recaptcha-in-wp-comments-form domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131updraftplus domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131Nosotros nos alojamos en Barajas, bien cerca del aeropuerto, por una cuestión de comodidad. Llegábamos a Madrid a la mañana y nos íbamos bien temprano al otro día, por lo que no tenía sentido parar en el centro y madrugar más de lo que ya debíamos. Dejamos nuestras cosas en el hotel y nos dispusimos a ir directo para el metro. Es muy sencillo viajar desde las afueras hasta el centro con el transporte público.
El metro de Madrid se inauguró hace 100 años y cuenta con trece líneas. Sin dudas, como en toda gran ciudad, es una forma rápida y económica de moverse y aprovechar el tiempo al máximo. Nosotros amamos caminar, pero muchas atracciones se encuentran a una distancia considerable como para hacer todo a pie, en especial si están a contrarreloj. Para viajar pueden comprar la tarjeta, que vale 2,50 euros, y cargarle los tickets de viaje individuales (el precio varía, dependiendo de la zona, entre 1,50 y 3 euros) o el ticket de 10 viajes, dependiendo de lo que les convenga. Nosotros compramos las tarjetas directamente en la estación de metro del aeropuerto de Barajas. Tengan en cuenta que si van a utilizar este medio, tienen que abonar un Suplemento de Aeropuerto, necesario para poder entrar o salir de las estaciones de Metro de Aeropuerto T1-T2-T3 o Aeropuerto T4 si se viaja con un billete Sencillo o 10 Viajes.
Desde Barajas nos tomamos la línea 8, hasta la estación Colombia, y ahí combinamos con la línea 9 hasta Príncipe de Vergara. ¿Nuestro destino? El Parque del Retiro, obvio. Creo que no hay lugar en Madrid que me guste tanto. En otoño, la época en la que me tocó visitarlo, los colores son increíbles. No pueden dejar de ver su Palacio de Cristal, que es una verdadera belleza. Ahí cerquita tienen el Museo del Prado, pero no era nuestra intención perder tiempo encerrados. Nosotros no somos unos apasionados de los museos, sino de caminar las ciudades, y en 24 horas le dimos prioridad a lo que más nos gusta.
Caminando por la Calle de Atocha, nunca puedo dejar de levantar la cabeza. Esta zona de Madrid me encanta. Acá fue donde paré la primera vez que fui a esta ciudad (había escrito ya algo sobre pasar Año Nuevo), y es una zona ideal. Caminando por acá van a llegar hasta la Plaza Mayor, uno de los lugares más famosos de Madrid. Ahí nomás, en la calle Mayor, tienen 100 Montaditos (algunos días de la semana, tiene promociones de todo por un euros), una cadena de tapas por si ya están para almorzar. Si todavía están más para el desayuno o para algo dulce, no pueden dejar de ir a la famosa Chocolatería San Ginés, y tomar su chocolate con churros. A veces hay fila para sentarse en el salón, pero también tienen la opción de comprarlos para llevar y seguir camino.
Ahí nomás se van a encontrar con La Puerta del Sol, donde van a poder ver también la famosa escultura del Oso y el Madroño. Aunque como en toda zona turística, los precios son un poco más elevados, por acá van a encontrar todo tipo de souvenirs para llevarse a casa.
Volviendo un poco sobre nuestros pasos, pasamos por el Mercado de San Miguel. Pasamos solamente a mirar. La verdad que los precios del mercado no son los más amigables para el bolsillo mochilero, pero hay una variedad de productos y olores que vale la pena admirar. Madrid tiene una gastronomía increíble, por lo que no recomiendo ir a las zonas más turísticas, sino perderse por sus calles y sentarse en algún lugar local. Si quieren ir a lo seguro, hay muchísimas sucursales de La Sureña, que fue donde nosotros decidimos almorzar. Pero, por lo general, se come muy bien en todos lados.
Seguimos caminando hasta la Calle de Belén, donde se encuentra el imponente Palacio Real. En esta zona se encuentran concentradas varias atracciones que vale la pena admirar. Es realmente una parte muy bonita de Madrid. Desde acá, la caminata hasta el famoso Templo de Debod es muy corta. Es uno de esos lugares que se han vuelto muy icónicos en la ciudad. Si bien se puede entrar al templo, la mayoría elige este punto para ver el atardecer. Si caminan por el Parque del Oeste, van a encontrar muchos rincones donde la gente se sienta y espera a que termine el día.
Desde acá, pueden volver caminando por el barrio de Malasaña, donde el ambiente cuando cae la noche es ideal para unas tapas y cañas, un equivalente a nuestra picada con cerveza. Hay muchas opciones. Incluso si no son de las cerveza, por la zona van a encontrar la Sidrería el Tigre, donde con la bebida viene incluido un plato de tapas. Es una muy buena opción para comer algo barato y probar un poco de la gastronomía típica.
Luego, ya de noche, nos volvimos caminando por la Gran Vía, hasta llegar a la Fuente de Cibeles y ver la Puerta de Alcalá iluminada, antes de volvernos para el hotel. Teníamos un vuelo muy temprano y estábamos muertos, pero felices de haber aprovechado un día a full en Madrid.
Para mí, esto es lo fundamental. Obviamente, faltan algunos lugares que me gustó visitar: el barrio de Latina, o el estadio Bernabéu (recomiendo mucho el tour), incluso nos quedó pendiente la postal de desde la terraza de Bellas Artes. Por falta de tiempo, nosotros decidimos dedicarnos a caminar un poco la ciudad y ver todas aquellas cosas gratuitas y típicas de la capital española. ¿Para cuántos días da quedarse en Madrid? En mi opinión, varios. Pero, si están con las horas contadas, creo que es un buen pantallazo general de esta ciudad hermosa. Como nosotros, seguramente, se quedarán con ganas de volver.
]]>¿Estás listo para caminar?
Arrancar en el Congreso no es, sin dudas, casual. Es uno de los edificios más impresionantes que tiene Buenos Aires. El tercer parlamento más grande del mundo (después del de Bucarest y Budapest) y una de las construcciones emblemáticas de la ciudad. Desde acá, pueden caminar por la recientemente renovada Plaza del Congreso, hasta que Rivadavia encuentra Avenida de Mayo.
Sin hablar de la famosa 9 de Julio, Avenida de Mayo posiblemente sea una de las avenidas más interesantes de esta ciudad. Sus edificios antiguos, el Palacio Barolo, sus detalles, sus hoteles y esos aires que por momentos parecen transportar a otro continente.
