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laguna azul – #ArgieTravellers https://argietravellers.com Blog de viajes de dos argentinos viajeros Sat, 14 Jul 2018 16:48:26 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9.4 https://argietravellers.com/wp-content/uploads/2018/06/cropped-Bandera_Argentina-32x32.png laguna azul – #ArgieTravellers https://argietravellers.com 32 32 Blue Lagoon, el spa natural de Islandia https://argietravellers.com/blue-lagoon-spa-natural-de-islandia/ https://argietravellers.com/blue-lagoon-spa-natural-de-islandia/#comments Mon, 05 Feb 2018 15:58:31 +0000 https://argietravellers.com/?p=930 Probablemente muchos hayan visto una foto de la Blue Lagoon, incluso sin saber qué era o que se encuentra en el suroeste de Islandia. Es fácil que las imágenes de este lugar resulten atractivas, ya sea por el color del agua o porque, básicamente, es un paraíso en medio de la nada que no parece real. Yo misma tenía mis serias dudas que el agua fuera de este color tan increíble o que el complejo realmente se viera como lo vendían las fotografías. Todas las imágenes que veía parecían retocadas.

De más está decir que, si estoy escribiendo esto, es para admitir que me equivoqué.

Parto de la base que ninguna foto le hace justicia a Islandia en general. Todas las fotografías que tomamos durante el viaje me parecen poco en comparación a lo que vimos esos días en este país que —creo que ya puedo dejar de repetirlo— es una sorpresa tras otra. Un lugar único.

La Laguna Azul, conocida como Blue Lagoon (Bláa lónið en islandés), se encuentra en Grindavík, y obtiene su suministro de agua de la planta de energía geotérmica de Svartsengi. El complejo se encuentra a sólo 20 kilómetros del aeropuerto internacional de Islandia, y a unos 50 kilómetros de Reykjavik. Las formaciones de la laguna comenzaron en 1976 como desperdicios de esta planta de energía, pero la gente empezó a darse cuenta de los beneficios que tenía el agua. Recién entre 1987 y 1995 comenzó a operar este complejo, que incluso hoy en día sigue en expansión y desarrollando facilidades para el bienestar de sus visitantes. Cuando lo visitamos, algunas zonas estaban cerradas y en construcción, aunque eso no afectó para nada nuestra experiencia.

Hay muchas opciones para ir a la Laguna Azul, pero en todas ellas es necesario reservar tickets con anticipación. No pueden ir si no tienen una reserva previa. Pueden ir tanto por su cuenta como en tour, pero en ambos casos tienen que tener un lugar asegurado previamente. El sitio oficial de la Blue Lagoon ofrece distintas opciones para contratar el servicio. Está en inglés, pero es bastante intuitivo: en la opción plan your visit van a encontrar toda la información necesaria para sacar tickets, llegar y pasar el día en este lugar increíble.

Primero lo primero: las entradas. Pueden optar por comprarlas por su cuenta desde el sitio, o sacarlas directamente con excursiones que incluyen traslado en bus (ida y vuelta). Nosotros optamos por esta segunda opción, ya que no variaban mucho los precios entre sacarlo en excursión o comprar el bus aparte. Lo bueno es que, si bien deben confirmar el horario de ingreso, pueden quedarse en la Laguna todo el tiempo que quieran: las empresas tienen transfers continuos que van desde el complejo hasta Reykjavik, para que puedan elegir la hora en la que quieren irse (recuerden chequear en el sitio de cada compañía cuáles son los horarios en los que sale cada bus, como para ir calculando el tiempo para irse —sobre todo si van en invierno, donde esperar afuera no es lo mejor que les puede pasar). La entrada más básica a la laguna, que fue la que incluía nuestro tour, está algo de 6100 coronas islandesas, lo que equivale a unos 48 euros. Aunque es un número para cualquiera que viaja con poco presupuesto, les puedo asegurar que vale cada euro que pagan. En lo personal, creo que es uno de los must de Islandia (además de un sueño personal, un lugar que no podía dejar de conocer). Hay otras tarifas, que también incluyen más servicios. Acá está la tablita con todos los detalles, que pueden ver en la página oficial:

Ahora ¡OJO! Los precios cambian a partir de marzo. Los muchachos de la Blue Lagoon decidieron eliminar la tarifa básica que no incluía nada, reemplazandola directamente por la que la siguen (que incluye la entrada, una toalla, una máscara de barro y una bebida gratis en el bar). No es un aumento, sino una modificación en las tarifas y qué incluye cada una, que de hecho creo que beneficia a los visitantes. Además, los precios pueden variar dependiendo de la demanda o del horario que seleccionen (a la hora de hacer la reserva, deben elegir la hora para llegar). Todo depende, pero en la web están muy claros los precios antes de comprar. A nosotros el 28 de diciembre, llegando por la mañana, nos salía algo de 60 euros. Estos son los nuevos precios:

