recaptcha-in-wp-comments-form domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131updraftplus domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131Brno es principalmente un lugar de estudiantes. Esto nos lo comentó el recepcionista de nuestro hostel en Bratislava, explicándonos que no había mucho para hacer. Sin embargo, a pesar de no ser una ciudad plagada de atracciones turísticas, Brno tiene una belleza que parece ser la marca personal de las ciudades checas, con antiguas construcciones de colores, techos rojos y ese encanto que parece detenido en el tiempo. Es la segunda ciudad más grande del país, tanto en territorio como en población, y aún así tiene un centro histórico que puede recorrerse fácilmente. Si pueden dedicarle 24 horas, háganlo. Es una ciudad encantadora.
Como decidimos parar una noche, buscamos una pensión barata y céntrica, que nos permitiera ir y venir de la estación lo más rápido posible. La realidad es que Brno es bastante barata (como República Checa en general, si la comparamos con otros países de la UE), por lo que no creo que tengan problema encontrando alojamiento. En el camino desde la estación sacamos plata en un cajero, ya que nos avisaron que teníamos que tener cuidado con el cambio (recuerden que aquí la moneda no es el euro, sino la corona checa, que equivale más o menos a 0,045 dólares).
La Penzion Dvořákova fue sin dudas una buena elección para una noche. Con un pequeño frigobar y el desayuno ya en la habitación, nos permitió comer algo antes de irnos temprano la mañana siguiente. Lo único malo es que no había ascensor, pero ya veníamos bastante acostumbrados a andar cargando las cosas de acá para allá, por lo que no tuvimos problema.
Como llegamos bien temprano, arrancamos nuestro día yendo a Náměstí Svobody (Liberty Square), la plazoleta principal de la ciudad, donde nos encontramos con un mercadito de Navidad y bastante gente dando vueltas por la zona. Acá van a encontrar el Reloj Astronómico y caminando un poco van toparse con el Dům pánů z Lipé y el Kleinův palác, dos edificios históricos con bellas fachadas.
Después de tomarnos un café calentito en uno de los puestos callejeros que abundan en la ciudad, seguimos andando hasta el Monasterio Franciscano. Ahí nomás está la Estatua de Mozart. Si caminan un poquito más, van a encontrar el Gomperzuv dumz, una plazoleta con una feria y muy pintoresca.
La Catedral de San Pedro y San Pablo es sin dudas otro lugar que deben conocer. Es un edificio increíble, y ofrece grandes vistas de la ciudad. Está en un barrio muy tranquilo, ideal para caminar y seguir conociendo esta bella ciudad. Hay todo un circuito de Fortificación que vale la pena recorrer.
Todo este camino nos llevó al ingreso de un bellísimo y gran parque, que va dibujando un camino en subida. Pronto van a empezar a ver carteles muy rústicos, que los van a llevar hasta el Špilberk Castle, el particular castillo de esta ciudad. Las vistas que van a tener desde acá son realmente únicas, con miradores, parques y detalles que hacen que tanto camino cuesta arriba valga la pena. Nosotros no ingresamos al castillo por cuestiones de tiempo, pero es una excursión interesante si están un poco más holgados con el itinerario.
Camino abajo todo es más fácil, y poco nos costó retornar al centro de la ciudad, mientras ya comenzaba a caer el sol. Pasamos por la bellísima fachada de Masarykova univerzita, en una zona donde hay unos cuantos centros estudiantiles, siendo Brno una ciudad que se caracteriza mucho por su población de estudiantes. En nuestro camino pudimos ver la Iglesia Roja, otra de las construcciones más bellas que tiene la ciudad. Por esta zona también nos encontramos con otro mercadito de Navidad, que se encargaba de hacer muchas donaciones a caridad.
En el camino de vuelta a nuestro alojamiento, pasamos por la Iglesia de St. James y la Iglesia de la Virgen María. Como en muchas ciudades de Europa, hay una gran abundancia de iglesias que encantan con sus fachadas, sus construcciones y sus edificios llenos de detalle. En Brno es muy probable que les pase estar girando la cabeza constantemente, mirando para todos lados, porque la cantidad de edificios bellos que tiene es increíble. Fiel al estilo de construcción de esta zona, es maravilloso caminar por las calles y simplemente observar los alrededores.