Seguir el recorrido en el clásico Obelisco de Buenos Aires es obligatorio. Es una parada que hay que hacer. Hace un par de años agregaron un cartel con una B y una A gigantes para poder tomarse una foto de la ciudad. Es una zona caótica pero, en esencia, un referente indiscutible de la ciudad. Desde ahí pueden caminar por la Avenida Corrientes, donde van a encontrar Teatros y Pizzerías, otro clásico porteño. Un café con medialunas o una pizza al paso, dependiendo del momento del día, son casi una obligación. También está el imponente Teatro Colón, otro de los iconos de Buenos Aires que hay que conocer.
Luego pueden seguir para el lado de la Casa Rosada y la famosa Plaza de Mayo, quizás uno de los lugares más importantes de la historia de esta ciudad. Por ahí caminando por las callecitas pueden llegar hasta el barrio de San Telmo, lleno de bodegones, tradición, antiguedades y ferias. El Mercado de San Telmo es una gran opción para llevarse un recuerdo de la ciudad o para probar algún plato típico. Por acá también van a encontrar muchos barcitos y lugares de moda, ya que este barrio se volvió uno de los preferidos por el turismo para parar en la capital.
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Recientemente la línea H del metro (amarilla) inauguró la estación de la Facultad de Derecho. Desde ahí, van a poder salir a una de las tantas facultades hermosas que tiene Buenos Aires. Desde ahí, el camino es agradable. Los fines de semana hay un poco menos de tráfico, aunque suele ser una zona muy concurrida.
Por allí derecho se van a topar con la Floralis Genérica, una de mis esculturas favoritas de la ciudad de Buenos Aires. La misma se encuentra en la Plaza de las Naciones Unidas, un lugar agradable para sentarse y disfrutar si el día está lindo. Van a ver a mucha gente con sus sillas, sus mascotas o su mate, sobre todo cuando arrancan los días primaverales. Frente a ella, en la Plaza Mitre, mucha gente también va a pasear, andar en bici, en rollers. También a veces se realizan eventos o ferias los fines de semana.
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Siguiendo derecho por la Avenida Figueroa Alcorta, se van a encontrar con el Museo de Arte Latinoamericano, más conocido como MALBA, que tiene distintas obras del siglo XX y cuenta con diferentes exposiciones, muestras y eventos culturales. El ingreso cuesta 140 pesos argentinos y 70 para estudiantes, docentes y jubilados. Los días miércoles el ingreso sale la mitad, y tanto estudiantes como docente y jubilados pueden acceder gratuitamente (presentando documento correspondiente; yo en su momento fui con la libreta de la facultad y pude entrar lo más bien).
Si siguen caminando hasta Avenida Casares y doblan a la izquierda, se van a encontrar con el maravilloso Jardín Japonés de Buenos Aires. Hace un tiempo hice una nota por su aniversario, donde pueden encontrar los detalles si desean visitarlo. Tengan en cuenta que los días de semana y los días donde el ingreso es gratuito (para ciudadanos argentinos) las colas para entrar pueden ser bastante largas.
Volviendo a Alcorta, si siguen caminando hasta pasar el monumento a Urquiza, van a llegar hasta la Plaza Dr. Benjamín A. Gould, donde se encuentra el famoso Planetario. Del otro lado también están los bosques de Palermo, otro de mis lugares preferidos de la ciudad para descansar. Esta sin dudas es una de las zonas más verdes de la ciudad, donde vale quedarse hasta que cae el sol, disfrutando de las últimas horas del día.
Quizás el Barrio Chino sea una de mis atracciones preferidas de Buenos Aires, muchos lo saben, porque amo todas las cosas ricas que venden ahí. Arrancar desde Plaza Italia es una buena idea: ahí se encuentra el Jardín Botánico, el predio ferial la Rural y una de las zonas verdes de la ciudad que más disfruto.
Caminar por la Avenida Santa Fé siempre resulta caótico, pero pasando Juan B. Justo siempre parece tranquilizarse. Si bien no es una zona particularmente turística, es un barrio muy lindo. Si se meten en las calles que cortan hasta llegar a Libertador, se van a encontrar con muchos edificios hermosos, algunos de ellos embajadas de distintos países.
La Plaza Barrancas de Belgrano es un lugar ideal para sentarse a descansar, o para hacer un picnic con las cosas que pueden comprar en el Barrio Chino. En este lugar van a encontrar no sólo productos asiáticos como sushi, salsas, golosinas y demás, sino que también hay muchísimos productos importados como cervezas, chocolates, tés y otros. Yo les digo que honestamente siempre pierdo horas comprando en los locales de este lugar. También hay muchos restaurantes típicos donde pueden comer distintos platos orientales a buen precio. Ahora, si no les va este tipo de comida, en Belgrano van a encontrar un montón de opciones gastronómicas. No pueden dejar de pasar por la famosa esquina de Cabildo y Juramento, el núcleo de este barrio.
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Dos de los barrios por excelencia de Buenos Aires, donde van a poder apreciar muchísimas obras arquitectónicas, historia y un poco de la vida cotidiana de Buenos Aires. El recorrido arranca en Santa Fé y Callao, una de esas esquinas que siempre están llenas de vida. Si caminan un poquito, pronto se van a topar con El Ateneo Grand Splendid, la librería porteña más famosa por ser considerada una de las más lindas del mundo. Pueden perder horas ahí adentro; no sólo es bella, sino que hay espacios para sentarse a leer y un café para disfrutar de una atmósfera única. La cantidad de guías que hemos ojeado en esa librería no tiene nombre.
Caminando por Santa Fé y doblando en cualquiera de las calles que la cortan hasta Pueyrredón, van a llegar hasta Las Heras, otra avenida hermosa de Buenos Aires y muy tradicional. Ahí nomás está el Cementerio de Recoleta, famoso por sus mausoleos, sus historias y sus increíbles detalles. Vale la pena una visita guíada por acá.
Frente al Cementerio, se encuentra el Recoleta Mall y una zona que en los últimos años se llenó de bares, cafeterías y restaurantes. Una zona hermosa, tanto de día como de noche, para sentarse a comer o tomar algo en la calle si el clima acompaña. Sin dudas es otro de esos rincones de Buenos Aires que siempre tiene vida.
La Estación de Retiro fue renovada completamente y resulta un lugar atractivo (para los porteños, es sorprendente poder decir esto) para arrancar un recorrido. Es el punto de salida de muchos trenes que recorren la ciudad y hay muchos centros de Ecobicis, una buena opción para recorrer Buenos Aires (en especial los fines de semana, donde el tránsito no es tan caótico).
