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Crónicas de viaje – #ArgieTravellers https://argietravellers.com Blog de viajes de dos argentinos viajeros Tue, 11 Jun 2024 07:20:35 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=7.0 https://argietravellers.com/wp-content/uploads/2018/06/cropped-Bandera_Argentina-32x32.png Crónicas de viaje – #ArgieTravellers https://argietravellers.com 32 32 I Seoul U https://argietravellers.com/i-seoul-u/ https://argietravellers.com/i-seoul-u/#respond Thu, 22 Jun 2023 20:09:09 +0000 https://argietravellers.com/?p=2506 Hay países que siempre soñamos con conocer. Ya conté un poco como Japón fue mi sueño de tantos años, quizás más de los que recuerdo, hecho realidad. Hay otros que simplemente no están en nuestros planes. Quizás por el tipo de atracciones, quizás por seguridad, quizás porque simplemente no sabemos mucho sobre ellos y no logran despertar nuestro interés.

Mi historia con Corea del Sur es un poco así. Poco sabía de este país, que, de a poco, se fue metiendo en el plano del entretenimiento de una forma tan sutil que casi ni nos dimos cuenta. Mi primer interés real por Corea surgió, como el de mucha gente, por una serie de televisión. Durante la pandemia vi mi primer k-drama, uno que probablemente sea de los más famosos del país asiático, uno que hace pocos días salió en las noticias por hacer que un pequeño pueblo de Suiza tenga que cobrar entrada para ingresar a una de las zonas donde se grabó.

Con el paso del tiempo me fui enganchando, me fui acostumbrando al idioma, me empezaron a dar curiosidad sus costumbres, su comida, sus lugares. Empecé a leer a sus autores, a escuchar su música. Y cuando se presentó la oportunidad de conocer la capital de Corea del Sur —porque fue una oportunidad más que un plan—, estaba muy emocionada de finalmente poder visitar este país que indiscretamente se había metido en mi radar.

Y sinceramente no me extraña que la cultura coreana se haya vuelto tan popular. Es una cultura con tantas cosas fascinantes, llamativas, curiosas. Seúl es una capital que lo tiene todo, realmente. Es una ciudad que a mí me encantó desde el primer momento, con toda su estética, con sus lugares que ya me sonaban familiares, con su comida maravillosa (¡y tan picante!) y sus cafés de todos los tipos y colores. Es una ciudad instagrameable pero también repleta de historia. Está perfectamente acondicionada para el turismo y es moderna, pero también sabe conservar parte de su cultura y su esencia.

Seoul me dejó maravillada con un país que, hace unos años, no estaba en mis planes de conocer. Hoy en día digo con toda certeza que me encantaría regresar y no sólo conocer más a fondo la capital (8 noches parecían un montón y terminaron sin ser suficientes), sino también recorrer otras zonas menos turísticas. Busan, Jeju, Daegu… todas tienen ahora un pin en mi mapa, en una zona que por años había pasado por alto. Seúl resultó ser un destino mucho más sencillo de lo que esperábamos para viajar por nuestra cuenta, me encantaría saber cómo es en el resto del país.

He leído opiniones diversas sobre Corea del Sur y sobre su ciudad más importante, pero a mí me ha dejado recuerdos maravillosos. A veces es extraño cómo encontramos destinos que queremos visitar (siempre cuento nuestra historia sobre Curacao), pero qué maravilla cuando no solo cumplen las expectativas sino que nos dejan con ganas de contarle a todo el mundo por qué deberían visitarlos.

Se vienen los posteos sobre Corea del Sur y sobre la maravillosa Seúl. Aunque su slogan ya será modificado pronto, a mi ese I Seoul U me quedó muy grabado en los recuerdos de una ciudad que, sin dudas, se metió en los primeros puestos de las más divertidas y atractivas en las que estuvimos.

 

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Un sueño sobre Japón https://argietravellers.com/un-sueno-sobre-japon/ https://argietravellers.com/un-sueno-sobre-japon/#respond Thu, 25 May 2023 16:01:17 +0000 https://argietravellers.com/?p=2488 A veces cuento que recuerdo, con bastante claridad, cuando llegamos con mi familia a Victoria Station, en la siempre vigente ciudad de Londres. Me acuerdo que nos sentamos a tomar un café y me sorprendió como una chica dejaba su computadora mientras se iba al baño. Esas cosas que a uno le llaman la atención porque no son de la misma manera donde uno vive. 

Recuerdo Londres y esos días que pasamos en una de mis ciudades favoritas en el mundo, esas que siempre había soñado con conocer. Tengo recuerdos muy puntuales, aunque pasaron ya casi diez años de esa primera vez. 

Y seguramente por muchos años recordaré también nuestra llegada a Japón. Nuestra primera mirada a la terminal de arribos de Haneda. Nuestro primer viaje en metro. Esa primera caminata hasta el hotel por las calles frente a Hamamatsucho. Ese primer encuentro con la cultura japonesa y esa belleza caótica que tiene Tokio. Esa primera conversación con alguien que, aunque hablaba poco inglés, intentó ayudarnos de todas las maneras posibles.

Japón es diferente a todo lo que conocíamos.

Este país es, por momentos, una simulación. Muchas veces es pararse en el medio de la calle y decir esto no puede ser real. Tengo en mente el monorriel pasando por donde estaba el hotel, en alguna callecita inmaculada de Minato-ku, y me parece un recuerdo inventado, como si lo hubiese prestado de alguna película animada. Pienso en la torre de Tokio iluminada desde nuestra habitación y estoy segura que lo soñé en algún momento de mi infancia, evocando alguna escena de un animé que me gustaba mucho. 

Japón es un país fascinante, de una forma que a veces es muy difícil de poner en palabras. Y conocerlo se sintió, y se sigue sintiendo, igual. Es todo eso que te dicen y más. Cuando te cuentan con emoción que nunca estuvieron en un lugar así, por favor, creeles a todos. No exageran. No hay un país igual. 

Y Tokio es otro caso aparte. Aunque muchos dicen que la verdadera belleza de Japón está en las afueras de la ciudad, Tokio me generó una fascinación casi infantil. Hay personas que aman el mar, otras las montañas, otras los lugares tranquilos. A mí me encantan las ciudades. Esas que te hacen levantar la cabeza todo el tiempo, esas que te llenan de sonidos, de experiencias, de cosas nuevas para probar. La monotonía de colores en el metro, siempre impecable, siempre abarrotado de gente, contrastando con las marquesinas, los ruidos, la familiaridad de toda su cultura y el ataque constante de algo para ver. La tranquilidad de las calles laterales que desembocan en avenidas donde un mar de gente toma un significado totalmente nuevo. Creés que nunca viste un mar de gente antes de caminar por Shinjuku un domingo de lluvia. Una ciudad famosa por los excesos, pero donde uno se encuentra redescubriéndola en esas callecitas de Omotesandō que parecen sacadas de otro lugar totalmente diferente. 

Hay una constante sorpresa por un día a día que parece orquestado perfectamente y que, de vez en cuando, es difícil de entender. Japón necesita un poco de paciencia. Por momentos hay que pararse al costado del camino y observar un poco, porque el día a día es realmente un escenario fuera de lo común y a veces hasta resulta un poco abrumador. Creo que es de esos lugares en los que uno podría pasar meses, quizás años, y recién empezar a comprender un poquito cómo funciona todo. Mirar qué pasa, tratar de entender, disfrutar de las cosas inesperadas que suceden en la vida cotidiana es una de las cosas más lindas que tiene este lugar. Sentarme en un café y observar fue, posiblemente, una de las cosas que más me gustaron de nuestros días en este país.

Japón se siente como un sueño, de esos en los que te despertás y tenés que pensar un rato que pasó, si fue real, un recuerdo, o simplemente algo que inventaste en tu imaginación. 

Denme unos tiempo para pellizcarme, acordarme que fue de verdad y empezar a escribir. 

Ojalá volvamos a vernos pronto.

どうもありがとう日本❤

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Lisboa, você é linda https://argietravellers.com/lisboa-voce-e-linda/ https://argietravellers.com/lisboa-voce-e-linda/#respond Sun, 23 Dec 2018 12:15:38 +0000 https://argietravellers.com/?p=2007 Cada vez que viajo a un destino nuevo, me viene a la mente una frase del escritor de uno de mis libros preferidos: “Viajar es descubrir que todos están equivocados sobre los otros países”. Con Lisboa la impresión fue exactamente esa.

De Portugal había escuchado cosas buenas, cosas malas, cosas lindas, cosas feas. Incluso opiniones basadas en suposiciones. Creo que, como todos los destinos, hay un poco de todo en cada lugar. Pero cada viaje es algo tan personal. Cada día me convenzo más que las primeras impresiones de las ciudades tienen que ver con el momento, con el humor, con la situación. Me di cuenta lo importante que es el trato de la gente que nos cruzamos en el camino, nuestro alojamiento o nuestros primeros contactos con una ciudad. Tiene que ver cómo nos sentimos nosotros con su cultura, cuán abiertos a explorarla estamos. Viajar es algo tan íntimo y tan único de cada uno, que a veces me resulta raro dar recomendaciones sin aclarar, primero, que fue pura y exclusivamente lo que yo sentí y que puede no ser lo que le pase a todos.

