día a día es realmente un escenario fuera de lo común y a veces hasta resulta un poco abrumador. Creo que es de esos lugares en los que uno podría pasar meses, quizás años, y recién empezar a comprender un poquito cómo funciona todo. Mirar qué pasa, tratar de entender, disfrutar de las cosas inesperadas que suceden en la vida cotidiana es una de las cosas más lindas que tiene este lugar. Sentarme en un café y observar fue, posiblemente, una de las cosas que más me gustaron de nuestros días en este país.

Japón se siente como un sueño, de esos en los que te despertás y tenés que pensar un rato que pasó, si fue real, un recuerdo, o simplemente algo que inventaste en tu imaginación. 

Denme unos tiempo para pellizcarme, acordarme que fue de verdad y empezar a escribir. 

Ojalá volvamos a vernos pronto.

どうもありがとう日本❤

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Cómo aprovechar 24 horas en Madrid https://argietravellers.com/24-horas-en-madrid/ https://argietravellers.com/24-horas-en-madrid/#respond Wed, 30 Oct 2019 12:05:48 +0000 https://argietravellers.com/?p=2149 Para los latinoamericanos, Madrid es una de las grandes puertas de entrada al continente europeo. Honestamente, no creo que 24 horas sean suficientes para conocer esta maravillosa capital, ni por asomo, pero creo que si se puede sacar provecho si tienen un stopover o si luego deciden seguir hacia otro destino por cuestiones de tiempo. Yo ya había estado en Madrid pero mi novio no, por lo que decidí armar un pequeño itinerario para mostrarle lo que, personalmente, creía que había que ver sí o sí en esta ciudad. Preparen las piernas y las tarjetas para el metro, porque hay muchísimo para ver y tuvimos que exprimir cada hora del día.

Nosotros nos alojamos en Barajas, bien cerca del aeropuerto, por una cuestión de comodidad. Llegábamos a Madrid a la mañana y nos íbamos bien temprano al otro día, por lo que no tenía sentido parar en el centro y madrugar más de lo que ya debíamos. Dejamos nuestras cosas en el hotel y nos dispusimos a ir directo para el metro. Es muy sencillo viajar desde las afueras hasta el centro con el transporte público.

El metro de Madrid se inauguró hace 100 años y cuenta con trece líneas. Sin dudas, como en toda gran ciudad, es una forma rápida y económica de moverse y aprovechar el tiempo al máximo. Nosotros amamos caminar, pero muchas atracciones se encuentran a una distancia considerable como para hacer todo a pie, en especial si están a contrarreloj. Para viajar pueden comprar la tarjeta, que vale 2,50 euros, y cargarle los tickets de viaje individuales (el precio varía, dependiendo de la zona, entre 1,50 y 3 euros) o el ticket de 10 viajes, dependiendo de lo que les convenga. Nosotros compramos las tarjetas directamente en la estación de metro del aeropuerto de Barajas. Tengan en cuenta que si van a utilizar este medio, tienen que abonar un Suplemento de Aeropuerto, necesario para poder entrar o salir de las estaciones de Metro de Aeropuerto T1-T2-T3 o Aeropuerto T4 si se viaja con un billete Sencillo o 10 Viajes.

Desde Barajas nos tomamos la línea 8, hasta la estación Colombia, y ahí combinamos con la línea 9 hasta Príncipe de Vergara. ¿Nuestro destino? El Parque del Retiro, obvio. Creo que no hay lugar en Madrid que me guste tanto. En otoño, la época en la que me tocó visitarlo, los colores son increíbles. No pueden dejar de ver su Palacio de Cristal, que es una verdadera belleza. Ahí cerquita tienen el Museo del Prado, pero no era nuestra intención perder tiempo encerrados. Nosotros no somos unos apasionados de los museos, sino de caminar las ciudades, y en 24 horas le dimos prioridad a lo que más nos gusta.

Caminando por la Calle de Atocha, nunca puedo dejar de levantar la cabeza. Esta zona de Madrid me encanta. Acá fue donde paré la primera vez que fui a esta ciudad (había escrito ya algo sobre pasar Año Nuevo), y es una zona ideal. Caminando por acá van a llegar hasta la Plaza Mayor, uno de los lugares más famosos de Madrid. Ahí nomás, en la calle Mayor, tienen 100 Montaditos (algunos días de la semana, tiene promociones de todo por un euros), una cadena de tapas por si ya están para almorzar. Si todavía están más para el desayuno o para algo dulce, no pueden dejar de ir a la famosa Chocolatería San Ginés, y tomar su chocolate con churros. A veces hay fila para sentarse en el salón, pero también tienen la opción de comprarlos para llevar y seguir camino.

Ahí nomás se van a encontrar con La Puerta del Sol, donde van a poder ver también la famosa escultura del Oso y el Madroño. Aunque como en toda zona turística, los precios son un poco más elevados, por acá van a encontrar todo tipo de souvenirs para llevarse a casa.

Volviendo un poco sobre nuestros pasos, pasamos por el Mercado de San Miguel. Pasamos solamente a mirar. La verdad que los precios del mercado no son los más amigables para el bolsillo mochilero, pero hay una variedad de productos y olores que vale la pena admirar. Madrid tiene una gastronomía increíble, por lo que no recomiendo ir a las zonas más turísticas, sino perderse por sus calles y sentarse en algún lugar local. Si quieren ir a lo seguro, hay muchísimas sucursales de La Sureña, que fue donde nosotros decidimos almorzar. Pero, por lo general, se come muy bien en todos lados.

Seguimos caminando hasta la Calle de Belén, donde se encuentra el imponente Palacio Real. En esta zona se encuentran concentradas varias atracciones que vale la pena admirar. Es realmente una parte muy bonita de Madrid. Desde acá, la caminata hasta el famoso Templo de Debod es muy corta. Es uno de esos lugares que se han vuelto muy icónicos en la ciudad. Si bien se puede entrar al templo, la mayoría elige este punto para ver el atardecer. Si caminan por el Parque del Oeste, van a encontrar muchos rincones donde la gente se sienta y espera a que termine el día.

Desde acá, pueden volver caminando por el barrio de Malasaña, donde el ambiente cuando cae la noche es ideal para unas tapas y cañas, un equivalente a nuestra picada con cerveza. Hay muchas opciones. Incluso si no son de las cerveza, por la zona van a encontrar la Sidrería el Tigre, donde con la bebida viene incluido un plato de tapas. Es una muy buena opción para comer algo barato y probar un poco de la gastronomía típica.

Luego, ya de noche, nos volvimos caminando por la Gran Vía, hasta llegar a la Fuente de Cibeles y ver la Puerta de Alcalá iluminada, antes de volvernos para el hotel. Teníamos un vuelo muy temprano y estábamos muertos, pero felices de haber aprovechado un día a full en Madrid.

Para mí, esto es lo fundamental. Obviamente, faltan algunos lugares que me gustó visitar: el barrio de Latina, o el estadio Bernabéu (recomiendo mucho el tour), incluso nos quedó pendiente la postal de desde la terraza de Bellas Artes. Por falta de tiempo, nosotros decidimos dedicarnos a caminar un poco la ciudad y ver todas aquellas cosas gratuitas y típicas de la capital española. ¿Para cuántos días da quedarse en Madrid? En mi opinión, varios. Pero, si están con las horas contadas, creo que es un buen pantallazo general de esta ciudad hermosa. Como nosotros, seguramente, se quedarán con ganas de volver.

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Postales desde Tromso https://argietravellers.com/postales-desde-tromso/ https://argietravellers.com/postales-desde-tromso/#respond Tue, 15 Jan 2019 17:05:15 +0000 https://argietravellers.com/?p=2100 ¿No les pasa que hay lugares que ven en fotografías muchas veces y que sueñan con visitar?