Pueden ir por la Avenida Eduardo Madero o Antártida Argentina (que luego se vuelve Moreau de Justo), aunque actualmente hay muchísimas obras, por lo que es recomendable meterse directamente por Juana Manuela Gorriti en cuanto tengan la oportunidad. Ahí van a encontrarse con un montón de barcitos y lugares para comer. Como ya comentaba en un post, esta zona es bastante cara, pero a veces pueden encontrar menús ejecutivos o algunas opciones para comer por menos plata. Ahí nomás también esta la Reserva Ecológica, otro lugar de Buenos Aires donde van a encontrar un poco de naturaleza y mucha gente que aprovecha para ir a hacer deporte.
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Obvio, saben que otro recorrido que no pueden dejar de hacer es el del Barrio de La Boca, pero ya hice un post al respecto sobre eso y el recorrido que hicimos con Strawberry Tours, que pueden chequear acá. Si la intención es salir por la noche, además de Recoleta no pueden dejar de visitar los bares en los alrededores de Plaza Serrano (como de conoce a la Plazoleta Julio Cortázar). Este barrio, además de tener mucha onda y mucho arte callejero, está repleto de cervecerías, barcitos, lugares para comer y terrazas para disfrutar los días de verano. Sin dudas es uno de mis lugares favoritos para salir de after o los fines de semana, donde el ambiente es siempre maravilloso.
Comparto un mapa con cada uno de los lugares para visitar, para que puedan descargarlo y llevarlo con ustedes si salen a pasear por Buenos Aires, donde resulta bastante difícil aburrirse.
]]>Brno es principalmente un lugar de estudiantes. Esto nos lo comentó el recepcionista de nuestro hostel en Bratislava, explicándonos que no había mucho para hacer. Sin embargo, a pesar de no ser una ciudad plagada de atracciones turísticas, Brno tiene una belleza que parece ser la marca personal de las ciudades checas, con antiguas construcciones de colores, techos rojos y ese encanto que parece detenido en el tiempo. Es la segunda ciudad más grande del país, tanto en territorio como en población, y aún así tiene un centro histórico que puede recorrerse fácilmente. Si pueden dedicarle 24 horas, háganlo. Es una ciudad encantadora.
Como decidimos parar una noche, buscamos una pensión barata y céntrica, que nos permitiera ir y venir de la estación lo más rápido posible. La realidad es que Brno es bastante barata (como República Checa en general, si la comparamos con otros países de la UE), por lo que no creo que tengan problema encontrando alojamiento. En el camino desde la estación sacamos plata en un cajero, ya que nos avisaron que teníamos que tener cuidado con el cambio (recuerden que aquí la moneda no es el euro, sino la corona checa, que equivale más o menos a 0,045 dólares).
La Penzion Dvořákova fue sin dudas una buena elección para una noche. Con un pequeño frigobar y el desayuno ya en la habitación, nos permitió comer algo antes de irnos temprano la mañana siguiente. Lo único malo es que no había ascensor, pero ya veníamos bastante acostumbrados a andar cargando las cosas de acá para allá, por lo que no tuvimos problema.
Como llegamos bien temprano, arrancamos nuestro día yendo a Náměstí Svobody (Liberty Square), la plazoleta principal de la ciudad, donde nos encontramos con un mercadito de Navidad y bastante gente dando vueltas por la zona. Acá van a encontrar el Reloj Astronómico y caminando un poco van toparse con el Dům pánů z Lipé y el Kleinův palác, dos edificios históricos con bellas fachadas.
Después de tomarnos un café calentito en uno de los puestos callejeros que abundan en la ciudad, seguimos andando hasta el Monasterio Franciscano. Ahí nomás está la Estatua de Mozart. Si caminan un poquito más, van a encontrar el Gomperzuv dumz, una plazoleta con una feria y muy pintoresca.
La Catedral de San Pedro y San Pablo es sin dudas otro lugar que deben conocer. Es un edificio increíble, y ofrece grandes vistas de la ciudad. Está en un barrio muy tranquilo, ideal para caminar y seguir conociendo esta bella ciudad. Hay todo un circuito de Fortificación que vale la pena recorrer.
Todo este camino nos llevó al ingreso de un bellísimo y gran parque, que va dibujando un camino en subida. Pronto van a empezar a ver carteles muy rústicos, que los van a llevar hasta el Špilberk Castle, el particular castillo de esta ciudad. Las vistas que van a tener desde acá son realmente únicas, con miradores, parques y detalles que hacen que tanto camino cuesta arriba valga la pena. Nosotros no ingresamos al castillo por cuestiones de tiempo, pero es una excursión interesante si están un poco más holgados con el itinerario.
Camino abajo todo es más fácil, y poco nos costó retornar al centro de la ciudad, mientras ya comenzaba a caer el sol. Pasamos por la bellísima fachada de Masarykova univerzita, en una zona donde hay unos cuantos centros estudiantiles, siendo Brno una ciudad que se caracteriza mucho por su población de estudiantes. En nuestro camino pudimos ver la Iglesia Roja, otra de las construcciones más bellas que tiene la ciudad. Por esta zona también nos encontramos con otro mercadito de Navidad, que se encargaba de hacer muchas donaciones a caridad.
En el camino de vuelta a nuestro alojamiento, pasamos por la Iglesia de St. James y la Iglesia de la Virgen María. Como en muchas ciudades de Europa, hay una gran abundancia de iglesias que encantan con sus fachadas, sus construcciones y sus edificios llenos de detalle. En Brno es muy probable que les pase estar girando la cabeza constantemente, mirando para todos lados, porque la cantidad de edificios bellos que tiene es increíble. Fiel al estilo de construcción de esta zona, es maravilloso caminar por las calles y simplemente observar los alrededores.
A la noche, además de pasar por el mercadito de Navidad para comer algunas de las especialidades locales, nos dimos una vuelta por el Eagle Shopping Gallery, un pequeño paseo de compras con algunas opciones lindas para souvenirs. Pasamos por ahí para refugiarnos un poco del frío, ya que es más bien un lugar pequeño.
Por la noche, para tomar algo, recomendable el Bar, který neexistuje (la traducción es algo como el bar que no existe). Este famoso rincón se encontraba a pasos de nuestra pensión. Sirven tragos muy top, aunque también se puede comer, tiene muy buen ambiente y se encuentra abierto hasta las 2/4 de la mañana, dependiendo del día. No es lo que se dice súper económico, pero está bien para darse un gustito y conocer uno de los bares más populares de la ciudad.