Lisboa fue amor a primera vista. Y no quiere decir que haya sido todo perfecto, pero quizás fue el momento. El comienzo de una aventura nueva, el comienzo de un salto al vacío que veníamos esperando con ansias. Quizás por eso Lisboa era más algo que esperábamos como un momento, y no tanto un destino. Quizás estábamos tan ansiosos por llegar que nos olvidamos un poco a dónde. Y así fue como Lisboa nos sorprendió, con todo en su favor y nada que perder.

Hay ciudades que son lujosas. Hay ciudades que sorprenden con su limpieza. Otras quizás con su historia. Lisboa es linda. Y no hablo de datos o referencias que la embellecen. Es fresca, irreverente, llena de detalles, de callecitas y rincones. Es tan auténtica. Y quizás otras personas vean los detalles malos, pero a mi me pareció una ciudad real. Increíblemente bella con un tipo de atractivo rústico, de ese que tienen pocas capitales. Casi que, por momentos, nos olvidamos que es la ciudad más importante de Portugal. De verdad, nos paso algo que pocas capitales han conseguido: no nos sentimos abrumados con su caos, sino únicamente con su belleza.

También nos sentimos muy cómodos con el idioma. A pesar que, cuando hablan, es difícil entenderlo (es muy distinto al portugués brasileño, en mi opinión), es muy fácil leerlo y uno se siente confiado cuando comprende los carteles que lo rodean (de alguna manera). La gente siempre se hizo entender. Incluso cuando algunos no hablaban inglés, buscaban quien lo hiciera, hablaban despacio, trataban de comprender nuestro español. Realmente nos sorprendió la hospitalidad de la gente. No esperábamos que fueran tan cálidos con nosotros. Nos sentamos a comer en un lugar cerca de nuestro Airbnb, cero turístico, cuando recién llegamos. Se comunicaron con nosotros como pudieron, pero siempre haciéndonos sentir bien recibidos. Creo que, para el viajero en lugar nuevo, no hay mejor manera de empezar.

¿Tiene cosas malas? Obvio, como todos lados. La ciudad nos pareció un poco sucia, y también tenemos que hablar del sorprendente hecho que nos ofrecieran droga reiteradas veces a plena luz del día, en uno de los lugares más importantes de la capital. Entendemos siempre que hay cosas que van más allá de la belleza de un lugar. Pero son detalles que honestamente no opacaron nuestra visita. Volveríamos sin dudarlo. Su capital nos abrió los ojos respecto a Portugal, un país que no estaba en nuestra lista y que debería haberlo estado desde hacía mucho. Nos sorprende que no sea un destino turístico más popular entre latinoamericanos. Realmente es un país bellísimo.

La gastronomía, la cultura, la gente… Los lugares que nos sorprenden son siempre los que quizás más nos marcan. Tenía muchas ganas de conocer Lisboa cuando surgió la posibilidad de hacerlo, y sin dudas me llevo la mejor impresión de esta ciudad. Pero, en especial, me llevo el momento en que la conocí, un momento que seguramente recordaré siempre.

¿Pero respecto a Lisboa puntualmente? Lisboa es linda. De eso no tengo ninguna duda.

Pronto estaré subiendo una guía sobre la ciudad, con precios, alojamiento, atracciones y lugares para probar comidas típicas.

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Berlín y volver a Alemania https://argietravellers.com/berlin-y-volver-alemania/ https://argietravellers.com/berlin-y-volver-alemania/#respond Fri, 29 Jun 2018 18:45:25 +0000 https://argietravellers.com/?p=1597 En el pasado viaje, traté de meter unos días en Alemania como pude. Incluso cuando no cerraba muy bien con el itinerario que teníamos en mente, hicimos el esfuerzo. Mi primera vez en Europa había pasado por Frankfurt y Rothenburg Ob Der Tauber y había quedado encantada con este país, que hacía años quería conocer. Lejos del mito de la frialdad alemana, nos recibieron de excelente manera e, incluso sin saber el idioma, se las ingeniaron para ayudarnos en cada lugar que visitamos. En Berlín la situación no fue diferente. La gentileza alemana la notamos desde el primer momento, llegando yo con mi valija perdida y pocas pulgas.

Alemania es una país que fascina por sus contrastes. Aún sin conocer, ni por asomo, todo lo que me gustaría, siento que hay opciones para todos los gustos. Incluso estando en grandes ciudades, es fácil tomarse un tren y huir a un pueblito, que realmente parecen salidos de un cuento. Alemania es bella, de esos países que siempre parecen tener un lugar más para sacarte la respiración.

Desde ya arranco diciendo que a Berlín tengo que volver, así como tengo que volver a seguir recorriendo otras ciudades. Estuvimos cuatro noches y aún así me pareció poco para un lugar que tiene historia por todos lados, grandes parques, detalles, museos y todo lo que uno busca en una ciudad turística. Aún siento que mi juicio sobre Berlín es ligeramente superficial, ya que me parece que todavía me falta mucho por conocer. Sin embargo, puedo decirles que es una ciudad que tiene un poco de todo. Además de ser un libro abierto para todos aquellos que disfrutan la historia y quieren saber más sobre la época de Hitler, hay muchas alternativas para quienes buscan también descansar y divertirse.

No es particularmente una ciudad cara. Hemos comido muy bien por poco, hemos probado platos típicos así como comida rápida por pocos euros y muy buenas cervezas. Es una ciudad vibrante, con opciones, con contrastes, con actividades que parecen inagotables. Es bella de día, pero de noche también tiene un encanto especial.

Si van en Navidad, se van a encontrar con incansables mercaditos de Navidad, donde la gente se reune a comer algo y tomar vino caliente. Y hablo de los locales. Es increíble rodearse entre gente que, en su tiempo libre, sale a disfrutar de esta bella ciudad sin prisas, con sus familias, con sus mayores, con su pareja. Lejos volvió a quedar ese concepto de la frialdad alemana con la que me engañaron tantos años. Nos sentimos tan a gusto en esta ciudad y nos trataron tan bien, que no tengo palabras para recomendarles este lugar. Hay muchos españoles, incluso nos cruzamos también algunos argentinos, que hicieron el tema del idioma un poco más fácil. Pero todos los alemanes que nos atendieron fueron amorosos, ayudándonos incluso con problemas que no tenían que ver con ellos o menús en alemán donde no entendíamos ni jota. Fue el caso del metro, donde un señor grande nos ayudó muy amablemente a sacar los tickets que necesitábamos, explicándonos en el proceso qué nos convenía. También en el metro, después de comprar otros tickets, un chico nos corrió por todo el andén porque nos habíamos olvidado una tarjeta de crédito puesta en la máquina. La buena onda de todos fue realmente una sorpresa grata. La barrera del idioma fue inexistente, ya que todas las personas con las que tuvimos que hablar nos respondieron en un muy buen inglés y nos entendimos sin problemas.

Berlín tiene una vibra muy especial. Es una ciudad donde hay muchos contrastes y, creo yo, opciones para todos los gustos. Estoy preparando un itinerarios de cuatro días con lo que vimos nosotros, pero la verdad es que podría extenderme muchísimo más sobre esta ciudad. Esta capital no sólo me encantó, sino que revivió mis ganas de recorrer Alemania, con sus comidas, sus detalles, sus pueblitos, su gente. Siempre me llevo recuerdos muy especiales de cada lugar que visito. Aunque es inevitable querer volver a muchas de las ciudades que conocemos, pocas son las que nos impulsan a querer conocer más sobre un país, sobre su cultura y esos rincones no tan turísticos pero igualmente encantadores. Berlín es un buen lugar para arrancar a conocer Alemania, si es la primera vez que visitan el país, para empaparse un poco con su cultura. Pero, sobre todo, es una buena puerta para conocer a su gente y entender muchas cosas que, desde el otro lado del mundo, creemos de otra forma.

Volver a Berlín no fue sólo volver a Alemania, sino recordar por qué tenía tantas ganas de regresar a este país. Aunque no sé cuándo ni cómo, estoy segura que esta no fue, ni por asomo, nuestra última vez en tierras alemanas. ¡Pronto la guía con todo lo que hicimos más algunos tips de presupuesto, transporte y demás! Estoy subiendo muchas fotitos en mi Instagram sobre nuestro paso por la ciudad, las pueden ver acá.

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Curaçao: un destino distinto https://argietravellers.com/curacao-caribe/ https://argietravellers.com/curacao-caribe/#comments Thu, 31 May 2018 15:15:25 +0000 https://argietravellers.com/?p=1403 Me costó escribir este post. Me costó porque, incluso habiendo vuelto hace casi un mes, todavía me cuesta encontrar adjetivos para describir Curaçao. Porque más allá de las playas de ensueño que vieron en toooodas las fotos que subí, hay algo más. Distinto me pareció una buena palabra para empezar.

Hay destinos qué, quizás, no están en mi lista de pendientes. Nunca es por decir la verdad ahí no iría, sino que suele tener que ver con desconocimiento, o con prioridades (y, algunas veces, también con lo económico). El caribe, sin dudas, no era un ítem en la lista que tuviera mucha relevancia. Por lo general, cuando viajamos solemos escapar hacia el frío y no a la inversa (#TeamInvierno los dos, a morir), como fue el caso de este viaje. ¿Por qué? Teníamos un poco de ganas de descansar —aunque por lo general eso queda sólo en una expresión de deseo; no podemos evitar salir a recorrer— y, después de unos días en Miami, el próximo destino apareció en las islas del caribe.

