recaptcha-in-wp-comments-form domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131updraftplus domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131El clima de los mercados berlineses es increíble, pero también todo lo que hay para probar y comprar. Tuve que resistirme a la urgencia de querer comprarme y comerme todo, porque por lejos esta ciudad tiene algunos de los mercados más lindos que vimos. Los que me conocen, saben que soy fan de estos mercadillos y que visito todos los que puedo (casi igual que con los Cat Cafés). Pasar la semana previa a Navidad en Berlín me dejó fascinada, y con muchísimas ganas de volver a Alemania para estas épocas y seguir descubriendo el encanto de sus fiestas de fin de año.
Además de los souvenirs, los mercados pueden ser un buen lugar para probar las comidas locales y almorzar o cenar por una cifra razonable. Aunque el clima es frío y estos mercados suelen ser al aire libre, no hay nada que no pueda solucionarse con vino caliente y alguna comida suculenta. Las alternativas que ofrecían los distintos puestos fueron, más de una vez, nuestra opción a la hora de comer. Pero no estábamos solos. Nos sorprendió la cantidad de locales que se pasean por estos lugares y como disfrutan ellos también de las fiestas en la ciudad.
A continuación les dejo alguna info particular sobre cada uno de los mercados que visitamos.
Berliner Weihnachtszeit am Roten Rathaus:
Para mí, uno de los más lindos de Berlín. Tiene muchísima vida, muchísimas opciones para comprar y se encuentra en una de las zonas más lindas de la ciudad. El ingreso es gratuito y el mercado se encuentra abierto desde el 27/11 al 29/12.
Además de contar con muchos puestitos con cosas ricas para probar y otras tantas para comprar, van a encontrar acá uno de mis locales favoritos del mundo mundial: Käthe Wohlfahrt, la tienda con artículos navideños más increíble (y, probablemente, cara) que van a encontrar. También cuenta con una increíble pista de patinaje sobre hielo y algunas mesitas para comer al aire libre.
Ubicación: Rathausstraße 15, 10178
Mercado de Alexanderplatz:
Ahi cerquita se encuentra este mercado, justo abajo de la famosa Torre de Televisión y, en mi opinión, una de las zonas más lindas de Berlín. En los puestitos encantadores que la forman también van a encontrar muchas alternativas de comida y bebida, y muchísima gente recorriendo y pasando el tiempo con amigos y familia.
Este mercadito se encuentra abierto de 27/11 al 26/12 y el acceso es gratis.
Ubicación: Alexanderplatz, 10178 Berlín
Wintertraum am Alexa:
También cerquita, en la zona de Mitte, se encuentra este maravilloso mercadito. Lo que lo diferencia del resto posiblemente sean su hermoso árbol gigante o la presencia de una noria a la que van a poder subirse y disfrutar de las vistas en pleno centro de Berlín. Además, también van a encontrar muchas cosas ricas para comer y probar mientras pasean por la ciudad.
Este mercado está abierto del 27/11 al 23/12 y también pueden acceder gratis. El acceso a la noria es pago, al igual que al resto de las atracciones que se encuentran allí.
Ubicación: Voltairestraße 2A, 10179
Spandauer Weihnachtsmarkt:
Está un poco más lejos que los otros si se alojan en Mitte, pero realmente vale la pena, ya que es uno de los mercados más grandes y con más vida de la ciudad. Entre conciertos y sesiones de karaoke, van a encontrar una gran cantidad de puestos y cosas para comer. Aunque esté más alejado, es muy fácil llegar con el metro. Realmente vale la pena conocer este otro mercadillo. Pueden aprovechar para conocer otra de las hermosas zonas que tiene Berlín si visitan esta parte de la ciudad.
El mercadito se encuentra abierto del 27 al 23 de diciembre y el ingreso es gratis.
Ubicación: Markt 5, 13597
Mercadillo Ambiental en Mitte:
Dimos con este mercado por casualidad. Se encuentra abierto únicamente del 2 al 17 de diciembre y se caracteriza por tener muchas opciones de regalos a mano y artesanales, para quienes busquen ofrecer algo distinto.