A la noche, además de pasar por el mercadito de Navidad para comer algunas de las especialidades locales, nos dimos una vuelta por el Eagle Shopping Gallery, un pequeño paseo de compras con algunas opciones lindas para souvenirs. Pasamos por ahí para refugiarnos un poco del frío, ya que es más bien un lugar pequeño.
Por la noche, para tomar algo, recomendable el Bar, který neexistuje (la traducción es algo como el bar que no existe). Este famoso rincón se encontraba a pasos de nuestra pensión. Sirven tragos muy top, aunque también se puede comer, tiene muy buen ambiente y se encuentra abierto hasta las 2/4 de la mañana, dependiendo del día. No es lo que se dice súper económico, pero está bien para darse un gustito y conocer uno de los bares más populares de la ciudad.
Este fue nuestro pequeño itinerario para 24 horas. Sin dudas, nos hubiésemos quedado un día más en Brno, pero si quieren recorrerla en poco tiempo esta es una buena opción. Les dejo el mapa con las atracciones para que puedan descargarlo.
]]>La moneda de República Checa es la corona checa. El cambio es muy similar al peso argentino (hoy en día, por lo menos, la diferencia es de un centavo). Un euro son más o menos 25 coronas checas, por lo que los cálculos resultan bastante sencillos a la hora de evaluar los gastos. Las casas de cambio les van a tomar euros sin problemas. Nosotros, como siempre, decidimos sacar efectivo directamente de los cajeros cuando entramos en Brno, pero pueden hacerlo en Praga tranquilamente. La mayoría de los locales les van a aceptar tarjeta de crédito, así que el efectivo no es un problema. Pero si buscan ATMs en Google Maps, van a ver que hay muchos cajeros distribuidos por la ciudad.
Con respecto al idioma, la gente tiene muy buena voluntad para hacerse entender en inglés. Aunque no manejan el idioma tan bien como en otras partes de Europa, siempre nos trataron muy bien e intentaron comunicarse con nosotros. La verdad es que teníamos nuestras dudas sobre ese tema, pero no representó ningun problema.
Llegamos a Praga en tren desde Brno. Quiero decir que los trenes checos son un lujo y los pasajes son baratos. Es una gran forma de moverse de un lugar a otro, sobre todo si viajan en grupo (ya que tiene compartimientos). El tren hace el recorrido desde Budapest hasata Praga, por lo que si están en la capital húngara puede ser una gran opción para viajar de una ciudad a otra. Nosotros el trayecto de Brno a Praga lo pagamos 199 coronas checas, que son un poquito menos de 8 euros. Los trenes no sólo son muy cómodos y limpios, sino que también fueron muy puntuales.
Otro tema que nos preocupaba en un principio era el de la seguridad. La realidad es que teníamos pocas referencias de esta ciudad, y solamente habíamos escuchado comentarios al pasar sobre la supuesta inseguridad que se presenta en los países del este, que no teníamos muy en claro si alcanzaba o no a la capital checa. Honestamente, tengo que decir que nosotros en ningún momento sentimos esto como un impedimento de ningún tipo. Obviamente, siempre tomamos las mismas precauciones y vamos atentos, sea la ciudad que sea, pero la realidad es que no notamos nada fuera de lo común. Incluso celebrando la Navidad y volviendo a la madrugada a nuestro departamento, nos resultó una ciudad extremadamente tranquila. Praga 1 es un barrio muy pintoresco y donde hay muchos bares y restaurantes, por lo que incluso de noche el ambiente es muy bueno para conocer y caminar. No sé cómo será en otras zonas la verdad, pero nosotros nos sentimos muy cómodos y a gusto recorriendo los alrededores de nuestro alojamiento a cualquier hora del día.
Cortita y al pie, algunos precios que vimos estando en la ciudad y nuestro cálculo aproximado por día.
Obviamente, como siempre digo, el alojamiento depende de cuánto se puedan adaptar y qué cosas para ustedes son importantes: si pueden resignar el baño privado, o la ubicación, quizás el desayuno. Va en cada uno. Hemos visto precios muy baratos de hostels, pero también hoteles por un buen número por persona. Mi cálculo promedio es de 30 euros por persona por noche.