Estoy segura que sí. Eso era lo que me pasaba con Tromso, un destino que había visto mucho en la televisón, en redes sociales, en blogs amigos. Veía las fotos y me parecía un lugar increíble, de esos tan distintos y tan lejanos.

Ya saben que a veces las fotos dicen mucho, pero las sensaciones que nos transmite un lugar son, sin dudas, las que nos hacen llevarnos un recuerdo diferente. Hay lugares que son innatamente lindos, pero lo que realmente nos enamora es nuestro intercambio con ellos. Nos llevamos en la cabeza los momentos, los rincones, las personas. Tromso sin dudas nos dejó una serie de postales encantadoras, que difícilmente olvidaremos.

Coincidió también que esta fue nuestra primera vez en Noruega. Estas sociedades son para nosotros siempre algo un poco utópico. A Tromso hay que sumarle el clima, que ya de por sí parece algo salido de otro mundo: por dos meses, no ven el sol. Nosotros llegamos justo en esta época, donde la ciudad tiene color azul que va variando entre un celeste profundo y la total oscuridad. Debe ser lo más parecido a la magia que vimos.

Las casitas parecen un desfile de colores, que se hacen ver entre blanco, blanco y más blanco. Nos tocó uno de los peores eneros en cuanto a clima: no dejó de nevar, por momentos de llover, y el tiempo no fue muy gentil con nosotros. Y, sin embargo, pareció hacer de esta ciudad un paisaje todavía más increíble. Nunca habíamos estado en un lugar así. Muchos nos dijeron que tenía cosas de Ushuaia, un destino pendiente al que tendremos que ir a hacer comparaciones. Sin embargo, hay momentos y lugares que parece difícil repetirlos. Incluso si volvemos a Tromso —volver es un plan que no dudamos, en absoluto, que va a concretarse en algún momento—, dudo que vaya a ser como esta primera vez. Esa primera mirada, esa primera impresión, son cosas que uno se lleva en la memoria. Esa primera fotografía desde la ventana de nuestra habitación nos va a quedar siempre plasmada en los recuerdos.

El centro es pequeño, se recorre fácil, y sin embargo uno no puede dejar de mirar para todos lados. Es lindo. Muy lindo. Lindo del estilo de no saber cómo un lugar así puede ser real. Cómo hay gente que vive ahí como si nada. Lindo como si no fuera justo que haya en el mundo personas que nacieron y crecieron en un lugar así.

Pasar mi cumpleaños acá sin dudas fue una acierto. Buscábamos un lugar distinto, y sabíamos que lo habíamos encontrado incluso antes de llegar. Lo gracioso es que teníamos tantas ganas de hacer una excursión y el clima, como burlándose de nosotros, nos obligó a quedarnos en la ciudad. Y fue una gran idea, aún así. ¿Qué mejor que recorrer esas callecitas llenas de nieve, que un bar local, que una comida típica? Si buscaba un cumpleaños distinto, no puedo decir que no pasó.

La tormenta nos retuvo por la noche en nuestro Airbnb, con unas cervezas y algo para picar. Pero nuestros host se acercaron y nos invitaron a cenar para festejar. Ella inglesa, él noruego, nacido en esa zona (¡esa zona!). Nos contaron anécdotas, nos contaron sobre lo que ellos llaman inseguridad —de lo que teníamos algo que decir. Roban máquinas para limpiar la nieve. También roban bicicletas cuando los nenes las dejan desatendidas y se van a jugar. Imaginate si ese fuera el mayor de nuestros problemas. Parecía que hablábamos de dos mundos diferentes. Y, aún así, charlamos por horas.

Sally y Knut nos contaron sobre lo lindo que es todo en verano en su región, después de pasar lo que ellos llaman dos inviernos (los meses sin sol, y los meses de invierno cuando ya los acompaña). No les gusta dejar la ciudad para las vacaciones de verano, porque para ellos el clima en sí ya es una especie de vacación de los días típicos. Una de mis cosas preferidas cuando viajo es entender la cultura local, saber qué hacen, qué les gusta, cómo viven. No se me ocurre un regalo de aniversario mejor que escucharlo de locales, de una persona que terminó viviendo allá, de gente que le abre las puertas de su casa a viajeros de todo el mundo. Irónico, haber escuchado tantas veces que los ingleses y los nórdicos eran fríos, y habernos sentido con ellos más a gusto que en cualquier otro alojamiento que hayamos visitado.

Tromso es una ciudad que creció mucho con el turismo. Hay muchísimos tours, en su mayoría relacionados con el fenómeno de las auroras. Lo bueno de tener contactos locales, es que también nuestros hosts nos recomendaron el lugar para verlas. Hay un lago hermoso, Prestvannet, donde hay total oscuridad. Estábamos revisando el pronóstico, que no nos daba muchas esperanzas. Ibamos a salir a las 20. “Vayan más tarde”, nos dijo la dueña de casa, tranquila, mientras terminaba de cocinar. Hicimos tiempo y salimos para el lago alrededor de las 21:30. Y algo sabía. Después de caminar y dar vueltas, congelados, forzamos la vista y nos encontramos con esos colores verdes entre las estrellas. Siempre genera emoción verlas. Cuando ya habíamos perdido las esperanzas, con un clima pésimo, vimos un poquito de ese espectáculo maravilloso sobre el lago congelado. Otra postal de la ciudad.

Y saben lo que me gusta a mí visitar cafeterías cuando hace frío. Refugiarse con la nariz contra el vidrio, capuchino en mano, y ver la gente pasar. Es algo que me fascina. Y fue así como un español nos escuchó y nos empezó a hablar sobre su vida en Tromso. Ocho años en ese país y ya creía que no podía volver a España, incluso viviendo en un lugar tan bello como debe ser Menorca. Hay una complicidad con nosotros. Sabemos a qué se refiere cuando habla de un sistema que no funciona. Y Noruega es distinto, nos confiesa. Porque la gente siente orgullo de su país y su cultura, del respeto por los otros y por lo que está bien. Nos confiesa que a veces los noruegos aprovechan los días interminables de verano, cuando el clima acompaña, para hacerse los vivos y pedir parte de enfermo en el trabajo. ¿Y quién puede culparlos? El clima pide a gritos disfrutar de cualquier calidez cuando se pueda. Dos meses sin sol no deben ser lo mismo que algunos días de viaje.

Nuestro amigo español —saben que soy horrible con los nombres, y los olvido apenas me los dicen— nos cuenta sobre su trabajo. Sobre como tener una economía tan estable le dio la posibilidad de viajar, de conocer el mundo, después de escapar de la crisis de su país. Lo entendemos. Sabemos que para él la adaptación debe haber sido casi tan difícil como podría serlo para nosotros en un lugar así, porque a veces te cuesta entender cómo todo funciona tan bien y como vos podés ser parte de eso. Noruega es el paisaje perfecto donde parece ser que la gente sabe acompañarlo. Pero también somos tan diferentes culturalmente, que resulta raro encontrarse ahí, entre tanta gente que no sabe lo que es reírse de las desgracias de su país.

Incluso nuestro incidente con un vuelo demorado a la vuelta no pudo opacar los momentos. Nos mandaron a un hotel a una hora de Tromso, para compensarnos por el vuelo, que saldría unas 35 horas más tarde. Visitar Sommaroy por casualidad también nos mostró un lado de Noruega que no habíamos tenido la oportunidad de ver —literal, porque la excursión se había suspendido. Las playas son tan impresionantes como las montañas, el color del agua con sus barcos, el contraste con la nieve, las casas perdidas entre tanta inmensidad. Es un país fascinante. Por momentos, nos cuesta procesar todo lo que vimos.

Nos llevamos siempre las postales. Y las de Tromso son, sin dudas, de nuestras preferidas en la colección.