Habíamos visto una foto de Curaçao hacía mucho tiempo. La típica foto de las casitas de colores, que mucha gente conoce pero no sabe quizás ni de dónde es. No nos sorprendía que todo el mundo nos preguntara, a la vuelta del viaje, dónde quedaba Curaçao, qué lenguaje hablaban, qué había para hacer, por qué lo habíamos elegido… El desconocimiento en algún momento también fue nuestro. Incluso antes de viajar, sabíamos que no era un destino tan turístico como lo son otras islas de la zona. Teníamos muchísima curiosidad.

Decidimos alojarnos en Otrobanda, en la zona de Willemstad, ya que fue lo más céntrico que encontramos y con precios muy buenos —sobre todo comparándolos con Miami Beach. Siempre tendemos a hacer eso con los lugares que no conocemos, o con los que no tenemos referencias: vamos a lo seguro, a la zona del centro, donde vemos muchos hoteles y locales. La elección sin dudas fue acertada.

Hay algo que tengo que decir desde el principio, que incluso ya habíamos leído antes de viajar: Curaçao está poco preparada para el turismo en general. No esperen ver hoteles por todos lados, grandes complejos (salvo algunas excepciones cerca de las playas), no esperen locales que cierran a altas horas de la noche, ni esperen ver cosas turísticas por todos lados. La frecuencia de transporte es pobre —de ahí que recomendamos desde el principio alquilar un auto— y las rutas, por momentos, parecen llevar a la nada misma. Los negocios que vimos por Willemstad son más bien de todos los días (con unas pocas regalerías y locales de recuerdos) y lo más probable es que si entran a alguna cadena de comidas, haya más locales que turistas. Y es eso lo que lo hace, en cierto modo, distinto, y encantador a su manera.

Curaçao fue agarrar el auto por primera vez en el extranjero, nuestro primer roadtrip oficial, y dejarnos llevar por rutas largas y rodeadas de naturaleza. Con Google Maps, llegamos a la otra punta de la isla en menos de una hora, después de perdernos algunas veces con mapas que no son del todo exactos y muchas rotondas. No podíamos hacer más que reírnos, pensando en cómo habíamos terminado en aquél destino que fue encantándonos de a poco. Porque cuando vas hasta el norte en Westpunt y te encontrás con esas playas de agua cristalina y casi desiertas, no podés evitar pensar que fue una gran decisión elegir esta isla para quedarse unos días. No vimos masas de turistas, no vimos locales explotados de gente, no vimos imanes comerciales para los extranjeros. Salimos a caminar sintiéndonos locales, con gente mirándonos un poco curiosa, mientras nos encontrábamos con restaurantes al lado de la playa, bares desiertos y calles con uno o dos locales haciendo su vida diaria. Lo pienso y sonrio, porque realmente fue un viaje distinto a cualquier otro que tuvimos. Curaçao no nos esperaba, y nosotros no sabíamos qué esperar de Curaçao. Fue la combinación perfecta.

Más allá del tour de playas, también el centro cuenta con algunos edificios y lugares que pueden elegir o no recorrer. Además de cruzar el Puente Reina Emma y de verlo con sus luces, esplendoroso, por la noche, hay algunas cosas que teníamos anotadas para conocer en Willemstad. El Fuerte Ámsterdam, algunos museos locales, incluso el mercado flotante donde la gente que vive en la isla compra pescado, frutas y verduras. Sus callecitas, sus carteles, sus bares, es todo una obra que lejos está de ser construida para el turista, pero que igualmente encanta.

Por la zona de Mambo Beach, una de las playas más turísticas y donde probablemente vean más cosas típicas de un destino de playa preparado para visitantes, también pasamos por el acuario y la famosa Dolphin Academy. Hay cosas para hacer y realmente disfrutamos recorrer el pequeño centro histórico, con sus colores, su gente, su cotidianidad… Eramos dos viajeros curiosos caminando por lugares nuevos, pero sintiendo la extraña familiaridad de un lugar que parece no recibirte como turista, sino como un habitantes más.

Recorrer las rutas no es una tarea difícil, incluso si no tienen mucha cancha. No hay mucho tráfico y la gente no suele manejar muy rápido. Pero también hay tramos donde están en la nada misma y uno siente que no va a salir a ningún lado. Hay que ser precavido. El auto lo retiramos y lo dejamos en el aeropuerto, al que también recomiendo ir con tiempo. Todo funciona como un pueblo, algo que es agradable pero a lo que no estamos acostumbrados. Las chicas en el mostrador les van a dar charla, la gente no está apurada, el edificio es pequeño y no opera muchos vuelos. Como dije, es distinto, y a veces lo distinto cae bien cuando uno empieza a agarrarle la vuelta.

Hablando de la gente del aeropuerto, tengo que hablar de los locales en general. En todos los lugares nos trataron de maravilla. Desde la recepción del hotel hasta el bartender de la playa, simpre fuimos recibidos con una sonrisa. Todos hablan español o lo intentan; fue muy poca la gente con la que tuvimos que comunicarnos exclusivamente en inglés. En algunos locales fuera del centro, nos encontramos con que la carta no estaba en inglés y los mozos hablaban poco y no sabían explicarnos mucho, pero fue la excepción a la regla. Por lo general van a encontrar menúes y carteles en inglés, gente muy dispuesta a hacerse entender en español y una vibra en general muy relajada. La verdad, el trato de la gente fue de lo mejor y nos llevamos un muy buen recuerdo.

Pero más allá de todas mis palabras y halagos a esta isla, quiero volver a uno de los posts que habíamos leído antes de viajar, que nos pareció casi fatídico. Este es el link. Y ahí es cuando pienso que lindo es viajar y ver las cosas con tus propios ojos. No dejen nunca que alguien les diga no, ¿ahí vas a ir? Mejor andá a xxxxx. Viajar siempre me hace recordar que todos somos distintos. Que algunos volvemos fascinados con lugares que a otras personas no les movieron un pelo. Que hay gente que ama lugares que a nosotros no nos parecen gran cosa. Que fantaseamos sobre lugares que otras personas jamás pensarían en visitar. Viajen. Vean. Conozcan antes de emitir juicios o dejar que otras personas los hagan por ustedes.  

Más allá que el post que compartí es un poco fatalista en cierto sentido y que hay (muchas) cosas que no comparto, tengo que darle la derecha en ciertos aspectos. Llegan a una isla que tiene pocas cosas, sí. Obviamente, si lo vamos a comparar con Miami es posible que se sientan en el medio de la nada. A nosotros la sensación nos encantó, fue una experiencia muy especial, pero a algunas personas les puede molestar o parecer aburrido. 

También, si pueden pagar con florines, siempre el cambio va a ser más beneficioso. Y si ven que algo les parece excesivamente caro, no lo compren. Es real que puede haber una mala intención de poner el valor sin el tipo de moneda. Obviamente, si les quieren cobrar 10 dólares algo que debería salir 10 florines, deberían darse cuenta (la moneda de ellos, con la notación NAf, tiene un valor de 0,55 dólares, por lo que les estarían cobrando casi el doble). La realidad es que Curaçao no tiene unos precios desorbitados, por lo que cualquier cosa que les parezca excesivamente cara, es probable que tenga un valor alterado. Nosotros estamos muy acostumbrados a la viveza de algunos comerciantes, por lo que ya lo tenemos casi incorporado.

Con respecto a las playas, nosotros encontramos algunas bellísimas y sin piedras, aunque hay de todo. También hay algunas totalmente desiertas, donde la gente se llevaba sus cosas para pasar el día, y otras que te proveen sillas, comida, bebidas y demás (siempre con un costo, claro). Es cuestión de saber elegir. Es real que están lejos del centro, por lo que el auto nos pareció necesario y en todo momento nos sentimos muy cómodos moviéndonos por la isla. Teníamos en claro a dónde íbamos, por lo que no esperábamos estar ocupados todo el tiempo como en otros destinos. Willemstad es pequeño, la isla es increíblemente tranquila, todo es mucho más rústico que lo que muestran las fotos; si no van con eso en mente, es probable que se decepcionen.

Como les digo, pueden leer muchísimo sobre un destino, pero no hay nada más lindo que ir y comprobar por uno mismo si todo lo que dicen era cierto.

Sin dudas, este fue uno de los destinos más peculiares a los que fuimos. Curaçao es especial. Si están buscando playas con mucha gente, mucha fiesta, muchos lugares para comer o tomar algo, quizás deban replantearse si este destino es para ustedes. Ahora, si quieren disfrutar de playas paradisíacas, con poca gente, con la capacidad de meterse de lleno en la vida de una de las Antillas holandesas, quizás deberían poner a Curaçao en su lista de pendientes por visitar.

Ya estaré publicando una guía con las playas que visitamos y cómo llegar, además de algunos precios que vimos en la isla y recomendaciones sobre presupuesto, dónde alojarse y demás. Mientras, más info y fotitos en mi Instagram.