Con respecto a la comida, pudimos sentarnos a comer bien por un precio decente. Hay una gran variedad de comida en la ciudad, tanto típica como de otras regiones. Si van en Navidad, en los mercaditos pueden comprar comida por buen precio: una salchicha típica con pan esta 3,90 euros aproximadamente, o una brochete por 6 o 7 euros, pero obviamente es para comer parado junto a alguna mesita. El jamón de Praga es un poco más caro, pero algo riquísimo que les recomiendo probar (y se los envuelven para llevar si les sobra algo). Si quieren sentarse en un restaurante, tienen que hablar de más o menos un promedio de 10, 12 euros (una comida sencilla + bebida). Esto fue lo que pagamos en un pub Irlandés, o en un restaurante más o menos. Promedio por día, les diría que tienen que calcular entre 20 y 30 euros, sin darse muchos lujos.
Los supermercados son muy baratos (¡La cerveza de dos litros estaba 0,70 euros, no lo podíamos creer!), sobre todo si los comparamos con los precios a los que estamos acostumbrados nosotros. Es recomendable no tomar agua de la canilla, por lo que compramos botellas para preparar mate por algo de 0,30 euros el litro y medio. En general, si están parando en un departamento, comprar bienes les va a salir mucho más económico que en Argentina. A nosotros nos resultó bueno, sobre todo para desayunar y merendar en el departamento. Si quieren cocinar algo rápido, el kilo de arroz está 1,20 euros, la pizza lista para horno (tipo Sibarita) está 1,90 euros, y un paquete de fideos puede salirles 1,60. Para el postre, nuestro placer culposo es el pote de helado de Ben & Jerry’s de medio kilo, que sale aproximadamente 4,75 euros.
El transporte, como adivinarán, también es bastante económico si lo comparamos con otros lugares de Europa. Nosotros, por el tiempo que nos quedábamos, decidimos sacar la tarjeta de tres días, que permite viajes ilimitados por 72 horas, ya sea en metro, travía o bus. Este abono no salió 12,20 euros. Pueden sacar también el abono por día, que sale 4,30 euros (no hay mucha diferencia entre ir sacando por día o sacar el abono por varios). Personalmente, creo que también pueden manejarse muy bien con el billete sencillo, que sale 32 coronas (1,25 euros). A menos que tengan pensado viajar mucho en un día o estén parando en una zona alejada, no es necesario usar demasiado el transporte. Es una ciudad que se recorre muy bien caminando y, salvo algunas excepciones, las principales atracciones son bastante accesibles desde el centro.
Les diría que con un presupuesto de 65, 70 euros por día van a estar bastante bien. Gastar más o menos va en cada uno, el tipo de alojamiento, las comidas y las atracciones que decida tomar, pero ese fue nuestro promedio en esta bella ciudad, sin darnos lujos. Agregados como comer algo por la calle o sentarse a tomar una cerveza en un bar realmente no hacen a la diferencia, ya que no es una ciudad donde tengan que gastar una fortuna para permitirse un gustito adicional.
Todo el mundo nos había recomendado quedarnos por la zona de Praga 1. Cuando llegamos, entendimos perfectamente por qué: la mayoría de las atracciones turísticas se encuentran por esa zona, y es muy fácil conocer la ciudad a pie, además de ser bellísima. Como ya comenté en algún post, es como caerse de cabeza adentro de un cuento, trasladarse en el tiempo entre construcciones de colores, empedrados y puentes. Aunque la zona es un poco más cara que otras, como toda parte céntrica, vale la pena. Incluso encontramos el ticket de transporte poco útil algunos días. Realmente es una ciudad muy bella para caminar, caminar y caminar, aún en invierno, cuando las temperaturas juegan con el signo menos.
Nosotros eramos tres, por lo que un departamento en Booking fue nuestra mejor alternativa. Ya comenté un poco la historia que tuvimos con nuestro edificio, que estaba en obra, pero que aún así cumplió con lo que esperábamos de un alojamiento para algunas noches. La fecha no nos dejaba elegir mucho: queríamos estar cerca de Charles Square, donde son los festejos navideños, y es una zona que en esta época es más cara de lo normal.