Cuando compran la entrada pueden seleccionar, además, incluir el traslado al complejo desde Reykjavik que está algo de 4500 coronas islandesas (unos 35 euros). Contratando la excursión por Gray Line, nos salió aproximadamente 90 euros (si sumamos la entrada y el transporte, que es lo que incluye este tour, nos salía hasta más barato que comprarlo por la página de la Laguna Azul) y nos pasaban a buscar casi por la puerta de nuestro hotel (Hlemmur Square). El voucher nos lo enviaron por mail y ya con eso podíamos acceder tanto al transporte ida y vuelta como al complejo de la Laguna. Recuerden tenerlo impreso o digital, ya que se los piden también para tomar el bus de regreso.

Nosotros optamos por el horario de las 10 de la mañana, lo que implica que el pick-up en los hoteles arranca a las 8:30 para salir a las 9 desde Reykjavik. Después de pasar a buscarnos por los hoteles, nos dejaron en la terminal de micros, donde nos subimos a los que van hasta la Laguna. Como comenté, es un viaje de 50 kilómetros y dura aproximadamente una hora. En el camino, la magia de Islandia  —al ser invierno, recién empezábamos a ver los primeros colores del amanecer, aunque aún era de noche— es digna de apreciar.

Todavía con oscuridad llegamos al ingreso a la Blue Lagoon, con diez grados bajo cero pisándonos los tobillos y un camino rodeado de nieve que lleva hasta el acceso. Con frío, entramos a la recepción que ya se encuentra aclimatada para los turistas. Mucha información disponible sobre el complejo y una pequeña fila nos separaban de acceder al spa. Nuestra tarifa no incluía toallas así que pagamos un extra para que nos dieran unas, también unas batas, y cargaron todo en nuestra cuenta. Lo que no está pago, lo pueden comprar o consumir dentro de la laguna utilizando la pulsera que les ponen al ingresar. Básicamente todos sus gastos se cargan ahí, y luego pagan al salir. Imaginate lo incómodo que puede ser andar dando vueltas con la tarjeta de crédito por el agua o los vestuarios; la pulsera soluciona todo.

El acceso a los vestuarios obviamente está dividido para hombres y mujeres, y está prohibido tomar fotografías. Allí tienen la posibilidad de agarrar un locker, que está incluído en el precio de la entrada. Básicamente dejan todas sus cosas ahí, cierran la puerta y luego apoyan rápido su pulsera en unas máquinas que hay en el medio, cerrándose así y pudiendo abrirlos únicamente volviendo a apoyarla —yo lógicamente tuve que pedir ayuda, porque lo cerré y nunca apoyé la pulsera a tiempo—. Una vez que tienen sus cosas guardadas y su traje de baño puesto, deben dirigirse a las duchas antes de ingresar a la laguna. Ya una vez que hacen todo, recomiendan también recogerse el pelo o ponerse acondicionador, ya que el agua lo reseca mucho —doy fé, el efecto dura días.

Los vestuarios salen a una zona común, que cuenta con un pequeño bar para comer o tomar algo y un espacio para dejar toallones, batas y ojotas. Lo bueno de las aguas termales es que tienen un acceso interno desde este lugar, así que no hace falta que se congelen en el exterior para entrar; pueden ingresar directo.

Y que placer. Que lindo meterse en aguas celestes que tienen una temperatura de aproximadamente 37, 38 grados, cuando afuera hace unos 11 o 12 grados bajo cero y está empezando a amanecer. Sentís como se te empiezan a aflojar los deditos de los pies, que estaban congelados más o menos desde que habíamos llegado a Islandia. El complejo es enorme, y hay mucho para recorrer. Incluso sin salir de la laguna, se pueden poner una máscara de barro o, aún mejor, tomarse una cerveza bien fría mientras se relajan en aguas termales. También hay sidras, smoothies y jugos, que pueden disfrutar gratis (en caso que su tarifa los incluya) o cargándolos a su pulsera para pagar cuando salen. Los precios no son módicos en lo absoluto, como en gran parte de Islandia, ¿pero quién te quita el placer de tomarte una Gull helada mientras sale el sol sobre Grindavík?

El color del agua es como en las fotos, por la forma en que el sol refleja el sílice que contiene el agua. Todos pensábamos que era Photoshop, pero no. Tiene ese color y ese vapor y es absolutamente maravilloso. Con la entrada básica, además, les corresponde una máscara de barro de sílice, que les va a dejar la piel suave en cuestión de pocos minutos. Y tranquilos, todo el mundo anda con las mismas pintas que tenía yo en la foto, así que vayan tranquilos al stand que vale la pena. 

