recaptcha-in-wp-comments-form domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131updraftplus domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131Pero a nosotros nos toca quedarnos en CABA, que ya va aflojando con un poco con el calor insoportable y que nos está regalando unos días preciosos para turistear por nuestra ciudad. Ahora, si lo que queremos es aprovechar el finde para descansar y, aún así, hacer algo diferente a quedarnos en casa mirando Netflix, tenemos una propuesta: una escapada a un hotel porteño. Más de una vez nos hemos tomado un fin de semana off, para refugiarnos en algún apart o spa de Buenos Aires que nos diera, aunque sea por un rato, la sensación de estar de vacaciones cuando no podíamos tomarnos días. Para quienes quieren cortar un poco con la rutina y relajar, es una buena idea si el bolsillo, los tiempos o las vacaciones no nos acompañan para irnos a otro lado.
Si hay algo que podemos encontrar en abundancia en capital federal, además de cervecerías artesanales y locales de hamburguesas, son hoteles. Variedad de localización, precio y servicios; hay opciones para todos los gustos y bolsillos. Dependiendo de la época o las ofertas, hemos ido a hoteles boutique muy lindos, a algunos con spa, otros con desayunos pintorescos, otros reconocidos hoteles de la ciudad. Depende de cada uno, de lo que estén dispuestos a gastar o a viajar y de lo que estén buscando en su tiempo de descanso.
La ultima vez que hicimos algo de esto, para festejar un aniversario, elegimos el Hotel Panamericano. Este icono de Buenos Aires, situado en pleno Microcentro, tiene una de mis cosas favoritas en cualquier hotel al que voy: una vista única, de la ciudad, el obelisco, el Teatro Colón y la bella 9 de Julio. Su piscina en el último piso también es otro lujito. Si bien es pequeña, da gusto meterse ahí, o sentarse en las reposeras mientras uno disfruta de un jugo o una fruta y ve los autos (y, a veces, también los aviones) pasar. Incluso tiene una partecita al aire libre, para disfrutar de los días de sol. El hotel en sí está muy bien. Si bien notamos algunas cosas que podrían estar en mejores condiciones, la habitación era super cómoda y espaciosa, las instalaciones estaban correctas para un hotel de su trayectoria y categoría. El desayuno fue bueno, aunque podría haber habido más variedad (teniendo en cuenta que es un 5 estrellas). En general, la experiencia fue muy buena, y creo que todo porteño debería alguna vez deleitarse con las vistas aéreas tan hermosas de nuestro centro y nuestro emblema. Actualmente el valor de una habitación es aproximadamente de 210 dólares la noche, pero se encuentran promociones de vez en cuando. Si reservan desde este link, obtienen un descuento del 10%.
Otra de nuestras opciones para un día de relax fue sacar un hotel por Groupon, la famosa cuponera web de ofertas. Por aquel momento, habíamos encontrado un muy buen precio para escaparnos un día de semana a Awwa Suites & Spa, una de las zonas, a mi parecer, más lindas y tranquilas de Palermo. El hotel está muy nuevo y tiene habitaciones muy, muy espaciosas y confortables, con kichinette y balcón (en el caso de la que nos tocó a nosotros). La piscina es cubierta y, si bien pequeña, muy íntima y tranquila. El desayuno, que venía incluido, se sirve en un restaurante cercano, en un ambiente muy lindo. El precio por noche en Semana Santa es de 164 dólares, aunque pueden obtenerse reservas por 1oo (con desayuno) si lo hacen en otra época. También tienen la opción de contratar el day spa, otra alternativa interesante para regalarse un día de relax. Recomiendo mucho que se den una vuelta por la página de Groupon, que a veces tiene buenas opciones para noches de hotel (algunas incluso aplicables en fines de semana largos).
Otra linda opción es el Hilton de Puerto Madero. Aunque personalmente no es de mis barrios preferidos de la ciudad, sé que para muchos lo es y resulta una gran opción para alojarse y pasear por la zona, incluso salir a cenar. El hotel es realmente bello, con sus pasarelas y sus detalles, un bar amplio y un buen desayuno. Fui hace ya bastante, pero estaba muy bien mantenido. Las vistas de la ciudad también valen muchísimo la pena, así como su piscina al aire libre si tienen la suerte de poder utilizarla. Estéticamente es un hotel bellísimo, que cuenta con muchísimos servicios como para no tener que moverse y descansar a full. Las habitaciones para estas épocas arrancan en los 250 dólares.
Por otra parte, hace un par de años, decidí hacerle un regalo a mi viejo, que es bostero a muerte. Para los hinchas del club, el Hotel Boca Juniors by Design puede ser una linda opción para sumergirse en un ambiente azul y oro y descansar al mismo tiempo. Incluso pueden ver un partido en el bar, mientras pican algo. Si bien mi papá confesó que no le resultó nada del otro mundo, dijo que es una linda experiencia siendo hincha del club. Personalmente no podría decirles, ya que yo heredé el cuadro de mi abuelo materno, pero puede ser una alternativa copada para escapar del caos porteño y sumergirse en el mundo del fútbol. Siendo un cuatro estrellas, se consiguen habitaciones con desayuno a partir de 97 dólares (con 10% de descuento si reservan desde acá). El hotel, ubicado en San Telmo, cuenta con piscina, gimnasio, sauna, masajes y un bar, todo muy temático y a tono.