Este fue nuestro pequeño itinerario para 24 horas. Sin dudas, nos hubiésemos quedado un día más en Brno, pero si quieren recorrerla en poco tiempo esta es una buena opción. Les dejo el mapa con las atracciones para que puedan descargarlo.
]]>Estuvimos cuatro días en la isla. Ya conté en otro post que el auto nos pareció indispensable si quieren disfrutar a full de esta isla, que no se encuentra super preparada para el turismo pero que si tiene muchísimas playas increíbles para conocer. Recomendé alojarse en la zona de Willemstad, ya que es más bien en el medio de Curaçao, teniendo buen acceso tanto al norte como al sur de la isla, y bastante cerca de la que, para mí, es una de las playas más lindas. Armamos un pequeño itinerario (sumándole un día más que nosotros no tuvimos), dividiendo día por día lo que hicimos y cómo aprovechar al máximo el tiempo en este pequeño paraíso.
Día 1: Playas del norte.
Desde tempranito agarramos el auto y salimos para la zona de Westpunt, donde habíamos leído que se encontraban las playas más lindas. Ciertamente, son bastante increìbles. No sabemos si fue la temporada, suerte, o si simplemente son así todo el año, pero en todas había muy poca gente. La pinta que tienen es paradisíaca, en serio. Las playas que visitamos fueron:
Día 2: Mamboo Beach.
El segundo día plantamos bandera en esta playa, que fue sin dudas la que más nos gustó. Es una playa privada, hay que tener en cuenta eso, pero puedo garantizarles que el ingreso de 3,50 dólares por persona vale le pena. El lugar está super limpio, no hay abejas como vimos en otras, hay muchas opciones para comer y tomar algo, y tanto el agua como la playa están impecables. No hay rocas, sino que más bien parece una piscina. Además, rentan sillas de playa por otros 3,50 dólares, y pueden utilizarlas durante todo el día. Quedamos fascinados, realmente.
Después del rally del día anterior, elegimos esta playa para quedarnos hasta tarde. Como conté ya en Instagram, por la noche hay un barcito de playa donde la gente toma cerveza, tienen comida y hay un muy buen ambiente, con música y fiesta. Es realmente un lugar para ir a pasar el día. Había bastante gente, pero no al punto de llegar a ser molesto. Igualmente, si buscan paz absoluta, probablemente deberían ir a otro lado o llegar bien temprano. Después del mediodía, la playa empieza a llenarse con familias que se alojan en los resorts de la zona. Como dije, no es molesto, pero definitivamente hay playas más tranquilas.
Día 3: playas del oeste y parque de los Flamengos.
Las tres playas están muy cerquita entre sí y es muy fácil acceder con el auto. El parque de los Flamengos está también por ahí nomás y, si bien no lo visitamos, pueden llegar enseguida desde cualquiera de estas tres playas.
Día 4: Kokomo Beach
Otra playa con entrada gratuita, donde únicamente cobran las sillas. Hay un buen restaurante para comer (los precios son un poquito más elevados que en otras zonas, pero la comida estaba muy buena). La playa tiene una hamaca en el agua, que creo que es como la postal del lugar. La realidad es que la playa a nosotros mucho no nos gustó. Tomamos la foto a duras penas, ya que hay muchísimas piedras y no está buena para bañarse a menos que tengan zapatos náuticos. Lo que si vimos fue mucha gente haciendo buceo, y creo que si les interesan este tipo de actividades seguramente les resulte mucho más atractiva que a nosotros.
Este día decidimos volver a Mambo Beach, porque nos había encantado y teníamos ganas de descansar. El Fort St. Michiel está en el camino. Es más que nada una zona histórica, pero le falta mucho mantenimiento. Es interesante verlo si están de paso, aunque realmente no es nada del otro mundo.
Día 5: Klein Curaçao.
Esta fue una excursión que decidimos no hacer, ya que queríamos aprovechar el tiempo en la isla y nos habían comentado que el viaje en barco puede ser un poco violento para aquellos que se marean (que es mi caso). La realidad es que preferíamos recorrer, aprovechando que ya teníamos el auto alquilado hasta el final del viaje, pero es un paseo sobre el que he leído muchas cosas buenas. Klein Curaçao es una pequeña isla (apenas 1,7 kilómetros cuadrados), que se encuentra al sureste del territorio principal. Dicen que las playas son de las más lindas de Curaçao, pero no hay mucho más que eso para hacer. Si tienen tiempo, hay barcos que salen desde la zona de Jan Thiel y que les permiten pasar el día en esta pequeña isla paradisíaca. Desde la página de Mermaid Boat Trips pueden hacer la reserva. Sale 110 dólares e incluye traslados, desayuno, bebidas sin alcohol, almuerzo, uso de sillas de playa y elementos para hacer snorkel, entre otros.
Este es el mapa, que tiene todas las atracciones marcadas para que puedan guardalo y acceder a él sin conexión, si buscan hacer playa en Curaçao y conocer todos los lugares maravillosos que tiene esta isla.
]]>Nuestro itinerario es para cinco días, aunque fácilmente podemos recomendar más cosas para hacer si tienen días extra. Obviamente, el recorrido es igualmente aplicable si están con auto y pueden hacerlo por su cuenta, pero nosotros nos manejamos con el transporte de la ciudad y no tuvimos inconvenientes. Ya sea porque, como nosotros, no tienen ganas de andar pensando dónde dejar el coche, quieren ahorrarse unos pesos o consideran que pueden prescindir de andar motorizados, espero que esta guía les sirva para conocer la ciudad. Aclaro también que no hicimos ningún tour, pero podemos recomendar algunos que pensamos que estaban buenos o que podríamos haber hecho si no recorríamos por nuestra cuenta.
Creo que ya la mayoría está al tanto que, para entrar a Estados Unidos, es necesario tener visa. Yo hice la mía hace ocho años con ICANA, en un trámite bastante molesto pero relativamente fácil. Sé que algunas cosas cambiaron desde entonces. Les recomiendo chequear todo en la página de la embajada. Además de la visa, también es importante contar con seguro de viaje, alojamiento (nos lo pidieron al momento de hacer el trámite para la visa) y pasaje de vuelta. Si tienen pasaporte de la comunidad europea, el trámite de la ESTA es lo único que necesitan hacer. Este permiso lo pueden solicitar directamente por internet y a los pocos días les van a estar mandando la confirmación si fue aprobado; fue un trámite sencillo.
