recaptcha-in-wp-comments-form domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131updraftplus domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131Pero sobrevivimos. Doy fe que, teniendo algunas cosas en cuenta y resignando algunos lujos, se puede conocer Suiza sin gastar una barbaridad. El sacrificio —si es que podemos llamarlo así— vale la pena para conocer uno de los países más perfectos en los que tuve la suerte de estar. No en vano tienen su fama lo suizos: su país es realmente una belleza, con una pulcritud y una abundancia de naturaleza que por momentos parece de fantasía.
Primero que nada, hay que hablar del transporte, que es bastante más caro que la media europea. Nosotros veníamos de Italia, donde habíamos podido viajar en tren y micros por unos pocos euros y usar el transporte público por otro poco. En Suiza, depende un poco de lo que quieran hacer, pero el servicio de micros es casi inexistente (nosotros encontramos Purple Bus, pero en aquel momento recién estaban arrancando y tenían muy pocos horarios). Depende mucho de las fechas que vayan, pero podemos hablar de recorridos entre, por ejemplo, Zurich y Lucerna por 15 euros. No es una locura, pero es algo más caro (sobre todo teniendo en cuenta que es un viaje de 45 minutos). Hay que decirlo, igualmente, los trenes suizos son un lujo. Tuvimos la suerte de ir de Como a Zurich en un SBB (escribimos al respecto) y le hacen justicia al valor de sus tickets. De cualquier forma, les recomiendo que revisen el nuevo sitio de Purple Bus, que tiene buenos precios y conecta algunas de las ciudades de Suiza Central. Luego hay que tener en cuenta el transporte interno de cada ciudad, de lo que ya hablaremos.
En el caso puntual de Lugano, nuestro primer destino dentro de Suiza, es una ciudad pequeña en la que es bastante fácil moverse. Nosotros elegimos el Ibis Budget Lugano Paradiso porque fue, de hecho, el resultado más barato que nos apareció en Booking. Por 49 euros conseguimos una habitación doble con baño privado, lo que parecía un muy buen precio para una ciudad como Lugano. Tengan en cuenta que Paradiso está algo alejado del centro (igualmente llegamos caminando desde la estación). Lógicamente, mi consejo es que, si buscan ahorrar, quedarse en las afueras del centro puede ser una buena idea. Si prefieren estar más cerca, ya tienen que hablar de unos 95 euros (Hotel&Hostel Montarina, hay camas en habitaciones de 14/16 personas por 25 euros) y el alojamiento es con baño compartido. Siempre creo que es cuestión de resignar comodidades o ubicación y nosotros, siendo un lugar pequeño, nos decidimos por esta última. Nosotros fuimos en temporada super baja, algo que también influye si lo que buscan es ahorrar en alojamiento.
Lugano en sí es una belleza, como ya conté en algún momento. Pero —como ya deben imaginar— comer también es caro. Hablamos del país que tiene el Big Mac más caro del mundo (casi 7 dólares), por lo que se imaginarán que incluso sentarse a comer en un local de comida rápida es un presupuesto. Sin embargo, es más barato tomar una comida como puede ser una hamburguesa o un sandwich que sentarse a comer. Para sentarnos en un restaurante teníamos que hablar de unos 25 euros por persona, como mínimo, algo que nos parecía una locura viniendo de un lugar como Italia, donde se come bien y barato. Si se sientan en algún local de comida rápida, pueden sobrevivir por 13, 14 euros. El transporte público, por otro lado, está bastante bien. El ticket para el autobús está 1,90 euros aproximadamente (2,20 francos suizos) que, si bien no es económico, es un precio bastante normal para ser Suiza y que conecta muy bien la ciudad (desde el centro llegamos a la puerta de nuestro hotel en 5 minutos (línea 2), aunque la realidad es que las distancias también son fáciles de hacer a pie.
