recaptcha-in-wp-comments-form domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131updraftplus domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131Llegamos desde Milán en uno de los trenes que va hasta Zurich, con paradas en Como (Italia), Chiasso, Lugano y Zug (Suiza). El viaje es corto, de unos treinta minutos, y relativamente económico (algo de 9 euros por persona). Hay muchos horarios disponibles, incluso en pleno invierno como fuimos nosotros, así que decidimos sacar uno temprano y salir para Como cuanto antes.
El paisaje del viaje, con la nieve y las extensiones de campo y verde, es una locura. El norte italiano (y de hecho, todo el trayecto hasta Zurich que luego hicimos) tiene unos paisajes bellísimos, y esa capa blanca de la época le daba un color especial. En la pequeña estación de Como llegamos con nuestra mochila y nos dispusimos a buscar el hotel que habíamos reservado con anticipación.
Como es de esos lugares que parecen sacados de un cuentito. Las casas, las callecitas y todo lo que las rodea es tan pintoresco que no parece real. Había una tranquilidad absoluta, que sólo confirmamos cuando llegamos a nuestro hotel, In Riva Al Lago, donde nos dejaron hacer el check in temprano y nos confesaron que la verdad no mucha gente iba a Como en esa época y no había mucho para hacer. Muy simpático nuestro recepcionista que, en un italiano lento y paciente, nos contó todo lo que podíamos hacer en aquella época, aún estando totalmente fuera de temporada. El hotel una belleza, a poca distancia del Lago y a un precio súper económico que, obviamente, tiene que ver con la época. Pagamos 55 euros la noche (habitación doble), cuando los precios para estas épocas no bajaban de los 85 euros por noche (y si tenían la suerte de que no estuviera todo reservado).
Sin embargo, sin importar época o clima, el paisaje basta para enamorar. Tuvimos un sol increíble, así que no nos podemos quejar. Las temperaturas son frías pero no fulminantes como en otras ciudades de Europa. Se puede pasear sin congelarse.
El funicular que sube desde Como hasta Brunate, lleno de restos de nieve y paisajes panorámicos, parece querer obligarnos a decir “me quiero quedar a vivir acá”. La tranquilidad en esa época del año es única y especial, mezclándose el frío con las callecitas que parecen hechas a medida. El costo de este paseo es de 5,50 euros, y les permite tener unas vistas increíbles del lago y el pueblo. Además, si tienen las fuerzas y ganas de hacer una buena caminata, pueden llegar hasta el Faro Voltiano, que tiene una de las vistas más bonitas de Como. Es una caminata de unos 28 minutos, en subida. Si tienen pensado hacerla, les recomiendo que se lleven el recorrido en Google Maps descargado en el celular, porque el camino está bastante mal señalizado y es muy sencillo perderse. Terminamos conociendo un pequeño cementerio entre los caminos de Brunate.
Debajo, en Como, todo parece muy típico, y las atracciones más turísticas no estaban en todo su esplendor. Nos tomamos ese día para disfrutar de estar en un lugar increíblemente hermoso, nos sentamos a tomar un café, caminamos por la orilla del lago y cenamos una pizza gigante en nuestra habitación de hotel.
Dada la época, descartamos el paseo en barco que lleva hasta Bellagio y Varenna, dos lugares tan encantadores como Como. Es muy fácil sacar los tickets, incluso pueden comprarse por internet, y el recorrido, si bien un poco largo, los lleva por los paisajes más bonitos del Lago Di Como. En el sitio de Gestione Navigazione Laghi pueden ver las tarifas, recorridos y horarios para planificar su viaje y aquellos lugares que quieren visitar. Una experiencia que, he oído, es imperdible, si la época del año y las condiciones climáticas acompañan. Dicen que siempre hay que dejar algo pendiente para volver, y este será nuestro plan cuando regresemos a Como.