El Tango de Mayo es otra excelente opción, si lo que quieren es disfrutar del microcentro porteño y aprovechar la tranquilidad que traen estos feriados super largos, cuando la gente huye de CABA. Con una decoración única y muy tradicional, situado sobre Avenida de Mayo, este cuatro estrellas tiene habitaciones hermosas, un buen desayuno y se encuentra cerca de todo. Lo único malo es que no tiene piscina, pero si no les interesa este detalle es una muy buena opción. Se pueden conseguir habitaciones a partir de 163 dólares la noche (con desayuno incluído).
Si son fanáticos de las vistas como yo pero buscan algo un poquito más económico pero sin perder el lujo, Eurobuilding Boutique Buenos Aires también tiene una piscina en la terraza y vistas únicas de la ciudad desde otra perspectiva (ya que no se encuentra en la zona del Obelisco, sino sobre Lima, entre Yrigoyen y Alsina). La noche ronda los 110 dólares, y tienen muchísimos servicios dentro del hotel, incluso algunas opciones para comer, minibar y servicio a la habitación.
Si después de esto no los convencí de darse un gusto y meter una escapadita en medio del fin de semana largo, espero que aunque sea decidan hacerlo algún día en la semana o algún fin de semana que sea especial. Es lindo regalarse una tarde o una noche de tranquilidad, y jugar a ser turistas en nuestra propia ciudad. Incluso aunque no viajemos, estar en un hotel, que nos atiendan y poder disfrutar de los servicios y las instalaciones nos transporta un poco a la sensación que sentimos durante las vacaciones. Si no queremos gastar tanto, regalarse un día de spa también es una buena forma de descontracturar y disfrutar de un merecido descanso.
Bajo el hashtag de #ArgiesenBaires, la idea es recomendar lugares, restaurantes y experiencias en esta ciudad, que después de tantos años todavía tiene la capacidad de sorprenderme y permitirme descubrir muchos rincones nuevos para disfrutarla. Esta semana, para los que se quedan en Buenos Aires, busqué recopilar algunas ideas y lugares para que puedan disfrutar de la ciudad. ¡Más consejos y fotitos en mi Instagram!
]]>Después de viajar siempre por Buquebus, tuvimos la experiencia de utilizar el servicio de Colonia Express, que sale desde Av. Elvira Rawson de Dellepiane 155, donde se encuentra el Casino Flotante (a diferencia de Buquebus y Seacat, que salen desde la terminal de Av. Antártida Argentina 821, en Dársena Norte). Aunque en sí la Terminal es pequeña, tuvimos muy poco tiempo de espera para hacer todos los trámites correspondientes previos al embarque, y en poco tiempo estuvimos sentados en un barco no del todo lleno y con muchas comodidades. La experiencia fue igualmente buena que en Buquebus (de hecho, sentimos un poco menos el movimiento, algo que a mí, que me mareo fácil, me parece un dato bastante relevante). Buen free shop, buenos asientos y en general un muy buen viaje. Si vuelo a Colonia, es muy probable que vuelva a elegir hacerlo con Colonia Express.
Con respecto a los valores de los pasajes, es importante saber que varían mucho dependiendo de la fecha (fin de semana largo no es lo mismo que fin de semana común), y sobre todo tiene que ver, obvio, con la disponibilidad. Pueden llegar a pagar unos 64, 65 dólares por un boleto ida y vuelta, pero tienen que sacarlo con bastante anticipación, en especial si tienen pensado hacer una escapada de viernes a domingo. De acá a dos meses, por ejemplo, esta tarifa se encuentra agotada y van a tener que abonar la siguiente, que es de unos 75, 76 dólares. Si bien la diferencia no es mucha, es recomendable sacarlos siempre con antelación si ya tienen pensado irse. Pueden chusmear los precios en la página de Colonia Express.
Llegamos a Colonia al mediodía y tuvimos un caminata un poco larga hasta el hotel, ya que esta vez decidimos alojarnos por primera vez en la zona más nueva de la ciudad, en lugar de hacerlo en los alrededores del barrio histórico. Caminando por la Rambla, que está en remodelación y expansión, entramos en una zona un poco más residencial, con algunos hoteles repartidos a lo largo de la costa. Ese fue el caso del Real Colonia Hotel, que elegimos más que nada por su servicio de piscina cubierta y buen precio para una reserva que fue hecha con poca anticipación (y pagamos aproximadamente 90 dólares la noche). Lo que recomiendo, si eligen algún hotel de esta zona, es que vayan con auto (pueden llevar el propio en barco por un costo adicional o alquilar uno en la terminal) o uno de los carritos de golf que se rentan alrededor de la zona portuaria. Para mí, esta última opción es ideal para recorrer la ciudad en pocos días. El precio es más o menos similar en todos los lugares que alquilan. Nosotros elegimos Thrifty, que se encuentra en la terminal. El costo del carrito por 24 horas fue de 75 dólares, con combustible incluído (a esto hay que descontar el 10% si pagan con tarjeta de crédito).
