recaptcha-in-wp-comments-form domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131updraftplus domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131Estuvimos cuatro días en la isla. Ya conté en otro post que el auto nos pareció indispensable si quieren disfrutar a full de esta isla, que no se encuentra super preparada para el turismo pero que si tiene muchísimas playas increíbles para conocer. Recomendé alojarse en la zona de Willemstad, ya que es más bien en el medio de Curaçao, teniendo buen acceso tanto al norte como al sur de la isla, y bastante cerca de la que, para mí, es una de las playas más lindas. Armamos un pequeño itinerario (sumándole un día más que nosotros no tuvimos), dividiendo día por día lo que hicimos y cómo aprovechar al máximo el tiempo en este pequeño paraíso.
Día 1: Playas del norte.
Desde tempranito agarramos el auto y salimos para la zona de Westpunt, donde habíamos leído que se encontraban las playas más lindas. Ciertamente, son bastante increìbles. No sabemos si fue la temporada, suerte, o si simplemente son así todo el año, pero en todas había muy poca gente. La pinta que tienen es paradisíaca, en serio. Las playas que visitamos fueron:
Día 2: Mamboo Beach.
El segundo día plantamos bandera en esta playa, que fue sin dudas la que más nos gustó. Es una playa privada, hay que tener en cuenta eso, pero puedo garantizarles que el ingreso de 3,50 dólares por persona vale le pena. El lugar está super limpio, no hay abejas como vimos en otras, hay muchas opciones para comer y tomar algo, y tanto el agua como la playa están impecables. No hay rocas, sino que más bien parece una piscina. Además, rentan sillas de playa por otros 3,50 dólares, y pueden utilizarlas durante todo el día. Quedamos fascinados, realmente.
Después del rally del día anterior, elegimos esta playa para quedarnos hasta tarde. Como conté ya en Instagram, por la noche hay un barcito de playa donde la gente toma cerveza, tienen comida y hay un muy buen ambiente, con música y fiesta. Es realmente un lugar para ir a pasar el día. Había bastante gente, pero no al punto de llegar a ser molesto. Igualmente, si buscan paz absoluta, probablemente deberían ir a otro lado o llegar bien temprano. Después del mediodía, la playa empieza a llenarse con familias que se alojan en los resorts de la zona. Como dije, no es molesto, pero definitivamente hay playas más tranquilas.
Día 3: playas del oeste y parque de los Flamengos.
Las tres playas están muy cerquita entre sí y es muy fácil acceder con el auto. El parque de los Flamengos está también por ahí nomás y, si bien no lo visitamos, pueden llegar enseguida desde cualquiera de estas tres playas.
Día 4: Kokomo Beach
Otra playa con entrada gratuita, donde únicamente cobran las sillas. Hay un buen restaurante para comer (los precios son un poquito más elevados que en otras zonas, pero la comida estaba muy buena). La playa tiene una hamaca en el agua, que creo que es como la postal del lugar. La realidad es que la playa a nosotros mucho no nos gustó. Tomamos la foto a duras penas, ya que hay muchísimas piedras y no está buena para bañarse a menos que tengan zapatos náuticos. Lo que si vimos fue mucha gente haciendo buceo, y creo que si les interesan este tipo de actividades seguramente les resulte mucho más atractiva que a nosotros.
Este día decidimos volver a Mambo Beach, porque nos había encantado y teníamos ganas de descansar. El Fort St. Michiel está en el camino. Es más que nada una zona histórica, pero le falta mucho mantenimiento. Es interesante verlo si están de paso, aunque realmente no es nada del otro mundo.
Día 5: Klein Curaçao.