Hay algo muy encantador de estas ciudades en épocas tan atípicas, donde las calles se oscurecen más temprano y la gente parece ser más local que visitante. Como mucha gente que no tiene más opción que viajar en esta época de invierno europeo, aprendimos a encontrar el encanto en las calles con nieve, los gorritos de lana y los capuccinos frente al lago. Caminamos por ahí, sintiéndonos parte del lugar y no obligándonos a visitar todo lo que debíamos, algo que se está volviendo costumbre en estos últimos viajes.
Por favor, si están por Milán, vayan a conocer el Lago Di Como y disfruten de sentarse en la orilla y disfrutar de una de las tantas ciudades con callecitas de cuento que tiene la bellísima Italia, que sabe encantarnos en cualquier época del año.
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Soy muy fanática del fútbol desde que era muy chiquita. Después de ir un par de veces a Europa, me había quedado con las ganas (entre algunas otras cosas) de poder asistir a un partido de fútbol en alguno de esos increíbles estadios de grandes equipos. Había hecho el tour por el del Real Madrid, por el del Arsenal, pero nunca había tenido la suerte de poder asistir a uno de esos espectáculos tan maravillosos que sólo había visto por la tele. Por eso, cuando supe que iba a estar en Milán justo para un partido de calcio italiano, no quise dejar pasar la oportunidad.
Por lo general, las entradas se pueden comprar por internet. Nosotros las sacamos con casi un mes de anticipación por la web, y nos salieron algo de 25 euros (el tour del estadio, en días que no hay partido, está 18, por lo que parecía negocio). Sin embargo, en los mismos hoteles, los empleados de la recepción suelen dar una mano con la compra de los mismos. A nosotros nos hicieron el favor de imprimir las que ya habíamos comprado desde casa, pero cuando salíamos vimos a otro grupo intentando comprar. Obviamente, la disponibilidad de tickets siempre depende de la importancia del partido y la ciudad.
Milan-Napoli. El norte contra el sur en el icónico Giussepe Meazza. Los estadios europeos, por lo general, tienen muy buen acceso con el transporte público. En el caso de todos los que visité, llegué hasta ahí en metro y sin ningún problema. Al Meazza llegamos de este modo y, si bien viajamos bastante apretados entre napolitanos e hinchas del rossonero, la frecuencia del subte es impecable y el orden no se perdió en ningún momento.
La seguridad en Europa es palabra mayor. Más allá de los controles, la gente tiene otra idea de lo que es ir a la cancha. Si bien existen siempre los inadaptados, el ambiente es diferente y mucho más organizado de lo que he visto en países latinoamericanos. Obviamente, cuando sacamos entradas en la popular no lo sabíamos (estábamos en la misma zona que la barra), pero en esa zona no se respetan mucho los números de los asientos y terminamos sentados por cualquier lado. Estando en una parte que, creímos, podía llegar a ser heavy, conseguimos sentarnos y tener una buena vista del partido. Muy tranquilo todo, y con hinchas del Napoli al lado. Incluso cuando los del sur iban ganando 2 a 1, nunca pasó de algún insulto casual o esas cosas que sabemos pasan durante los partidos de fútbol.

Fuera del estadio, antes de ingresar, hay una suerte de puestitos en la calle donde los hinchas disfrutan de comer algo, tomarse una cerveza y cantar un poco. Es un ambiente que, lejos de ser hostil o intimidante, es muy agradable. Se mezclan los colores, se mezcla la gente y realmente se trata como lo que es: un espectáculo. El ambiente es agradable. Nosotros compramos algo para comer con una cerveza (los precios no difieren de cualquier otro lugar) y después ingresamos sin contratiempos.
El clima siempre es una fiesta, como en cualquier estadio del mundo. Aunque las hinchadas argentinas generan un clima único (lamentablemente opacado por cuestiones que exceden a los hinchas que simplemente disfrutamos del fútbol), el tamaño de los estadios de Europa genera una sensación muy especial a la hora de ver un espectáculo. La gente vitoreando cuando nombran a cada uno de los jugadores, las puteadas tanas (con las que muchos estamos familiarizados) cuando pierden la pelota, los festejos… Es un clima conocido, pero a su vez parece todo nuevo. Y ni les cuento la sensación de tranquilidad de poder disfrutar un partido siendo hincha imparcial, sin sufrir ni un poco por el resultado final.