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El sueño de una Navidad en Praga https://argietravellers.com/navidad-en-praga/ https://argietravellers.com/navidad-en-praga/#comments Fri, 13 Apr 2018 13:09:34 +0000 https://argietravellers.com/?p=1237 Como en todos los ámbitos de la vida, creo que para los viajes también hay algunos clichés. Desde irse de fiesta a Ibiza hasta pasar San Patricio en Irlanda, pasar fin de año en Times Square o poder atender al increíble Hanami en Japón, hay muchos sueños viajeros de fiestas y lugares que nos encantaría poder experimentar en algún momento. Incluso con las comidas o las tradiciones, parece que siempre me gusta encontrar cosas puntuales para hacer en ciertos lugares del mundo.

Mi caso con la Navidad, bueno, era muy puntual. Desde chica soñaba con el festejo europeo, así de sencillo. La primera vez que había leído sobre los mercados navideños que se arman en las ciudades, había quedado absolutamente fascinada. Alguna vez en mi vida, quería pasar una Navidad al estilo del viejo continente, tomando vino caliente en las calles, abrigada hasta los dientes, con nieve, decoraciones y ese olor a canela y especies flotando por todos lados. Había viajado en enero y agarrado pedacitos de lo que quedaba de la Navidad, pero nunca había llegado a pasar una allá. 

Resulta que a veces los sueños se dan, y de las maneras más especiales. Praga había estado en mi lista de ciudades pendientes por muchos años, y cada persona que la visitaba no dejaba de decirme lo fascinante que era esa pequeña capital. Cada vez que veía fotos, me quedaba con la boca abierta, observando la arquitectura, los paisajes, ese aire de volver en el tiempo que tenía cada una de las imágenes.

Allá por febrero de 2017, mi novio me regaló tres frasquitos de té. El nombre de uno de ellos era “Navidad en Praga”, con todos los olores y sabores que, me imaginaba, debía tener la víspera de fiestas en el viejo continente y que a mí tanto me gustaban. Entre bromas y habiendo visitado las otras dos ciudades a las que hacían alusión las infusiones, comentamos lo lindo que sería poder pasar una Navidad en una de las capitales más pintorescas del mundo, rodeados de árboles, luces y puestitos acordes a la ocasión. Habíamos pasado ya Año Nuevo lejos de casa, juntos y por separado, pero nunca habíamos tenido la experiencia de pasar una Navidad en otro lugar del mundo y lejos de nuestras familias.

Diez meses después, nos encontrábamos brindando con vino caliente en Charles Square. Enfrente del Reloj Astronómico y con un montón de gente, para variar, desconocida, recibíamos la Navidad junto a las temperaturas bajo cero de República Checa, mientras cantábamos felizmente las estrofas de All I Want For Christmas Is You y un muchacho chino nos filmaba. Capaz estamos en YouTube y todo.

Miro la foto de la nota y se me pasan por la cabeza un montón de cosas. La ansiedad, la felicidad, esas cosas raras que sentimos cuando estamos en el exterior, cuando pasamos una fecha de esas, cuando cumplimos un sueño viajero de hacía muchos años. Es raro, porque uno se siente lejos de casa, y a la vez feliz por estar experimentando una cosa así. Cuesta un poco caer y ser conscientes de lo que estamos haciendo. Es una sensación muy especial.

Llegamos a Praga un 23 de diciembre, en un tren que nos traía desde Brno, que ya nos había dado una probadita de lo hermoso que es este país. Hacía frío y viajabamos en un compartimiento para seis, con todas nuestras valijas y una señora que olía bastante mal. Los trenes checos resultaron ser cómodos, espaciosos y tranquilos (además de baratos), y llegamos sin inconvenientes a la estación principal alrededor del mediodía.

Veníamos de haber pasado unos días en Budapest, entrenados y acostumbrados ya a que el inglés hablado no era mucho mejor que el nuestro, pero la gente en general nos trató amablemente. No tuvimos problemas para comprar los tickets de la línea de metro que nos iba a llevar hasta nuestro apartamento. Sacamos un pase de tres días, mientras nos poníamos en contacto con Lukas, que nos iba a dar las llaves del departamento que habíamos reservado por Booking. Los precios en esa época tan particular no nos habían resultado super económicos, pero ese departamentito a pocos metros del bello Wenceslas Square nos había salido barato y la ubicación resultó ideal para conocer la ciudad.

Como siempre me gusta contar el lado B de las cosas, y no sólo quedarme con las crónicas lindas, tengo que contar que nuestra experiencia con el departamento empezó de la forma… equivocada. No me malinterpreten, el departamento me pareció hermoso y volveríamos a elegirlo, pero cuando llegamos las cosas no parecían tan lindas. Llegamos y a los pocos minutos apareció Lukas, con las llaves para un edificio que tenía una pinta bastante vieja. Claro, en Europa, no necesariamente es algo mal. Ahora bien, el edificio estaba en obra. No había luces en los pasillos y daba la sensación de estar abandonado, con huecos de ventanas sin vidrios (el frío que hacía en el hall, mamita) y algunos cartones en los pisos. Por esos segundos en que nos subíamos al ascensor, pensé que habíamos sido estafados, que era uno de esos casos de fotos que se ven hermosas y departamentos que no cumplen, ni por asomo, con lo prometido. Sin embargo, al abrir una puerta medio desvencijada en un corredor vacío y lleno de polvo de construcción, apareció un departamento encantador e increíblemente fiel a las fotografías. Un techo con ventanitas como en las películas, camas impecables, una cocina grande con lavarropas y tender, una habitación principal gigante con baño ensuite. Respiramos tranquilos. El edificio en obra no era más que anecdótico y nuestras caras de pánico quedaron como un recuerdo de viaje más.

Entre valijas y llaves, no habíamos podido ni mirar a nuestro alrededor. Estábamos expectantes. Afuera amenazaba con llover pero no importaba mucho. Estábamos en Praga y veíamos las casitas desde la ventana de nuestro departamento. Era un poquito como estar adentro de un sueño.

Me habían dicho que esta ciudad tenía algo encantador y, realmente, sólo lo entendí cuando empecé a caminar por sus calles. Es caer de cabeza en un cuento, pero hay algo más. Incluso sentándonos en un pub a ver el clásico español, incluso caminando por calles abarrotadas de gente, incluso tratando que los contingentes chinos no salgan en las fotos… Hay algo que va más allá de todo, y que está latente en cada paso que das. Praga es encantadora, así sin vueltas.

Y cuando cae la noche, es otra historia. Me pasó que me quedó un recuerdo muy puntual. Había llovido un poco y, cuando paró, quisimos salir a comer algo a un mercadito, la noche del 23. La magia de las calles después de la lluvia, la escasez de gente, la belleza de las luces reflejadas en el pavimento, el olor a vino caliente y el murmullo de canciones navideñas. Son esos momentos que te parás donde estás y simplemente observás, porque todo parece frágil. Te sentís sumergido en un mundo que parece sacado de otro lado. Son esas situaciones en las que agradezco a la vida poder viajar y disfrutar de esos instantes.

El primer día lo dedicamos a turistear. Como todos esos rincones a los que tenés que ir cuando visitás un lugar así, terminamos caminando por las orillas del Moldava, hasta alcanzar el famoso Puente de Carlos. No pudimos evitar meternos entre los cientos de turistas, así como tampoco escaparnos a un pub a comer, observando a los locales y a todos los visitantes que esas épocas mueven en las ciudades europeas.

El consumismo se vive de otra manera en Europa, por lo menos a mi parecer y desde este lugar en particular. La gente rodea los locales comerciales, pero también se abarrota en los mercados navideños, en los restaurantes o los puestos de comida, disfrutando de la época más que buscando una excusa para comprar. Parece más como una vacación, como un momento para desconectar y disfrutar, y no un rally para hacer todo antes de la noche del 24. Gorros de lana, bufandas gruesas, abrigos largos. Todo parecía una pintura utópica para nosotros, que habíamos pasado las últimas Navidades sentados abajo del aire acondicionado y luchando por terminar esa última porción de vittel toné. Los locales empezaron a cerrar muy temprano, algo a lo que no estamos muy acostumbrados, por lo que alrededor de las tres, cuatro de la tarde, sólo éramos los turistas, algunos negocios gastronómicos y los mercaditos navideños, que seguían presentes en todos los rincones de la ciudad. No pudimos evitar comer un Trdelnik a la tarde, uno de los postres típicos, mientras esperábamos la hora de volver al departamento y prepararnos para los festejos.

El 24 a la noche, todos los restaurantes estaban llenos, por lo menos los que se encontraban abiertos. Recomendable es reservar con tiempo. Sino, los mercaditos siempre están a la espera, con su lomito de Praga, sus salchichas o brochettes, para comer parados y disfrutando de los conciertos Navideños. A minutos de las doce, la gente se reune alrededor del Reloj Astronómico, haciendo la cuenta regresiva todos juntos. Es algo muy especial. Más allá que habíamos vivido el Año Nuevo, la Navidad tiene otro clima. No hay fuegos artificiales, no hay ruidos ni tanto caos. La gente se mira, se abraza, disfruta del momento. Nosotros seguimos la noche en un pub, pero por lo general es una fiesta mucho más tranquila que comparten con la familia. Muchos locales incluso cierran a eso de las 23 horas y son pocos los que siguen la fiesta después de las 00. 