Hablando de tarjetas de crédito, es importante a la hora de pagar en Uruguay que sepan que cuentan con beneficios a la hora de hacer compras. Nosotros en general utilizamos tarjeta (ya sea crédito o débito) siempre que nos lo permiten, en especial a la hora de ir a comer. Cargamos con pocos uruguayos (de hecho, en este viaje en particular, ni siquiera compramos ni sacamos por cajero). En Colonia suelen aceptar pesos argentinos en casi todas partes, pero el cambio por lo general no nos favorece. Si pueden pagar con tarjeta, que no sólo tiene descuento sino que también toma el gasto al cambio oficial, mejor. Si van con dólares, uno equivale más o menos a 32 pesos uruguayos pero, como comentaba, suele ser mejor pagar con la moneda local.
El primer día aprovechamos para conocer y disfrutar esta zona nueva de Colonia que no conocíamos. El año pasado, en la parte de la Rambla, a la altura de Playa Victoria, agregaron un cartel de Colonia (foto) para llevarse la postal turística, algo que ya se volvió muy popular alrededor de distintas ciudades en el mundo. Además, la zona es muy agradable para sentarse a tomar unos mates y disfrutar del día y de los maravillosos atardeceres que ofrece la ciudad. Si hay algo que amo profundamente de Colonia, son sus atardeceres. Si alquilan los carritos, hay algunos itinerarios recomendados de pocas horas como lo son conocer la Plaza de Toros o la Capilla de San Benito. Si bien los carritos no tienen gran velocidad, las distancias son cortas y se puede conocer todo en una tarde.
El domingo estuvimos paseando por el hermoso Barrio Histórico que tiene la ciudad y que jamás nos cansamos de visitar. Además de la belleza de sus calles irregulares y construcciones antiguas, este punto es ideal para sentarse a almorzar al sol. La primavera nos regaló un fin de semana hermoso que pudimos disfrutar en la ciudad. Si son más de la onda del picnic y el día acompaña, pueden sentarse con un sandwichito en la Plaza de Armas o en el muelle.
Por la tarde volvimos a disfrutar de la piscina climatizada del hotel, no sin antes hacernos una escapada al shopping de Colonia. Si agarran desde la terminal la Av. Buenos Aires (luego Roosevelt), se van a encontrar con este centro comercial que cuenta con un modesto patio de comidas, un cine y algunos locales de ropa. Nosotros pasamos por el supermercado Ta-Ta que se encuentra dentro y que es uno de los más grandes y céntricos de la ciudad, para comprar algunos víveres (no teníamos uruguayos, así que era la opción más segura para poder pagar con tarjeta).
Colonia es una de las escapadas ideales para el fin de semana desde Buenos Aires, así como un gran lugar de entrada si lo que buscan es recorrer Uruguay. Los precios de comida y alojamiento no son del todo económicos, pero por pocos días no es algo disparatado. Sentarse a comer es caro, pero hay muchas opciones relativamente baratas que pueden hacernos ahorrar unos pesos. Es una ciudad que se recorre fácil y pronto, sin dudas, pero en la que dan ganas de quedarse más tiempo. Tranquilidad, hospitalidad, callecitas, mates y atardeceres increíbles. Suficiente para querer quedarse más tiempo del que podíamos y para volver a verla en algún fin de semana cercano.
]]>Esa fue mi primera relación con la Serenissima Repubblica di San Marino: uno de los microestados europeos con menos de 70 kilómetros cuadrados de superficie. Más allá de las fotos bellísimas que había visto, me daba curiosidad saber cómo era la vida en un lugar así, en una superficie que parece perdida dentro de Italia, pero que en su soledad alberga una belleza impresionante.
Para llegar, tuvimos que hacer base en la ciudad italiana de Rimini (es la única forma de llegar mediante transporte público, sino hay que ir con auto). Nos quedamos dos noches, lo suficiente como para poder dedicarle un día completo al país vecino.
Salimos temprano y, lamentablemente, el día no nos acompañaba en lo absoluto: llovía y había mucha niebla, algo que nos jugó en contra cuando llegamos a San Marino. Basada en mi experiencia, si visitan este lugar un día de lluvia, tengan en cuenta que se pierden la mayoría de las vistas increíbles que tiene (está en la altura, así que las nubes no dejan ver demasiado). Nosotros no teníamos opción, ya que al otro día seguíamos con nuestro viaje, por lo que no nos quedó otra que ir ese día y disfrutar de lo que nos ofrecía.
El viaje en micro es corto y el recorrido bastante interesante. Tomamos el Bonelli Bus, que sale en la calle opuesta a la estación de Rimini, y que en invierno tiene una frecuencia de aproximadamente una hora (funciona también domingos y feriados, aunque con menos frecuencia). Sale cinco euros el trayecto. En su sitio tienen todos los detalles necesarios.
El camino en subida nos llevó hasta el estacionamiento de lo que es propiamente la Ciudad de San Marino, en el Monte Titano. La primera impresión, a medida que uno va avanzando por los caminitos de la ciudad, es la de estar en una película medieval. Calles estrechas, caminos de piedra, subidas y bajadas que se perdían bajo la lluvia, construcciones antiguas y la niebla de ese día. La ciudad es, auténticamente, sacada de un set de película.
La persistente llovizna no nos impidió llegar hasta la oficina de turismo, donde retiramos nuestro mapa de la ciudad. Además, por cinco euros, podés llevarte el sello del país en tu pasaporte, acompañado por una estampilla. No podíamos dejar de registrar el momento en nuestro libro de viajes.