Zurich es otro tema. Intimida un poco el saber el costo de vida de esta ciudad de antemano. Habíamos conseguido en promoción el Leonardo Boutique Hotel Rigihof Zurich, que hoy en día está 100 euros la noche (habitación doble, que en aquel momento nos salió algo de 80 euros. Sabíamos que no era un ofertón, pero la realidad es que teníamos poco tiempo en la ciudad y la ubicación del hotel era excelente, y con un supermercado a una cuadra, lo que hizo el tema del ahorro mucho más fácil). La cadena Swiss Star tiene algunos hoteles a muy buen precio que, si bien no están exactamente en el centro de la ciudad, se encuentran bien ubicados y con buen acceso al transporte público (entre 60 y 80 euros la habitación doble). Si viajan solos, una buena idea es quizás recurrir a Airbnb. Si bien hay habitaciones en hostels por 33, 34 euros, hay habitaciones privadas en Airbnb que pueden conseguir por 20 euros y con muy buena ubicación. Incluso si viajan en pareja puede ser una buena opción. Sumando si usan el código de descuento si se registran desde acá, pueden llegar a ahorrar bastante.
El transporte en Zurich lo usamos para ir del hotel a la estación de trenes. El ticket básico para un viaje sale casi 4 euros (4,20 coronas), por lo que es recomendable sacar el ticket por 24 horas, que sale unos 8 (8,60 CHF). Tengan en cuenta que este valor es para la zona 1, donde se encuentran la mayoría de las atracciones turísticas. Si quieren ir al aeropuerto en transporte público, deberán pagar más ya que se encuentra en otra zona. Pero para moverse por la ciudad este ticket es ideal y, considerando lo que sale un solo viaje, mucho más conveniente.
La comida en Zurich fue un desafío, algo que parecía ser un patrón en territorio suizo. Si van con un buen presupuesto, les puedo asegurar que los lugares para comer fondue son una belleza. Nosotros, dado que ya veníamos en la última etapa del viaje y tratando de escatimar con los gastos, optamos por la opción más fácil: comprar en supermercados. El que teníamos cerca no era gigante, pero tenía muchas cosas. El costo de vida es más caro, por lo que lógicamente todos los productos lo son, pero es cuestión de buscar. Incluso los productos que están por vencer los venden más baratos (tipo cosas de pastelería), por lo que si lo van a consumir en el día es una buena opción. También compramos las sopas de fideos tipo Maruchan que se preparan con agua caliente (nuestra habitación tenía hervidor eléctrico), lo que puede convertirse tranquilamente en una cena liviana y muy económica.
Es lógico igualmente que quieran sentarse a comer en un lugar cómodo, sobre todo si visitan Zurich en invierno, donde el sol puede estar oculto por semanas y las temperaturas se vuelven bajo cero. Burguermeister tiene los precios de un McDonalds, donde pueden comer hamburguesas más tipo caseras y por un precio más o menos decente para lo que es el país (desde 20 euros por persona, aproximadamente). Ahora, si lo que buscan es probar algo más típico, en Sternen Grill pueden probar el famoso Curry Wurst por 7,50 euros. Se agradece la comida caliente después de andar todo el día por la ciudad. También pasamos por un Starbucks, que tiene precios decentes para desayunar (ya que nuestro hotel no lo incluía). En la estación Zurich HB, también hay algunas opciones muy económicas para comer (en el subsuelo). Nosotros paramos a comer pastas en Valentino Box antes de irnos, y pagamos un muy buen precio por dos platos de fideos ricos y relativamente abundantes. También están los supermercados Coop, el take out de los supermercados Migros para comprar comida, y otras cuantas opciones rápidas para disfrutar al paso por poca plata.
En definitiva, en Suiza aplicamos lo que hacemos en todos los viajes, un poco llevado al extremo: evitamos los restaurantes, tratamos de caminar y conocer por nuestra cuenta y de alojarnos en lugares que estuvieran un poco más alejados del centro. La realidad es que si se quiere, se puede, y próximamente tendremos otro desafío de presupuesto en una ciudad muy cara, para el que ya vamos más que preparados. Lo que les aseguro es que se puede conocer Suiza y no morir (o quedar en rojo) en el intento.
]]>Después de comparar excursiones, nos decidimos por el Monte Titlis, con un breve paso por la ciudad de Lucerna. La compramos con anticipación por Despegar y, dados los precios que maneja Suiza, no nos resultó extraño que el precio estuviera por arriba de la media. Pagamos algo de 120 dólares por persona, pero el paseo realmente parecía valer la pena y nos resultaba muy difícil pensar que era algo que podíamos hacer por nuestra cuenta.