La salida es ordenada, aunque la cantidad de gente enseguida hace que las calles se alboroten un poco y el transporte público no parece una opción tan tentadora para el regreso. En el estadio del Milan, particularmente, nos encontramos con un sistema que nunca habíamos visto: la estación de metro San Siro se encuentra cerrada con puertas tipo molinetes, como los que se utilizan para acceder al estadio. Los mismos se habilitan únicamente cuando el metro está llegando y permiten el ingreso a un determinado número de gente, que va contando en pantallas a la vista de toda la multitud. En un clima divertido, los hinchas le gritan ‘ole’ a los que están por pasar y el tiempo realmente se pasa rápido mientras uno espera para volver en un subte que, lejos de estar colapsado, nos permite viajar decentemente y poder regresar a nuestro hotel.
Realmente es una experiencia que recomiendo para cualquier fanático del fútbol: aunque el corazón se encuentre con los colores en Argentina, el fútbol europeo y sus costumbres son demasiado lindas como para perderse del espectáculo.
]]>Hay muchos estereotipos de los italianos. Y ya veníamos de verlos todos en el sur, en Roma, en Florencia y en Venecia. Ya los conocíamos. Ya había estado en Italia y sabía que las historias que me habían contado eran ciertas. Sabía que era un país un poco más sucio, más familiar, menos estructurado que el resto de los países europeos que había conocido.
Sin embargo, Milán es otra cosa. Milán fue ese lugar en el que dije “acá me quedaría a vivir”. De verdad. Ese fue el pensamiento con el que me fui de una de las ciudades, a mi parecer, más lindas de Italia. Y no confundamos linda con pintoresca. Italia en sí es una belleza por donde se la mire. Italia te enamora una y otra vez, con un pueblo, una callecita, un rincón… Es así. Sin embargo, Milán fue diferente.
Llegamos con Italotreno desde Florencia. La estación de Milán es bellísima y, aunque Termini estaba mucho más linda este año (yo había estado en 2014, e hicieron muchas obras desde entonces), son dos cosas totalmente distintas. La ciudad de Lombardía tiene el encanto de las capitales como París o Londres, algo muy diferente a lo que se siente en el resto de Italia.
Desde la estación, nos tomamos el metro hasta nuestro hotel, casi al final de Corso Sempione. En un barrio más bien de edificios y oficinas, encontramos una zona tranquila y a pocos minutos del centro, que también tenía cercanía con el estadio San Siro y la estación de buses Lampugnano (desde donde salíamos hacia Génova). Como en la mayoría de las ciudades europeas, es recomendable sacar en la estación el pase de metro por día, que es mucho más económico que los viajes individuales y les permite recorrer con más facilidad. El abono diario sale 4,50 euros, un valor que resulta muy conveniente teniendo en cuenta que el billete único sale 1,50 (con una duración de 90 minutos para hacer trasbordo). La red de metro de Milán es muy buena, muy limpia y con muy buen acceso a los puntos de interés de la ciudad.
Milán es conocida también por ser una de las ciudades más caras de Italia. En estas ciudades, como siempre, hay que poner en práctica algunas cosas si lo que buscamos es no gastar de más. Nosotros elegimos un hotel un poco alejado del centro, pero con una excelente conexión mediante metro y tranvía. Esto nos permitió ir a un alojamiento bastante mejor (que encima encontramos en oferta gracias a los truquitos que aprendimos de Booking) y en un barrio donde también podíamos comer por menos. A una cuadra teníamos un supermercado y, al tener una habitación con frigobar, pudimos comprar bastantes cosas para guardar e ir comiendo sin tener que sentarnos en un restaurante. A pocas cuadras también había una pizzería muy económica, por lo que la comida no fue un problema durante nuestra estadía. Con el pase de metro por día, nos movimos por toda la ciudad sin ningún problema y llegamos a todos los puntos turísticos en menos de 30′ de viaje.