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Lisboa, você é linda https://argietravellers.com/lisboa-voce-e-linda/ https://argietravellers.com/lisboa-voce-e-linda/#respond Sun, 23 Dec 2018 12:15:38 +0000 https://argietravellers.com/?p=2007 Cada vez que viajo a un destino nuevo, me viene a la mente una frase del escritor de uno de mis libros preferidos: “Viajar es descubrir que todos están equivocados sobre los otros países”. Con Lisboa la impresión fue exactamente esa.

De Portugal había escuchado cosas buenas, cosas malas, cosas lindas, cosas feas. Incluso opiniones basadas en suposiciones. Creo que, como todos los destinos, hay un poco de todo en cada lugar. Pero cada viaje es algo tan personal. Cada día me convenzo más que las primeras impresiones de las ciudades tienen que ver con el momento, con el humor, con la situación. Me di cuenta lo importante que es el trato de la gente que nos cruzamos en el camino, nuestro alojamiento o nuestros primeros contactos con una ciudad. Tiene que ver cómo nos sentimos nosotros con su cultura, cuán abiertos a explorarla estamos. Viajar es algo tan íntimo y tan único de cada uno, que a veces me resulta raro dar recomendaciones sin aclarar, primero, que fue pura y exclusivamente lo que yo sentí y que puede no ser lo que le pase a todos.

Lisboa fue amor a primera vista. Y no quiere decir que haya sido todo perfecto, pero quizás fue el momento. El comienzo de una aventura nueva, el comienzo de un salto al vacío que veníamos esperando con ansias. Quizás por eso Lisboa era más algo que esperábamos como un momento, y no tanto un destino. Quizás estábamos tan ansiosos por llegar que nos olvidamos un poco a dónde. Y así fue como Lisboa nos sorprendió, con todo en su favor y nada que perder.

Hay ciudades que son lujosas. Hay ciudades que sorprenden con su limpieza. Otras quizás con su historia. Lisboa es linda. Y no hablo de datos o referencias que la embellecen. Es fresca, irreverente, llena de detalles, de callecitas y rincones. Es tan auténtica. Y quizás otras personas vean los detalles malos, pero a mi me pareció una ciudad real. Increíblemente bella con un tipo de atractivo rústico, de ese que tienen pocas capitales. Casi que, por momentos, nos olvidamos que es la ciudad más importante de Portugal. De verdad, nos paso algo que pocas capitales han conseguido: no nos sentimos abrumados con su caos, sino únicamente con su belleza.

También nos sentimos muy cómodos con el idioma. A pesar que, cuando hablan, es difícil entenderlo (es muy distinto al portugués brasileño, en mi opinión), es muy fácil leerlo y uno se siente confiado cuando comprende los carteles que lo rodean (de alguna manera). La gente siempre se hizo entender. Incluso cuando algunos no hablaban inglés, buscaban quien lo hiciera, hablaban despacio, trataban de comprender nuestro español. Realmente nos sorprendió la hospitalidad de la gente. No esperábamos que fueran tan cálidos con nosotros. Nos sentamos a comer en un lugar cerca de nuestro Airbnb, cero turístico, cuando recién llegamos. Se comunicaron con nosotros como pudieron, pero siempre haciéndonos sentir bien recibidos. Creo que, para el viajero en lugar nuevo, no hay mejor manera de empezar.

¿Tiene cosas malas? Obvio, como todos lados. La ciudad nos pareció un poco sucia, y también tenemos que hablar del sorprendente hecho que nos ofrecieran droga reiteradas veces a plena luz del día, en uno de los lugares más importantes de la capital. Entendemos siempre que hay cosas que van más allá de la belleza de un lugar. Pero son detalles que honestamente no opacaron nuestra visita. Volveríamos sin dudarlo. Su capital nos abrió los ojos respecto a Portugal, un país que no estaba en nuestra lista y que debería haberlo estado desde hacía mucho. Nos sorprende que no sea un destino turístico más popular entre latinoamericanos. Realmente es un país bellísimo.

La gastronomía, la cultura, la gente… Los lugares que nos sorprenden son siempre los que quizás más nos marcan. Tenía muchas ganas de conocer Lisboa cuando surgió la posibilidad de hacerlo, y sin dudas me llevo la mejor impresión de esta ciudad. Pero, en especial, me llevo el momento en que la conocí, un momento que seguramente recordaré siempre.

¿Pero respecto a Lisboa puntualmente? Lisboa es linda. De eso no tengo ninguna duda.

Pronto estaré subiendo una guía sobre la ciudad, con precios, alojamiento, atracciones y lugares para probar comidas típicas.

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Berlín y volver a Alemania https://argietravellers.com/berlin-y-volver-alemania/ https://argietravellers.com/berlin-y-volver-alemania/#respond Fri, 29 Jun 2018 18:45:25 +0000 https://argietravellers.com/?p=1597 En el pasado viaje, traté de meter unos días en Alemania como pude. Incluso cuando no cerraba muy bien con el itinerario que teníamos en mente, hicimos el esfuerzo. Mi primera vez en Europa había pasado por Frankfurt y Rothenburg Ob Der Tauber y había quedado encantada con este país, que hacía años quería conocer. Lejos del mito de la frialdad alemana, nos recibieron de excelente manera e, incluso sin saber el idioma, se las ingeniaron para ayudarnos en cada lugar que visitamos. En Berlín la situación no fue diferente. La gentileza alemana la notamos desde el primer momento, llegando yo con mi valija perdida y pocas pulgas.

Alemania es una país que fascina por sus contrastes. Aún sin conocer, ni por asomo, todo lo que me gustaría, siento que hay opciones para todos los gustos. Incluso estando en grandes ciudades, es fácil tomarse un tren y huir a un pueblito, que realmente parecen salidos de un cuento. Alemania es bella, de esos países que siempre parecen tener un lugar más para sacarte la respiración.

Desde ya arranco diciendo que a Berlín tengo que volver, así como tengo que volver a seguir recorriendo otras ciudades. Estuvimos cuatro noches y aún así me pareció poco para un lugar que tiene historia por todos lados, grandes parques, detalles, museos y todo lo que uno busca en una ciudad turística. Aún siento que mi juicio sobre Berlín es ligeramente superficial, ya que me parece que todavía me falta mucho por conocer. Sin embargo, puedo decirles que es una ciudad que tiene un poco de todo. Además de ser un libro abierto para todos aquellos que disfrutan la historia y quieren saber más sobre la época de Hitler, hay muchas alternativas para quienes buscan también descansar y divertirse.

No es particularmente una ciudad cara. Hemos comido muy bien por poco, hemos probado platos típicos así como comida rápida por pocos euros y muy buenas cervezas. Es una ciudad vibrante, con opciones, con contrastes, con actividades que parecen inagotables. Es bella de día, pero de noche también tiene un encanto especial.

Si van en Navidad, se van a encontrar con incansables mercaditos de Navidad, donde la gente se reune a comer algo y tomar vino caliente. Y hablo de los locales. Es increíble rodearse entre gente que, en su tiempo libre, sale a disfrutar de esta bella ciudad sin prisas, con sus familias, con sus mayores, con su pareja. Lejos volvió a quedar ese concepto de la frialdad alemana con la que me engañaron tantos años. Nos sentimos tan a gusto en esta ciudad y nos trataron tan bien, que no tengo palabras para recomendarles este lugar. Hay muchos españoles, incluso nos cruzamos también algunos argentinos, que hicieron el tema del idioma un poco más fácil. Pero todos los alemanes que nos atendieron fueron amorosos, ayudándonos incluso con problemas que no tenían que ver con ellos o menús en alemán donde no entendíamos ni jota. Fue el caso del metro, donde un señor grande nos ayudó muy amablemente a sacar los tickets que necesitábamos, explicándonos en el proceso qué nos convenía. También en el metro, después de comprar otros tickets, un chico nos corrió por todo el andén porque nos habíamos olvidado una tarjeta de crédito puesta en la máquina. La buena onda de todos fue realmente una sorpresa grata. La barrera del idioma fue inexistente, ya que todas las personas con las que tuvimos que hablar nos respondieron en un muy buen inglés y nos entendimos sin problemas.

