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Lapland – #ArgieTravellers https://argietravellers.com Blog de viajes de dos argentinos viajeros Tue, 15 Jan 2019 17:22:01 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9.4 https://argietravellers.com/wp-content/uploads/2018/06/cropped-Bandera_Argentina-32x32.png Lapland – #ArgieTravellers https://argietravellers.com 32 32 Postales desde Tromso https://argietravellers.com/postales-desde-tromso/ https://argietravellers.com/postales-desde-tromso/#respond Tue, 15 Jan 2019 17:05:15 +0000 https://argietravellers.com/?p=2100 ¿No les pasa que hay lugares que ven en fotografías muchas veces y que sueñan con visitar?

Estoy segura que sí. Eso era lo que me pasaba con Tromso, un destino que había visto mucho en la televisón, en redes sociales, en blogs amigos. Veía las fotos y me parecía un lugar increíble, de esos tan distintos y tan lejanos.

Ya saben que a veces las fotos dicen mucho, pero las sensaciones que nos transmite un lugar son, sin dudas, las que nos hacen llevarnos un recuerdo diferente. Hay lugares que son innatamente lindos, pero lo que realmente nos enamora es nuestro intercambio con ellos. Nos llevamos en la cabeza los momentos, los rincones, las personas. Tromso sin dudas nos dejó una serie de postales encantadoras, que difícilmente olvidaremos.

Coincidió también que esta fue nuestra primera vez en Noruega. Estas sociedades son para nosotros siempre algo un poco utópico. A Tromso hay que sumarle el clima, que ya de por sí parece algo salido de otro mundo: por dos meses, no ven el sol. Nosotros llegamos justo en esta época, donde la ciudad tiene color azul que va variando entre un celeste profundo y la total oscuridad. Debe ser lo más parecido a la magia que vimos.

Las casitas parecen un desfile de colores, que se hacen ver entre blanco, blanco y más blanco. Nos tocó uno de los peores eneros en cuanto a clima: no dejó de nevar, por momentos de llover, y el tiempo no fue muy gentil con nosotros. Y, sin embargo, pareció hacer de esta ciudad un paisaje todavía más increíble. Nunca habíamos estado en un lugar así. Muchos nos dijeron que tenía cosas de Ushuaia, un destino pendiente al que tendremos que ir a hacer comparaciones. Sin embargo, hay momentos y lugares que parece difícil repetirlos. Incluso si volvemos a Tromso —volver es un plan que no dudamos, en absoluto, que va a concretarse en algún momento—, dudo que vaya a ser como esta primera vez. Esa primera mirada, esa primera impresión, son cosas que uno se lleva en la memoria. Esa primera fotografía desde la ventana de nuestra habitación nos va a quedar siempre plasmada en los recuerdos.

El centro es pequeño, se recorre fácil, y sin embargo uno no puede dejar de mirar para todos lados. Es lindo. Muy lindo. Lindo del estilo de no saber cómo un lugar así puede ser real. Cómo hay gente que vive ahí como si nada. Lindo como si no fuera justo que haya en el mundo personas que nacieron y crecieron en un lugar así.

Pasar mi cumpleaños acá sin dudas fue una acierto. Buscábamos un lugar distinto, y sabíamos que lo habíamos encontrado incluso antes de llegar. Lo gracioso es que teníamos tantas ganas de hacer una excursión y el clima, como burlándose de nosotros, nos obligó a quedarnos en la ciudad. Y fue una gran idea, aún así. ¿Qué mejor que recorrer esas callecitas llenas de nieve, que un bar local, que una comida típica? Si buscaba un cumpleaños distinto, no puedo decir que no pasó.

La tormenta nos retuvo por la noche en nuestro Airbnb, con unas cervezas y algo para picar. Pero nuestros host se acercaron y nos invitaron a cenar para festejar. Ella inglesa, él noruego, nacido en esa zona (¡esa zona!). Nos contaron anécdotas, nos contaron sobre lo que ellos llaman inseguridad —de lo que teníamos algo que decir. Roban máquinas para limpiar la nieve. También roban bicicletas cuando los nenes las dejan desatendidas y se van a jugar. Imaginate si ese fuera el mayor de nuestros problemas. Parecía que hablábamos de dos mundos diferentes. Y, aún así, charlamos por horas.