Para ingresar a Miami no necesitan vacuna contra la fiebre amarilla, incluso viniendo de una zona de riesgo. Ahora, si tienen pensado hacer alguna excursión en el día a Bahamas o quieren visitar algún otro destino del caribe, es muy probable que la necesiten. Nuestro vuelo tenía una escala en Brasil, por lo que en muchos lugares nos dijeron que era requisito para entrar (incluso en algunos destinos como las Bahamas, Argentina también esta considerada como zona de riesgo). Nosotros no fuimos, pero eso leímos. Y más vale prevenir que curar.
Con respecto a los chips de datos, saben que desde acá pueden comprar el HolaSim, que tiene cobertura para Estados Unidos. Sino también en el aeropuerto van a comprar un chip sin problemas (y por lo general todos hablan español, así que van a poder consultar bien de qué se trata, ya que hay diferente planes). Cuando salen a tomar el tren que los lleva de la terminal a la zona de alquiler de autos/metrobus, van a ver que hay un stand donde los venden.
Como comentaba en otra entrada, amigos y conocidos que ya habían ido nos recomendaron quedarnos en Miami Beach, y sin dudas fue la elección acertada. Sobre todo si deciden ir sin auto, es una zona que tiene muchísimo para hacer, muchas opciones de transporte público y servicios gratuitos de trolebús para conocer esta parte de la ciudad.
South Beach es la parte más cara, aunque también una de las más populares y lindas para parar. Si pueden alojarse en esta zona, es altamente recomendable: van a encontrar de todo, desde playa hasta vida nocturna, locales y restaurantes, lugares para hacer shopping o para descansar. Si viajan con menos presupuesto, como suele ser nuestro caso, Middle o North Beach también son una buena opción para estar cerca de la playa y conseguir alojamiento por un poco menos. Miami Beach es caro. Sobre la playa se encuentran muchos hoteles y complejos de lujo, por lo que tienen que hacerse a la idea que parar por esta zona les puede salir un poco más. Sin embargo, la comodidad que van a tener acá no la van a tener en ninguna otra zona, en especial si buscan disfrutar de la playa.
Si bien terminamos parando en un Airbnb en Collins Avenue, estuvimos analizando otras opciones. Si van a alquilar auto, si les interesa más la ciudad que la playa, o si van con un presupuesto un poco más justo y prefieren no gastar tanto en alojamiento, parar fuera de Miami Beach seguro va a ser más conveniente. Van a encontrar hoteles o departamentos mucho más baratos y, si tienen estacionamiento incluido, quizás conviene evaluar la posibilidad de ir con coche.
Como dije desde el principio, nosotros fuimos de esa minoría que decidió recorrer Miami sin auto. De cualquier forma, habíamos averiguado para hacerlo. Demás está decir que toda esta guía también es aplicable si deciden rentar un vehículo. A nosotros no nos convenía. Tienen que calcular más o menos 40 dólares por día de la renta del auto, sumarle a eso el combustible (0,68 dólares el litro, aproximadamente). Además tienen que pensar en el parking: pueden encontrar estacionamientos que cobran alrededor de un dólar la hora o tarifa por día de 15 dólares, así como también hay parquímetros por todos lados, pero suelen ser más caros que los estacionamientos.
Si van a prescindir del auto, hay muchas formas de moverse por Miami de manera relativamente económica.
Para ir del aeropuerto a Miami Beach, el colectivo de la línea 150 nos dejó en la puerta de nuestro departamento. El precio del boleto es de 2,25 dólares, y se pueden sacar en las máquinas del aeropuerto o directamente arriba del bus. Tengan en cuenta que no dan cambio si lo sacan directo arriba del colectivo, así que quizás les convenga sacarlos en las máquinas que incluso aceptan tarjeta de crédito. Las van a encontrar cuando toman el tren para ir a la zona de alquiler de coches y donde está el metrobus que los lleva a la ciudad (antes de salir). Había igualmente personal del aeropuerto, que no tardó en asistirnos. La frecuencia que tienen los buses no es una locura, pero está relativamente bien.
Con respecto a lo que es la zona de Miami Beach, hay algunas alternativas al auto. Primero que nada, tengo que mencionar el servicio de trolebús gratuito con el que cuenta la ciudad, que nos hizo ahorrarnos mucha plata en transporte. Hay cuatro líneas diferentes, cada una de ellas con distintos recorridos. Tengo que decir que tienen muy buena frecuencia, aire acondicionado y algunos hasta cuentan con wifi a bordo. Las líneas son South Beach Loop, Middle Beach Loop, North Beach Loop y Collins Express. Si hacen click en cada uno de los nombres, van a encontrar información y un mapa con el recorrido de cada línea. De cualquier forma, cuando vean las paradas en la calle, estas cuentan con carteles que tienen la información sobre el recorrido. Realmente es muy fácil de utilizar y bastante cómodo para moverse por esta zona.
También hay algunos trolley gratuitos en otras zonas de la ciudad. Nosotros usamos el que va a Little Havana, por ejemplo. Tienen muchos recorridos en vecindarios turísticos, y una buena frecuencia que por lo general opera de 6:30 de la mañana a 11 de la noche. Les recomiendo que revisen la página oficial, que incluso incluye mapas para descargarse de distintos recorridos, dependiendo de lo que estén interesados en conocer.
Si son de los que disfruta de alquilar bicicletas, hay un servicio parecido al que tenemos en Buenos Aires, aunque es de pago. Es una linda alternativa para conocer Miami Beach; vimos mucha gente utilizándolas. Son las llamadas Citi Bikes, que tienen una tarifa de desbloqueo por tiempo. El acceso para turistas (ya que hay membresías mensuales para residentes o locales) es de 4.50 dólares por media hora, y 6.50 por una hora completa. Los precios van variando dependiendo de la cantidad de tiempo que decidan usarlas. El pase de un día completo está 24 dólares. También hay negocios de alquiler de bicicletas, que son un poco más económicos que este sistema. Por ahí hacen una diferencia en estos lugares si tienen pensado alquilarlas por varios días. En Miami Beach Bicycle Center pueden ver algunos precios de referencia.
Si están con un chip para el teléfono, Uber puede ser una buena alternativa para moverse por la ciudad. Una herramienta ya conocida acá y que funciona a la perfección en Estados Unidos. Simplemente no tienen más que bajarse la app y pedir un auto. Si están por la zona de Miami Beach, el tráfico es bastante caótico. Nosotros no utilizamos nunca taxi o autos en la ciudad, porque no nos parecía necesarios. Incluso para ir al aeropuerto, el bus cumplió su función a la perfección. Sin embargo, si están muy cargados o tienen urgencia, puede ser una buena opción. Sobre los taxis ni siquiera averiguamos: todos los que fueron a Estados Unidos nos recomendaron utilizar Uber allá.
