recaptcha-in-wp-comments-form domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131updraftplus domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131Sin embargo, los sueños están para cumplirse. Y después de hablar un poco, coincidimos con mi novio que los dos queríamos ver una aurora boreal. No sabíamos bien dónde, no sabíamos bien cómo, pero empezamos las averiguaciones pertinentes para hacerlo. Islandia siempre había sido un destino al que había mirado con cariño, como ya comenté antes, pero evaluamos también otras opciones: Tromso, Kiruna, Rovaniemi… La lista es larga. Ninguna terminaba de convencernos, ya fuera por precio, distancias, transporte… Estuvimos mucho tiempo analizando las posibilidades, y por un momento todo quedó en la nada.
Entonces apareció Islandia, con sus vuelos de Icelandair a un precio que nos parecía bastante bueno, encontramos un hostel dentro del presupuesto, y las fechas nos cerraban entre la Navidad en Praga y el último destino, Estocolmo. Teníamos tantas ganas de cumplir ese sueño.
Ya fue, lo hacemos.
No les puedo explicar la ansiedad después de emitir los pasajes. Mirar el pronóstico de auroras semanas antes, incluso sabiendo que los resultados aparecen sólo para las próximas 72 horas. Mirarlo tres días antes, aunque había leído que el hecho que haya actividad no implica que puedan verse. De verdad, no saben la ansiedad que manejaba en los destinos previos. Era como estar a un pasito de cumplir un sueño viajero enorme, sin saber muy bien qué podía pasar y dependiendo, única y enteramente, de las condiciones climáticas.
El mismo 27 de diciembre que llegamos, decidimos programar la excursión que nos iba a llevar lejos de Reykjavik, si el clima acompañaba, para poder apreciar este fenómeno. Como algunos quizás saben, hay una serie de condiciones que tienen que cumplirse para poder ver una aurora boreal. Islandia es uno de los destinos más elegidos para verlas, ya que se dice que pueden verse auroras unos 280 días al año. La actividad geomagnética (Kp) indica cuando es más probable que las auroras aparezcan (cuanto más alto, más probable es), aunque esto no es suficiente. También es importante contar con cielos despejados y oscuridad, para poder apreciarlas mejor. La luna, cuanto más pequeña, también beneficia a la visualización. Todas estas cosas nos las fueron contando en el camino a nuestro destino, una excursión para ver las auroras que arrancó a eso de las 22 horas. Hay algunos hoteles que incluso cuentan con servicio de despertador para verlas sin tener que andar despierto a altas horas de la noche. Una locura.
Si son ansiosos como yo y les copan estas cosas, la página del Servicio Meteorológico de Islandia es algo que no les puede faltar en el viaje. Es entretenida para ver y estar al tanto de la actividad. Igualmente, tengan en cuenta que el que diga low no quiere decir que no se vayan a ver, como tampoco implica que un indice alto sea sinónimo de ver las auroras sí o sí. Como comentaba, depende de muchas cosas, así que no tienen más que chequear el pronóstico y cruzar los dedos, prender velas o repetir cualquier rezo que les de resultado.
Lo más importante es encontrar un lugar bien oscuro para poder ver bien la actividad en el cielo, por lo que es prácticamente un requisito alejarse de Reykjavik para poder apreciarlas. Contratamos la excursión por Reykjavik Excursions. El bus nos pasó a buscar por la parada del bus número 10 (casi en la puerta de nuestro hostel) y arrancamos pronto un trayecto hacia el sur del país. Yo estaba, más o menos, saltando en mi asiento, olvidándome de la cámara, de ponerme los guantes, de calzarme el gorrito de lana…
Y cuando nos empezamos a alejar de la capital, por esas rutas blancas de extensión infinita, nuestra guía nos avisó que a nuestra izquierda empezaban a verse las primeras luces del norte.
Casi se me pianta un lagrimón.