Efectivamente, recomiendo que se queden en la zona de Praga 1. Malá Strana es otro barrio que también nos pareció hermoso, pero la mayoría de las atracciones se encuentran del otro lado. Todo, como siempre, depende en su presupuesto, en las ofertas de la época y en cuántos días tengan para visitar y moverse por la ciudad, y obviamente también de qué quieran conocer. Algunas ideas, basadas en las búsquedas que estuvimos haciendo antes del viaje y reviews de otros viajeros:
Si reservan desde los links de arriba o haciendo click acá, van a obtener un 10% de descuento sobre el total de su reserva. en Booking. También hay buenas opciones de Airbnb. Registrándose desde mi perfil o el de algún viajero conocido que ya se encuentre registrado, obtienen un descuento de $600 pesos argentinos en reservas superiores a $1100.
La realidad es que, cuando hay mercados navideños, es casi una obligación ir a probar las cositas ricas que venden, aprovechando para probar recetas típicas de la ciudad. No importa el frío, no importa la falta de mesas, no importa tener que comer con los guantes puestos: las mercaditos de Europa tienen comida que hay que probar. Sin embargo, también nos sentamos a comer en restaurantes y bares algunas veces, por muy buen precio y en lugares muy diferentes. Desde comida típica hasta italiana, hay muchas opciones. Nosotros comimos también en nuestro departamento, pero si hay algo que no falta son opciones para comer en la capital, desde lugares baratos hasta otros muy elegantes.
¿Por dónde anduvimos nosotros? Acá la lista:
Praga tiene la ventaja que, como otras capitales de Europa, cuenta con muchas de sus principales atracciones concentradas en el centro histórico. Aunque en las afueras también hay mucho para hacer y ver, si cuentan con pocos días igualmente van a poder conocer bastante. Como en muchas grandes ciudades, hay una buena cantidad de free walking tours, esta modalidad de recorridos a la gorra que tan de moda está en Europa. Nos sorprendió que muchos guías vienen a ofrecer su tour, y muchos de ellos eran españoles y hacian el recorrido en su idioma. Hay mucha oferta de paseos, varios de ellos por distintas zonas de la ciudad, y el precio lo ponen ustedes. Es una buena alternativa para conocer por poca plata y llevarse un pantallazo de la ciudad.
Algunas actividades gratuitas:
Algunas actividades pagas:
Es una ciudad que nos fascinó y un país al que definitivamente deseo volver, por lo que espero que en un tiempo este pequeño post se convierta en una guía propiamente dicha. Es poca info y muy puntual de lo que hicimos nosotros en una fecha muy especial, pero aún así espero que la data que recolectamos durante nuestro recorrido les sea de utilidad para armar el suyo. Si me olvidé de algo, son más que bienvenidos a agregarlo en los comentarios.
]]>Este local se encuentra en la zona de Nové Město, en una calle muy pintoresca de casitas típicas y mucha tranquilidad, muy cerca del famoso edificio Dancing House (del que estuve hablando en Instagram). La realidad es que ese 25 de diciembre, la ciudad se encontraba en un sopor muy natural del día de Navidad. Con el frío, todo formaba una combinación perfecta para tomar un café y disfrutar de la compañía de unos cuantos mininos.
Nos atendió un chico cuando llegamos y enseguida nos explicó cómo eran las reglas de este café, que resultó ser distinto a los que habíamos visitado anteriormente. Básicamente, acá se paga una tarifa fija por hora, y durante esa hora tenés vía libre para entrar a este café, y disfrutar de todas sus comodidades. Por 100 coronas checas —algo de 4 euros aproximadamente— podés pasar una hora en este lugar súper cálido, rodeado de gatitos y actividades. Además de contar con cartas, una xBox y varios juegos de mesa, hay una máquina de café, galletitas y algunas cosas para comer. Por el tiempo que estás ahí, tanto los juegos como los comestibles son libres. También hay bebidas frescas y caramelos, que uno puede servirse y llevarse a una de las tantas mesas repartidas por la sala principal.