Berlín tiene una vibra muy especial. Es una ciudad donde hay muchos contrastes y, creo yo, opciones para todos los gustos. Estoy preparando un itinerarios de cuatro días con lo que vimos nosotros, pero la verdad es que podría extenderme muchísimo más sobre esta ciudad. Esta capital no sólo me encantó, sino que revivió mis ganas de recorrer Alemania, con sus comidas, sus detalles, sus pueblitos, su gente. Siempre me llevo recuerdos muy especiales de cada lugar que visito. Aunque es inevitable querer volver a muchas de las ciudades que conocemos, pocas son las que nos impulsan a querer conocer más sobre un país, sobre su cultura y esos rincones no tan turísticos pero igualmente encantadores. Berlín es un buen lugar para arrancar a conocer Alemania, si es la primera vez que visitan el país, para empaparse un poco con su cultura. Pero, sobre todo, es una buena puerta para conocer a su gente y entender muchas cosas que, desde el otro lado del mundo, creemos de otra forma.

Volver a Berlín no fue sólo volver a Alemania, sino recordar por qué tenía tantas ganas de regresar a este país. Aunque no sé cuándo ni cómo, estoy segura que esta no fue, ni por asomo, nuestra última vez en tierras alemanas. ¡Pronto la guía con todo lo que hicimos más algunos tips de presupuesto, transporte y demás! Estoy subiendo muchas fotitos en mi Instagram sobre nuestro paso por la ciudad, las pueden ver acá.

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Qué ver en Estocolmo https://argietravellers.com/que-ver-en-estocolmo/ https://argietravellers.com/que-ver-en-estocolmo/#respond Sun, 24 Jun 2018 19:56:37 +0000 https://argietravellers.com/?p=1607 Siempre sentí fascinación por los llamados países nórdicos. Creo que todos nos sentimos un poquito fascinados por estos países, que tienen estándares de vida únicos, paisajes soñados y una cultura más que interesante, sólo para nombrar algunas cosas. Si ya Islandia me había dejado encantada (y saben que es quedarme corta, todavía no encuentro una palabra que defina cuán maravillosa es Islandia), sabía que con Suecia la situación sería similar. Y Estocolmo, nuestra puerta de entrada a este maravilloso país, fue una ciudad que visitamos con poco tiempo, pero a la que definitivamente nos encantaría volver.

Estocolmo realmente nos dejó con esa sensación de acá me vendría a vivir mañana. Y eso que nos faltó conocer muchísimo. Hay algo encantador en la cultura sueca que difícilmente pueda explicar. Nuestra decisión de pasar fin de año fue una cuestión más que nada que cómo podíamos repartir mejor los días, pero la verdad que fue agradable. Lejos está de grandes despliegues, pero se vive un ambiente muy festivo desde Skansen, el parque sueco por excelencia, donde había música en vivo (y obviamente sonó Dancing Queen), comida, bebidas y muchísimos locales. La lluvia y el frío no fueron impedimentos para que la gente festejara el comienzo de un nuevo año, con un show de fuegos artificiales desde lo alto y una noche que terminó más temprano de lo que esperábamos.

Pero volviendo a Estocolmo en sí, les puedo decir que es una ciudad fascinante.

Desde la llegada al maravilloso aeropuerto de Arlanda, todo fue bastante ordenado. Nos subimos al Flygbussarna, que por 99 coronas suecas nos llevaba al centro de la ciudad, a pocas cuadras del hotel que habíamos elegido. El aeropuerto de Arlanda se encuentra a poco más de 40 kilómetros de la estación central de Estocolmo, y hay varias opciones para viajar desde el aeropuerto a la ciudad. El micro Flygbussarna fue lo más económico que encontramos. Las 99 coronas (un poquito más de 11 dólares) nos parecieron un buen precio frente al famoso Arlanda Express, un tren con vistas espectaculares que te lleva hasta el centro de la capital sueca por 280 coronas (casi el triple de lo que sale el bus). Obviamente, si no van con un presupuesto ajustado, el tren es la forma más rápida y cómoda de llegar. Sin embargo podemos hablar muy bien de los buses, que nos dejaron en la estación central en aproximadamente 45 minutos. Estos micros tienen una frecuencia de 10 minutos (que cumplen al pie de la letra) y los tickets pueden comprarse online o en las máquinas que se encuentran tanto en la estación como el aeropuerto. Un lujo. Y así, todo en Estocolmo parece funcionar igual de bien.

Habiendo hablado ya del precio del transporte al aeropuerto, habrán notado que los valores se encuentran bastante arriba de la media a la que nos tienen acostumbrados los típicos destinos europeos. Suecia es cara. No importa lo mucho que intentes ahorrar, visitar este país implica un gasto importante. Para nosotros, que ya estábamos encarando el final de nuestro viaje, la suba en los precios en el tramo de Islandia y Suecia la sentimos bastante (sobre todo viniendo de Europa del Este y los bálticos, donde el costo de vida es totalmente distinto). Como comenté cuando hablé de nuestro tiempo en Reykjavik y alrededores, es cuestión de ir con esto en mente, e ingeniárselas un poco para no gastar una fortuna. La realidad es que Estocolmo es una ciudad bellísima para caminarla, incluso en invierno, y hay algunas cuantas cosas que pueden hacerse de forma gratuita o por muy poca plata.

El transporte público en esta ciudad funciona maravillosamente, por lo que fue lo único que necesitamos para recorrer la ciudad. Aunque también pueden alquilar bicicletas o tomarse un taxi, puedo decir que el metro es una de las mejores formas de recorrer esta capital y aprovechar para conocer sus estaciones, que son una atracción en si misma. El ticket para un viaje individual sale entre 25 y 50 coronas suecas (entre 2,8 y 5,6 dólares). El pase para 24 horas cuesta unos 115SEK (aproximadamente 13 dólares), totalmente ilimitado. Si quieren, también pueden sacar por 72 horas a 230SEK (26 dólares) o por una semana por 300SEK (casi 34 dólares). Como verán, es más caro que en otras ciudades, pero tiene tarifas que convienen si tienen pensado usarlo mucho o quedarse varios días. Para moverse entre las islas es ideal.

En Estocolmo hay principalmente siete zonas, donde podemos encontrar actividades turísticas y cosas para hacer. Siendo algunas más populares que otras pero igualmente encantadoras, me gustaría hablar un poquito de cada una de ellas y contarles qué es lo que pueden hacer en cada lugar.

Gamla Stan: 

Si tengo que nombrar un rincón favorito en esta ciudad, sin dudas es el bellísimo centro histórico de Estocolmo. Qué belleza caminar el 31 por estas callecitas, con edificios del 1700 que parecen transportarnos en el tiempo, gente cantando, el frío, el olor a vino caliente y todos esos detalles de la fiestas europeas. Es probablemente la zona más visitada de Estocolmo, ambientada para el turismo. Hay muchísimos restaurantes, locales para comprar souvenirs (¡muchísimos!) y movimiento de gente.