Con un camino persistente en subida y con nuestro mapa en mano (y la lluvia también), nos decidimos a alcanzar cada uno de los puntos de interés que nos mostraba el mapa. En invierno, y con lluvia, fue un camino solitario y casi mágico. Aunque suene algo reiterativo, realmente era como estar en el set de una película. Los árboles, los escalones, los caminos ensortijados de piedra y esas construcciones perdidas entre la bruma creaban una atmósfera que nunca había tenido la oportunidad de ver en mi vida. El recorrido es cansador, sobre todo luchando contra el frío y el agua, pero la travesía vale la pena. Aunque nos perdimos de las vistas increíbles que ofrece la altura (sólo pudimos ver algo cuando empezó a despejarse), el panorama que nos pintó el día gris fue también único a su manera.
En lo que es el centro histórico, hay varias opciones para comer y para todos los bolsillos. A la tarde nosotros fuimos a un pequeño restaurante muy familiar, donde entre mesas apretadas comimos unas buenas pastas con una cerveza para combatir el frío y llenar el estómago. El lugar en sí no era lindo, pero la verdad es que nos atendieron enseguida y comimos bien y barato lo cual, dadas las condiciones climáticas y el horario, era todo lo que necesitábamos.
Además de los restaurantes y cafeterías, en el centro se pueden encontrar muchos lugares que se dedican a vender productos variados, en especial para los habitantes de Italia que van a comprar ahí (ya que hay tax-free). Aunque no estuvimos en plan tour de compras, hay muchas cosas y chucherías para comprar (¡Venden el chocolate por metro! ¡Sí, por metro!).
Nosotros decidimos quedarnos en Rimini, pero San Marino también tiene su oferta hotelera para los que decidan quedarse a pasar la noche. En el mismo centro histórico hay muchos hoteles, cuyos precios van entre los 1000 y los 2000 pesos la noche, aproximadamente. Si buscan algo más económico porque van solos, Hostel San Marino está un poco más alejado del centro pero tiene camas en dormitorios compartidos por algo de 500 pesos la noche.
Sé que no es una ciudad típica en los itinerarios, pero recomiendo pasar por este lugar si están por Italia. Después me cuentan qué les pareció y, si les toca un día de sol, me mandan un par de fotos.
]]>Llegamos en avión, en el vuelo más corto que tuve la suerte de hacer hasta ahora (40 minutos, incluso menos que el trayecto Buenos Aires – Mar del Plata que había hecho hace unos cuantos años, de 50). Desde el aeropuerto un micro, el DM1, nos dejó en el barrio de Punta Carretas por 58 uruguayos (algo así como 2 dolares), donde se encontraba nuestro hotel. Elegimos Armon Suites por una cuestión de precio y ubicación. Nos habían recomendado mucho la zona y efectivamente, después de recorrer, nos dimos cuenta que era un excelente lugar para estar alojados.
Aunque los días no estuvieron a nuestro favor -tres de cuatro nublados y con lluvia- pudimos aprovechar bastante para recorrer lo típico. Montevideo es una ciudad grande, pero las atracciones principales se encuentran concentradas en ciertos puntos que pueden recorrerse en pocos días.
Un día lo dedicamos al lado de Punta Carretas, Pocitos y sus playas, y una zona que definitivamente es para ir con poco, no olvidarse del mate y sentarse a disfrutar si tienen la fortuna de un día de sol. Pasando la playa de Pocitos se encuentra el popular letrero de Montevideo, para quienes quieran llevarse la foto del cartel y la ciudad de fondo. Es un mirador muy bello de lo que, para mí, es una de las zonas más lindas de la capital. En Punta Carretas se encuentra también el centro comercial del barrio, aunque está la opción de seguir hasta el Shopping de Montevideo (muchos colectivos los acercan a esa zona), que tiene algunos otros negocios para los que van de compras (Forever 21, por ejemplo). Los precios son más o menos como acá para el shopping, hasta más caros, por lo que me pareció más un paseo para ver que para comprar. Con el tax free, de cualquier modo, los precios de las marcas de ropa típicas para compras en el exterior quedan bastante accesibles. La zona de Punta Carretas cuenta además con muchas opciones para comer y que también tienen delivery (en caso que decidan parar en departamento), y con tarjeta de crédito a los no residentes se les aplica el 10% de descuento. Después de varias comidas, es un descuento que empieza a notarse y que decidimos aprovechar. Los cajeros por lo general, para extraer efectivo con débito, cobran un extra de entre 100 y 170 uruguayos.
También dedicamos un día, medio entre lluvias y nubes, al Mercado Agrícola de Montevideo, al Jardín Botánico y al Jardín Japonés, que se encuentran todos más al norte de la ciudad (donde también está el Palacio Legislativo, otro paseo muy interesante para hacer de un edificio hermoso). En el Mercado comimos muy bien, por un precio razonable, y cuenta con muchas opciones gastronómicas (ya ampliaremos en otra nota). Los Jardines de la ciudad son una visita que recomiendo en todos lados, y no es la excepción en Montevideo. Ambos tienen entrada gratuita y son hermosos lugares para visitar (el Jardín Japonés es pequeño, se recorre en menos de media hora) o para quedarse, caminar y descansar.