Lamentablemente, como en todas excursiones compartidas, a mucha gente se le ocurre prender los teléfonos para sacar fotos, o incluso mandar whatsapps (sí, mientras afuera había una aurora boreal un tipo se puso a mandar un mensaje de whatsapp, es un ejemplo real). ¿Un consejo? Dejen un rato las cámaras, los teléfonos, todo. Olvídense. Disfruten. Estas cosas y estas suertes se dan pocas veces en la vida y a veces, por tener la foto, dejamos en segundo plano los espectáculos mágicos que estamos presenciando. Son cosas únicas, y el recuerdo más lindo que nos queda es mirar el cielo y decir mirá lo que es eso, estoy acá, estoy viviendo esto de verdad. Ya habrá tiempo para las fotos.
Llegamos al sur de Islandia y las luces seguían brillando en el cielo. Incluso con una luna llena, pudimos ver las luces del norte gracias a un cielo despejado y una Kp relativamente alto. No dábamos más de la felicidad. De verdad. Es algo tan raro, tan único, que me cuesta explicarles la sensación de tenerlo ahí. Y habernos sacado toda esa ansiedad la primera noche fue lo mejor que nos pudo pasar. Ya estábamos ahí y se estaba cumpliendo un sueño enrome.
En el bus nos dieron algunos tips para poder sacar algunas fotos, e incluso prestan los trípodes para poder tomar las propias (si no tienen trípode o algún lugar para apoyar la cámara, lo más probable es que no salgan muy bien). Con una exposición larga o la app correcta (recomiendo Northern Lights, una cámara para iOS que nos recomendó nuestra guía), pueden llegar a capturar el momento bastante bien. De nuestro tour aprendimos un pequeño truco para poder sacarse una foto ustedes con las auroras: una linterna. Simplemente, con la larga exposición, tienen que alumbrar rápido una vez a las personas y después dejar que la cámara haga lo suyo. Nos tomaron la foto que comparto, donde yo soy más o menos un fantasma. Si se quedan bien quietitos durante lo que dura la toma, lo más probable es que les salga mejor que la mía. Si les interesa mucho llevarse la foto, recomiendo que googleen los tips para sacarlas de acuerdo a la cámara que tienen. Hay muchísimos instructivos que, si tienen la paciencia de leerlos, pueden ser útiles. Y si no tienen trípode, busquen alguna piedra para apoyar bien la cámara y van a estar bien. La mayoría de las fotos que tomé fueron de ese modo.
No puedo dejar muchas fotos ya que la verdad es que no me preocupé mucho por ellas. No quise hacer cola para usar el trípode, ni tampoco pude hacer muchos malabares para sacar una fotografía. Las que les dejo son las que pude sacar antes que se me congelaran los dedos de las manos (estábamos por debajo de los 10 grados bajo cero, a la medianoche y en un lugar abierto, así que se pueden imaginar el frío). Después guardé la cámara y me dediqué a disfrutar de un espectáculo que, sin dudas, espero volver a presenciar alguna otra vez. La próxima quizás me tome más tiempo para sacar fotos más decentes. En este la verdad que estaba tan ensimismada y entusiasmada que casi me olvidé de llevarme una buena.
Si programan la excursión, la mayoría de las compañías avisan si las condiciones climáticas son las apropiadas para hacer el recorrido. Si hay lluvias o cielos encapotados, lo más probable es que se suspenda y la reprogramen para el día siguiente, o hasta que las condiciones sean aptas. Si no llegan a ver auroras durante su estadía, con Reykjavik Excursions tienen un voucher válido por un año para volver y hacerlo en algún otro momento. Y les aseguro qué, después de estar en Islandia, van a querer cualquier excusa para volver; así que por lo menos se llevan un consuelo si no llegan a presenciar este espectáculo.