Después de un desayuno rápido, en un Starbucks cerca de la estación de buses Sihlquai (al lado de la estación central), fuimos hasta el parking a buscar nuestro tour. El bus estaba esperándonos y, muy en contra de la voluntad de la guía, se retrasó un poco porque debimos esperar a un pasajero que tenía que ir al baño… Puede pasar.
Las excursiones se encuentran mezcladas, por lo que nos dieron un sticker para identificarnos. Algunos van a Pilatus, por lo que primero se los deja a ellos antes de seguir con el recorrido. En otro momento, quizás nos hubiese molestado perder tiempo. Pero los paisajes por los que pasamos, incluso llegar hasta el borde del monte y seguir por un camino lleno de nieve y montañas no nos pareció exactamente una pérdida de tiempo. El camino es bellísimo. No me canso nunca de decir que Suiza es un país hermoso desde donde se lo mire.
Llegamos a Lucerna a media mañana. Hicimos primero una parada en el famoso monumento del León, al que Mark Twain catalogó como más melancólico y conmovedor del mundo. Es bellísimo. Pero, después de todo, toda Lucerna lo es. Tuvimos sólo una hora libre para conocer el centro de la ciudad, pero basta para saber que sigue siendo otro de los increíbles destinos de Suiza. Ver el Kapellbrücke, el icónico puente de la ciudad, parece un sueño; algo salido de algún cuento. Las callecitas, los locales, la gente… Es todo tan pintoresco que enamora. Es una ciudad que ya marqué para volver en un futuro. Suiza es, en realidad, un lugar al que quisiera volver.
Después de una breve parada para el café (cielo gris y temperaturas bajo cero lo ameritaban), volvimos al micro y seguimos nuestro camino. Después de una ruta serpenteante de caminos entre árboles y nieve, y en subida, llegamos hasta la base del Monte Titlis. Siendo pleno invierno, los adeptos a deportes de nieve se encontraban desparramados por la base, que tenía una especie de iglú inflable auspiciado por la cerveza Corona, una tienda de regalos y algunos lugares para comer algo. Es una escena muy pintoresca siempre ver la montaña desde su base, desde ese lugar en donde se mezcla la naturaleza con la civilización, sea en el país que sea.
El teleférico, decorado con banderas de todos los países del mundo, nos llevó en grupos de cuatro o cinco hasta nuestra primera parada: el ROTAIR, el primer teleférico giratorio del mundo, para terminar nuestro ascenso. Esta increíble estructura, a más de 3.000 metros de altitud, realiza un recorrido de 5 minutos, girando 360 grados para ofrecer unas vistas increíbles de los Alpes, si llegan a hacerse de algún lugarcito cerca de las ventanas. Es una pequeña maravilla.
Llegados a la cima, la primera visita es para el puente colgante a 3041 metros de altura y 500 metros de precipicio. La caminata, de unos 100 metros, es sobre un puente en movimiento, pero no se siente tanto vértigo como creímos. Las vistas son espectaculares. Tuvimos suerte que nos tocó un día increíblemente despejado en la cima, ya que el puente puede encontrarse cerrado por condiciones climáticas. Es uno de esos rincones del mundo que me van a quedar en la memoria de por vida.
Durante el paseo, tienen la opción de realizar actividades invernales. Aunque hay alquiler de equipamiento, nosotros nos fuimos muy preparados y decidimos aprovechar el tiempo para comer más tranquilos en el restaurante del lugar. Con precios correctos para ser Suiza, comimos unas pastas y una salchicha alemana con acompañamiento, en una mesa junto a la ventana y con vistas de los Alpes que eran para quedarse horas solamente contemplando el paisaje. Si no quieren comer y prefieren llevar su propia comida, hay una zona de mesas para sentarse tranquilos (¡Incluso había gente tomando mate!).