El 25, el clima turístico vuelve, aunque muchas atracciones están cerradas. Se nota que todos aquellos que fueron de visita, lejos de querer aprovechar el feriado para descansar, están buscando algo para hacer. Nosotros pasamos nuestro día en Malá Strana, uno de los barrios más artísticos de Praga, visitando el Castillo, el Muro de John Lennon, algunas librerías que estaban abiertas y aprovechando un poco también la tranquilidad que ofrecían otras zonas menos turísticas. Aunque muchos locales se encontraban cerrados, por la noche todo vuelve a la normalidad y pudimos salir a comer sin problemas. Igualmente en en las calles queda ese ambiente, esa vibra que traen las fiestas, con todos sus detalles todavía abrazando los rincones de Praga.

Esto es únicamente una historia personal, un recuerdo que me quedó de mi paso por esta ciudad bella, y que quería compartir. Otro pequeño sueño cumplido. En los próximos posts llegará la info y los lugares que recomiendo conocer en esta capital, que nos dejó un recuerdo hermoso de una de las fiestas que más deseaba pasar en el exterior.

Como siempre digo, creo que la impresión de un país —en especial, la primera— se basa en momentos, en olores, en colores, en gente y lugares, en una sensación muy única y personal. Cada uno se lleva sus propias experiencias, sin juicios previos u opiniones ajenas que valgan. Vivir la Navidad en Praga no sólo me hizo llevarme las mejores postales navideñas de mi vida, sino también una impresión única de una ciudad de cuentos. Porque les puedo asegurar que, si hay algo más lindo que Praga, es vivir el sueño de una Navidad en Praga.

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Itinerario de dos días en Santiago de Chile https://argietravellers.com/itinerario-santiago-de-chile/ https://argietravellers.com/itinerario-santiago-de-chile/#respond Thu, 22 Mar 2018 13:46:22 +0000 https://argietravellers.com/?p=1187 Para fines del año pasado, conseguimos un vuelo muy barato a Europa, viajando con Turkish Airlines. La condición era salir desde Santiago de Chile, regresando a Buenos Aires. El vuelo salía un domingo a la noche, por lo que decidimos viajar el sábado por la mañana a Chile. Esto nos permitió no sólo estar tranquilos —cuando hacen estas combinaciones de vuelos, siempre es conveniente viajar un día antes para evitar sobresaltos si hay algún problema o cancelación— sino también tener dos días completos en la capital chilena. Obviamente, teníamos pensado aprovecharlos antes de arrancar el viaje propiamente dicho.

Yo ya había estado antes en esta ciudad, pero mis acompañantes no, por lo que se me ocurrió armar un recorrido y mostrarles lo que más me había gustado, sumando también algunas cositas que me habían quedado pendientes. También, como muchos de los argentinos que viajan a Chile, teníamos pensado hacer algo de shopping, aprovechando para llenar la valija antes de enfrentar el invierno europeo.

La realidad es que la primera vez que viajé a Santiago, en una escapada en familia, no había ido con muchas expectativas. Sin embargo, fue una ciudad que me gustó mucho más de lo que esperaba. Con algunos barrios caóticos y otros más tranquilos, con zonas modernas y otras más tradicionales, es una gran ciudad que tiene mucho más que shopping para ofrecer. La considero un buen destino para escaparse un finde largo e incluso acercarse a lugares como lo son Valparaíso y Viña del Mar, que están muy cerquita y también son muy bonitos, de una forma completamente distinta.

Puntualmente sobre Santiago, tengo que decir que en diciembre nos tocaron unos días de calor terribles —en Buenos Aires ya veníamos con temperaturas similares— y por momentos tuvimos que refugiarnos en algún lugar a comer o a cubrirnos del sol. Sin embargo, pudimos disfrutar mucho de la ciudad, incluso en tan poco tiempo. A la noche, además, refresca bastante, lo que hace que los días de calor no sean tan insoportables. Incluso si van en pleno verano, no está mal llevarse una camperita o buzo por si acaso. 

Paramos en un departamento en Providencia, que alquilamos directamente por Booking. Como era sólo una noche, tuvimos nuestras dudas, pero la verdad es que nos encantó y definitivamente volveríamos a este lugar. Además de ser un ambiente pequeño pero super funcional, contaba con piscina en la terraza y unas vistas hermosas de la ciudad. También tengo que destacar el gran trato que recibimos en la recepción, que se encuentra en otro edificio (es tipo una oficina, muy fácil de encontrar). El chico que nos atendió no sólo nos guardó las maletas el primer día, sino que el último nos ayudó para pedir un Uber e incluso quiso prestarnos algunos pesos chilenos que nos faltaban. Si vuelvo a Santiago, no dudaría en volver a este departamento. Les dejo el link de Booking, por si les interesa verlo. Si reservan desde ese enlace, además, consiguen un 10% de descuento.

El primer día, después de dejar nuestras cosas en el guardaequipaje del departamento que habíamos alquilado para una noche, salimos para el Costanera Center. Alojándonos en el barrio de Providencia, resultó muy cómodo caminar hasta allá. Eran unas cuantas cuadras desde nuestro edificio, pero el barrio es muy tranquilo y pintoresco. Hicimos una parte por la Avenida Nueva Providencia, lo que nos permitió pasar por la puerta del a bella Iglesia de la Divina Providencia, así como también por la Iglesia Ortodoxa de la Santísima Virgen María. Luego doblamos hasta llegar a la calle Andrés Bello, donde se encuentra la costanera a orillas del Río Mapocho. Esta zona es una de mis favoritas, con el río rodeado de parques como el Uruguay o el Parque de las Esculturas. Es una zona llena de árboles e ideal para el día de calor que nos había tocado. Mucha gente, siendo sábado, descansaba sobre el pasto, disfrutando de un día con un solazo impresionante y la sombra de los árboles.

Pronto llegamos al shopping, donde debo reconocer que, entre una cosa y otra, perdimos unas tres o cuatro horas. La realidad es que se estaba muy bien ahí, con el calor que hacía afuera, y pudimos aprovechar no sólo para comprar, sino también para comer en el patio de comidas con el que cuenta el Costanera Center. Si el shopping no es lo suyo, ahí cerquita tienen el Jardín Japonés, además de encontrase también el Teleférico Parque Metropolitano. Este teleférico, que volvió a abrir en 2016 después de varios años fuera de funcionamiento, ofrece unas hermosas postales áreas de la ciudad de Santiago. El teleférico funciona de martes a domingos, y el precio por persona es de 1910 pesos chilenos la ida y 2510 pesos ida y vuelta (algo así como 3,10 y 4,10 dólares).

Ahora, si de postales aéreas se trata, sin dudas no pueden perderse las que ofrece el Sky Costanera, el edificio más alto de Latinoamérica. Se puede ingresar desde el mismo Costanera Center y se encuentra abierto todos los días, de 10 a 22 horas, con el último ascenso a las 21 (de cualquier forma, es recomendable chequear antes su sitio, por posibles modificaciones). El precio por adulto es de 15.000 pesos chilenos, algo así como 24 dólares. Si bien al principio la tarifa nos parecía un poco elevada, es una visita que me había quedado pendiente del pasado viaje y que realmente ofrece una vista increíble de toda la ciudad (una debilidad en cada lugar al que viajo).


Esa noche aprovechamos para ir a cenar al Hard Rock Café, que se encuentra en el mismo Costanera Center. Por mi parte, soy muy fan de los Hard Rock, que tienen una modalidad y precios más o menos similares en todas partes del mundo: hamburguesas, buen ambiente y música en vivo. Cuando fuimos, había una banda haciendo covers de Soda Stéreo y el lugar estaba bastante lleno. Conseguimos una mesa y cenamos unas hamburguesas con cerveza por aproximadamente 30 dólares por persona, que es más o menos un gasto promedio en todos los restaurantes de esta cadena. La realidad es que es una zona muy linda por la noche y, si siguen caminando, van a encontrar muchos lugares para comer, incluso por mejor precio.

El segundo día decidimos ir a recorrer el centro histórico. Por suerte, en el departamento hicimos el check out y nos guardaron las maletas hasta las 19 horas aproximadamente, cuando teníamos pensado salir para el aeropuerto. Tomamos la línea de metro M1 (en Manuel Montt, estaba ahí cerquita de nuestro departamento), hasta la estación Santa Lucía. Al salir de la estación, prácticamente chocan con la Biblioteca Nacional de Chile, y están a un paso del Castillo Hidalgo, un hermoso edificio que hoy funciona como centro de eventos. El Fuerte Neptuno, dentro del mismo parque, me parece una obra hermosa. A un par de cuadras, se encuentra el icónico Palacio de la Moneda, junto a la gran bandera de Chile y una de las zonas que quizás nos resultaron más caóticas. Sin embargo, si siguen caminando por la calle Morandé, la escena va cambiando un poco y empiezan a encontrar calles más estrechas y rincones más tranquilos, sobre todo un día domingo. La Plaza de la Constitución, la Plaza de Armas y el Mercado Central, este último con muchos lugares para comer, se encuentran por la zona. También, si caminan un poco por el borde del Parque Forestal, van a encontrar el Museo de Bellas Artes y el Palacio Bruna.