Otro día es para la ciudad vieja y el centro histórico. El Mercado del Puerto es un buen punto de partida, donde pueden comer a buen precio algo de la parrilla local. Desde ahí, caminando por las calles viejas de la zona, van a llegar a la parte histórica de la ciudad, vestida con ferias los fines de semana y una extraña sensación de abandono. Hay un descuido que tiene su atractivo, pero que por momentos nos pareció un poco desolador. Definitivamente, con la ciudad vieja, sobre todo después de ver lo linda que es la parte histórica de Colonia, tenía muchas expectativas de un lugar que no resultó ser lo que pensaba. En el centro de la ciudad, sin embargo, la historia es otra. Si siguen caminando desde la parte vieja, la Plaza Independencia los recibe con otros colores. El Palacio Salvo, el Teatro Solís, el mausoleo de José Artigas… Es una zona mucho más interesante, transitada y con más cosas para ver y hacer. Por la 18 de Julio pueden seguir hasta la fuente de los candados (que funciona como el Pont des Arts de París, más o menos), o seguir recorriendo, buscando lugares para comer o tomar algo. El final de una extensa caminata por la avenida nos llevó hasta la estación de buses Tres Cruces, que también tiene otro centro comercial bastante bueno, nuevo y mucho más transitado que otras zonas.
El cuarto día lo usamos para descansar antes del regreso. La lluvia no te deja hacer demasiado en una ciudad que es linda para caminarla, pero los colectivos te dan la posibilidad de llegar hasta donde quieras y conocer un poco más cuando el tiempo no acompaña. Si bien los trayectos de buses no se encuentran en Google Maps, pueden consultar la página de transporte de Montevideo que tiene el detalle del recorrido de cada línea.
Personalmente, creo que es una ciudad que no deja de tener las comodidades de cualquier capital, pero que tiene muchas costumbres de lugares más tranquilos, esos que cierran los locales a las 16hs para volver por la noche, con gente que va caminando con su mate en mano aunque llueva, truene o garúe… Es un lugar con un encanto que también recae en la comodidad de sentirnos en una ciudad hermana, en un país donde nos entienden, donde comparten muchas costumbres y, aún así, donde encontramos paisajes que no se ven de este lado del charco.
¡Pronto tendremos más novedades sobre esta ciudad y algunos tips para aquellos que planeen visitarla por primera vez!
]]>El tren que sale de la estación nos costó alrededor de 18 euros (ida y vuelta). Nosotros sacamos boletos por las máquinas que se encuentran en la estación, ya que hasta último momento no estábamos seguros de ir. OJO, si compran los tickets por internet, no tienen que hacer nada; pero si los compran en la estación, no se tienen que olvidar de validarlos. Cuando salen al anden, hay unas máquinas de Trenitalia donde tienen que poner el pasaje y les imprime la fecha y hora. Cuidado, porque a nosotros nos hizo un ruido pero no imprimió nada, y por eso casi terminamos con una multa… Es muy importante que los tickets estén validados cuando se suban al tren. Si tienen dudas, siempre pueden preguntarle al personal que anda dando vuelta por los andenes.

Pisa es realmente una ciudad sencilla. Ya nos habían advertido que no había demasiado para hacer, pero quisimos ir a comprobarlo por nuestra cuenta. Como en todas las ciudades italianas, hay algo de encanto, algo de esos edificios antiguos, esas calles en desnivel, esos rincones con algún lugareño envuelto por el entorno tranquilo… A mí los pueblos de Italia me fascinan, cada uno a su manera.
Llegar a la Torre, después de cruzar el Ponte di Mezzo, es fácil. Por Borgo Stretto, que está lleno de restaurantes y locales comerciales, llegan a Fedelini, que girando hacia la izquierda se vuelve Via Cardinale Pietro Maffi. Una vez que doblan ya es visible la Torre, con su Piazza y su Duomo.
De verdad, más allá de lo icónico que tiene la Torre de Pisa, está esa belleza que tienen todas las construcciones italianas. La Piazza, que parece más chica que en las fotografías, está vallada (no está permitido pisar el césped), pero eso no impide que los turistas intenten sacar alguna foto utilizando la torre para hacerla caber en la palma de la mano, entre los dedos, sosteniéndola, empujándola, y otras miles de poses que se van a cansar de ver. Lo bueno de haber ido en invierno es que hay relativamente poca gente. Para subir, para sacarse fotos, no es una locura la espera y el ambiente estaba bastante tranquilo. La entrada para subir sale 18 euros, y se puede sacar con anticipación (con un costo de servicio de 2 euros adicionales).
Obviamente, no nos perdimos de sacarnos alguna foto turista. Hacer alguna pose ridícula con la torre es obligatorio si pasamos por Pisa. (En lugar de dejar nuestra foto, que no salió del todo bien honestamente, dejo a todos aquellos que vimos posando y que pudimos agarrar infraganti sacándose orgullosamente la foto típica. Miren a esa señora a la derecha sosteniendo la torre. Déjenla ser feliz.)
Después, pasando la torre, hicimos un stop en un pequeño mercado que vendía algo de comida y souvenirs. Después de comprar algún imán de recuerdo, seguimos caminando. En este trayecto por una zona menos turística nos agarró la lluvia, casi cuando estábamos por alcanzar la estación Rossore (nosotros llegamos a Centrale). Siguiendo el recorrido de las vías llegamos hasta el Ponte della Cittadella, mojados, con hambre y bastante cansados. Fue entonces cuando decidimos almorzar una pizza en la estación (no pun intended), y sacar pasajes para volvernos antes de lo esperado.