  • Kungliga Slottet: este palacio es una de las atracciones más increíbles dentro de la ciudad viaja. Contruído sobre las ruinas del Castillo Kronor, tomó 57 años finalizarlo. Sin dudas vale la pena pegarle una visita. El ingreso cuesta 150 coronas suecas (aproximadamente 17 dólares) y la entrada es válida por siete días. Entre otras cosas, pueden ver el cambio de guardia, que se realiza a las 12:15 de lunes a sábados y 13:15 los domingos y feriados (de Mayo a Agosto), pero sólo los miércoles, sábados, domingos y feriados de Septiembre a Mayo. El Palacio es muy grande, y tiene muchísimas atracciones en su interior. Al frente se encuentra el Kungliga Myntkabinettet, que muestra una colección antigua de tesoros (entrada: 70SEK).
  • Stortorget: la “Gran Plaza” es la más antigua de la ciudad, en una de las zonas más atractivas y fotografiadas de Estocolmo. Entre otras cosas, aquí es donde se lleva a cabo el mercadillo navideño de la ciudad. La visita es totalmente gratuita, y van a encontrar muchos locales por la zona para comer o tomar algo. Aquí se encuentra también el Nobelmuseet, donde se presenta la historia de los premios Nobel y sus invenciones. La entrada tiene un costo de 11 dólares.
  • Storkyrkan: conocida como Iglesia de San Nicolás, no es sólo la catedral más antigua de la ciudad, sino el edificio más antiguo. Donde alguna vez se celebraron bodas reales y coronaciones, van a poder encontrar tesoros y detalles llenos de historia, con un estilo barroco que obliga a mirar para todos lados. El ingreso cuesta 40SEK (4.50USD) y es de 9 a 16hs.
  • Librería de Ciencia Ficción: probablemente otro de los rincones especiales de esta ciudad, sobre todo para fanáticos del género. Si quieren conseguir novelas gráficas o cómics (hay tanto en sueco como en inglés), este lugar es ideal. Incluso si no tienen pensado comprar nada, vale la pena la visita.

Norrmalm:

Este fue el barrio que elegimos para alojarnos. ¿Por qué? Simple: acá se encuentra el acceso a la estación central, muchísimos locales y lugares para comer, y una excelente conexión con el resto de la ciudad. Es una zona moderna, con vida y con muchas opciones de hotelería (y más barato que quedarse en la zona de Gamla Stan). Sin dudas volveríamos a elegir este barrio para quedarnos. Nuestro hotel, el Hobo, tenía una ubicación privilegiada y con muy buen acceso a la ciudad vieja.

  • Stockholms Centralstation: la Estación Central de Estocolmo es una atracción en sí misma. Siempre disfruto de recorrer las estaciones centrales europeas, ver el movimiento de gente, los locales y sus detalles. Además, acá van a tener acceso al famoso metro de Estocolmo, cuyas estaciones son un espectáculo en sí mismas. ¿Algunas que recomendamos visitar? Además de T-Centralen, las estaciones más coloridas son Solna CentrumStadionKungsträdgården, Radhuset Tekniska Högskolan, aunque realmente todas tienen sus detalles y, mientras pasean por la ciudad, pueden deleitarse con obras de arte y paredes llenas de colores y detalles.
  • Centro Comercial Gallerian: este shopping se encontraba muy cerca de nuestro hotel y, además de algunas muestras de arte, tiene un supermercado y distintos locales. Hay muchos shoppings en la zona de Norrmalm, así como locales diversos sobre la avenida Hamngatan, donde van a encontrar marcas conocidas, lugares para comer y mucho movimiento.
  • Kulturhuset: la Casa de Cultura de la ciudad es un edificio increíble, con cinco pisos que contienen obras y espectáculos de teatro, librerías internacionales y el famoso Café Panorama en su quinto piso que, además de maravillosas vistas de la ciudad, sirve muy buenas comidas. Es muy recomendable para averiguar qué eventos se están llevando a cabo. Realmente, uno de los lugares públicos más destacados de esta zona, en uno de los lugares más vivos de la ciudad.
  • Kungsträdgården: es un parque bellísimo (donde los deja la estación de subte). Aquí hay lugares para comer (encontramos una muy buena hamburguesería) y en época de fiestas encontrarán una pista de patinaje sobre hielo al aire libre y algunos mercaditos.

Djurgården:

Si son fanáticos de los museos, en Djurgården se van a encontrar con el paraíso. Es sin dudas una zona encantadora, que en primavera y verano debe ser un paraíso: parques, árboles, vistas al agua, tranquilidad, lugares para caminar. En mi opinión, otra de las zonas más lindas de la capital y que todas las grandes ciudades deberían tener. Sólo menciono algunos museos, pero la lista es realmente larga, hay muchas opciones y por lo general recomiendo ir a la oficina de turismo y chequear cuáles son los que más curiosidad o interés despiertan en ustedes.

  • Skansen: por lejos, uno de los museos más originales que van a encontrar: el primer museo al aire libre del mundo. Básicamente, el concepto es una Suecia en miniatura, donde pueden ver pueblos, naturaleza, comercio y detalles de la cultura sueca. Además, es aquí donde los habitantes de Estocolmo se reúnen a celebrar el Año Nuevo, con música en vivo, comidas y fuegos artificiales. Un verdadero símbolo de la ciudad. Como su sitio anuncia, se encuentra abierto todo el año, pero los precios y horarios varían según la época, por lo que es recomendable chequearlo directamente en la web oficial. Adentro van a encontrar muchísimas cosas: un zoológico, un aquario, talleres y exposiciones relacionadas con la cultura local.
  • Vasamuseet: otro de los museos más populares de Estocolmo, y sin dudas uno de los must de la ciudad para quienes aprecian este tipo de exposiciones. Acá se expone la embarcación Vasa, el gigante sueco que fue el orgullo de la corona. Hay muchas exhibiciones navales, modelos a escala y detalles sobre la época. Hay tours guiados cada 30 minutos. La entrada cuesta unos 130SEK.
  • Moderna Museet: el museo de Arte Moderna de Estocolmo tiene una colección impresionante de fotografías, videos, pinturas y diferentes obras. Entre los artistas destacados se encuentran Picasso, Dalí y Warhol, así como artistas contemporáneos locales. El ingreso cuesta unos 120SEK, y es interesante chequear tanto las exposiciones bajo techo como aquellas que se encuentran al aire libre. Una buena data es que el ingreso es totalmente gratuito los viernes de 6pm a 8pm.
  • Nordiska Museet: uno de los museos más grandes de la historia de la cultura sueca. Dentro de un edificio de una estructura única, van a encontrar una colección de objetos de todo tipo de la historia del país. La entrada cuesta 100SEK por adulto (los niños entran gratis). Cerquita está el Spiritmuseum, dedicado a la relación del país con las bebidas alcohólicas; distinto e interesante.
  • ABBA: The Museum: un clásico sueco, de una de las bandas más importantes en su historia. Es un museo extremadamente interactivo, que puede resultar interesante incluso para quienes no son fanáticos de la banda. La entrada cuesta 195SEK. Es algo caro, por lo que quedará en cada uno evaluar si quieren o no darle una oportunidad.
  • Jardín Botánico: un lugar que vale la pena caminar, como en la mayoría de los jardines botánicos de las ciudades. Van a ver distintos tipos de cultivos, plantas y flores en un ambiente relajado.
  • Gröna Lund Tivoli: este bello parque de diversiones tiene unas 30 atracciones a las que pueden subirse durante su visita. Las entradas varían dependiendo de la cantidad de atracciones a las que quieran ingresar (310SEK por ingresos ilimitados, si mal no recuerdo) y suele estar bastante lleno, pero para los fanáticos de este tipo de atracciones, es una buena alternativa para visitar, sobre todo si viajan con nenes chicos (o no tan chicos).

Södermalm:

Este es conocido como el barrio cool de Estocolmo. Imaginate San Telmo meets Plaza Serrano. Hay galerías, pubcrawl y muchos de esos toques bohemios que hacen famoso a este lugar, pero también van a encontrar muchos lugares residenciales donde viven locales y llevan adelante su rutina.