Ese día, después, volvimos para el lado de nuestro apartamento, donde almorzamos unas buenas variedades de pescado en el restaurante Puerto Calbuco, una buena opción para comer platos con ingredientes locales y a muy buen precio. Luego teníamos pensado alquilar un auto e ir a Parque Arauco, otro de los shoppings más destacados de Santiago, o al Arauco Premium Outlet Buenaventura, que tiene muy buenos descuentos. Sin embargo, al ser fin de semana largo y domingo, no pudimos conseguir alquilar un auto en el día, ya que ninguno de los lugares en los que preguntamos tenía disponibilidad. El transporte público nos resultaba eterno y no teníamos conexión en ese momento para pedir un Uber, por lo que decidimos volver al Costanera Center y terminar nuestras compras ahí. La realidad es que, a menos que vayan con algo muy puntual en mente, este shopping cumple con las expectativas y se encuentra en un barrio muy cómodo para alojarse.

Aunque Santiago es una ciudad grande y, obviamente, nos quedaron cosas pendientes, el itinerario fue acertado para los dos días que estuvimos. Si tienen un poco más de tiempo, recomiendo conocer también el Cerro San Cristóbal, con otras vistas maravillosas de la ciudad. Si bien yo no soy una visitadora compulsiva de museos, el Museo Chileno de Arte Precolombino puede resultar muy interesante. Para los amantes del vino, también están muy buenas algunas de las visitas a bodegas que ofrecen desde la capital. Nosotros, en un viaje anterior, hicimos una con la empresa Turistik que resultó muy satisfactoria.

Ya habiendo ido dos veces, me quedaron dos grandes visitas pendientes, que espero poder concretar en otro viaje. Una de ellas es el Templo Bahá’í, unas construcción que en fotos parece increíble, con mucha paz, naturaleza y grandes vistas. Otro de los pendientes es La Chascona, uno de los hogares del gran Pablo Neruda; nosotros sólo visitamos La Sebastiana en Valparaíso, por lo que este paseo estará seguramente incluido en el próximo itinerario.

Con respecto a los precios que tiene la ciudad, les paso alguna data:

  • Desde el aeropuerto a Providencia nos tomamos un taxi. Negociamos la tarifa, ya que inicialmente nos querían cobrar 25.000 chilenos (41 dólares aproximadamente), y terminamos negociando por 16.000 (21 dólares más o menos). En el departamento, el chico de la recepción nos recomendó que utilizáramos Uber. Como ya nos es familiar en Argentina, a veces algunos taxistas se abusan del turista. En el caso de Uber, también al igual que acá, tienen que tener un poco de cuidado: están en una situación similar a la de Argentina, donde muchos conductores están en contra del uso de la aplicación. La chica que nos llevó, que nos cobró también aproximadamente unos 16.000 chilenos, nos avisó que desactivaba la app para que no pudieran rastrearla. Algo que a nosotros, lógicamente, no nos pareció raro ya que sabemos cómo funciona acá. En ambos viajes, tardamos más o menos 20, 25 minutos, aunque depende mucho del tráfico, así que es recomendable salir con tiempo. Este mismo recorrido puede hacerse con transporte público, de forma más económica, pero tienen que tener en cuenta que no hay nada que los deje directo si se alojan en la zona de Providencia, y van a tardar bastante más en llegar. Las compañías Turbus y Centropuerto hacen este recorrido, pero tengan en cuenta que lo más probable es que tengan que combinar con el metro o algún colectivo. Ahora, si se quedan por la zona de la Estación los Héroes o Pajaritos, es un golazo, ya que tienen precios muy económicos (algo de tres dólares por tramo, para que se den una idea).
  • Con respecto al alojamiento, encontramos una amplia variedad de precios y zonas para quedarnos. Providencia es un buen barrio porque es bastante tranquilo y aún así muy cerca de todo. Consideramos también la zona del aeropuerto, dado que nos quedábamos tan poco tiempo, pero nos resultaba muy incómodo ir hasta el centro. Si no están con auto, no lo recomendaría. Y si tienen pensado alquilar auto, tengan en cuenta que el tráfico en Santiago es pesado y que tienen su forma de manejar… Nosotros nos sorprendimos un poco porque, incluso un domingo, la ciudad estaba bastante atestada. Hay departamentos bellísimos, incluso con piscina, por aproximadamente 75 dólares la noche. Terminamos decidiéndonos por este tipo de alojamiento, incluso a pesar de quedarnos pocos días, ya que los hoteles eran un poco más caros. Si deciden quedarse por la zona del aeropuerto, hay buenos hoteles a partir de 115 la noche (aproximadamente, en base doble).
  • La comida en promedio está bastante bien. En el Costanera Center, almorzamos abundante por 6 o 7 dólares por persona (comida rápida como hamburguesas, pizzas, etc). Como comentaba, si bien elegimos un lugar caro como el Hard Rock para cenar, pueden comer en otros lugares por 10 a 12 dólares por persona, y comer bien. Una pinta de cerveza en un bar les puede salir, más o menos, tres dólares. El costo de vida es similar al de Buenos Aires, a grandes rasgos. Sobre todo a la hora de comer, no sentimos que fueran precios del otro mundo. Obviamente, siempre depende del comercio y la zona que elijan.
  • Con respecto al transporte, es muy barato moverse en metro o bus, pero dependiendo de las distancias y la cantidad que sean, tienen que considerar si no les conviene un Uber. El boleto está aproximadamente un dólar, que les permite hacer trasbordo entre buses o incluso con el metro. Nosotros nos movimos de este modo y nos resultó muy cómodo. También hay buses interurbanos que, por algo de 5 dólares, los llevan a Viña del Mar (en caso que tengan un par de días más y quieran hacerse una escapada).

¡Espero les haya servido este pequeño itinerario! Acá les dejo el mapa con todas las atracciones mencionadas en el post, para que las tengan a mano si tienen planes de visitar la bella capital de Chile.

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Qué lindo, por fin, caminar por Budapest. https://argietravellers.com/caminar-por-budapest/ https://argietravellers.com/caminar-por-budapest/#comments Thu, 22 Feb 2018 16:51:03 +0000 https://argietravellers.com/?p=953 ¿Viste cuando soñabas con conocer un lugar desde hacía años, tantos años que ya habías perdido la cuenta? Cuando van pasando los viajes y lo vas dejando de lado porque primero querías conocer lo típico, después porque a tus acompañantes no les gustaba, otra vez porque tenías pensado conocer un país y te quedaba muy a contramano… En este viaje, no, dije ya está. No tenía muy definido los lugares a los que íbamos a ir; no sabía muy bien qué recorrido quería, incluso estuve modificando cosas a pocas semanas de irnos. Sin embargo, algo era seguro: en ese viaje me iba a dar el gusto de conocer Budapest, una ciudad con la que había soñado desde siempre.

Como siempre digo, es rara la forma en la que funcionamos los seres humanos. No tenía razones reales para que mis deseos de conocer esta ciudad fuesen tan fuertes —más allá de ese pasión muy equitativa que tengo por conocer casi todas las ciudades de Europa, como ya saben los que me leen o me escuchan hablar. Obviamente, había visto fotos y había quedado fascinada con el Parlamento de noche, hacía ya muchísimos años. Durante el viaje pasado, había leído sobre los mercaditos navideños de la ciudad. También había escuchado sobre los populares ruin-pubs o bares en ruinas. Más allá de eso, realmente no tenía muchas razones para estar tan emocionada por conocer Budapest.

Y, sin embargo, me moría de ganas de estar ahí.

Llegamos a la ciudad de noche, desde Berlín, en un EasyJet llamado G-Ezra. Y obviamente al tono de la famosa Budapest —por si alguno no sabe de qué hablo, pueden hacer click en este video—, nos bajamos del avión para conseguir un taxi. El frío era intenso, pero las luces de la ciudad también. Más allá de mi eterna perorata de lo fascinantes que me resultan las ciudades europeas por la noche, Europa del Este tiene una particularidad cuando de vistas nocturnas se trata: me dio la sensación de transportarme un poquito en el tiempo. Es algo muy especial.

El taxi lo tomamos directamente desde el aeropuerto, porque éramos tres personas. Era muy tarde para el transporte público y la realidad es que, por la cantidad, nos salía más económico que pagar el transfer de forma individual. Desde el aeropuerto hasta la puerta del departamento que alquilamos, pagamos aproximadamente 25 euros. Esto ya nos lo informaron antes de tomar el taxi, donde nos hicieron esperar para poder tomarlo (y nos regalaron unos bomboncitos de mazapán para el camino).