Nosotros armamos un itinerario para cinco días, basado en lo que hicimos. Nos quedaron algunas cosas pendientes, pero la idea tampoco era ir corriendo de acá para allá. Algunos días, decidimos hacer menos actividades y aprovechar las playas para descansar. Viajamos casi a inicios de la temporada, pero todo estaba bastante tranquilo. Las playas no estaban abarrotadas de gente y pocas veces tuvimos espera para comer en algún restaurante (incluso aquellos que son bastante populares entre el turismo). Respecto al clima, tuvimos sólo una noche de lluvia; después los días estuvieron espectaculares, con temperaturas por arriba de los 20 grados y con máximas de hasta 28 (con 30, 31 de térmica). Tampoco es época de huracanes ni nada parecido, por lo que nos pareció una muy buena elección para conocer Miami.
Día 1:
Día 2:
Día 3:
Día 4:
Día 5:
Pueden encontrar fotos de todos estos maravillosos lugares en mi cuenta de Instagram, donde estuve subiendo un poco del día a día en esta ciudad.
Si tienen más tiempo, si ya conocen, si quieren prescindir de alguna de las actividades que comentaba, nos quedaron algunas cosas en el tintero que quizás les pueden interesar.
Si hay algo que tienen en Estados Unidos, son cadenas de comida que siempre nos morimos por probar cuando estamos por viajar. Desde la panceta bien hecha hasta estas hamburguesas gigantes que nos cuesta terminar, los yankees tienen un montón de comidas que vale la pena probar si están por allá. Miami, obviamente, no es la excepción a la regla, sino que por el contrario, agrega algunas notas latinas a su cocina tradicional. La gastronomía cubana y mexicana están super presentes en la oferta de la ciudad y vale la pena también dedicarse a probar estas opciones. Nosotros, al parar en departamento, no nos sentamos muchas veces a comer afuera. Sin embargo, hay algunos lugarcitos que les puedo recomendar si van con poco presupuesto y quieren disfrutar de algo de la gastronomía de Miami.
Además, una nota aparte para la comida de supermercado, que en Estados Unidos tiene una variedad impresionante. Como comentaba, nosotros estuvimos parando en un Airbnb, por lo que las compras en el súper fueron frecuentes y diversas. Desde el famoso bagel con huevos y panceta (cuatro por algo de 2.25 dólares) para hacer en el microondas, los macarrones con queso para hacer con agua hirviendo (1 dólar), hasta las incansables variedades de cerveza (que lamentablemente, en su mayoría, se venden por six-pack, pero son muy baratas), todo nos pareció a buen precio. Si pueden ir a algún Publix, van a encontrar de todo. Estos locales son la perdición para los que disfrutamos del turismo de supermercado. También en los 7 Eleven encontramos buenas ofertas en snacks y boludeces, porque tienen muchos 2×1 en productos de ellos.
Ojalá les sirva esta pequeña guía si están pensando en conocer Miami sin auto, y ya me contarán si hay algún otro imperdible que deberíamos agregar a la lista (y tener así una excusa para volver, por supuesto).
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Habíamos sacado con anticipación los tickets del Gatwick Express. Cuando bajamos del avión, pudimos retirarlos en unas máquinas expendedoras y el personal, muy amablemente, nos explicó de dónde salía el tren. Sin ser excesivamente confianzudos, hay algo que me quedó de la primer visita a Inglaterra: los ingleses, por lo menos en la capital, son increíblemente cordiales y siempre están dispuestos a ayudar. Hay un falso mito sobre los británicos que, si bien son fríos, nunca dejan de ser amables.
El tren tarda más o menos una hora hasta la estación Victoria, uno de los puntos que conecta la ciudad con el resto del país. Nos quedamos en el Reem Hotel, un tres estrellas muy correcto en el barrio de Notting Hill, por lo que tuvimos que tomar un taxi para llegar. El señor no tenía muy en claro a dónde tenía que llevarnos, y -atentos- por darnos más vueltas de lo esperado nos cobró menos. Una locura. Los taxis son, a diferencia de los argentinos, muy amplios. Tienen los asientos y un espacio grande para las valijas por lo que, si van con mucho equipaje, es una buena opción. De cualquier forma, el transporte público en Londres es increíble y funciona muy bien.
Londres es una ciudad cara, por lo que mucha gente a veces le dedica menos tiempo. Pero yo debo decir que una semana me pareció poco. No me canso de decir que la capital inglesa es una ciudad increíble. Más allá de gustos, es un lugar en el que siempre hay cosas para hacer: un bar, un rincón, una feria, un evento… Es una ciudad incansable, donde cada porción, cada barrio, cada esquina tiene algo para ver que vale la pena. Es cuestión de ajustar el presupuesto y tratar de hacer rendir el tiempo cuanto nos sea posible.
Nuestro primer día, obviamente, fue el recorrido por la feria de Notting Hill. Con un reconocido fanatismo por la película de Hugh Grant y Julia Roberts, caminar por la feria del barrio ya de por sí era un sueño. Fue aún mejor cuando pude descubrir que, en realidad, cada detalle del paseo tiene lo suyo: antigüedades, comidas, pastelería, souvenirs. Hay de todo.
Nosotros habíamos sacado la tarjeta London Pass, con la travelcard (tarjeta de viaje) por siete días, por lo que nos pareció lógico empezar a hacer uso de ella. Hay un post al respecto para quienes estén interesados: nos resultó increíblemente útil. Todo lo que querés ver está a un subte o dos de distancia. Es una red impresionante y, no por nada, una de las más conocidas en el mundo.
Nuestro primer destino con el London Pass fue el Támesis. Pfff. ¿Qué puedo decir? Cuando llegás a Westminster, salís de la estación de subte y ves el Big Ben… Esa fotografía que viste tantas veces. Cuando lo tenés ahí no lo podés creer. Este pase incluye un paseo gratuito por el Támesis hasta el Tower Bridge, por lo que decidimos tomarlo y disfrutar de la rivera londinense, que es bastante espectacular. El barco sale desde la abadía y va haciendo su camino por el río, pasando por edificios y atracciones icónicas como el London Eye, el Southbank Centre, el Tate Modern, e incluso otros puentes destacables como el Millenium o el London Bridge. El recorrido realmente vale la pena y, aunque el guía te va narrando toda la historia en un inglés bastante acelerado, el viaje en sí ya es más que suficiente.
Con el pase teníamos también acceso a la Torre de Londres, por lo que decidimos aprovechar. El acceso vale la pena: todos es historia, todo son recuerdos, y todo se mantiene tan impecable como el resto de la ciudad. Además de las vistas que se consiguen, es un paseo que vale la pena hacer.