Desde la zona de comidas, es fácil acceder a la Cueva Glaciar, un increíble túnel en el corazón del Glaciar Titlis. Con luces azules y temperatura bajo cero, es posible caminar por este pasadizo que se adentra en el corazón de las famosas nieves eternas, otro rincón único dentro de esta excursión.
Además de las tiendas de comida, hay lugares para comprar souvenirs tanto en la cima como en el regreso a la base, desde donde sale el micro de vuelta a casa cuando ya empieza a caer la noche del invierno europeo.
Una excursión única, sin dudas, con paisajes increíbles que nos llevaron desde la bella ciudad de Zurich hasta un paraíso nevado en el medio de los Alpes Suizos.
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Europa y sus trenes. Palabras mayores. Durante este viaje tuve mi primera experiencia con los trenes del viejo continente. Trenitalia, Italotreno, todos dentro del país de mis bisabuelos. No habíamos tenido grandes inconvenientes más que alguna demora (algunas de pocos minutos, otras de casi una hora, pero nada terrible), y podíamos calificar los viajes como buenos.
Sin embargo, el mejor viaje lo tuvimos cuando, desde la bella ciudad de Como, en Italia, decidimos tomar un tren a Zurich. La cuestión fue bastante particular, porque en realidad queríamos ir a Lugano y de ahí directo a Zurich, pero nos salía mucho más barato volver a Como y tomar el tren a Suiza desde ahí. La cuestión es que, si bien los trenes desde la ciudad italiana son de Trenitalia, los mismos son operados por SBB pero a los precios que nos tiene acostumbrados el transporte italiano (por lejos, más barato que el suizo). El pasaje de ida nos salió 9 euros por persona comprándolo por GoEuro, un sitio del que ya habíamos hablado la semana pasada.
SBB es la red ferroviaria suiza, y los trenes son un lujo. El que tomamos nosotros hacía el recorrido Milán-Como-Chiasso-Lugano-Zug-Zurich, y la ruta que toma este tren es una belleza. Las paradas no son tan frecuentes y, en nuestro caso, viajamos en un vagón con muy poca concurrencia: dos personas en asientos de cuatro sin tener que compartirlos con nadie.
Siempre hay que tener a mano el boleto y, en estos casos, el pasaporte. A nosotros ni nos lo pidieron, pero lo anuncian por altoparlante al comenzar el viaje. Al cruzar la frontera, tranquilamente pueden pedirte documentación. Hay que ir con todo preparado y después disfrutar de las maravillosas escenas que ofrece Suiza.
La estación de Lugano está en la altura, ofreciendo unas vistas increíbles de la ciudad. La estación de Zurich es preciosa y está ubicada en un punto clave de la ciudad, que permite comenzar a recorrer apenas habiendo llegado a destino. Desde ahí, pueden tomarse el tranvía hasta su hotel, ya que es el punto de encuentro de las líneas que recorren la ciudad.
Aunque habíamos contemplado tomar el Bernina Express, por cuestiones de tiempo y presupuesto tuvimos que resignarlo. Sin embargo, para aquellos que van con menos dinero, tomarse un tren por Suiza es una forma de moverse y a su vez disfrutar de los paisajes que ofrece este hermoso país cubierto de montañas.
Los pasajes para ir de Italia a Suiza pueden sacarse directamente desde el sitio de Trenitalia.
]]>Llegamos en tren desde Lugano, otra belleza suiza que merece su nota. Los trenes SSB, la compañía ferroviaria de Suiza, son un lujo. Y los paisajes que se recorren de sur a norte, en pleno invierno y cubiertos de nieve, son sacados de un cuento. Más de un 60% del país está cubierto de montañas, y esto no hace más que convertir un simple transporte en un camino entre picos y ciudades que se alzan en laderas y superficies irregulares. Es una belleza.
Llegué a Zurich con una gripe que me moría, y con algo de fiebre. Porque, sí, estas cosas también pasan en los viajes, en especial con temperaturas que ni siquiera llegan a los cero grados y cielos grises que nos privan del consuelo de unos rayos de sol. Pero no me canso de decir que todo frío es soportable si la recompensa son los paisajes nevados y las ciudades navideñas de Europa, así que, como diría mi abuela, sarna con gusto no pica.