La Laguna Azul cuenta también con un restaurante (que requiere reservación previa) y dos hoteles dentro del complejo. Estos, lógicamente, son un lujo y tienen precios acorde. Si pueden gastar unos 530 euros por noche (en base doble), pueden quedarse a disfrutar del spa hasta tarde y dormir junto a la Laguna en el Silica Hotel. Si querés darte un lujo, podés rentar una suite en The Retreat por la módica suma de 800 euros la noche. Obviamente, nosotros nos quedamos en un hostel en Reykjavik, pero reconocemos que debe ser una experiencia única. Obviamente, los húespedes de los hoteles tienen, entre otras cosas, accesos privilegiados a la Laguna durante toda su estadía e incluso acceso privados.

Estuvimos unas seis horas aproximadamente en el complejo, disfrutando de la Laguna, su café, su bar y sus instalaciones. Salimos a comer algo —venden sandwiches, snacks y algunas cosas, aunque tranquilamente pueden llevar algo desde la ciudad— y luego volvimos a entrar, disfrutando no sólo el amanecer sino también el atardecer en este increíble lugar.

A la salida, también tienen la opción de llevarse algunos productos hechos con elementos naturales provenientes de la Blue Lagoon. Igual, tranquilos, que si se olvidan de comprar hay una tienda especializada en el aeropuerto de Keflavík, en los negocios del Free Shop.

Si van a Islandia, no se olviden de pasar por este maravilloso spa y regalarse un día para descansar, rodeados de un entorno natural único como sólo este país lo tiene. Las fotos, así de hermosas como las ven en todos lados, no le hacen justicia. Hay que ver para creer.

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Islandia: tierra de sueños cumplidos https://argietravellers.com/islandia-tierra-de-suenos-cumplidos/ https://argietravellers.com/islandia-tierra-de-suenos-cumplidos/#comments Tue, 30 Jan 2018 12:41:05 +0000 https://argietravellers.com/?p=556 Es muy loco como todos tenemos distintas percepciones de los países que visitamos. Hay personas que te dicen que odian Londres porque el clima es horrible. Hay otros que te dicen que París es demasiado parecida a Buenos Aires y no volverían. Otros que juran que no pondrían de nuevo un pie en la caótica Roma. Y después están los enamorados de la perfección inglesa, los románticos que se quedarían a vivir en la capital francesa, los que encuentran belleza en ese hermoso caos que es la ciudad eterna. Yo creo que es una cuestión de percepción, de expectativas, de juicios y experiencias que tenemos antes y durante nuestro viaje; quizás son gustos, quizás son diferencias a las que acostumbramos o cosas nuevas que nos dejan perplejos, ya sea para bien o para mal. A veces tiene que ver con un fanatismo por la cultura, otras veces por el choque y la fascinación es esta genera. Son gustos, y es tan personal y subjetivo que no hay guía ni referencia que sirva para definir un destino.

Mi historia con Islandia es muy particular. Mucho tiempo antes de mi viaje, mucho tiempo antes incluso de que fuera un destino dentro del itinerario, ya venía leyendo sobre este lugar. Todo el mundo hablaba con cierta fascinación. Me resultaba raro no leer críticas negativas, más allá de lo pequeña que era la capital o de lo caro que resultaba pasar unos días ahí. Sin embargo, las fotos hablaban por sí solas: tierra de aguas termales, volcanes y geysirs, de noches y días casi interminables, de auroras y nevadas, de calles pequeñas y extensiones sin habitantes, de vikingos y gente cálida. Una isla en el medio de dos continentes, muy al norte; uno de los lugares más seguros del mundo, con el agua más pura y una cultura única. Con el tiempo, empecé a obsesionarme un poco con este lugar. ¿Cómo no iba a tener ganas de conocer?

Llegamos con Icelandair, en un vuelo que debo decir superó mis expectativas. El aeropuerto de Keflavík‎ era un caos, algo que ya veníamos esperando: no sólo era época de fiestas, sino que ya estábamos al tanto de la forma en que está impactando el turismo en Islandia. Como todo destino en auge, la infraestructura del país no está preparada para la cantidad de gente que está viajando. Aún así, con un aeropuerto colapsado y muchos alojamientos llenos, pudimos hacer todo rápido y movernos pronto fuera del aeropuerto, para esperar el bus que iba a llevarnos a nuestro hostel. La empresa Reykjavik Excursions tiene un transfer que va desde el aeropuerto hasta el centro o hasta los hoteles que se están alojando y viajando por Icelandair pueden comprar los tickets directamente en el avión (también pueden comprarlos online, o en el mismo aeropuerto antes de salir). Haganse a la idea que todo en este país es caro. Si van con otra mentalidad, lo más probable es que la pasen mal porque, incluso habiendo estado en Suiza, los precios nos parecieron mucho más elevados que en otros lugares. Pero doy fe que se puede sobrevivir.