Además de sus particulares opciones para hacer un presente distinto, se encuentra en una zona super interesante del barrio de Mitte. Aunque no estén interesados en llevarse nada, vale la pena ver las cosas que ofrecen. Además, no todos los días vemos a Papa Noel vestido de verde, para estar acorde con la temática de este mercadito.
Ubicación (aproximada): Bernauer Str. 63-64, 13355
Gendarmenmarkt en WeihnachtsZauber:
Este fue el único mercado que visitamos que cobraba un ingreso. Por 1 euro (sólo los fines de semana) van a poder acceder a este bello mercadito navideño, que tiene muchísimos productos de artesanos locales.
El mercado se encuentra abierto desde el 27 de noviembre hasta el 31 de diciembre, y no solo es un mercado precioso, sino que se encuentra en una zona bellísima de la ciudad. Con la vista al Duomo, van a poder disfrutar de todo lo que este lugarcito tiene para ofrecer.
Ubicación: Gendarmenmarkt, 10117
Mercado del Palacio Charlottenburg:
Este no lo visitamos, pero leímos maravillas. El Palacio y sus jardines iluminados son una maravilla. Nos quedaba un poco más lejos y no tuvimos tiempo, pero también es recomendable pasear por esta zona de noche, ya que es muy encantadora (sobre todo en Navidad).
El mercado es gratuito y está abierto desde el 21 de noviembre al 26 de diciembre.
Ubicación: Spandauer Damm 20-24, 14059
]]>Estocolmo realmente nos dejó con esa sensación de acá me vendría a vivir mañana. Y eso que nos faltó conocer muchísimo. Hay algo encantador en la cultura sueca que difícilmente pueda explicar. Nuestra decisión de pasar fin de año fue una cuestión más que nada que cómo podíamos repartir mejor los días, pero la verdad que fue agradable. Lejos está de grandes despliegues, pero se vive un ambiente muy festivo desde Skansen, el parque sueco por excelencia, donde había música en vivo (y obviamente sonó Dancing Queen), comida, bebidas y muchísimos locales. La lluvia y el frío no fueron impedimentos para que la gente festejara el comienzo de un nuevo año, con un show de fuegos artificiales desde lo alto y una noche que terminó más temprano de lo que esperábamos.
Pero volviendo a Estocolmo en sí, les puedo decir que es una ciudad fascinante.
Desde la llegada al maravilloso aeropuerto de Arlanda, todo fue bastante ordenado. Nos subimos al Flygbussarna, que por 99 coronas suecas nos llevaba al centro de la ciudad, a pocas cuadras del hotel que habíamos elegido. El aeropuerto de Arlanda se encuentra a poco más de 40 kilómetros de la estación central de Estocolmo, y hay varias opciones para viajar desde el aeropuerto a la ciudad. El micro Flygbussarna fue lo más económico que encontramos. Las 99 coronas (un poquito más de 11 dólares) nos parecieron un buen precio frente al famoso Arlanda Express, un tren con vistas espectaculares que te lleva hasta el centro de la capital sueca por 280 coronas (casi el triple de lo que sale el bus). Obviamente, si no van con un presupuesto ajustado, el tren es la forma más rápida y cómoda de llegar. Sin embargo podemos hablar muy bien de los buses, que nos dejaron en la estación central en aproximadamente 45 minutos. Estos micros tienen una frecuencia de 10 minutos (que cumplen al pie de la letra) y los tickets pueden comprarse online o en las máquinas que se encuentran tanto en la estación como el aeropuerto. Un lujo. Y así, todo en Estocolmo parece funcionar igual de bien.
Habiendo hablado ya del precio del transporte al aeropuerto, habrán notado que los valores se encuentran bastante arriba de la media a la que nos tienen acostumbrados los típicos destinos europeos. Suecia es cara. No importa lo mucho que intentes ahorrar, visitar este país implica un gasto importante. Para nosotros, que ya estábamos encarando el final de nuestro viaje, la suba en los precios en el tramo de Islandia y Suecia la sentimos bastante (sobre todo viniendo de Europa del Este y los bálticos, donde el costo de vida es totalmente distinto). Como comenté cuando hablé de nuestro tiempo en Reykjavik y alrededores, es cuestión de ir con esto en mente, e ingeniárselas un poco para no gastar una fortuna. La realidad es que Estocolmo es una ciudad bellísima para caminarla, incluso en invierno, y hay algunas cuantas cosas que pueden hacerse de forma gratuita o por muy poca plata.