En la zona, después de tanto ajetreo, pudimos comer un gran fish and chips por muy buen precio. Pocos años después me enteré que este lugar había cerrado, pero por la zona hay muchos restaurantes e incluso algunos puestos de comida rápida.
Mi tercer día se pasó entre puentes y el Barrio Chino, haciendo un stop en los rincones tan especiales que tiene esta ciudad. Aunque el London Pass es una buena fuente de ideas para recorridos y lugares para visitar, Londres es de esas ciudades que, a medida que uno camina, va descubriendo cosas nuevas, cosas que no esperaba, no necesariamente turísticas, que parecen brotar de las paredes. Aunque una semana me parecía un montón en su momento, cuando había armado el itinerario, me di cuenta que Londres es una ciudad para quedarse mucho más de siete días. Carnaby Street por la noche y sus bares son una gran opción, sin dudas, y decidimos terminar el día ahí.
El cuarto día, visitamos el Buckingham Palace. Por una de esas casualidades de la vida, sin tener la menor idea, tuvimos la suerte de presenciar el cambio de guardia. Parece mágico como todo se detiene para llevar a cabo este acto solemne en el medio de una ciudad ajetreada, en hora pico y en un lugar muy concurrido. Es increíble lo que son las costumbres y el respeto que los londinenses tienen por ellas.
El resto de la jornada nos lo robaron los parques cercanos al Palacio, Green y Hyde Park, con las maravillas que trae la primavera a la ciudad y un día de sol en Londres. Por la noche, las maravillosas luces y el movimiento de Oxford Street son una gran opción para recorrer negocios en una de las avenidas más atractivas de la ciudad.
Al día siguiente, el destino fue Camden Town y sus alrededores. Hay un post sobre este rincón de la ciudad, que genera tanto amor como odio a aquellos que lo visitan. Al regreso pasamos por la estación King’s Cross (linea negra del metro), porque ¿cómo no iba a pasar por uno de los lugares más icónicos de una de mis sagas de libros favoritas? Buscamos el andén 9 y 3/4 , donde se encuentra un carrito como atravesando la pared, como los de los estudiantes de Hogwarts, donde te permiten sacarte fotos con bufandas que ellos mismos te dan. Aunque te ofrecen comprar la foto profesional, te podés sacar también tus propias fotos sin ningún problema. Junto a esta particular escena, hay un local que vende productos de Harry Potter y, para ser sincera, dan ganas de llevarse todo.
El último día completo que nos quedaba (al otro día salíamos temprano para París), decidimos que valía la pena perderlo en otro lugar menos céntrico y concurrido, por lo que terminamos en Kew Gardens, otra maravilla atípica para los que disfrutan de los jardines y la tranquilidad de los días de sol (que, lejos del mito y a pesar del clima cambiante, sí existen en Londres).
Es una ciudad a la que, personalmente, volvería en todos mis viajes a Europa. Siempre hay algo para ver, para hacer, para probar… Una semana es poco, pero basta para enamorarse de una capital que lo tiene todo.
Chequeá las fotos en mi Instagram: seguro te dan ganas de sacar ya un pasaje a Londres, la ciudad con miles de opciones para todos los gustos.
]]>Distinto fue el recorrido que hice esta vez, en una época muy diferente y durante casi cinco días. La primera oportunidad, había estado en primavera. Esta vez, llegué el ocho de enero (aunque había pasado una pequeña escala durante el 30 de diciembre, de la que ya te contaré en otro momento), y todavía podían verse las decoraciones navideñas, los vestigios de las fiestas y esa sombra que poco a poco iban dejando las vacaciones europeas. Entre calles vacías nos perdimos hasta llegar a Piazza Spagna y disfrutar del árbol de colores que se lucía en la cima de la popular escalinata.
El clima en invierno es distinto: la noche cae pronto, las calles parecen más vacías, los locales más solitarios… Es una alternativa a ese habitual caos de las capitales, una opción para poder disfrutar de los monumentos, los lugares y los detalles con un poco más de paz. Aunque yo soy team invierno, reconozco que a veces el frío puede ser un problema para recorrer. Lo que tiene Roma es que el invierno no es tan crudo como en otros lugares de Europa, y con un buen abrigo se está bien.
Al día siguiente, y después de un gran recibimiento en el Hotel 59 Steps Trevi junto a un buen desayuno, salimos a caminar por la ciudad. Ese día habíamos decidido ir al Coliseo. Con anticipación habíamos comprado los tickets por internet (desde acá), que salen 12 euros por persona, son válidos por dos días y permiten ir no sólo a la maravilla romana por excelencia, sino también visitar el Foro Palatino.
Ya había estado en el Coliseo antes, pero el recuerdo que me llevé este año fue muy diferente: lo primero que llama la atención son los hombres armados que, erguidos al lado de sus vehículos o patrullando por los alrededores, intimidan a cualquiera. El control, previamente inexistente, nos demoró poco menos de quince minutos, pero estábamos avisados que en temporada los tiempos pueden ser bastante más extensos. Hay que tener en cuenta que ahora sólo permiten el ingreso de 3.000 personas en simultáneo, por lo que los tiempos pueden variar dependiendo de la concurrencia. Nosotros fuimos con una mochila pequeña y el bolso de la cámara (es importante no llevar cosas grandes), y en poco tiempo ya estábamos dentro de uno de los monumentos más maravillosos que tuve la suerte de conocer.
Aunque hay opciones de tours guiados, con la audioguía el recorrido se hace bastante ameno. Hay mucho para ver y ahora es bastante más fácil conseguir buenos puestos para observar y mejores fotografías al haber menos gente. Nos demoramos ahí unas dos horas y, después de un stop para comer algo, fuimos a la heladería Giolitti para buscar el postre. Dado que el pase del Coliseo y Foro Palatino es válido para dos días, nos pareció razonable dejar este último para el día siguiente. Como un poco de shopping no le hace mal a nadie, decidimos pasar por los locales de Via del Corso para aprovechar las rebajas de invierno. Si bien Italia no es uno de los países más baratos de Europa para hacer compras, para nosotros seguía siendo muy barato. Conseguimos camperones por 80 euros y sweaters por 15 o 20. Valijas que habían ido medio vacías, entre ropa, souvenirs y comida, volvieron con unos cuantos kilos más. Y, para qué mentir, nosotros también.