Después que nos explicaran como funcionaba, decidimos entrar. No cobran en el momento, sino que cuando salís, ya que si decidís quedarte más tiempo podés hacerlo (por un suplemento por exceso de minuto, una corona si mal no recuerdo). Te hacen dejar tus zapatos en la entrada y te dan unas pantuflas. Lo importante es no molestar a los gatos, lo dejan en claro desde un principio. También te piden que te laves las manos antes de acariciarlos y que no les des comida. Las fotos no son las mejores, justamente porque la idea es sacar sin flash para no molestar a los animales. Muchas incluso las tomamos directamente con el celular.
Los gatitos son encantadores, al igual que el lugar. Es una casona grande, antigua, pero está todo muy bien ambientado, increíblemente limpio y con una estética muy moderna, como podrán ver. Sofás muy cómodos para sentarse a tomar algo, con los gatitos que van y vienen, duermen o intentan robarte la comida. También hay una sala con bebidas y cosas para picar, otra para jugar con la xbox y una sala para que los animalitos puedan comer tranquilos. En general nos gusto mucho el ambiente y la modalidad. No estás obligado a pedir, sino que podés sentarte ahi tranquilo, servirte lo que tengas ganas y hacer lo que te plazca (siempre y cuando no molestes a los gatos, obvio). Jugar al Uno, a las cartas, con los gatos, tomar café, leer… Podés disfrutar de un ratito de paz en el medio de la ciudad, rodeada de todos estos gatitos hermosos que tratamos de fotografiar (cuando nos dejaron).
Es uno de los cat cafés más encantadores con los que me encontré, y creo que es una gran modalidad para desconectar un ratito del turismo y, en nuestro caso, del frío. Sentarse, tomar algo, descansar y seguir con la marcha, después de aprovechar un rato de tan buena compañía.
Una tarde de Navidad en Praga en un lugar muy acorde. Recomendadísimo.
La semana próxima, estaré subiendo una pequeña guía de nuestro presupuesto en esta increíble ciudad, con opciones para comer, dormir y conocer.
]]>Mi caso con la Navidad, bueno, era muy puntual. Desde chica soñaba con el festejo europeo, así de sencillo. La primera vez que había leído sobre los mercados navideños que se arman en las ciudades, había quedado absolutamente fascinada. Alguna vez en mi vida, quería pasar una Navidad al estilo del viejo continente, tomando vino caliente en las calles, abrigada hasta los dientes, con nieve, decoraciones y ese olor a canela y especies flotando por todos lados. Había viajado en enero y agarrado pedacitos de lo que quedaba de la Navidad, pero nunca había llegado a pasar una allá.
Resulta que a veces los sueños se dan, y de las maneras más especiales. Praga había estado en mi lista de ciudades pendientes por muchos años, y cada persona que la visitaba no dejaba de decirme lo fascinante que era esa pequeña capital. Cada vez que veía fotos, me quedaba con la boca abierta, observando la arquitectura, los paisajes, ese aire de volver en el tiempo que tenía cada una de las imágenes.
Allá por febrero de 2017, mi novio me regaló tres frasquitos de té. El nombre de uno de ellos era “Navidad en Praga”, con todos los olores y sabores que, me imaginaba, debía tener la víspera de fiestas en el viejo continente y que a mí tanto me gustaban. Entre bromas y habiendo visitado las otras dos ciudades a las que hacían alusión las infusiones, comentamos lo lindo que sería poder pasar una Navidad en una de las capitales más pintorescas del mundo, rodeados de árboles, luces y puestitos acordes a la ocasión. Habíamos pasado ya Año Nuevo lejos de casa, juntos y por separado, pero nunca habíamos tenido la experiencia de pasar una Navidad en otro lugar del mundo y lejos de nuestras familias.
Diez meses después, nos encontrábamos brindando con vino caliente en Charles Square. Enfrente del Reloj Astronómico y con un montón de gente, para variar, desconocida, recibíamos la Navidad junto a las temperaturas bajo cero de República Checa, mientras cantábamos felizmente las estrofas de All I Want For Christmas Is You y un muchacho chino nos filmaba. Capaz estamos en YouTube y todo.