Esta fue la primera vez que usamos Airbnb en un viaje, y la experiencia fue muy satisfactoria. Ni siquiera tuvimos que encontrarnos con nuestro host: nos dejó el código de acceso al edificio y luego las llaves en una cajita, también con un código. Fue muy fácil entrar y ponerse cómodo. Ya estaré contando un poco más sobre la experiencia, pero definitivamente volveríamos a hacerlo en esta ciudad. Hay cierto miedo de algunas personas, por lo que había leído antes de viajar, sobre lo que son en sí las ciudades del este. Si bien notamos la capital un poco más descuidada que otras ciudades en las que habíamos estado —hablando más que nada a nivel limpieza—, no nos pareció ni peligrosa, ni poco atractiva (por el contrario), ni insegura. Nos sentimos muy cómodos desde el primer momento, incluso cuando nuestro departamento no se encontraba en una calle principal y llegamos un lunes a la madrugada. Pasada la primera inspección del barrio, que siempre genera tanto fascinación como un poco de incertidumbre, nos dimos cuenta que no había de qué preocuparse. La gente no habla un inglés tan perfecto como en otras zonas de Europa, pero siempre nos pudimos hacer entender y nos trataron muy bien. Y los supermercados tienen muy buenos precios y todos nos aceptaron tarjeta, lo que resulta una tranquilidad a la hora de parar en departamento.

A pesar de ser casi las 11 de la noche, estábamos muertos de hambre y con ganas de conocer un poco la ciudad. Encontramos un restaurante pequeño sobre Teréz, una de las avenidas principales de la zona, donde comimos un menú de tres pasos con una cerveza por 12 euros. Comer en Budapest no fue un problema, en absoluto: tanto el supermercado como los comercios tienen muy buen precio; en especial después de venir de Ámsterdam y Berlín, donde los valores son otros. Incluso el transporte público nos resultó muy barato. Con aproximadamente 13,30 euros (4150 florines húngaros), sacamos un pase de transporte de tres días, que nos permitió movernos por la ciudad con total libertad. Budapest es increíblemente bella para recorrerla a pie, pero durante el invierno el transporte llega a ser hasta un refugio del frío. Además, para cruzar entre Buda y Pest puede ser una muy buena alternativa a pasar por los puentes caminando. Otra opción es sacar el boleto por día que sale 5,30€, o los viajes individuales por 1,70€. Todo depende de lo que tengan planificado hacer.

Cuando terminamos de cenar aquella primera noche en la ciudad, ya pasadas las doce, no podíamos volver al departamento. Me negaba. Obviamente, no me iba a ir a dormir sin antes ver el Parlamento de noche. No me importó el frío, la hora, o el hecho que nos encontrábamos en una ciudad nueva, en un barrio que no conocíamos. Con el mapa descargado en Google Maps, empezamos a seguir el camino entre calles oscuras y bastante desiertas. Y de a poco empieza a asomar, adornado por un árbol gigante de Navidad y muchas luces. Algunos policías acá y allá, pero la realidad es que teníamos todo el Parlamento para nosotros, en una de las noches más frías que habíamos tenido hasta entonces. Es una estructura que saca el aliento, de verdad. El tercer Parlamento más grande del mundo, después del rumano y el argentino, pero sin dudas uno de los más icónicos y fotografiables del mundo. Si pueden hacer el paseo en barco por el Danubio, les va a dar una de las vistas más increíbles de este lugar.

La magia de noche no deja de estar viva de día. Es una ciudad que despliega encanto por todos lados, de una forma muy propia. Sin dudas, la época navideña le sienta bien a Budapest, que se llena de mercaditos callejeros, luces, adornos y detalles en sus avenidas más transitadas. Recomendables sobre todo el mercado de la plaza principal y el que se encuentra frente a la Basílica de San Esteban, un item más en la lista de atractivos de la ciudad. Como acostumbran en Europa, la gente se reune en estos lugares a tomar y a comer, y fue una de nuestras opciones para probar algunas de las comidas típicas de la región. En el primer mercado comimos varias veces, ya que es una forma bastante económica para probar las comidas locales (y no tanto), disfrutar de un vaso del famoso vino caliente o degustar algún dulce típico hecho de mazapán. Es un ambiente muy único, incluso a pesar del frío, que recomiendo aprovechar si viajan en estas épocas. Las fiestas de fin de año en Europa, para los que vivimos en el hemisferio sur, tienen una atmósfera muy especial. Europa del Este, especialmente, tiene unos mercados hermosos y unas decoraciones que encajan a la perfección con las construcciones y la historia de sus calles.

Lógicamente, si van a Budapest no pueden dejar de cruzar el Puente de las Cadenas. Aunque nos alojábamos en Pest, sabíamos que Buda tenía una de las vistas más increíbles de la ciudad. Esta capital, dividida en dos y unida por sus puentes, tiene muchos contrastes entre ambas partes, que son igualmente bellas. Nos habían recomendado parar en Pest, que es quizás la zona con más movida nocturna y lugares para comer y visitar. Sin embargo, el Castillo de Buda y la Bastión de los Pescadores son razón suficiente para cruzar al otro lado de la ciudad. Quedamos absolutamente maravillados con estas estructuras, con la subida, con su pequeña ciudad, con sus vistas y sus ventanas. El funicular que lleva hasta la cima no funcionaba, pero había buses que llevan hasta arriba. Nosotros decidimos hacerlo caminando, pero también tienen la opción de hacerlo con el transporte público (con el mismo ticket que compran en el metro). Es un lugar emblemático para ir, tanto de día como de noche. La vista de la ciudad es increíble. La belleza de este destino queda en evidencia cuando tenés una postal aérea así. La entrada al mirador cuesta un euro, un precio válido para apreciar el Parlamento, sobre todo cuando cae el sol y se ilumina por completo.

Si buscan vistas de la ciudad, otra gran opción es la recientemente inaugurada noria llamada Budapest Eye. Al mejor estilo de la popular atracción londinense, ofrece unas hermosas vistas de la capital por un precio que resulta mucho menor que el de otras ciudades. Por 8 euros pueden subirse a esta atracción, que con sus 65 metros es otra buena idea para tener una panorámica de Budapest. En épocas festivas se suman las luces, que de noche adornan la ciudad y parece salida de un cuentito.

Como comentaba, esta ciudad es bella tanto de día como cuando cae el sol. Además del atractivo de los mercados, se suman los innumerables bares que tiene esta ciudad. Si van en verano, seguro van a poder disfrutar de alguno de los rooftop bars, muy populares en Budapest. Durante el invierno, si bien hay terrazas que se transforman para adecuarse a la estación, es recomendable refugiarse en alguno de los Ruin Pubs de la ciudad, que tienen una estética única y un montón de tragos y comidas para probar. No pueden irse de Budapest sin haber ido a Szimpla Kert, uno de los pubs más famosos de la ciudad. Una experiencia que, sin dudas, merece post aparte. Los precios suben un poco, pero sigue siendo muy accesible para lo que es Europa en general.

Hay mucha historia en esta ciudad, y sin dudas no pudimos evitar perdernos entre sus calles y meternos a conocer sus atracciones principales. Es difícil pensar en ir a Budapest sin conocer los baños termales o sin empaparse un poco de la historia de la comunidad judía, que se ve reflejada tanto en edificios como en monumentos. Entre las visitas que puedo destacar, sin dudas caminar a orillas del río Danubio es una de ellas, donde los puentes, los detalles y la gente parecen parte de una pintura en movimiento, hasta dar de lleno con el imponente Parlamento —uno de los edificios más increíbles que vi, honestamente. Hay algo tan encantador de la rivera de esta ciudad, que es difícil ponerlo en palabras. Por momentos uno se siente transportado en el tiempo, viviendo fragmentos de historia y edificios con tantos años y anécdotas, y fragmentos de algo mucho más grande… No recorrimos muchos museos, disfrutando finalmente de días de sol de invierno, pero hay una amplia selección si disfrutan de estos paseos o si el tiempo no acompaña. Además de visitar el Parlamento, son recomendables el Museo del Holocausto, el Museo Nacional de Hungría o el Museo de Historia de Budapest. Si son más de las atracciones alternativas, super recomendables el Museo de Aviación o el Museo de Pinball

Los baños termales son otra visita obligatoria en esta ciudad, famosa por sus balnearios como Széchenyi o Gellért. Recomiendo mucho hacer lo que hicimos nosotros: darle un día extra a la ciudad, y dedicar ese último día a pegarle una visita a los baños y recorrer los alrededores con tranquilidad. Ya sea que elijan uno u el otro, ambos tienen mucho para conocer a sus alrededores y son una buena excusa para tener un día de tranquilidad. En Széchenyi, en invierno, hay una pista de patinaje sobre hielo gigante; también se encuentran la Plaza de los Héroes y el Castillo de Vajdahunyad, que pueden visitar antes o después de relajarse en uno de los spas más lindos de Europa. Si van para el lado de Gellért, en la zona de Buda, pueden aprovechar para conocer la Ciudadella, que no sólo está llena de historia, sino que también ofrece una vista increíble de la ciudad desde las alturas. Quiero ampliar esto en otro post, porque creo que lo merecen. No hay nada como dedicarle un día a relajarse, después de semanas caminando ciudades hermosas, sobre todo cuando las temperaturas están tan cerca del cero.

Obviamente, como cuento lo bueno, tengo que contar lo malo. Un día que me sentía un poco mal, tuvimos que tomar un taxi, que nos cobró 15 euros un viaje que evidentemente no pasaba de los 5 euros. Lógicamente, cuando uno no se siente bien no se fija en esas cosas, pero es real que a veces uno tiene que estar un poco más atento en algunos destinos. No es algo que nos haya opacado la felicidad del viaje, ni por asomo, sino simplemente algunas consideraciones que uno tiene que tener en cuenta cuando está en lugares donde no habla el idioma y las cosas funcionan distinto a lo que acostumbramos. Si no están en un apuro, como era nuestro caso, consulten el precio, utilicen algún servicio con aplicación móvil o simplemente usen el transporte público, que doy fe que funciona muy bien en esta ciudad. Como no me canso de decir, son cosas que pueden pasar en los viajes y que no tienen por qué ponernos mal. En especial cuando está en medio la salud de uno, no hay que escatimar ni pensar mucho en los gastos. Además, ¿cómo puede afectarte algo tan mínimo estando en este lugar maravilloso?