Nuestro hostel, el Hlemmur Square, fue elegido por una cuestión de costos principalmente. Era lo más barato que encontramos. Incluso si eso significaba dormir en una habitación con otras ocho personas, era todo lo que nuestro bolsillo podía soportar al final del viaje. Aunque la idea de dormir en cuartos compartidos puede resultar algo molesta para quienes no están acostumbrados, está bien para una estadía corta. La diferencia es mucha con las habitaciones privadas de Reykjavik, y el hostel la verdad que no nos decepcionó: limpio, cómodo, super bien ubicado, con personal muy amable y una buena cocina para ahorrar también por el lado de la comida. Sé que suena reiterativo, pero de verdad es así de caro. He imaginate que, aún así, seguiría volviendo una y mil veces.

Llegamos cuando ya había caído el sol, porque en invierno los días duran apenas unas cuatro o cinco horas. De verdad. El sol sale recién a las 11 y alrededor de las 15:30 ya oscurece. Los amaneceres en Islandia en esta época del año son una de las cosas más hermosas que vi. Los atardeceres, como en la foto, te dejan sin aliento. Me llevé ese recuerdo intacto. A las 11 amanece, pero pareciera que nunca termina. Es una salida del sol que dura horas. Agradezco por los días despejados que nos tocaron, porque es un auténtico espectáculo.

Esa primera noche fuimos en busca de las auroras boreales. No sólo salimos a cazarlas, sino que las encontramos ya en el camino.  Y tengo que hacer una pausa al escribir, porque se me llenan un poquito los ojos de lágrimas. Fue un sueño cumplido. Otro de los tantos. Ya contaré un poco más sobre esta experiencia, que creo que es una que todo el mundo debería experimentar por lo menos una vez en la vida. Es magia en estado puro. Aunque tuvimos muchísimo frío, al punto de ya no sentir los dedos de las manos ni para sacar fotos, levantar la cabeza y ver esos colores en el cielo es algo que te queda grabado. No lo podíamos creer. 

Otro día lo dedicamos a conocer la famosa Laguna Azul. Había visto tantas fotos. Había dudado tantas veces que el color del agua fuera realmente como lo veía cuando hacía búsquedas en Google. Me daba tanta curiosidad como podía haber un spa natural en el medio de la nada. Me generaba incertidumbre saber que afuera hacía diez grados bajo cero y me iba a meter al agua… Todas las dudas quedaron despejadas cuando llegamos. Obviamente, también merece un post aparte. Es otro de los tantos lugares increíbles que tiene este país, que parece hecho meramente para descubrir sus rincones.

Sigo diciendo que es mágico, únicamente porque es verdad. Me cuesta pensar en este país y no seguir maravillándome con todas las cosas que vi. Puertas abiertas para bajar a comprar al supermercado, confianza en la gente, tranquilidad, calles pequeñas, nieve, blanco, colores, contrastes. Esas noches eternas, con frío y luces tenues, que me quedaron grabadas como una película favorita. Las extensiones de tierra inhabitadas cada vez que nos trasladábamos de un lado al otro, las tengo en la cabeza como si fueran parte de algo irreal. Me preguntaron por el frío, por la distancia, por el idioma, por tantas cosas que creían malas… Volvería a Islandia mañana mismo. Decir que quedé fascinada es quedarse corta.

Ya estaré publicando más posts sobre este lugar, del que sin dudas tengo mucho que decir. También seguiré subiendo fotos en mi Instagram, porque es muy difícil cansarme de los paisajes islandeses y todas las cosas lindas que vimos en este país. 

Ojalá tengamos la posibilidad de volver en verano, donde los días son de 20 horas y el clima un poco más amigable. Nos quedó mucho para hacer, nos morimos de ganas de alquilar un auto y recorrer el resto del país, que es pequeño, con rutas impecables y con largos tramos de nada misma, de una inmensidad que parece surrealista. A pesar de los precios, de los que ya estaremos armando un pequeño presupuesto para que puedan tener a mano si se les ocurre conocer, volvería gustosa a gastar en este lugar, que parece lleno de secretos y cosas increíbles para descubrir. Aunque mucho nos quedó por hacer, me llevo recuerdos y experiencias únicas; unos cuantos items de mi bucketlist pudieron ser tachados en este viaje tan especial e inesperado.

Mi historia con Islandia es muy particular. Para mí, es una tierra de sueños cumplidos.

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