Miro la foto de la nota y se me pasan por la cabeza un montón de cosas. La ansiedad, la felicidad, esas cosas raras que sentimos cuando estamos en el exterior, cuando pasamos una fecha de esas, cuando cumplimos un sueño viajero de hacía muchos años. Es raro, porque uno se siente lejos de casa, y a la vez feliz por estar experimentando una cosa así. Cuesta un poco caer y ser conscientes de lo que estamos haciendo. Es una sensación muy especial.
Llegamos a Praga un 23 de diciembre, en un tren que nos traía desde Brno, que ya nos había dado una probadita de lo hermoso que es este país. Hacía frío y viajabamos en un compartimiento para seis, con todas nuestras valijas y una señora que olía bastante mal. Los trenes checos resultaron ser cómodos, espaciosos y tranquilos (además de baratos), y llegamos sin inconvenientes a la estación principal alrededor del mediodía.
Veníamos de haber pasado unos días en Budapest, entrenados y acostumbrados ya a que el inglés hablado no era mucho mejor que el nuestro, pero la gente en general nos trató amablemente. No tuvimos problemas para comprar los tickets de la línea de metro que nos iba a llevar hasta nuestro apartamento. Sacamos un pase de tres días, mientras nos poníamos en contacto con Lukas, que nos iba a dar las llaves del departamento que habíamos reservado por Booking. Los precios en esa época tan particular no nos habían resultado super económicos, pero ese departamentito a pocos metros del bello Wenceslas Square nos había salido barato y la ubicación resultó ideal para conocer la ciudad.
Como siempre me gusta contar el lado B de las cosas, y no sólo quedarme con las crónicas lindas, tengo que contar que nuestra experiencia con el departamento empezó de la forma… equivocada. No me malinterpreten, el departamento me pareció hermoso y volveríamos a elegirlo, pero cuando llegamos las cosas no parecían tan lindas. Llegamos y a los pocos minutos apareció Lukas, con las llaves para un edificio que tenía una pinta bastante vieja. Claro, en Europa, no necesariamente es algo mal. Ahora bien, el edificio estaba en obra. No había luces en los pasillos y daba la sensación de estar abandonado, con huecos de ventanas sin vidrios (el frío que hacía en el hall, mamita) y algunos cartones en los pisos. Por esos segundos en que nos subíamos al ascensor, pensé que habíamos sido estafados, que era uno de esos casos de fotos que se ven hermosas y departamentos que no cumplen, ni por asomo, con lo prometido. Sin embargo, al abrir una puerta medio desvencijada en un corredor vacío y lleno de polvo de construcción, apareció un departamento encantador e increíblemente fiel a las fotografías. Un techo con ventanitas como en las películas, camas impecables, una cocina grande con lavarropas y tender, una habitación principal gigante con baño ensuite. Respiramos tranquilos. El edificio en obra no era más que anecdótico y nuestras caras de pánico quedaron como un recuerdo de viaje más.
Entre valijas y llaves, no habíamos podido ni mirar a nuestro alrededor. Estábamos expectantes. Afuera amenazaba con llover pero no importaba mucho. Estábamos en Praga y veíamos las casitas desde la ventana de nuestro departamento. Era un poquito como estar adentro de un sueño.
Me habían dicho que esta ciudad tenía algo encantador y, realmente, sólo lo entendí cuando empecé a caminar por sus calles. Es caer de cabeza en un cuento, pero hay algo más. Incluso sentándonos en un pub a ver el clásico español, incluso caminando por calles abarrotadas de gente, incluso tratando que los contingentes chinos no salgan en las fotos… Hay algo que va más allá de todo, y que está latente en cada paso que das. Praga es encantadora, así sin vueltas.
Y cuando cae la noche, es otra historia. Me pasó que me quedó un recuerdo muy puntual. Había llovido un poco y, cuando paró, quisimos salir a comer algo a un mercadito, la noche del 23. La magia de las calles después de la lluvia, la escasez de gente, la belleza de las luces reflejadas en el pavimento, el olor a vino caliente y el murmullo de canciones navideñas. Son esos momentos que te parás donde estás y simplemente observás, porque todo parece frágil. Te sentís sumergido en un mundo que parece sacado de otro lado. Son esas situaciones en las que agradezco a la vida poder viajar y disfrutar de esos instantes.