El transporte público en esta ciudad funciona maravillosamente, por lo que fue lo único que necesitamos para recorrer la ciudad. Aunque también pueden alquilar bicicletas o tomarse un taxi, puedo decir que el metro es una de las mejores formas de recorrer esta capital y aprovechar para conocer sus estaciones, que son una atracción en si misma. El ticket para un viaje individual sale entre 25 y 50 coronas suecas (entre 2,8 y 5,6 dólares). El pase para 24 horas cuesta unos 115SEK (aproximadamente 13 dólares), totalmente ilimitado. Si quieren, también pueden sacar por 72 horas a 230SEK (26 dólares) o por una semana por 300SEK (casi 34 dólares). Como verán, es más caro que en otras ciudades, pero tiene tarifas que convienen si tienen pensado usarlo mucho o quedarse varios días. Para moverse entre las islas es ideal.
En Estocolmo hay principalmente siete zonas, donde podemos encontrar actividades turísticas y cosas para hacer. Siendo algunas más populares que otras pero igualmente encantadoras, me gustaría hablar un poquito de cada una de ellas y contarles qué es lo que pueden hacer en cada lugar.
Si tengo que nombrar un rincón favorito en esta ciudad, sin dudas es el bellísimo centro histórico de Estocolmo. Qué belleza caminar el 31 por estas callecitas, con edificios del 1700 que parecen transportarnos en el tiempo, gente cantando, el frío, el olor a vino caliente y todos esos detalles de la fiestas europeas. Es probablemente la zona más visitada de Estocolmo, ambientada para el turismo. Hay muchísimos restaurantes, locales para comprar souvenirs (¡muchísimos!) y movimiento de gente.
Este fue el barrio que elegimos para alojarnos. ¿Por qué? Simple: acá se encuentra el acceso a la estación central, muchísimos locales y lugares para comer, y una excelente conexión con el resto de la ciudad. Es una zona moderna, con vida y con muchas opciones de hotelería (y más barato que quedarse en la zona de Gamla Stan). Sin dudas volveríamos a elegir este barrio para quedarnos. Nuestro hotel, el Hobo, tenía una ubicación privilegiada y con muy buen acceso a la ciudad vieja.
Si son fanáticos de los museos, en Djurgården se van a encontrar con el paraíso. Es sin dudas una zona encantadora, que en primavera y verano debe ser un paraíso: parques, árboles, vistas al agua, tranquilidad, lugares para caminar. En mi opinión, otra de las zonas más lindas de la capital y que todas las grandes ciudades deberían tener. Sólo menciono algunos museos, pero la lista es realmente larga, hay muchas opciones y por lo general recomiendo ir a la oficina de turismo y chequear cuáles son los que más curiosidad o interés despiertan en ustedes.
Este es conocido como el barrio cool de Estocolmo. Imaginate San Telmo meets Plaza Serrano. Hay galerías, pubcrawl y muchos de esos toques bohemios que hacen famoso a este lugar, pero también van a encontrar muchos lugares residenciales donde viven locales y llevan adelante su rutina.
Este barrio es uno de los más activos por las noches. No tuvimos una gran oportunidad de recorrerlo, pero sabemos de algunas atracciones que se encuentran en él y que pueden visitar en su tiempo allá.
Un barrio relajado y residencial, pero sin dudas con lugares hermosos para caminar, para comer y para descansar. Es realmente una zona encantadora por donde pueden tomarse cruceros, apreciar las construcciones y disfrutar de esa onda tan relajada que tiene esta ciudad. Si pasan por esta zona, imposible no pegarse una visita por el Stadshuset: el ayuntamiento de la ciudad se destaca por su estructura. Además de ser un emblema de la ciudad, es la casa de oficinas municipales, además de diversos eventos.