  • Fotografiska: para los fanáticos de la fotografía, esta galería es un must. Además del magnifico edificio, van a poder visitar exposiciones tanto permanentes como temporales. La galería ofrece cursos de fotografía y también son el escenario de algunos conciertos. Sin dudas, uno de los lugares más cool de la ciudad. El ingreso es de 120SEK.
  • Bares: Este barrio es bastante famoso por la oferta de bares que pueden encontrarse. Si están para hacer un pubcrawl, sin dudas están en la zona correcta. Recomendable ir a Medborgarplatsen, una zona donde van a encontrar muchos rooftop bars y lugares copados para tomar una copa.
  • Spårvägsmuseet: este museo de transporte es una opción interesante para conocer un poco más sobre la historia de la ciudad. Desde viejos carruajes hasta tranvías, van a poder observar distintas piezas y variedades de vehículos a lo largo de los años. El ingreso es de 50SEK.
  • Leksaksmuseet: museo de juguetes, con trenes a escala, aviones y todos esos detalles que pueden entretener tanto a grandes como a chicos. Habiendo ido al museo anterior, el ingreso es gratuito.

Östermalm:

Este barrio es uno de los más activos por las noches. No tuvimos una gran oportunidad de recorrerlo, pero sabemos de algunas atracciones que se encuentran en él y que pueden visitar en su tiempo allá.

  • Historiska Museet: 10 mil años de historia sueca en un sólo lugar. Este museo de Historia es un lugar increíble para quienes desean conocer el pasado de los lugares que van visitando. Historia de los vikingos, muestras de textiles… Hay un sinfín de cosas para apreciar. El ingreso cuesta unos 100SEK.
  • Biblioteca Nacional: contiene una basta colección de ediciones de textos en Suecia desde 1661. Se encuentra en un parque donde uno puede pasear y a su vez admirar una colección fantástica de otra parte de la historia de este país maravilloso.
  • Armémuseum: un museo sobre los horrores de la guerra, los instrumentos y reconstrucciones en tamaño real de la vida medieval. Interesante si le gustan este tipo de cosas. El ingreso es de 80SEK.

Kungsholmem:

Un barrio relajado y residencial, pero sin dudas con lugares hermosos para caminar, para comer y para descansar. Es realmente una zona encantadora por donde pueden tomarse cruceros, apreciar las construcciones y disfrutar de esa onda tan relajada que tiene esta ciudad. Si pasan por esta zona, imposible no pegarse una visita por el Stadshuset: el ayuntamiento de la ciudad se destaca por su estructura. Además de ser un emblema de la ciudad, es la casa de oficinas municipales, además de diversos eventos.

Vasastan:

Es otro barrio más bien residencial, pero donde se encuentran muchos hoteles y hay un gran despliegue de arquitectura y rincones tradicionales. Es otro de esos lugares para caminar tranquilo, descansar y rodearse de la vida y las tradiciones de los locales. Algunos lugares que pueden visitar acá:

  • Galerías de arte: tanto Bonniers Konsthall como Sven-Harrys Konstmuseum alojan exposiciones de arte temporales relacionadas con distintos aspectos de la cultura sueca. Si el arte es lo suyo, no pueden dejar de pasar por este barrio. Las entradas se encuentra entre 80 y 100 coronas suecas.
  • Observatorielunden: uno de los parques más encantadores de Estocolmo se encuentra en Vasastan, donde se encuentra el Observatorio, que hoy es parte de la Universidad de Estocolmo. Un lugar ideal para relajarse cuando el clima acompaña.

Algo que mucha gente me preguntó cuando volví es si no me había congelado. ¿Hacía frío? Sí, un montón. ¿Nos impidió conocer y pasarla bien? Para nada. Siempre digo lo mismo: con el paso de los viajes, aprendimos algunas cosas. Saber qué llevar en la valija sin dudas fue una de ellas. Si están pensando visitar los nórdicos en invierno, van a tener que preparar mudas de ropa acorde al clima. Ya armaré un post aparte para no aburrirlos con esto ahora, pero el frío se soporta muy bien si van preparados. Lo único que van a tener que considerar es que los días son bastante más cortos, por lo que quizás deban reducir un poco las actividades, o adecuarlas a la época del año. Hay algunos barrios que son tan encantadores de día como de noche, y que vale la pena visitarlos en cualquier momento.

Con respecto al idioma, los suecos hablan muy buen inglés y no tuvimos problema para comunicarnos. Además siempre nos trataron muy bien y con muchísima educación, algo que siempre es agradable al viajar. El servicio al cliente siempre fue óptimo, tanto en los hoteles como en los cafés, los restaurantes y los locales que visitamos. No duden en darse una vuelta por la oficina de turismo: a nosotros muy amablemente nos explicaron cómo y dónde festejaban el año nuevo y nos ayudaron a armar los planes para esa noche, por lo que seguramente van a poder resolver cualquier duda o inconveniente que puedan tener al visitar la ciudad.

Acá les dejo un mapa de Google con todas las atracciones mencionadas anteriormente, para que puedan llevarlo con ustedes y sacarle máximo provecho a esta hermosa capital nórdica.

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Miami: lo mejor de dos mundos. https://argietravellers.com/miami-lo-mejor-de-dos-mundos/ https://argietravellers.com/miami-lo-mejor-de-dos-mundos/#respond Tue, 08 May 2018 14:47:36 +0000 https://argietravellers.com/?p=1332 Hay destinos que son muy populares entre los argentinos. La gente que me conoce y sabe cuánto me gusta viajar, se sorprende cuando digo que todavía no tuve la oportunidad de ir a Barcelona, que no fui a tomarme una cerveza a Dublín, así como les parecía raro que nunca hubiese ido a Miami. La realidad es que no me llamaba mucho la atención, y nunca se había presentado la oportunidad de ir. Incluso habiendo estado antes en Estados Unidos, Miami no había estado en el itinerario. Sin embargo, por esas cosas de la vida, terminamos eligiendo esta ciudad como destino. Lo lindo de esos lugares, de los que no tenés expectativas, es que terminan siempre sorprendiéndote (ya sea para bien o para mal). En el caso de esta ciudad, terminamos entendiendo por qué tanta gente la elije para sus vacaciones, para una escapada, para pasar unos días.

La primera vez que fui a Estados Unidos, visité Orlando y Nueva York. Mi primera impresión de los estadounidenses no sé si había sido la mejor: los sentía fríos, hasta un poco desagradables en algunos momentos, desde migraciones me habían bombardeado a preguntas y no me había agradado mucho. La realidad es que no tenía pensado volver a Estados Unidos en ningún futuro cercano, no necesariamente por eso, sino porque me había enamorado de Europa y nunca se dio volver. De hecho, pasaron siete años hasta que regresé. Lo bueno de las primeras impresiones es que siempre pueden cambiar. Y creo que Miami fue la elección acertada para volver a este país. ¿Por qué? Personalmente creo que Miami es una combinación muy especial entre Estados Unidos y Latinoamérica, casi un punto medio en el que conviven dos culturas de una forma particular.

Partamos de la base que, para quien no habla inglés, todo es fácil. Es un poco sorprendente cuando nos damos cuenta que prácticamente todo —ya sean anuncios, programas, carteles o avisos— está tanto en inglés como en español. Hay publicidades exclusivamente dirigidas al público latino. En el transporte público, van a ver cosas escritas en ambos idiomas. En el aeropuerto, todo está traducido. Cuando te cruzás con alguien, no importa si tiene pinta de ser más yankee que McDonalds, seguro va a hablar español (aunque sea lo básico). Que no te sorprenda que un tipo que habla perfecto inglés también tenga un increíble dominio del español. Miami es así y en eso hay algo encantador. Arrancar una conversación con un tímido Hello, que se den cuenta que sos latino y que empiecen a charlarte sobre todo porque somo así. Que cuando quieran venderte algo prueben con tu nacionalidad porque hay altas chances que seas latino. Que se escuche música en español por todos lados. Que en la televisión puedas ver repeticiones de partidos o programas locales porque no es una novedad que hay un gran número de argentinos por allá.