Con lo bueno, lo malo, las expectativas y la realidad, me llevo muchas cosas lindas de Budapest. Es una ciudad que muchos me habían dicho que no les había gustado, otros tantos que se habían enamorado, otros que seguro iba a querer volver. Budapest fue algo insual, porque fui con muchísimas expectativas, que sin dudas se cumplieron. Es algo raro porque no sabía muy bien qué iba a buscar a esta ciudad, pero me fui con un montón de anécdotas, recomendaciones y cosas nuevas para compartir. Fue la primera ventanita para ver la belleza de Europa del Este, una zona del continente a la que seguramente volveré cuando planifiquemos una nueva visita al otro lado del charco.

Aunque ahora me quedará pendiente regresar en verano —esa época en que, dicen, es una de las más lindas para conocer la capital húngara—, no me puedo quejar. Me llevo grandes recuerdos de esta ciudad. Me voy con la felicidad de, por fin, haber caminado por las calles de Budapest, otro sueño pendiente que pude cumplir en este último viaje.

Pronto estaré subiendo más info sobre dónde comer, nuestra experiencia con Airbnb y algunos lugares que no pueden dejar de visitar si deciden conocer una de las capitales más encantadoras de Europa del Este.

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Islandia: tierra de sueños cumplidos https://argietravellers.com/islandia-tierra-de-suenos-cumplidos/ https://argietravellers.com/islandia-tierra-de-suenos-cumplidos/#comments Tue, 30 Jan 2018 12:41:05 +0000 https://argietravellers.com/?p=556 Es muy loco como todos tenemos distintas percepciones de los países que visitamos. Hay personas que te dicen que odian Londres porque el clima es horrible. Hay otros que te dicen que París es demasiado parecida a Buenos Aires y no volverían. Otros que juran que no pondrían de nuevo un pie en la caótica Roma. Y después están los enamorados de la perfección inglesa, los románticos que se quedarían a vivir en la capital francesa, los que encuentran belleza en ese hermoso caos que es la ciudad eterna. Yo creo que es una cuestión de percepción, de expectativas, de juicios y experiencias que tenemos antes y durante nuestro viaje; quizás son gustos, quizás son diferencias a las que acostumbramos o cosas nuevas que nos dejan perplejos, ya sea para bien o para mal. A veces tiene que ver con un fanatismo por la cultura, otras veces por el choque y la fascinación es esta genera. Son gustos, y es tan personal y subjetivo que no hay guía ni referencia que sirva para definir un destino.

Mi historia con Islandia es muy particular. Mucho tiempo antes de mi viaje, mucho tiempo antes incluso de que fuera un destino dentro del itinerario, ya venía leyendo sobre este lugar. Todo el mundo hablaba con cierta fascinación. Me resultaba raro no leer críticas negativas, más allá de lo pequeña que era la capital o de lo caro que resultaba pasar unos días ahí. Sin embargo, las fotos hablaban por sí solas: tierra de aguas termales, volcanes y geysirs, de noches y días casi interminables, de auroras y nevadas, de calles pequeñas y extensiones sin habitantes, de vikingos y gente cálida. Una isla en el medio de dos continentes, muy al norte; uno de los lugares más seguros del mundo, con el agua más pura y una cultura única. Con el tiempo, empecé a obsesionarme un poco con este lugar. ¿Cómo no iba a tener ganas de conocer?

Llegamos con Icelandair, en un vuelo que debo decir superó mis expectativas. El aeropuerto de Keflavík‎ era un caos, algo que ya veníamos esperando: no sólo era época de fiestas, sino que ya estábamos al tanto de la forma en que está impactando el turismo en Islandia. Como todo destino en auge, la infraestructura del país no está preparada para la cantidad de gente que está viajando. Aún así, con un aeropuerto colapsado y muchos alojamientos llenos, pudimos hacer todo rápido y movernos pronto fuera del aeropuerto, para esperar el bus que iba a llevarnos a nuestro hostel. La empresa Reykjavik Excursions tiene un transfer que va desde el aeropuerto hasta el centro o hasta los hoteles que se están alojando y viajando por Icelandair pueden comprar los tickets directamente en el avión (también pueden comprarlos online, o en el mismo aeropuerto antes de salir). Haganse a la idea que todo en este país es caro. Si van con otra mentalidad, lo más probable es que la pasen mal porque, incluso habiendo estado en Suiza, los precios nos parecieron mucho más elevados que en otros lugares. Pero doy fe que se puede sobrevivir.

Nuestro hostel, el Hlemmur Square, fue elegido por una cuestión de costos principalmente. Era lo más barato que encontramos. Incluso si eso significaba dormir en una habitación con otras ocho personas, era todo lo que nuestro bolsillo podía soportar al final del viaje. Aunque la idea de dormir en cuartos compartidos puede resultar algo molesta para quienes no están acostumbrados, está bien para una estadía corta. La diferencia es mucha con las habitaciones privadas de Reykjavik, y el hostel la verdad que no nos decepcionó: limpio, cómodo, super bien ubicado, con personal muy amable y una buena cocina para ahorrar también por el lado de la comida. Sé que suena reiterativo, pero de verdad es así de caro. He imaginate que, aún así, seguiría volviendo una y mil veces.

Llegamos cuando ya había caído el sol, porque en invierno los días duran apenas unas cuatro o cinco horas. De verdad. El sol sale recién a las 11 y alrededor de las 15:30 ya oscurece. Los amaneceres en Islandia en esta época del año son una de las cosas más hermosas que vi. Los atardeceres, como en la foto, te dejan sin aliento. Me llevé ese recuerdo intacto. A las 11 amanece, pero pareciera que nunca termina. Es una salida del sol que dura horas. Agradezco por los días despejados que nos tocaron, porque es un auténtico espectáculo.

Esa primera noche fuimos en busca de las auroras boreales. No sólo salimos a cazarlas, sino que las encontramos ya en el camino.  Y tengo que hacer una pausa al escribir, porque se me llenan un poquito los ojos de lágrimas. Fue un sueño cumplido. Otro de los tantos. Ya contaré un poco más sobre esta experiencia, que creo que es una que todo el mundo debería experimentar por lo menos una vez en la vida. Es magia en estado puro. Aunque tuvimos muchísimo frío, al punto de ya no sentir los dedos de las manos ni para sacar fotos, levantar la cabeza y ver esos colores en el cielo es algo que te queda grabado. No lo podíamos creer. 

Otro día lo dedicamos a conocer la famosa Laguna Azul. Había visto tantas fotos. Había dudado tantas veces que el color del agua fuera realmente como lo veía cuando hacía búsquedas en Google. Me daba tanta curiosidad como podía haber un spa natural en el medio de la nada. Me generaba incertidumbre saber que afuera hacía diez grados bajo cero y me iba a meter al agua… Todas las dudas quedaron despejadas cuando llegamos. Obviamente, también merece un post aparte. Es otro de los tantos lugares increíbles que tiene este país, que parece hecho meramente para descubrir sus rincones.

Sigo diciendo que es mágico, únicamente porque es verdad. Me cuesta pensar en este país y no seguir maravillándome con todas las cosas que vi. Puertas abiertas para bajar a comprar al supermercado, confianza en la gente, tranquilidad, calles pequeñas, nieve, blanco, colores, contrastes. Esas noches eternas, con frío y luces tenues, que me quedaron grabadas como una película favorita. Las extensiones de tierra inhabitadas cada vez que nos trasladábamos de un lado al otro, las tengo en la cabeza como si fueran parte de algo irreal. Me preguntaron por el frío, por la distancia, por el idioma, por tantas cosas que creían malas… Volvería a Islandia mañana mismo. Decir que quedé fascinada es quedarse corta.

Ya estaré publicando más posts sobre este lugar, del que sin dudas tengo mucho que decir. También seguiré subiendo fotos en mi Instagram, porque es muy difícil cansarme de los paisajes islandeses y todas las cosas lindas que vimos en este país. 

Ojalá tengamos la posibilidad de volver en verano, donde los días son de 20 horas y el clima un poco más amigable. Nos quedó mucho para hacer, nos morimos de ganas de alquilar un auto y recorrer el resto del país, que es pequeño, con rutas impecables y con largos tramos de nada misma, de una inmensidad que parece surrealista. A pesar de los precios, de los que ya estaremos armando un pequeño presupuesto para que puedan tener a mano si se les ocurre conocer, volvería gustosa a gastar en este lugar, que parece lleno de secretos y cosas increíbles para descubrir. Aunque mucho nos quedó por hacer, me llevo recuerdos y experiencias únicas; unos cuantos items de mi bucketlist pudieron ser tachados en este viaje tan especial e inesperado.

Mi historia con Islandia es muy particular. Para mí, es una tierra de sueños cumplidos.

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