La realidad es que fue un paneo de mediodía y, si bien el clima no nos acompañó al final de nuestro recorrido, pudimos conocer un poco la ciudad. Si bien mucha gente me había dicho antes del viaje que no había mucho para hacer (y doy fe), es un recorrido interesante para conocer uno de los monumentos más icónicos de Italia.
]]>Si hay algo que siempre digo que envidio a los europeos son las distancias entre países; la facilidad con la que, haciendo pocos kilómetros, pueden saltar de una cultura a la otra, apareciendo en un lugar totalmente diferente al que se encontraban horas antes.
Nuestro caso, estando en Venecia un primero de enero, fue más bien una cuestión de querer aprovechar la cercanía que tiene la ciudad italiana con otros países tan distintos. Fue así como sacamos los pasajes de Flixbus (empresa que merecerá una nota aparte) y terminamos por un camino hacia el este hasta la capital de Eslovenia, Liubliana. Un viaje casi casual, diría, y solo con las expectativas de conocer otro lugar en nuestro recorrido por el viejo continente.
Llegamos casi sobre el mediodía, después de un camino de ruta de unas tres horas desde la estación Santa Lucía, pasando por la bella Trieste antes de cruzar la frontera entre Italia y Eslovenia. Llegamos a la estación y orientarnos no fue demasiado difícil: Liubliana es una ciudad que, si bien tiene bastante para ver, tiene un centro concentrado que permite estar en muchos lugares en poco tiempo. De cualquier forma, fuimos hasta la oficina de turismo para conseguir un mapa de la ciudad y ubicarnos un poco mejor antes de arrancar el day-tour. Aunque el idioma es incomprensible, con inglés básico es muy fácil manejarse y hacerse entender.
Nuestra primera parada, ya pasado el mediodía, fue Klobasarna. Había leído muy buenas críticas sobre este pequeño restaurante de comida típica eslovena. Y no decepcionó. Nuestro almuerzo, una especie de chorizo con salsas y un pan muy rico, acompañado de una Unión -una de las marcas de cerveza más conocidas del país-, fue uno de los más interesantes que tuvimos en Europa. El local es súper chico y no hay gran variedad, pero lo poco que tienen es exquisito y a buen precio para un almuerzo gasolero (no gastamos más de ocho euros por persona). Aprovechamos la wi-fi pública para mandar un par de mensajes de “estamos en un país donde no entendemos ni jota pero es hermoso y estamos bien” y seguimos por una calle con nombre impronunciable disfrutando de la belleza de Liubliana.
Aunque hay buses turísticos que te llevan a los distintos puntos de interés, decidimos hacer el camino por nuestra cuenta y subir la colina que lleva al Castillo de Liubliana (Ljubljanski grad en su idioma original). Y aunque hacía frío y faltaba un poco el aire, las vistas valen la pena. Es una ciudad increíblemente pintoresca desde donde se la mire, por lo que la vista desde arriba no decepcionó. Por cuestiones de tiempo no ingresamos al castillo, pero la entrada al mismo está 10 euros (7 para estudiantes y niños), e incluye el pasaje de regreso para descender en funicular. Teniendo en cuenta los precios de las atracciones europeas, en un buen precio para conocer uno de los íconos de la ciudad. Si no tienen ganas de subir, verlo desde abajo es otro gran espectáculo: las luces que lo iluminan por la noche componen la fotografía perfecta de la ciudad.
Tuvimos la suerte de movernos en épocas de fiestas, y la ciudad tiene todo el espíritu navideño que veníamos necesitando. Cuando nos sentamos a tomar un café para entrar en calor, pudimos disfrutar del paseo de compras navideño, de las luces y los colores que decoran cada rincón de la ciudad eslovena. Una imagen para el recuerdo es la Iglesia Franciscana de la Anunciación, uno de los edificios más lindos de la ciudad, lleno y rodeado de luces y detalles que parecen sacados de una película.
En un día se puede conocer lo elemental y recorrer el pequeño centro de la ciudad, pero definitivamente nos hubiésemos quedado más tiempo. Saliendo un poco del centro también se pueden ver paisajes increíbles, calles interesantes y rincones que hubiésemos querido explorar con más detalle.
Una pequeña ciudad, casi perdida entre las grandes capitales de Europa. La mejor sorpresa.
]]>Nunca fui fanática de apurarme para recorrer un lugar: creo firmemente que se necesitan varios días, sobre todo en las ciudades grandes, para conocerlas un poco. Sin embargo, no era mi primera vez en París. Fue volver, sólo por dos días, con tiempo perdido entre viajes y peripecias, para verla de vuelta. Porque es así, es una amante caprichosa, es una ciudad que te encanta a su manera. Lo mío no fue amor a primera vista, sino que tuvo que pasar el tiempo y los viajes para darme cuenta que en realidad había estado en una de las ciudades más lindas del mundo sin siquiera haberme dado cuenta. Y dos días no son ni serán nunca suficientes para París, pero a veces los amores nos obligan a tomar lo que podemos y conformarnos.
Después de un vuelo muy económico de Air France (ojo con la letra chica, que no incluye el equipaje facturado en el pasaje), uno de los mejores de Europa, llegamos a Charles de Gaulle. Yo había llegado por tierra la última vez, por lo que esta vuelta tuve el espectáculo desde que llegué: es un aeropuerto impresionante, con esos detalles tan típicos de la ciudad, en el que las horas de espera dan más bien gusto. Nos quedamos en uno de los hoteles del aeropuerto, que tienen transfer desde las terminales hasta la puerta del hotel. Se justifica para estancias cortas, ya que hay una buena distancia hasta el centro de la ciudad.