Excursiones hay muchísimas. Nosotros sacamos una por 60 euros, que incluía el transporte y todas las cortesías, trípodes y detalles que comenté. Hay de todo. Algunas también incluyen comidas, otras pueden hacerse con motos de nieve, algunas otras en un barco. Todo depende del presupuesto que manejen. Personalmente recomiendo Reykjavik Excursions (les dejo el sitio web por si quieren chequear los tours), ya que todo salió más que bien, pero hay infinidad de compañías que realizan este tipo de excursiones. Es cuestión de Googlear o, si no les interesa ir con todo programado desde acá, consultar en los hoteles. En la recepción del nuestro, el Hlemmur Square, había muchísimos folletos y opciones entre las que elegir. Otra opción, si están cancheros con el manejo, es alquilar un auto, pero también tienen que procurar analizar bien dónde pueden conseguir la mejor visibilidad de auroras (algo que, con excursión, te olvidás).
Y hoy, más de un mes después, me acuerdo siempre de ese tema del que habla Jens Lekman, un cantautor sueco, que decidió nombrar Sky Phenomemon. En mi mente sonaba esa canción. Y mientras veíamos el cielo nocturno teñirse de verde y rosa, pensaba en lo hermoso que es viajar y descubrir todas las maravillas que nos regala el mundo.
Si tienen la posibilidad de programar una cacería de auroras, les aseguro que no se van a arrepentir. Es sin dudas algo que hay que hacer por lo menos una vez en la vida.
]]>Mi historia con Islandia es muy particular. Mucho tiempo antes de mi viaje, mucho tiempo antes incluso de que fuera un destino dentro del itinerario, ya venía leyendo sobre este lugar. Todo el mundo hablaba con cierta fascinación. Me resultaba raro no leer críticas negativas, más allá de lo pequeña que era la capital o de lo caro que resultaba pasar unos días ahí. Sin embargo, las fotos hablaban por sí solas: tierra de aguas termales, volcanes y geysirs, de noches y días casi interminables, de auroras y nevadas, de calles pequeñas y extensiones sin habitantes, de vikingos y gente cálida. Una isla en el medio de dos continentes, muy al norte; uno de los lugares más seguros del mundo, con el agua más pura y una cultura única. Con el tiempo, empecé a obsesionarme un poco con este lugar. ¿Cómo no iba a tener ganas de conocer?
Llegamos con Icelandair, en un vuelo que debo decir superó mis expectativas. El aeropuerto de Keflavík era un caos, algo que ya veníamos esperando: no sólo era época de fiestas, sino que ya estábamos al tanto de la forma en que está impactando el turismo en Islandia. Como todo destino en auge, la infraestructura del país no está preparada para la cantidad de gente que está viajando. Aún así, con un aeropuerto colapsado y muchos alojamientos llenos, pudimos hacer todo rápido y movernos pronto fuera del aeropuerto, para esperar el bus que iba a llevarnos a nuestro hostel. La empresa Reykjavik Excursions tiene un transfer que va desde el aeropuerto hasta el centro o hasta los hoteles que se están alojando y viajando por Icelandair pueden comprar los tickets directamente en el avión (también pueden comprarlos online, o en el mismo aeropuerto antes de salir). Haganse a la idea que todo en este país es caro. Si van con otra mentalidad, lo más probable es que la pasen mal porque, incluso habiendo estado en Suiza, los precios nos parecieron mucho más elevados que en otros lugares. Pero doy fe que se puede sobrevivir.
Nuestro hostel, el Hlemmur Square, fue elegido por una cuestión de costos principalmente. Era lo más barato que encontramos. Incluso si eso significaba dormir en una habitación con otras ocho personas, era todo lo que nuestro bolsillo podía soportar al final del viaje. Aunque la idea de dormir en cuartos compartidos puede resultar algo molesta para quienes no están acostumbrados, está bien para una estadía corta. La diferencia es mucha con las habitaciones privadas de Reykjavik, y el hostel la verdad que no nos decepcionó: limpio, cómodo, super bien ubicado, con personal muy amable y una buena cocina para ahorrar también por el lado de la comida. Sé que suena reiterativo, pero de verdad es así de caro. He imaginate que, aún así, seguiría volviendo una y mil veces.