Por primera vez desde que habíamos llegado a Italia sentimos frío de verdad. Por eso, la primera noche que llegamos al centro, nos refugiamos entre los locales y la galería Vittorio Emanuelle, ubicada a metros del Duomo.
Ah, el Duomo… Una de las construcciones más bellas que vi. Salir del subte y verlo ahí, imponente, iluminado y rodeado de gente. Que sensación hermosa esa de ver por primera vez, en vivo y en directo, algo que nos cansamos de ver en fotografías. Es una experiencia única. Y la famosísima catedral es tan linda como en las imágenes que vemos apenas pensamos en Milán. Me atrevo a decir, todavía más linda. Increíble. Por suerte, al ser invierno, a pesar de que fuimos sin entrada no tuvimos que esperar nada para ingresar. Por lo general -en especial si van en temporada alta- es muy recomendable llevar las entradas ya emitidas por internet. Las entradas arrancan en los 3,50 euros, dependiendo de lo que quieran visitar. Tienen la opción de subir a la catedral por escaleras, o hacerlo por ascensor por un par más de euros. Los tickets los pueden comprar desde este link.
En Milán nos relajamos mucho. A nivel turístico, no hay demasiadas cosas por hacer. Dejamos de lado el cartelito de turista y nos dedicamos simplemente a caminar por la ciudad, a conocer sus calles y sus cafés, los rincones y parques, los edificios y monumentos. El Parco Sempione es un lugar hermoso para andar, para descansar y un punto desde donde se pueden acceder a varias calles interesantes para conocer la ciudad.
Por la noche, la zona de Naviglio Grande es un imperdible para los que buscan un lindo restaurante, una mesita afuera, una terraza o un bar para tomar algo. Es una zona gastronómica muy pintoresca, a la que se puede llegar fácilmente con el subte (Porta Genova) y caminando un poco. De noche, se llena de gente y de vida, mezclando las luces decorativas con las de los locales abiertos hasta altas horas de la noche.
¿Los imperdibles?
Además del Duomo de Milán, la Galería Vittorio Emanuelle y la zona de bares de Naviglio, recomiendo darse un paso por la Terrazza Aperol, ubicada justo enfrente en una especie de pequeño shopping que tiene cosas muy lindas para comprar y para comer. La vista del Duomo es majestuosa y esa zona de Milán, si bien turística, es muy linda para hacer a pie.
Para los fanáticos del fútbol, ir al icónico Giuseppe Meazza es un paseo que no pueden dejar de hacer. Nosotros tuvimos la suerte de poder ir a ver un partido del Milan durante nuestra estadía y, sin dudas, fue una experiencia que, como simpatizante de este deporte, me gustaría repetir una y mil veces. Habrá post al respecto, obvio.
El barrio chino también es otro sector interesante para explorar la ciudad, comprar comidas y productos muy variados y disfrutar de otra cara de Milán. Un barrio lleno de colores, de sabores y con varios mercados para explorar la cultura oriental en Italia. Es bastante disperso (A diferencia del de Buenos Aires, concentrado en unas pocas callecitas), pero si les interesan este tipo de lugares está bueno darse una vuelta. Desde la estación Porta Garibaldi, es una pequeña caminata hasta este barrio.
Nosotros, pecando de ser muy poco turistas, no fuimos a ver La Última Cena. Creo que algunas veces, cuando uno tiene poco tiempo en una ciudad, debe elegir lo que prefiere hacer en lugar de lo que está esperado que haga. En algunos lugares, es preferible no sentirse forzado por la obligación de recorrer todo lo turístico, y disfrutar de las cosas que nos interesan a nosotros. Obviamente, si les gusta el arte, es un paseo obligado, ya que para los entendidos en la materia, verla es motivo suficiente para hacer una visita a Milán. Las entradas se pueden comprar online.
Yo personalmente recomiendo, en general, tomarse un tranvía, recorrer los barrios y dejarse llevar por esas calles que, sin apuro ni excesos, nos dejaron encantados con una de las ciudades más cosmopolitas de Italia.
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