Es otro barrio más bien residencial, pero donde se encuentran muchos hoteles y hay un gran despliegue de arquitectura y rincones tradicionales. Es otro de esos lugares para caminar tranquilo, descansar y rodearse de la vida y las tradiciones de los locales. Algunos lugares que pueden visitar acá:
Algo que mucha gente me preguntó cuando volví es si no me había congelado. ¿Hacía frío? Sí, un montón. ¿Nos impidió conocer y pasarla bien? Para nada. Siempre digo lo mismo: con el paso de los viajes, aprendimos algunas cosas. Saber qué llevar en la valija sin dudas fue una de ellas. Si están pensando visitar los nórdicos en invierno, van a tener que preparar mudas de ropa acorde al clima. Ya armaré un post aparte para no aburrirlos con esto ahora, pero el frío se soporta muy bien si van preparados. Lo único que van a tener que considerar es que los días son bastante más cortos, por lo que quizás deban reducir un poco las actividades, o adecuarlas a la época del año. Hay algunos barrios que son tan encantadores de día como de noche, y que vale la pena visitarlos en cualquier momento.
Con respecto al idioma, los suecos hablan muy buen inglés y no tuvimos problema para comunicarnos. Además siempre nos trataron muy bien y con muchísima educación, algo que siempre es agradable al viajar. El servicio al cliente siempre fue óptimo, tanto en los hoteles como en los cafés, los restaurantes y los locales que visitamos. No duden en darse una vuelta por la oficina de turismo: a nosotros muy amablemente nos explicaron cómo y dónde festejaban el año nuevo y nos ayudaron a armar los planes para esa noche, por lo que seguramente van a poder resolver cualquier duda o inconveniente que puedan tener al visitar la ciudad.
Acá les dejo un mapa de Google con todas las atracciones mencionadas anteriormente, para que puedan llevarlo con ustedes y sacarle máximo provecho a esta hermosa capital nórdica.
]]>Mi caso con la Navidad, bueno, era muy puntual. Desde chica soñaba con el festejo europeo, así de sencillo. La primera vez que había leído sobre los mercados navideños que se arman en las ciudades, había quedado absolutamente fascinada. Alguna vez en mi vida, quería pasar una Navidad al estilo del viejo continente, tomando vino caliente en las calles, abrigada hasta los dientes, con nieve, decoraciones y ese olor a canela y especies flotando por todos lados. Había viajado en enero y agarrado pedacitos de lo que quedaba de la Navidad, pero nunca había llegado a pasar una allá.
Resulta que a veces los sueños se dan, y de las maneras más especiales. Praga había estado en mi lista de ciudades pendientes por muchos años, y cada persona que la visitaba no dejaba de decirme lo fascinante que era esa pequeña capital. Cada vez que veía fotos, me quedaba con la boca abierta, observando la arquitectura, los paisajes, ese aire de volver en el tiempo que tenía cada una de las imágenes.
Allá por febrero de 2017, mi novio me regaló tres frasquitos de té. El nombre de uno de ellos era “Navidad en Praga”, con todos los olores y sabores que, me imaginaba, debía tener la víspera de fiestas en el viejo continente y que a mí tanto me gustaban. Entre bromas y habiendo visitado las otras dos ciudades a las que hacían alusión las infusiones, comentamos lo lindo que sería poder pasar una Navidad en una de las capitales más pintorescas del mundo, rodeados de árboles, luces y puestitos acordes a la ocasión. Habíamos pasado ya Año Nuevo lejos de casa, juntos y por separado, pero nunca habíamos tenido la experiencia de pasar una Navidad en otro lugar del mundo y lejos de nuestras familias.
Diez meses después, nos encontrábamos brindando con vino caliente en Charles Square. Enfrente del Reloj Astronómico y con un montón de gente, para variar, desconocida, recibíamos la Navidad junto a las temperaturas bajo cero de República Checa, mientras cantábamos felizmente las estrofas de All I Want For Christmas Is You y un muchacho chino nos filmaba. Capaz estamos en YouTube y todo.