En la noche previa a mi cumpleaños, no podía evitar disfrutar un poco de la noche romana. Después de caminar las cuadras frías y tomar un Aperol en un bello bar del centro (The Public House, un pub con un ambiente cálido y tranquilo), pasamos por la Fontana Di Trevi antes de las doce de la noche. Increíble pero real, tener una foto de la fuente sin una persona metida en el medio parecía un sueño. El invierno tiene sus ventajas, aunque haya que sufrirlo un poco. Con una moneda y un deseo de yapa, esa fue la forma en la que decidí recibir mi último cumpleaños.
Al día siguiente salimos un poco más tarde de lo esperado para el Foro Palatino. Nuevamente, no hubo tal cosa como tener que esperar para entrar, sino que directamente pasamos con nuestros tickets por los molinetes. Esta vez, hicimos el recorrido sin ningún tipo de guía y dejándonos llevar por los indicadores y los textos distribuidos a lo largo del camino. En una amplia caminata llena de ruinas e historia, le dedicamos unas buenas horas a este lugar. Por la tarde, elegimos seguir nuestro camino por la Torre Argentina. La visita a la Torre Argentina, más allá de la relación que tiene con Julio César, estaba en mi itinerario por una razón particular: el lugar es conocido como un santuario de gatos. No sólo son animales que andan merodeando por el lugar constantemente, sino que también, debajo de las ruinas, funciona un lugar que se dedica especialmente a cuidar, curar y encontrar hogar a los gatos callejeros de la ciudad eterna. Ya me explayaré sobre este tema, pero es sin dudas un sitio que todos los amantes de estos hermosos animales deberían visitar.
Después de nuestro paso por el santuario de los gatos, seguimos por Corso Vittorio Emanuele II hasta el imponente Castillo de Sant’Angelo, en otro de los espacios que más me gustaron de Roma. Rodeando el castillo está el Parco Adriano, un lugar tranquilo, que parece una porción alejada del ruido de la ciudad. Durante la época de invierno, también hay una pequeña pista de patinaje sobre hielo oculta entre los caminos de este espacio verde.
Otra de nuestras paradas fue el emblemático Vaticano, al día siguiente, que también merece un post aparte. En esta visita, la segunda, decidimos no hacer los museos, pero es una experiencia muy interesante, sean religiosos o no. Como dije, la seguridad está ahora a la orden del día y policías y milicia pueden verse por doquier. En el stop gastronómico, el elegido fue Angry Pork, un pequeñísimo restaurante de porchetta y birreta que nos deleitó con sus sándwiches de cerdo y un ambiente cálido a pocas cuadras de la Santa Sede.
Por la tarde, nos dimos otro gusto y fuimos hasta la Piramide di Caio Cestio, para poder merendar en uno de los lugares que esperaba visitar desde que llegamos: Romeow Cat Bistrot, un pequeño café de gatitos escondido en un rincón de la ciudad. Obviamente, la experiencia merece un post aparte. Creo que ya a esta altura no es noticia cuánto amo los gatos. Por la noche fuimos a cenar a Carlo Menta, un lugar que nos habían recomendado y que sin dudas no nos defraudó con su comida. El barrio del Trastévere, inusualmente vacío, también fue una linda caminata para la noche de miércoles.
Ya habíamos estado durante nuestra escala por Piazza Navona y Piazza del Popolo. Sin embargo, durante nuestro último día en Roma decidimos volver y seguir el recorrido más a fondo y visitar Villa Borghese. Recomendable llegar hasta acá, ya que las vistas que se obtienen de la ciudad son increíbles. Además, es otro barrio de la ciudad muy lindo para caminar y conocer.
Aunque obviamente hay mucho para explayarse y, si fuera por mi, podría estar hablando sobre Roma una vida, creo que la idea es concisa: Roma es una ciudad con mucho para hacer, mucho para ver y que, definitivamente, tiene algo que nos hace querer volver. Hay algo de Roma, de la ciudad eterna, que siempre nos va a dar excusas para visitarla una vez más.
]]>La ciudad mezcla el atractivo de las viejas capitales europeas con franquicias que parecen metidas a la fuerza entre los canales de la ciudad. Desde el aeropuerto de Schiphol sale el tren que nos deja directamente en la estación Central, en el corazón de la ciudad. Llegamos a mediados de enero y enseguida el frío pudo más que nosotras, así que terminamos realizando un recorrido por la ciudad en un barco cerrado. Después de todo, es lo primero que salta a la vista cuando uno sale de la estación. Es como una postal.
Nuestro alojamiento fue el Bulldog Hotel, uno de los hostels más reconocidos de la zona. Sin ser caro (unos 25 euros por persona la noche) y bien ubicado, tiene la esencia de Europa y particularmente de Ámsterdam. Habitaciones compartidas con gente copada de todo el mundo y un bar donde los huéspedes toman y fuman –marihuana; fumar tabaco adentro, por loco que parezca, no está permitido–, con un movimiento nocturno permanente. En el corazón de la zona roja, basta salir para ver los locales y la gente, la mezcla entre familias que pasean tranquilas y adolescentes que, de un momento para el otro, pasan corriendo desnudos con 2 grados bajo cero de temperatura.
Las atracciones son variadas, para todos los gustos. Desde los museos hasta la fábrica de Heineken (una muy linda experiencia por 16 euros, con tres pintas incluidas), pistas de patinaje sobre hielo en invierno y campos de tulipanes en verano. En cuanto a la comida, la ciudad está plagada de locales de comida rápida muy económicos y de restaurantes argentinos que promocionan carnes y platos locales. Nunca falta el que te habla en español porque che, sos argentino. Vale la pena subirse a un tranvía y ver qué hacer, aunque hay que tener cuidado: resulta demasiado fácil perderse. Sin embargo, en estas ciudades, perderse a veces no es algo del todo malo. Todo es pintoresco.
Si llegan a despertarse temprano al otro día, después de disfrutar de la noche holandesa, hay algo imperdible en esta ciudad: la casa de Anne Frank. El paseo es emocionante. Hay que llegar tempano, porque la fila de personas es larga y el espacio para recorrer, reducido; pero vale la pena el madrugón y los 9 euros que sale la entrada. Hayan leído el libro o no, todos conocemos la historia y la experiencia completa da piel de gallina.
En mi opinión, Ámsterdam es una ciudad hermosa, que no requiere demasiado tiempo para demorarse y recorrer, a todos nos genera más curiosidad que otra cosa. Tres días están bien y pueden cubrirse las atracciones más importantes; pero como dije, el tiempo nunca sobra. Es otra de las tantas ciudades hermosas que tiene para ofrecer Europa y las opciones son miles.
Ah, y un consejo: cuidado con las bicicletas. Y los tranvías. Y las bicicletas.
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