El frío en París es duro en invierno, al punto de que llegamos a los Jardines de Luxemburgo para encontrarnos con fuentes congeladas y restos de hielo por los caminos. Con un clima cambiante, nos encontramos a la distancia con la Torre Eiffel en un cielo nublado, tan sólo para llegar a la base y encontrarnos con un día de sol. Mucho fue lo que cambiaron los controles desde la última vez, y la seguridad es ahora otro personaje más dentro de la postal bellísima de uno de los monumentos más famosos del mundo.
Con sus Jardins du Trocadéro, la vista de la torre es imponente. Ya había subido la última vez que había estado allá (visita obligada, llueva, truene o garúe), así que esta vez me dediqué a disfrutar de los alrededores. Esos puestitos que venden café a un precio disparatado, las parejas de la mano, los vendedores ambulantes que a toda costa quieren venderte esas réplicas de la Torre Eiffel que acá conseguís en Once… Es todo un panorama, un espectáculo; es de esos recuerdos concretos que te quedan en la mente y que te hacen añorar un lugar, querer volver siempre… Esa fue la sensación que me llevé de París. Y volvería una y mil veces.
Por la tarde, infaltable la caminata por la Avenue des Champs-Élysées, donde la gente disfruta de vidrieras, restaurantes y lujos cuando las luces van cayendo en el invierno parisino. Además de las tiendas más caras, hay también locales ATP donde podemos llevarnos algo (Sephora es uno favorito personal). La vista del famoso Arco del Triunfo tiene ahora un plus: mirando para el otro lado, en la distancia, se puede ver la nueva Roue de Paris, una vuelta al mundo mágica en Place de la Concorde. Otra parada obligada donde se ven la rueda y la torre con su iluminación nocturna, un espectáculo bastante único.
De ahí, seguimos por el Jardín des Tuileries hasta el Louvre. París es una ciudad diferente de noche y de día: la calidez que le dan las luces la hace todavía más increíble que cuando tenemos la suerte de tener un cielo celeste. La belleza de sus calles y sus puentes es única cuando ya queda poca gente y las luces se reflejan en los rincones más transitados de la ciudad.
Nuestro camino terminó en el famoso Pont Des Arts, que ya perdió todos sus candados llenos de promesas de amor, pero que no deja de tener su encanto y su historia.
En un regreso más bien complicado —no es tan fácil encontrar baños públicos en la noche parisina—, terminamos en la estación Les Halles y conociendo por casualidad uno de los recientemente remodelados atractivos de la ciudad, el Forum des Halles, un mercado convertido en un bellísimo centro comercial, para los fanáticos de hacer shopping. Más allá de ser un increíble centro de compras, vale la pena pegarle una visita al magnífico edificio que estuvo en obra por seis años.
Aunque fue mi segunda visita a París, creo que es de esas ciudades que siempre van a tener un rincón nuevo para conocer, un barrio por descubrir, un café en el que sentarse a observar la gente pasar y disfrutar de la belleza de sus calles. Todavía me quedan pendientes Versalles y Eurodisney así que creo que nos volveremos a ver las caras en algún futuro, espero no muy lejano.
Creo que a veces no importa a dónde vayamos, hay lugares que no se olvidan.
En lo personal, creo que no importa que tanto viajemos; en los recuerdos, siempre nos quedará París.
]]>Nos alojamos en un hotel de Las Condes por recomendación de un amigo. Es un barrio dentro de los que pueden ser considerados caros, pero hay mucho para hacer, incluso durante la noche cuando esta zona de oficinas termina sus horas laborales. A dos cuadras de nuestro hotel se encontraba el Costanera Center, un shopping que resulta un paseo obligado para todos los argentinos que cruzan la cordillera. Los precios en ropa y tecnología son muy buenos: al punto de que he visto gente embalando plasmas de 60 pulgadas, porque la diferencia realmente era mucha. Marcas como Forever 21 o H&M, que nos tienen acostumbrados a ropa de calidad media-baja por precios muy accesibles, tienen locales enormes que están bastante llenos de gente a toda hora. Alto Las Condes también está por ahí (serán unos 10 minutos en taxi), una variante para comprar un poco más lejos del centro de la ciudad.
Sin embargo, no hay que quedarse solo con eso de que Santiago de Chile es nada más que un tour de compras como nos quieren vender las agencias. Si bien los precios son buenos y un día puede perderse entre compras y vidrieras, les recomiendo que le dediquen más tiempo al paisaje y al atractivo natural que tiene la ciudad: calles prolijas, construcciones nuevas que se mezclan con veredas antiguas y angostas, todo atrapado entre montañas que pueden verse desde diferentes ángulos de la ciudad cuando vamos caminando a comer o de vuelta al hotel.