Miro la foto de la nota y se me pasan por la cabeza un montón de cosas. La ansiedad, la felicidad, esas cosas raras que sentimos cuando estamos en el exterior, cuando pasamos una fecha de esas, cuando cumplimos un sueño viajero de hacía muchos años. Es raro, porque uno se siente lejos de casa, y a la vez feliz por estar experimentando una cosa así. Cuesta un poco caer y ser conscientes de lo que estamos haciendo. Es una sensación muy especial.
Llegamos a Praga un 23 de diciembre, en un tren que nos traía desde Brno, que ya nos había dado una probadita de lo hermoso que es este país. Hacía frío y viajabamos en un compartimiento para seis, con todas nuestras valijas y una señora que olía bastante mal. Los trenes checos resultaron ser cómodos, espaciosos y tranquilos (además de baratos), y llegamos sin inconvenientes a la estación principal alrededor del mediodía.
Veníamos de haber pasado unos días en Budapest, entrenados y acostumbrados ya a que el inglés hablado no era mucho mejor que el nuestro, pero la gente en general nos trató amablemente. No tuvimos problemas para comprar los tickets de la línea de metro que nos iba a llevar hasta nuestro apartamento. Sacamos un pase de tres días, mientras nos poníamos en contacto con Lukas, que nos iba a dar las llaves del departamento que habíamos reservado por Booking. Los precios en esa época tan particular no nos habían resultado super económicos, pero ese departamentito a pocos metros del bello Wenceslas Square nos había salido barato y la ubicación resultó ideal para conocer la ciudad.
Como siempre me gusta contar el lado B de las cosas, y no sólo quedarme con las crónicas lindas, tengo que contar que nuestra experiencia con el departamento empezó de la forma… equivocada. No me malinterpreten, el departamento me pareció hermoso y volveríamos a elegirlo, pero cuando llegamos las cosas no parecían tan lindas. Llegamos y a los pocos minutos apareció Lukas, con las llaves para un edificio que tenía una pinta bastante vieja. Claro, en Europa, no necesariamente es algo mal. Ahora bien, el edificio estaba en obra. No había luces en los pasillos y daba la sensación de estar abandonado, con huecos de ventanas sin vidrios (el frío que hacía en el hall, mamita) y algunos cartones en los pisos. Por esos segundos en que nos subíamos al ascensor, pensé que habíamos sido estafados, que era uno de esos casos de fotos que se ven hermosas y departamentos que no cumplen, ni por asomo, con lo prometido. Sin embargo, al abrir una puerta medio desvencijada en un corredor vacío y lleno de polvo de construcción, apareció un departamento encantador e increíblemente fiel a las fotografías. Un techo con ventanitas como en las películas, camas impecables, una cocina grande con lavarropas y tender, una habitación principal gigante con baño ensuite. Respiramos tranquilos. El edificio en obra no era más que anecdótico y nuestras caras de pánico quedaron como un recuerdo de viaje más.
Entre valijas y llaves, no habíamos podido ni mirar a nuestro alrededor. Estábamos expectantes. Afuera amenazaba con llover pero no importaba mucho. Estábamos en Praga y veíamos las casitas desde la ventana de nuestro departamento. Era un poquito como estar adentro de un sueño.
Me habían dicho que esta ciudad tenía algo encantador y, realmente, sólo lo entendí cuando empecé a caminar por sus calles. Es caer de cabeza en un cuento, pero hay algo más. Incluso sentándonos en un pub a ver el clásico español, incluso caminando por calles abarrotadas de gente, incluso tratando que los contingentes chinos no salgan en las fotos… Hay algo que va más allá de todo, y que está latente en cada paso que das. Praga es encantadora, así sin vueltas.
Y cuando cae la noche, es otra historia. Me pasó que me quedó un recuerdo muy puntual. Había llovido un poco y, cuando paró, quisimos salir a comer algo a un mercadito, la noche del 23. La magia de las calles después de la lluvia, la escasez de gente, la belleza de las luces reflejadas en el pavimento, el olor a vino caliente y el murmullo de canciones navideñas. Son esos momentos que te parás donde estás y simplemente observás, porque todo parece frágil. Te sentís sumergido en un mundo que parece sacado de otro lado. Son esas situaciones en las que agradezco a la vida poder viajar y disfrutar de esos instantes.