Esta fue una excursión que decidimos no hacer, ya que queríamos aprovechar el tiempo en la isla y nos habían comentado que el viaje en barco puede ser un poco violento para aquellos que se marean (que es mi caso). La realidad es que preferíamos recorrer, aprovechando que ya teníamos el auto alquilado hasta el final del viaje, pero es un paseo sobre el que he leído muchas cosas buenas. Klein Curaçao es una pequeña isla (apenas 1,7 kilómetros cuadrados), que se encuentra al sureste del territorio principal. Dicen que las playas son de las más lindas de Curaçao, pero no hay mucho más que eso para hacer. Si tienen tiempo, hay barcos que salen desde la zona de Jan Thiel y que les permiten pasar el día en esta pequeña isla paradisíaca. Desde la página de Mermaid Boat Trips pueden hacer la reserva. Sale 110 dólares e incluye traslados, desayuno, bebidas sin alcohol, almuerzo, uso de sillas de playa y elementos para hacer snorkel, entre otros.
Este es el mapa, que tiene todas las atracciones marcadas para que puedan guardalo y acceder a él sin conexión, si buscan hacer playa en Curaçao y conocer todos los lugares maravillosos que tiene esta isla.
]]>Brighton es un lugar muy particular. Es raro salir de Londres, porque los lugares conservan ese aire inglés y antiguo, pero hay algo mucho menos glamoroso y familiar que te hace sentir, de alguna forma extraña, menos turista. No es un lugar para abusar de las atracciones, sino para disfrutar un poco más de esa tranquilidad de recorrer un lugar sin tener una excesiva e imposible cantidad de cosas para ver.
Cuando salí de la estación, no pude evitar buscar inmediatamente mi salida hacia la costa. Porque quería ver el muelle con mis propios ojos, aunque era invierno y sabía que iba a distar mucho de las fotografías llenas de gente que había visto. Con un saco y una bufanda enroscada alrededor del cuello, me encontré caminando por una playa inmensa, que en lugar de arena tiene piedras que hacen que caminar sea una tarea bastante más complicada. Pero ahí se ve el muelle, y la rueda, y esas costas tan pulcras como todo lo que involucra a la isla británica. Me senté un rato sobre las piedras, cerca de la orilla, en un mediodía frío pero con el sol a mi favor, a escuchar el agua y a ver a la poca gente que pasaba caminando por ahí, con esa tranquilidad que brinda la ciudad en esa época del año.
Entré al famoso paseo del Brighton Pier, lleno de juegos y gente, aunque con una cierta tranquilidad que indicaba que obviamente no era su época de esplendor. El acuario, las playas y los alrededores parecían demasiado tranquilos para una ciudad conocida por el turismo local que recibe.
Pasé por teatros y callecitas; vale la pena observar sus establecimientos porque tienen una mezcla de tradicional, pintoresco y pueblerino que resulta encantador. Perderse por las calles y encontrar recovecos, graffitis y edificios menos pulcros que los londinenses son cosas que disfruto, con esa tranquilidad de una ciudad en la que en invierno empieza a caer la noche antes de las seis de la tarde.
Y el tiempo en Inglaterra es así, loco, y cuando caminaba por una de esas calles sin nombres que pueda recordar, empezó a llover y tuve que sentarme en un café. Y realmente es difícil no sentarse ahí, con un libro y un tema de Beach House sonando de fondo, y no sentir un extraño sentido de pertenencia. Porque es casi hollywoodense, porque tiene esos aires de película de Hugh Grant que es inevitable no imaginarnos. A la lluvia siguió la nieve (saqué la cámara y filmé, porque los cambios del clima inglés seguían sorprendiéndome, incluso después de haber estado ahí ya por un buen tiempo) y me vi obligada a meterme en una librería. Las variedades y las estanterías infinitas me hicieron perderme por lo que pueden haber sido minutos, o quizás horas. Sólo salí porque tenía que volver (y porque solo tenía unas libras para comprar los dos libros que ya tenía bajo el brazo), pero era para quedarse una vida (sobre todo porque afuera cada vez hacía más frío, y en la costa se siente más que en la capital).
La estación está cerca, por lo que resulta accesible y un día basta para ver un poco de esa historia de una de las ciudades costeras más famosas de Inglaterra, aunque mucha gente me dijo que la noche y el centro tienen un movimiento interesante como para quedarse un poco más. Es un lugar con unas cuantas postales bonitas, que recomiendo visitar, sobre todo para aquellos que buscan un rincón para relajarse dentro de un país con tantos matices como es Inglaterra.
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