Pero también tenés esas cosas que tienen los norteamericanos que siempre caen bien, que para mí fueron siempre el encanto de este país. Todo es familiar. Las cadenas, las marcas, los programas, las costumbres. En una tierra que supo exportar todo y que consumimos casi sin darnos cuenta, resulta abrumador y encantador estar rodeado de todas las cosas que conocemos tan bien, aunque no sean nuestras. Un producto, una comida, un detalle; es ley que en Estados Unidos siempre vas a encontrar algo que te suena, que te gusta, que conocés, que querías probar, aunque no te hayas dado cuenta antes. Esta ciudad de Florida no es, ni por asomo, la excepción a la regla.

Miami, en mi opinión, tiene lo mejor de dos mundos. No deja de ser una ciudad estadounidense, con todos sus detalles, sus sellos típicos, sus marcas y costumbres, pero tiene esa calidez tan típica de las ciudades latinas, que, ¿para qué negarlo?, enamora a más de uno.

Decidimos alojarnos en Miami Beach, porque todo el mundo nos había recomendado eso. La verdad, tenían razón. Es una zona única para ser turista, con una vida y vibras muy especiales. La gente pasea en autos descapotables, corre por la costanera, se tira en la playa o sale de compras. Es un rincón distinto de Miami, que contrasta mucho con la ciudad. Locales, restaurante, vida nocturna, paseos acuáticos, cruceros, actividades… todo lo van a encontrar en esta pequeña porción de la ciudad, que tiene una belleza muy especial.

Obviamente, como a nosotros también nos gusta el lado B de las cosas, salimos a recorrer la otra parte de Miami. El downtown, Wynwood, Brickell, Little Havana… Todo juega con contrastes, con extremos, con diferencias y cosas que resultan familiares. Aunque ya estaré detallando nuestro itinerario para cinco días, creo que es una ciudad que tiene de todo un poco para hacer. Si bien la playa es su fuerte, hay más cosas para disfrutar de Miami. Hay contrastes por todos lados y es interesante observarlos. Hay partes que derrochan dinero, lujo y excesos; otras más humildes, donde vemos a la gente común, a los trabajadores, a las comunidades que se reúnen en barrios típicos. El juego de los detalles, de las diferencias, me pareció totalmente atractivo. Son puntos de vista. Pueden quedarse en Miami Beach que seguro lo van a disfrutar, pero vale la pena darse una vuelta por la ciudad, por la parte más real de Miami. El arte en Wynwood, con sus murales y su onda alternativa, la música y las comidas del barrio cubano, la zona cosmopolita de Brickell, lo moderno de Coconut Grove… Para el viajero siempre son bienvenidas y saben encantar a su manera.

Con respecto a las compras, es sabido que mucha gente visita la ciudad para comprar. Bien al estilo de los yankees, se puede perder días enteros recorriendo malls y tiendas. No soy fan de perder tiempo en hacer shopping cuando afuera hay una ciudad por recorrer que no conozco, pero hemos dedicado algunas horas a conocer malls y calles de compras famosas. Más allá de las tiendas, Lincoln Road es un lugar precioso para caminar, conocer y comer algo. Pero demás está decir que si les gusta patinarse unos cuántos dólares en ropa, tecnología y, bueno, boludeces, están en el lugar indicado. Vimos precios excelentes en un montón de cosas, de esos que ni por asomo se consiguen por estos lados. Los famosos Department Stores son una visita obligada si buscan ofertas, pero tienen que estar dispuestos a dedicarles tiempo: mucha gente, muchas cosas, mucha mezcla es equivalente a mucha paciencia.

Con cinco días estuvimos muy bien para conocer lo más importante y todas aquellas cosas que teníamos ganas de ver, aunque pueden quedarse más tiempo y no aburrirse; de hecho, nos han quedado algunos pendientes en el itinerario. Además, Miami está en un lugar estratégico: tanto si buscan conocer el caribe, Key West, los parques de Orlando o Tampa, están cerca de todo. Además de la frecuencia y oferta de vuelos que tienen, que los puede llevar a cualquier otro lado en pocas horas. Hacer base en esta ciudad no es una mala idea.

Entendí por qué mucha gente me había hablado tan bien de Miami. Y otra vez reconfirmo que, hasta que uno no lo ve con sus propios ojos, no puede entender el encanto que tiene cada lugar. Siempre me gusta buscar el encanto de los lugares que visito. De esta ciudad, personalmente, me llevo esa sensación de sentirme un poco como en casa y estar rodeada de la calidez latina, pero disfrutando de todas esas cosas caprichosas e innecesarias que me pueden cuando voy a Estados Unidos.

En unos días subo la guía para recorrer la ciudad sin auto, sugerencias para comer, qué visitar, algunos tips sobre el alojamiento y qué tener en cuenta si están planificando un viaje a la ciudad del comandante.

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El sueño de una Navidad en Praga https://argietravellers.com/navidad-en-praga/ https://argietravellers.com/navidad-en-praga/#comments Fri, 13 Apr 2018 13:09:34 +0000 https://argietravellers.com/?p=1237 Como en todos los ámbitos de la vida, creo que para los viajes también hay algunos clichés. Desde irse de fiesta a Ibiza hasta pasar San Patricio en Irlanda, pasar fin de año en Times Square o poder atender al increíble Hanami en Japón, hay muchos sueños viajeros de fiestas y lugares que nos encantaría poder experimentar en algún momento. Incluso con las comidas o las tradiciones, parece que siempre me gusta encontrar cosas puntuales para hacer en ciertos lugares del mundo.

Mi caso con la Navidad, bueno, era muy puntual. Desde chica soñaba con el festejo europeo, así de sencillo. La primera vez que había leído sobre los mercados navideños que se arman en las ciudades, había quedado absolutamente fascinada. Alguna vez en mi vida, quería pasar una Navidad al estilo del viejo continente, tomando vino caliente en las calles, abrigada hasta los dientes, con nieve, decoraciones y ese olor a canela y especies flotando por todos lados. Había viajado en enero y agarrado pedacitos de lo que quedaba de la Navidad, pero nunca había llegado a pasar una allá. 

Resulta que a veces los sueños se dan, y de las maneras más especiales. Praga había estado en mi lista de ciudades pendientes por muchos años, y cada persona que la visitaba no dejaba de decirme lo fascinante que era esa pequeña capital. Cada vez que veía fotos, me quedaba con la boca abierta, observando la arquitectura, los paisajes, ese aire de volver en el tiempo que tenía cada una de las imágenes.

Allá por febrero de 2017, mi novio me regaló tres frasquitos de té. El nombre de uno de ellos era “Navidad en Praga”, con todos los olores y sabores que, me imaginaba, debía tener la víspera de fiestas en el viejo continente y que a mí tanto me gustaban. Entre bromas y habiendo visitado las otras dos ciudades a las que hacían alusión las infusiones, comentamos lo lindo que sería poder pasar una Navidad en una de las capitales más pintorescas del mundo, rodeados de árboles, luces y puestitos acordes a la ocasión. Habíamos pasado ya Año Nuevo lejos de casa, juntos y por separado, pero nunca habíamos tenido la experiencia de pasar una Navidad en otro lugar del mundo y lejos de nuestras familias.

Diez meses después, nos encontrábamos brindando con vino caliente en Charles Square. Enfrente del Reloj Astronómico y con un montón de gente, para variar, desconocida, recibíamos la Navidad junto a las temperaturas bajo cero de República Checa, mientras cantábamos felizmente las estrofas de All I Want For Christmas Is You y un muchacho chino nos filmaba. Capaz estamos en YouTube y todo.

Miro la foto de la nota y se me pasan por la cabeza un montón de cosas. La ansiedad, la felicidad, esas cosas raras que sentimos cuando estamos en el exterior, cuando pasamos una fecha de esas, cuando cumplimos un sueño viajero de hacía muchos años. Es raro, porque uno se siente lejos de casa, y a la vez feliz por estar experimentando una cosa así. Cuesta un poco caer y ser conscientes de lo que estamos haciendo. Es una sensación muy especial.