El primer día lo dedicamos a turistear. Como todos esos rincones a los que tenés que ir cuando visitás un lugar así, terminamos caminando por las orillas del Moldava, hasta alcanzar el famoso Puente de Carlos. No pudimos evitar meternos entre los cientos de turistas, así como tampoco escaparnos a un pub a comer, observando a los locales y a todos los visitantes que esas épocas mueven en las ciudades europeas.
El consumismo se vive de otra manera en Europa, por lo menos a mi parecer y desde este lugar en particular. La gente rodea los locales comerciales, pero también se abarrota en los mercados navideños, en los restaurantes o los puestos de comida, disfrutando de la época más que buscando una excusa para comprar. Parece más como una vacación, como un momento para desconectar y disfrutar, y no un rally para hacer todo antes de la noche del 24. Gorros de lana, bufandas gruesas, abrigos largos. Todo parecía una pintura utópica para nosotros, que habíamos pasado las últimas Navidades sentados abajo del aire acondicionado y luchando por terminar esa última porción de vittel toné. Los locales empezaron a cerrar muy temprano, algo a lo que no estamos muy acostumbrados, por lo que alrededor de las tres, cuatro de la tarde, sólo éramos los turistas, algunos negocios gastronómicos y los mercaditos navideños, que seguían presentes en todos los rincones de la ciudad. No pudimos evitar comer un Trdelnik a la tarde, uno de los postres típicos, mientras esperábamos la hora de volver al departamento y prepararnos para los festejos.
El 24 a la noche, todos los restaurantes estaban llenos, por lo menos los que se encontraban abiertos. Recomendable es reservar con tiempo. Sino, los mercaditos siempre están a la espera, con su lomito de Praga, sus salchichas o brochettes, para comer parados y disfrutando de los conciertos Navideños. A minutos de las doce, la gente se reune alrededor del Reloj Astronómico, haciendo la cuenta regresiva todos juntos. Es algo muy especial. Más allá que habíamos vivido el Año Nuevo, la Navidad tiene otro clima. No hay fuegos artificiales, no hay ruidos ni tanto caos. La gente se mira, se abraza, disfruta del momento. Nosotros seguimos la noche en un pub, pero por lo general es una fiesta mucho más tranquila que comparten con la familia. Muchos locales incluso cierran a eso de las 23 horas y son pocos los que siguen la fiesta después de las 00.
El 25, el clima turístico vuelve, aunque muchas atracciones están cerradas. Se nota que todos aquellos que fueron de visita, lejos de querer aprovechar el feriado para descansar, están buscando algo para hacer. Nosotros pasamos nuestro día en Malá Strana, uno de los barrios más artísticos de Praga, visitando el Castillo, el Muro de John Lennon, algunas librerías que estaban abiertas y aprovechando un poco también la tranquilidad que ofrecían otras zonas menos turísticas. Aunque muchos locales se encontraban cerrados, por la noche todo vuelve a la normalidad y pudimos salir a comer sin problemas. Igualmente en en las calles queda ese ambiente, esa vibra que traen las fiestas, con todos sus detalles todavía abrazando los rincones de Praga.
Esto es únicamente una historia personal, un recuerdo que me quedó de mi paso por esta ciudad bella, y que quería compartir. Otro pequeño sueño cumplido. En los próximos posts llegará la info y los lugares que recomiendo conocer en esta capital, que nos dejó un recuerdo hermoso de una de las fiestas que más deseaba pasar en el exterior.
Como siempre digo, creo que la impresión de un país —en especial, la primera— se basa en momentos, en olores, en colores, en gente y lugares, en una sensación muy única y personal. Cada uno se lleva sus propias experiencias, sin juicios previos u opiniones ajenas que valgan. Vivir la Navidad en Praga no sólo me hizo llevarme las mejores postales navideñas de mi vida, sino también una impresión única de una ciudad de cuentos. Porque les puedo asegurar que, si hay algo más lindo que Praga, es vivir el sueño de una Navidad en Praga.
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