Llegamos cuando ya había caído el sol, porque en invierno los días duran apenas unas cuatro o cinco horas. De verdad. El sol sale recién a las 11 y alrededor de las 15:30 ya oscurece. Los amaneceres en Islandia en esta época del año son una de las cosas más hermosas que vi. Los atardeceres, como en la foto, te dejan sin aliento. Me llevé ese recuerdo intacto. A las 11 amanece, pero pareciera que nunca termina. Es una salida del sol que dura horas. Agradezco por los días despejados que nos tocaron, porque es un auténtico espectáculo.
Esa primera noche fuimos en busca de las auroras boreales. No sólo salimos a cazarlas, sino que las encontramos ya en el camino. Y tengo que hacer una pausa al escribir, porque se me llenan un poquito los ojos de lágrimas. Fue un sueño cumplido. Otro de los tantos. Ya contaré un poco más sobre esta experiencia, que creo que es una que todo el mundo debería experimentar por lo menos una vez en la vida. Es magia en estado puro. Aunque tuvimos muchísimo frío, al punto de ya no sentir los dedos de las manos ni para sacar fotos, levantar la cabeza y ver esos colores en el cielo es algo que te queda grabado. No lo podíamos creer.
Otro día lo dedicamos a conocer la famosa Laguna Azul. Había visto tantas fotos. Había dudado tantas veces que el color del agua fuera realmente como lo veía cuando hacía búsquedas en Google. Me daba tanta curiosidad como podía haber un spa natural en el medio de la nada. Me generaba incertidumbre saber que afuera hacía diez grados bajo cero y me iba a meter al agua… Todas las dudas quedaron despejadas cuando llegamos. Obviamente, también merece un post aparte. Es otro de los tantos lugares increíbles que tiene este país, que parece hecho meramente para descubrir sus rincones.
Sigo diciendo que es mágico, únicamente porque es verdad. Me cuesta pensar en este país y no seguir maravillándome con todas las cosas que vi. Puertas abiertas para bajar a comprar al supermercado, confianza en la gente, tranquilidad, calles pequeñas, nieve, blanco, colores, contrastes. Esas noches eternas, con frío y luces tenues, que me quedaron grabadas como una película favorita. Las extensiones de tierra inhabitadas cada vez que nos trasladábamos de un lado al otro, las tengo en la cabeza como si fueran parte de algo irreal. Me preguntaron por el frío, por la distancia, por el idioma, por tantas cosas que creían malas… Volvería a Islandia mañana mismo. Decir que quedé fascinada es quedarse corta.
Ya estaré publicando más posts sobre este lugar, del que sin dudas tengo mucho que decir. También seguiré subiendo fotos en mi Instagram, porque es muy difícil cansarme de los paisajes islandeses y todas las cosas lindas que vimos en este país.
Ojalá tengamos la posibilidad de volver en verano, donde los días son de 20 horas y el clima un poco más amigable. Nos quedó mucho para hacer, nos morimos de ganas de alquilar un auto y recorrer el resto del país, que es pequeño, con rutas impecables y con largos tramos de nada misma, de una inmensidad que parece surrealista. A pesar de los precios, de los que ya estaremos armando un pequeño presupuesto para que puedan tener a mano si se les ocurre conocer, volvería gustosa a gastar en este lugar, que parece lleno de secretos y cosas increíbles para descubrir. Aunque mucho nos quedó por hacer, me llevo recuerdos y experiencias únicas; unos cuantos items de mi bucketlist pudieron ser tachados en este viaje tan especial e inesperado.
Mi historia con Islandia es muy particular. Para mí, es una tierra de sueños cumplidos.
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