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Si hay algo que me fascina de Europa, son sus mercados. En gran parte de las ciudades europeas, es común encontrar este tipo de lugares, donde se pueden comprar cosas para comer o para llevar, por lo general de producción local.
En el caso de Florencia, el Mercato Centrale me pareció ideal para ir a la hora del almuerzo. En una zona céntrica, cerca de la Galleria dell’Accademia, se encuentra este gran mercado, un edificio antiguo con una gran fachada. El interior es enorme, repleto de puestitos que venden las cosas más variadas: especias, fideos, caramelos, frutas, bebidas alcohólicas, condimentos… Dan ganas de llevarse todo. La mayor parte de la planta baja está dedicada a la venta de productos para llevar, aunque alguno que otro vende comida hecha. También hay mucha oferta de fiambres, y algunas personas disfrutan de sus compras en el momento.
Sin embargo, en la planta superior encontramos la solución para toda una mañana recorriendo y sin comer nada desde el desayuno: un gran patio de comidas, con mesas por todos lados y locales de las más diversas especialidades italianas. Podés pedir lo que quieras: pastas, pizza, pescados… Y podés sentarte a comer donde quieras, en esta suerte de autoservicio donde tenés la libertad de elegir lo que quieras comer. También tienen cerveza tirada y vinos regionales. Los precios están bastante bien, y la comida, si bien no es super abundante, está muy buena. Además el ambiente, los techos altos, la variedad de opciones… Es un lugar que verdaderamente recomiendo para una parada técnica y para llevarse algún producto típico de la gastronomía italiana.
Nosotros comimos una pizza y unas pastas, y dos pintas de cerveza, y gastamos alrededor de 20 euros. Es un ambiente muy relajado para comer e incluso en invierno se está bien, a pesar de los techos altos y un edificio que desde afuera no parece del todo acogedor. De postre optamos por unos chocolates italianos, mientras comprábamos recuerdos para llevar a la familia.
El dato de color: encontramos el famoso Fernet italiano y… les digo la verdad, mejor comprarlo acá. La botella se consigue por la módica suma de $350.
Uno de los rincones recomendados de Florencia, sin dudas. Está abierto de ocho de la mañana a doce de la noche y en una zona muy céntrica… No tenés excusas para no ir.
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En mi estadía en Londres, descubrí que la comida no es lo que se dice un punto fuerte en la capital inglesa. Hay mucha variedad, aunque no hay una especialidad local que fascine, los precios son altos y sentarse en un restaurante no es algo que queramos hacer si vamos con bajo presupuesto. Es acá cuando llegó el Borough Market, y no pude estar más feliz de encontrarlo.
Terminaban las clases de inglés que estaba tomando por aquel momento, y estábamos por la zona de Waterloo, sin planes pero con mucho hambre. Después de caminar durante un rato, en esos encuentros casuales que uno tiene cuando todavía no conoce una ciudad, dimos con este mercado, que ya desde afuera parece ser una invitación a explorarlo.
Las opciones gastronómicas son amplias, pero todas bajo el mismo concepto: es comida de paso. Nos sorprendió mucho, además, la diversidad no sólo de comida, sino también de la gente que frecuenta este gran mercado. Lejos de las zonas únicamente pobladas de turistas, en el Borough pudimos ver una armoniosa combinación entre aquellos que llegaban por curiosidad, y aquellos que eran asiduos del lugar. Gente de traje, haciendo su break para comer después de una mañana en la oficina, londinenses sentados en los canteros, en los rincones que podían encontrar o simplemente de pie con su platito, comiendo algo al paso antes de volver a trabajar.
Las opciones de comida son muy especiales, muy buenas y económicas para lo que son los precios en la capital inglesa. Comimos sándwiches de queso derretido y verdeo que estaban tan buenos como para repetir, papas hervidas con cáscara y queso derretido, pastas e incluso comida india, todo en el mismo lugar. También probamos comida típica alemana y una cheesecake de Nutella que queríamos llevarnos entera para el departamento.
Además del ambiente descontracturado, hay mucha opción para comprar productos, para llevarse un recuerdo a casa, o simplemente para disfrutar de esos ocasionales días de sol en Londres y comer al aire libre después de comprar en el mercado.
El dato de color para los argentinos: hay un local que vende yerba mate, empanadas y dulce de leche. Si andan extrañando o tienen abstinencia, o llevaron el juego de mate y se quedaron sin provisiones, ya saben dónde ir a buscar.
Para mí, un must en la visita a Londres.
]]>Nuestra visita por Ciudad del Este fue breve. Nos habían dicho que “no es una ciudad para salir a tomar un café con la familia”, palabras literales de nuestro guía en Foz de Iguazú, y es verdad. Nuestra primera impresión de la ciudad fue que no era un lugar para andar caminando sin rumbo. Hay que tener una idea clara de a dónde nos dirigimos e ir directamente ahí. Las recomendaciones son los centros comerciales, ya que de alguna forma garantizan que lo que se está comprando es legítimo (nosotros fuimos al Shopping del Este, que está casi a la entrada de la ciudad y que tiene una buena variedad de locales). Todo el mundo recomienda no comprar bajo ningún punto en la calle, ya que hay una alta posibilidad de que lo que nos llevemos a casa no sea del todo bueno. Además, como ya les digo, no es el sitio ideal como para andar paseando. La idea de esta ciudad es, en mi opinión, ir a comprar cosas específicas y tener una idea de precios y lugares antes de salir. Con antelación, buscar páginas que tengan buenas críticas (Monalisa y Cell Shop son dos conocidas, por ejemplo, que manejan buenas ofertas, que pueden verse desde sus sitios web antes de ir al local), comparar precios y salir con direcciones concretas. Hay mucha oferta de modelos, mucha variedad de precios y a veces puede ser un poco abrumador. Mejor ir con ideas puntuales. Si después les pasa que ven algo más y les convence el valor, bienvenido sea.
Otra cosa sobre la que me habían hablado era el regateo. Es algo normal. Hablen, comenten que vieron las cosas más baratas en otro local, lloren un poco incluso cuando acá no estamos muy acostumbrados a eso. Todos los locales dicen un precio pero uno puede sacarles, dependiendo del producto, unos cuantos dólares de rebaja. Para nosotros, la variación en el precio, teniendo en cuenta que todo está en moneda norteamericana, puede suponer una diferencia importante.
Otro tema sobre el que también había leído mucho es el límite de compras por persona. Actualmente, son 300 dólares por cabeza, y hay que pagar un recargo del 50% por ese extra que nos excedamos. Esa es la versión oficial, por lo menos. La realidad es que el control en la frontera argentina es una ruleta. Los autos particulares generalmente sufren más controles que los que son de tours, como nos pasó a nosotros, que pasamos sin que nos revisaran absolutamente nada y con productos que excedían ese límite. Tenés que ir preparado para saber que te puede tocar o no, aunque creo que las chances son más bien bajas.
Ya sabés, si están planeando renovar el celular, comprarse una computadora o una cámara profesional, el paseo se justifica, siempre y cuando tengas idea de lo que querés y de la diferencia que podés llegar a sacar. Como nos dijeron desde un principio, si tienen ganas de ir a hacer un city tour, mejor sigan de largo.
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