El subte de Santiago funciona muy bien y creo que es ideal para recorrer la ciudad. A pesar de tener poco tiempo, pudimos apreciar una amplia parte del centro. Con la línea de subte roja llegamos hasta la estación La Moneda, que justamente se encuentra a unos pasos de la Casa de la Moneda, con una estructura muy atractiva en el centro de la ciudad. Por esa zona, empezamos a caminar para el lado del río Mapocho, teniendo la oportunidad de ver las construcciones antiguas de la ciudad como el Mercado Central o la Iglesia de Santa Ana. También a poca distancia se encuentra el museo de Bellas Artes, otra buena opción para dedicarle unas cuantas horas. El centro de Santiago es enorme y hay mucho para recorrer. Si van con tiempo, es recomendable que le den un día o dos y busquen los puntos de interés, porque son muchos los museos y los edificios históricos que vale la pena conocer.
En cuanto a la comida, hay muchas opciones como en toda ciudad capital. Pueden encontrarse los bodegones típicos con platos abundantes y tradicionales, lugares más de moda y con precios más elevados, o incluso las franquicias baratas a las que estamos acostumbrados en todas las ciudades turísticas. Recomiendo los primeros, más que nada porque hay una variedad interesante de la comida local, no son caros y se come más que bien. La carbonada, las sopas de mariscos y otras variedades y las carnes son moneda corriente, y todo puede acompañarse con una cerveza local o un pisco sour. Hay muchos de estos restaurantes por la peatonal, pero también el Mercado Central es una opción si buscan una comida más regional. Un poco más lejos del centro, en el barrio de Las Condes, las opciones son otras: hay restaurantes que parecen más modernos y vanguardistas, donde el menú y los precios seguramente serán otros. Hay también muchas opciones de comida peruana y oriental. Nosotros nos quedamos con lo típico, un bodegón y otro lugar llamado Liguria, para combatir el frío con los suculentos platos regionales.
Si están con auto, aprovechen para recorrer los alrededores de la ciudad, que también son muy lindos. Las rutas y los paisajes son algo que se destaca de Chile, donde cada camino parece tener oculta una postal especial. El observatorio de Sky Costanera también da una vista de la ciudad única, que vale la pena llevarse. Y, ya que están por Santiago, una escapada a Viña del Mar o Valparaíso (unos 135 kilómetros por ruta desde la capital) siempre puede ser una buena idea.
Si están pensando en un paseo para las vacaciones de invierno, la capital chilena puede ser una buena opción. Pero no se queden sólo con las compras. Santiago de Chile es una ciudad que vale la pena conocer y fotografiar desde todos los ángulos.
]]>Sin embargo, este película increíble no es todo lo que el Calafate tiene para ofrecer, ni la única época en la que merece ser visitado. Santa Cruz es una provincia hermosa, y este rincón turístico de la Patagonia cuenta con la posibilidad no solo de hacer trekking por arriba del glaciar y tomarse un vasito de whisky con hielo natural, sino que también hay otros lugares para ir a escalar, hacer kayak, un safari, caminatas por la costa o para disfrutar de un paseo por los museos de la ciudad.
La gastronomía es otro punto fuerte de este destino, al igual que en el resto de la Patagonia, donde el cordero y la cerveza artesanal son el menú por excelencia que hay que probar.
El atractivo de este lugar se encuentra en que, a pesar de ser uno de los puntos turísticos más grandes de la Argentina, conserva los aires y la tranquilidad de pueblo, donde también se puede descansar. Calles pequeñas, locales acogedores y con esa vibra rústica, poco ruido, muchos turistas caminando por las calles con una parsimonia atípica para los centros que reciben tantos viajeros.
Los hoteles con vista al Lago Argentino son un lujo, pero la ciudad invita a pasear y a buscar miradores para apreciar semejante obra de arte natural. Los atardeceres son otras de las cosas que más atraen en Calafate, siempre buenos para acompañar con algún chocolate caliente y una mermelada regional. Si van en épocas no tan frías, ¿por qué no un típico helado de Calafate, uno de los mejores gustos patagónicos de los que gozan en las heladerías de la zona? Ovejitas de la Patagonia es una de las favoritas.
Otra de las magníficas opciones del lugar y, en mi opinión, una parada obligatoria, es el café Borges y Álvarez, un libro-bar algo caro pero que vale la pena por el ambiente que ofrece, sobre todo para los amantes de la literatura y aquellos que buscan buena cerveza tirada.
Pero sí, no nos olvidamos del Parque Nacional, que es la razón por la que la gente suele ir a esta ciudad. Yo tuve la suerte de visitarlo en primavera, y la realidad es que allá siempre hace frío, pero los paisajes son atemporales, con vistas increíbles sea época de deshielo o no. Siempre van a ver caída de algún pedacito de glaciar, porque el mismo barco que los lleva a conocerlo en la excursión lo provoca; eso fue lo que nos dijeron antes de iniciar la excursión. Y tenían razón. Vimos ese momento en el que el hielo se desprende a poca distancia desde donde estábamos, y es un espectáculo natural tan increíble que parece mentira que algo tan simple pueda ser tan lindo de presenciar. La excursión en barco al Upsala entre los bloques congelados es otro paseo recomendable si tienen tiempo; el recorrido es verdaderamente increíble, al igual que la vista al llegar frente al glaciar en cuestión.
Calafate es un gran lugar para conocer, con sus caminos y esos alrededores llenos de colores y variedad a los que nos tiene acostumbrados el bellísimo sur argentino. Está lleno de postales. Si van a conocer el glaciar, no olviden dedicarle un poco de tiempo a todas esas pequeñas cosas sobre la ciudad que muchos pasan por alto y a disfrutar de uno de los puntos turísticos más bellos de nuestro país.
]]>