La estación de trenes es, en sí, linda. Veníamos de Italia, donde las estaciones de trenes no son nada del otro mundo, por lo que apreciamos estar en una estación que parece más la entrada de un shopping o un museo. De verdad. El tablero con todos los horarios brillaba cuando nos bajamos del tren y fuimos directamente a la oficina de turismo. Después de pedir mapas y algunas indicaciones, tuvimos la pésima idea de ir caminando hasta nuestro hotel que, obviamente, estaba en una calle en subida. Y había un tranvía que nos dejaba a media cuadra. Lo que sí destaco es que tuvimos un paneo de la ciudad bajo el día gris que, descubrimos después, es un estado que puede durar semanas en Zurich. Pulcra, prolija, ordenada, limpia… Son todos los mismos calificativos los que se me escapan porque, sí, es así.
Nos alojamos en el Leonardo Hotel Rigihof Zurich que, voy a ser sincera, elegimos por una cuestión de presupuesto. Si había algo que me habían dicho de este país antes de viajar era cuán caro era todo. Y sí, nadie se había equivocado. Este hotel, sorprendentemente un cuatro estrellas, fue lo más baratito que encontramos para quedarnos dos noches. Las ventajas del invierno: llegamos y, en español (la recepcionista era latinoamericana), nos comentaron que nos iban a dar una habitación mejor porque tenían disponibilidad. Ya arrancamos bien.
Esa noche decidimos quedarnos en el hotel porque yo estaba a ibuprofeno, pañuelitos de papel y té de limón con jengibre (suerte que la habitación tenía pava eléctrica). La decisión fue porque al día siguiente teníamos una excursión a Mount Titlis, sobre la cual ya contaré un poco, y tenía que estar por lo menos… bueno, sin fiebre me alcanzaba.
Cuando volvimos de la excursión esa noche, salimos a caminar un poco la ciudad, algo que todavía no habíamos conseguido hacer después de tantas idas y vueltas. Bahnhofstrasse (gracias Google por corregir mi alemán), es una de las calles a las que se sale desde la estación y que está llena de locales y luces por la noche, un lugar muy agradable para caminar. Si bien dimos algunas vueltas, la excursión nos había dejado fusilados y, después de una cena rápida (¿adivinen de dónde? Sí, del super), nos fuimos a prepararnos para el día siguiente, donde teníamos planificado recorrer todo lo que pudiéramos antes de tomar el micro que esa misma noche nos llevaba de vuelta a Italia.
Por la mañana, después de desayunar algo, salimos a caminar. Sabíamos que no teníamos tiempo para museos y lugares que nos demandaran muchas horas. Lamentablemente, después de este viaje aprendimos que menos es más y que, a veces, hay que tener en cuenta que puede haber eventualidades y que hacer todo corriendo tampoco está bueno.
Recorrimos los alrededores del Río Limago. Pasamos por el Lindenhofplatz, un parque que nos da una bella vista de la ciudad. Hay que caminar un poco en subida, pero el panorama que se obtiene desde el parque es muy bello. Nos tocaron días grises, de nieve, niebla y frío. Nos contaron que este clima, en invierno, puede durar mucho tiempo, y pueden estar semanas sin ver el sol. Y aún así Zurich supo mostrarnos un paisaje que nos robó el aliento. Después seguimos por Rathausbrucke, con su comida callejera, y volvimos a bordear el río hasta alcanzar Quaibrücke, otro puente que ofrece vistas muy bellas del centro de la ciudad. Volviendo por Limmatquai, pueden verse muchos edificios antiguos y construcciones impecables con detalles que vale la pena observar.
Fue una ciudad en la que nos dedicamos a caminar, que decidimos conocer en lo cotidiano, algo que marcó mucho este último viaje que hice. Soy partidaria de no buscar hacer todo lo meramente turístico en un destino, sino aprender a disfrutarlo como a cada uno le gusta: recorriendo sus museos o sus calles, conociendo sus restaurantes o sus supermercados, haciendo tours o conociendo gente… Lo que cada uno disfrute más. Después de todo, nosotros somos los que nos llevamos los recuerdos. Y yo de Zurich, con gripe y todo, me llevé los mejores.
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