El primer día lo dedicamos a turistear. Como todos esos rincones a los que tenés que ir cuando visitás un lugar así, terminamos caminando por las orillas del Moldava, hasta alcanzar el famoso Puente de Carlos. No pudimos evitar meternos entre los cientos de turistas, así como tampoco escaparnos a un pub a comer, observando a los locales y a todos los visitantes que esas épocas mueven en las ciudades europeas.
El consumismo se vive de otra manera en Europa, por lo menos a mi parecer y desde este lugar en particular. La gente rodea los locales comerciales, pero también se abarrota en los mercados navideños, en los restaurantes o los puestos de comida, disfrutando de la época más que buscando una excusa para comprar. Parece más como una vacación, como un momento para desconectar y disfrutar, y no un rally para hacer todo antes de la noche del 24. Gorros de lana, bufandas gruesas, abrigos largos. Todo parecía una pintura utópica para nosotros, que habíamos pasado las últimas Navidades sentados abajo del aire acondicionado y luchando por terminar esa última porción de vittel toné. Los locales empezaron a cerrar muy temprano, algo a lo que no estamos muy acostumbrados, por lo que alrededor de las tres, cuatro de la tarde, sólo éramos los turistas, algunos negocios gastronómicos y los mercaditos navideños, que seguían presentes en todos los rincones de la ciudad. No pudimos evitar comer un Trdelnik a la tarde, uno de los postres típicos, mientras esperábamos la hora de volver al departamento y prepararnos para los festejos.
El 24 a la noche, todos los restaurantes estaban llenos, por lo menos los que se encontraban abiertos. Recomendable es reservar con tiempo. Sino, los mercaditos siempre están a la espera, con su lomito de Praga, sus salchichas o brochettes, para comer parados y disfrutando de los conciertos Navideños. A minutos de las doce, la gente se reune alrededor del Reloj Astronómico, haciendo la cuenta regresiva todos juntos. Es algo muy especial. Más allá que habíamos vivido el Año Nuevo, la Navidad tiene otro clima. No hay fuegos artificiales, no hay ruidos ni tanto caos. La gente se mira, se abraza, disfruta del momento. Nosotros seguimos la noche en un pub, pero por lo general es una fiesta mucho más tranquila que comparten con la familia. Muchos locales incluso cierran a eso de las 23 horas y son pocos los que siguen la fiesta después de las 00.
El 25, el clima turístico vuelve, aunque muchas atracciones están cerradas. Se nota que todos aquellos que fueron de visita, lejos de querer aprovechar el feriado para descansar, están buscando algo para hacer. Nosotros pasamos nuestro día en Malá Strana, uno de los barrios más artísticos de Praga, visitando el Castillo, el Muro de John Lennon, algunas librerías que estaban abiertas y aprovechando un poco también la tranquilidad que ofrecían otras zonas menos turísticas. Aunque muchos locales se encontraban cerrados, por la noche todo vuelve a la normalidad y pudimos salir a comer sin problemas. Igualmente en en las calles queda ese ambiente, esa vibra que traen las fiestas, con todos sus detalles todavía abrazando los rincones de Praga.
Esto es únicamente una historia personal, un recuerdo que me quedó de mi paso por esta ciudad bella, y que quería compartir. Otro pequeño sueño cumplido. En los próximos posts llegará la info y los lugares que recomiendo conocer en esta capital, que nos dejó un recuerdo hermoso de una de las fiestas que más deseaba pasar en el exterior.
Como siempre digo, creo que la impresión de un país —en especial, la primera— se basa en momentos, en olores, en colores, en gente y lugares, en una sensación muy única y personal. Cada uno se lleva sus propias experiencias, sin juicios previos u opiniones ajenas que valgan. Vivir la Navidad en Praga no sólo me hizo llevarme las mejores postales navideñas de mi vida, sino también una impresión única de una ciudad de cuentos. Porque les puedo asegurar que, si hay algo más lindo que Praga, es vivir el sueño de una Navidad en Praga.
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