Sally y Knut nos contaron sobre lo lindo que es todo en verano en su región, después de pasar lo que ellos llaman dos inviernos (los meses sin sol, y los meses de invierno cuando ya los acompaña). No les gusta dejar la ciudad para las vacaciones de verano, porque para ellos el clima en sí ya es una especie de vacación de los días típicos. Una de mis cosas preferidas cuando viajo es entender la cultura local, saber qué hacen, qué les gusta, cómo viven. No se me ocurre un regalo de aniversario mejor que escucharlo de locales, de una persona que terminó viviendo allá, de gente que le abre las puertas de su casa a viajeros de todo el mundo. Irónico, haber escuchado tantas veces que los ingleses y los nórdicos eran fríos, y habernos sentido con ellos más a gusto que en cualquier otro alojamiento que hayamos visitado.

Tromso es una ciudad que creció mucho con el turismo. Hay muchísimos tours, en su mayoría relacionados con el fenómeno de las auroras. Lo bueno de tener contactos locales, es que también nuestros hosts nos recomendaron el lugar para verlas. Hay un lago hermoso, Prestvannet, donde hay total oscuridad. Estábamos revisando el pronóstico, que no nos daba muchas esperanzas. Ibamos a salir a las 20. “Vayan más tarde”, nos dijo la dueña de casa, tranquila, mientras terminaba de cocinar. Hicimos tiempo y salimos para el lago alrededor de las 21:30. Y algo sabía. Después de caminar y dar vueltas, congelados, forzamos la vista y nos encontramos con esos colores verdes entre las estrellas. Siempre genera emoción verlas. Cuando ya habíamos perdido las esperanzas, con un clima pésimo, vimos un poquito de ese espectáculo maravilloso sobre el lago congelado. Otra postal de la ciudad.

Y saben lo que me gusta a mí visitar cafeterías cuando hace frío. Refugiarse con la nariz contra el vidrio, capuchino en mano, y ver la gente pasar. Es algo que me fascina. Y fue así como un español nos escuchó y nos empezó a hablar sobre su vida en Tromso. Ocho años en ese país y ya creía que no podía volver a España, incluso viviendo en un lugar tan bello como debe ser Menorca. Hay una complicidad con nosotros. Sabemos a qué se refiere cuando habla de un sistema que no funciona. Y Noruega es distinto, nos confiesa. Porque la gente siente orgullo de su país y su cultura, del respeto por los otros y por lo que está bien. Nos confiesa que a veces los noruegos aprovechan los días interminables de verano, cuando el clima acompaña, para hacerse los vivos y pedir parte de enfermo en el trabajo. ¿Y quién puede culparlos? El clima pide a gritos disfrutar de cualquier calidez cuando se pueda. Dos meses sin sol no deben ser lo mismo que algunos días de viaje.

Nuestro amigo español —saben que soy horrible con los nombres, y los olvido apenas me los dicen— nos cuenta sobre su trabajo. Sobre como tener una economía tan estable le dio la posibilidad de viajar, de conocer el mundo, después de escapar de la crisis de su país. Lo entendemos. Sabemos que para él la adaptación debe haber sido casi tan difícil como podría serlo para nosotros en un lugar así, porque a veces te cuesta entender cómo todo funciona tan bien y como vos podés ser parte de eso. Noruega es el paisaje perfecto donde parece ser que la gente sabe acompañarlo. Pero también somos tan diferentes culturalmente, que resulta raro encontrarse ahí, entre tanta gente que no sabe lo que es reírse de las desgracias de su país.

Incluso nuestro incidente con un vuelo demorado a la vuelta no pudo opacar los momentos. Nos mandaron a un hotel a una hora de Tromso, para compensarnos por el vuelo, que saldría unas 35 horas más tarde. Visitar Sommaroy por casualidad también nos mostró un lado de Noruega que no habíamos tenido la oportunidad de ver —literal, porque la excursión se había suspendido. Las playas son tan impresionantes como las montañas, el color del agua con sus barcos, el contraste con la nieve, las casas perdidas entre tanta inmensidad. Es un país fascinante. Por momentos, nos cuesta procesar todo lo que vimos.

Nos llevamos siempre las postales. Y las de Tromso son, sin dudas, de nuestras preferidas en la colección.

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