Llegamos a Praga un 23 de diciembre, en un tren que nos traía desde Brno, que ya nos había dado una probadita de lo hermoso que es este país. Hacía frío y viajabamos en un compartimiento para seis, con todas nuestras valijas y una señora que olía bastante mal. Los trenes checos resultaron ser cómodos, espaciosos y tranquilos (además de baratos), y llegamos sin inconvenientes a la estación principal alrededor del mediodía.

Veníamos de haber pasado unos días en Budapest, entrenados y acostumbrados ya a que el inglés hablado no era mucho mejor que el nuestro, pero la gente en general nos trató amablemente. No tuvimos problemas para comprar los tickets de la línea de metro que nos iba a llevar hasta nuestro apartamento. Sacamos un pase de tres días, mientras nos poníamos en contacto con Lukas, que nos iba a dar las llaves del departamento que habíamos reservado por Booking. Los precios en esa época tan particular no nos habían resultado super económicos, pero ese departamentito a pocos metros del bello Wenceslas Square nos había salido barato y la ubicación resultó ideal para conocer la ciudad.

Como siempre me gusta contar el lado B de las cosas, y no sólo quedarme con las crónicas lindas, tengo que contar que nuestra experiencia con el departamento empezó de la forma… equivocada. No me malinterpreten, el departamento me pareció hermoso y volveríamos a elegirlo, pero cuando llegamos las cosas no parecían tan lindas. Llegamos y a los pocos minutos apareció Lukas, con las llaves para un edificio que tenía una pinta bastante vieja. Claro, en Europa, no necesariamente es algo mal. Ahora bien, el edificio estaba en obra. No había luces en los pasillos y daba la sensación de estar abandonado, con huecos de ventanas sin vidrios (el frío que hacía en el hall, mamita) y algunos cartones en los pisos. Por esos segundos en que nos subíamos al ascensor, pensé que habíamos sido estafados, que era uno de esos casos de fotos que se ven hermosas y departamentos que no cumplen, ni por asomo, con lo prometido. Sin embargo, al abrir una puerta medio desvencijada en un corredor vacío y lleno de polvo de construcción, apareció un departamento encantador e increíblemente fiel a las fotografías. Un techo con ventanitas como en las películas, camas impecables, una cocina grande con lavarropas y tender, una habitación principal gigante con baño ensuite. Respiramos tranquilos. El edificio en obra no era más que anecdótico y nuestras caras de pánico quedaron como un recuerdo de viaje más.

Entre valijas y llaves, no habíamos podido ni mirar a nuestro alrededor. Estábamos expectantes. Afuera amenazaba con llover pero no importaba mucho. Estábamos en Praga y veíamos las casitas desde la ventana de nuestro departamento. Era un poquito como estar adentro de un sueño.

Me habían dicho que esta ciudad tenía algo encantador y, realmente, sólo lo entendí cuando empecé a caminar por sus calles. Es caer de cabeza en un cuento, pero hay algo más. Incluso sentándonos en un pub a ver el clásico español, incluso caminando por calles abarrotadas de gente, incluso tratando que los contingentes chinos no salgan en las fotos… Hay algo que va más allá de todo, y que está latente en cada paso que das. Praga es encantadora, así sin vueltas.

Y cuando cae la noche, es otra historia. Me pasó que me quedó un recuerdo muy puntual. Había llovido un poco y, cuando paró, quisimos salir a comer algo a un mercadito, la noche del 23. La magia de las calles después de la lluvia, la escasez de gente, la belleza de las luces reflejadas en el pavimento, el olor a vino caliente y el murmullo de canciones navideñas. Son esos momentos que te parás donde estás y simplemente observás, porque todo parece frágil. Te sentís sumergido en un mundo que parece sacado de otro lado. Son esas situaciones en las que agradezco a la vida poder viajar y disfrutar de esos instantes.

El primer día lo dedicamos a turistear. Como todos esos rincones a los que tenés que ir cuando visitás un lugar así, terminamos caminando por las orillas del Moldava, hasta alcanzar el famoso Puente de Carlos. No pudimos evitar meternos entre los cientos de turistas, así como tampoco escaparnos a un pub a comer, observando a los locales y a todos los visitantes que esas épocas mueven en las ciudades europeas.

El consumismo se vive de otra manera en Europa, por lo menos a mi parecer y desde este lugar en particular. La gente rodea los locales comerciales, pero también se abarrota en los mercados navideños, en los restaurantes o los puestos de comida, disfrutando de la época más que buscando una excusa para comprar. Parece más como una vacación, como un momento para desconectar y disfrutar, y no un rally para hacer todo antes de la noche del 24. Gorros de lana, bufandas gruesas, abrigos largos. Todo parecía una pintura utópica para nosotros, que habíamos pasado las últimas Navidades sentados abajo del aire acondicionado y luchando por terminar esa última porción de vittel toné. Los locales empezaron a cerrar muy temprano, algo a lo que no estamos muy acostumbrados, por lo que alrededor de las tres, cuatro de la tarde, sólo éramos los turistas, algunos negocios gastronómicos y los mercaditos navideños, que seguían presentes en todos los rincones de la ciudad. No pudimos evitar comer un Trdelnik a la tarde, uno de los postres típicos, mientras esperábamos la hora de volver al departamento y prepararnos para los festejos.

El 24 a la noche, todos los restaurantes estaban llenos, por lo menos los que se encontraban abiertos. Recomendable es reservar con tiempo. Sino, los mercaditos siempre están a la espera, con su lomito de Praga, sus salchichas o brochettes, para comer parados y disfrutando de los conciertos Navideños. A minutos de las doce, la gente se reune alrededor del Reloj Astronómico, haciendo la cuenta regresiva todos juntos. Es algo muy especial. Más allá que habíamos vivido el Año Nuevo, la Navidad tiene otro clima. No hay fuegos artificiales, no hay ruidos ni tanto caos. La gente se mira, se abraza, disfruta del momento. Nosotros seguimos la noche en un pub, pero por lo general es una fiesta mucho más tranquila que comparten con la familia. Muchos locales incluso cierran a eso de las 23 horas y son pocos los que siguen la fiesta después de las 00. 

El 25, el clima turístico vuelve, aunque muchas atracciones están cerradas. Se nota que todos aquellos que fueron de visita, lejos de querer aprovechar el feriado para descansar, están buscando algo para hacer. Nosotros pasamos nuestro día en Malá Strana, uno de los barrios más artísticos de Praga, visitando el Castillo, el Muro de John Lennon, algunas librerías que estaban abiertas y aprovechando un poco también la tranquilidad que ofrecían otras zonas menos turísticas. Aunque muchos locales se encontraban cerrados, por la noche todo vuelve a la normalidad y pudimos salir a comer sin problemas. Igualmente en en las calles queda ese ambiente, esa vibra que traen las fiestas, con todos sus detalles todavía abrazando los rincones de Praga.

Esto es únicamente una historia personal, un recuerdo que me quedó de mi paso por esta ciudad bella, y que quería compartir. Otro pequeño sueño cumplido. En los próximos posts llegará la info y los lugares que recomiendo conocer en esta capital, que nos dejó un recuerdo hermoso de una de las fiestas que más deseaba pasar en el exterior.

Como siempre digo, creo que la impresión de un país —en especial, la primera— se basa en momentos, en olores, en colores, en gente y lugares, en una sensación muy única y personal. Cada uno se lleva sus propias experiencias, sin juicios previos u opiniones ajenas que valgan. Vivir la Navidad en Praga no sólo me hizo llevarme las mejores postales navideñas de mi vida, sino también una impresión única de una ciudad de cuentos. Porque les puedo asegurar que, si hay algo más lindo que Praga, es vivir el sueño de una Navidad en Praga.

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