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Además es limpio y está muy bien señalizado, no sólo en coreano e inglés, sino también en japonés y chino. Lo usamos tanto que todavía la canción que anuncia la llegada del tren la tenemos fresca en la mente. Si van a buscar alojamiento, para mí es clave quedarse cerca de alguna estación.
Si compran la tarjeta T-money para viajar (la pueden encontrar en las tiendas de conveniencia y en algunas estaciones), el pasaje sale 100 won menos. La pueden usar también para buses y para comprar en algunos negocios. El valor de la tarjeta arranca en 2500 won (175€ aproximadamente), aunque hay algunos modelos especiales más caros y que se pueden llevar de recuerdo. Para los fanáticos del k-pop, hay modelos incluso que vienen con muñequitos de los cantantes. En todas las estaciones van a encontrar las máquinas para agregar dinero a las tarjetas y poder usarlas, y se puede seleccionar el idioma para ponerlo en inglés.
Si deciden pagar por viaje directamente, en las mismas máquinas van a poder comprar los boletos. Simplemente tienen que seleccionar la estación final a la que van y les va a decir el importe (arranca en 1350 won —0.94€ al cambio de hoy— y suele ser la tarifa para moverse en distancias cortas). Estos boletos tienen 500 won de depósito, que recuperan al salir en unas máquinas específicas para devolver las tarjetas de un viaje.
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El transporte público no sólo sirve para moverse por la ciudad, sino también para ir a los aeropuertos: tiene muy buenas conexiones tanto con el aeropuerto de Incheon (Airport Railroad Line) como Gimpo (Airport Railroad Line, GoldLine, línea 5 y línea 9) e incluso entre ambos aeropuertos (Airport Railroad Line) en caso que tengan que hacer conexión.
Sinceramente en ningún momento necesitamos utilizar taxi o algún otro medio de transporte, nos movimos en metro a todos lados y fue realmente fácil entender cómo viajar, dónde bajarnos y por dónde salir, se viaja cómodo y bien. Nosotros nos alojamos cerca de la estación Myeongdong e hicimos todos los recorridos desde ahí sin problemas.
]]>Empecé en Instagram un detalle de cada uno de los barrios que recorrimos y quería compartirlo todo junto acá, para quienes estén planeando visitar esta maravillosa capital. Preparen la cámara, el calzado cómodo y la tarjeta de metro, porque hay tanto para ver, que esta lista seguramente está dejando algo afuera. Se vendrán más posteos, pero creo que este es esencial para planificar un recorrido.
Acá va lo que vimos nosotros y que, espero, en algún momento podamos seguir ampliando con una segunda visita:
En nuestra estadía en Seúl decidimos quedarnos en Myeongdong, en el distrito central de la ciudad (conocido como Jung-gu) y fue una gran idea. El centro de Seúl, al norte del río Han, es una de las mejores zonas para alojarse y hacer turismo, y la mayoría de las cosas se encuentran disponibles tanto en coreano como en inglés. Acá no solo se encuentra la estación principal de la ciudad, sino otro de sus grandes atractivos e íconos: la Namsan Tower, conocida también como N Seoul Tower. También hay otras tantas atracciones como:
Otra de las áreas más turísticas de Seúl es el distrito de Jongno, al norte de Jung-gu. Es una zona que a nosotros nos tomó varios días recorrer. Es el centro de la ciudad desde hace cientos de años, ya que fue donde la dinastía Joseon estableció su capital. No es sorpresa que en esta parte de Seúl se encuentren los palacios de la ciudad: el Palacio de Gyeongbokgung y el de Changgyeonggung, probablemente los más turísticos, pero también el de Changdeok y Unhyeon. Otros atractivos de esta zona:
Para mí, Mapo-gu es una de las zonas más lindas de Seúl, me atrevería a decir que mi favorita en toda la ciudad (por lo menos, de las que alcanzamos a conocer en una semana). Acá se encuentra el barrio de Hongdae, lleno de restaurantes, bares, tiendas, arte y clubes con mucha movida nocturna. Debe su nombre a la Universidad de Hongik, gracias a la cual esta zona creció y se desarrolló. Si pasean por sus calles, van a ver muchas performance de artistas callejeros. Todo el distrito nos pareció que tiene muchísima onda.
¿Qué visitar en esta zona?
Otro de los barrios que recorrimos en Seúl fue Seongdong, conocido principalmente por el Seoul Forest. Consta de 5 parques distribuidos en aproximadamente 595,000 metros cuadrados de terreno, y es la casa de árboles de cerezo (uno de los mejores spots para ver la floración), árboles de ginkgo e incluso ciervos. El ingreso a esta zona, que fue inaugurada en 2005, es totalmente gratuito. Mucha gente llega con la bici y se sientan a hacer picnics, una actividad que está totalmente a otro nivel en Seúl: carpas, sets de comida, almohadones, luces, sillas, lo que se les ocurra. Incluso vimos alquiler de todas estas cosas a orillas del río Han, para poder hacer el picnic definitivo.
Otras atracciones de la zona:
Probablemente sea el barrio que todo el mundo conoce, gracias a la canción de Psy que dio comienzo a una era dentro de la música coreana: el lujoso barrio de Gangnam. Es la zona más top de Seúl, casa de muchísimos artistas, marcas de lujo y tiendas de diseñador, con el valor de metro cuadrado más alto de la ciudad. Pero también tiene muchísimas cosas turísticas para hacer.
Otra zona famosa de Seúl es Songpa, que fue el centro de las Olimpíadas de 1988 y donde están muchas de las facilidades asociadas con ese evento. Sin embargo, hoy en día también es donde se localiza uno de los edificios más altos del mundo, el Lotte World Tower, con 555 metros de alto. Algunas cosas que hacer en este barrio:
Pueden encontrar más información sobre nuestro viaje a Seúl en mis historias destacadas de Instagram.
]]>Mi historia con Corea del Sur es un poco así. Poco sabía de este país, que, de a poco, se fue metiendo en el plano del entretenimiento de una forma tan sutil que casi ni nos dimos cuenta. Mi primer interés real por Corea surgió, como el de mucha gente, por una serie de televisión. Durante la pandemia vi mi primer k-drama, uno que probablemente sea de los más famosos del país asiático, uno que hace pocos días salió en las noticias por hacer que un pequeño pueblo de Suiza tenga que cobrar entrada para ingresar a una de las zonas donde se grabó.
Con el paso del tiempo me fui enganchando, me fui acostumbrando al idioma, me empezaron a dar curiosidad sus costumbres, su comida, sus lugares. Empecé a leer a sus autores, a escuchar su música. Y cuando se presentó la oportunidad de conocer la capital de Corea del Sur —porque fue una oportunidad más que un plan—, estaba muy emocionada de finalmente poder visitar este país que indiscretamente se había metido en mi radar.
Y sinceramente no me extraña que la cultura coreana se haya vuelto tan popular. Es una cultura con tantas cosas fascinantes, llamativas, curiosas. Seúl es una capital que lo tiene todo, realmente. Es una ciudad que a mí me encantó desde el primer momento, con toda su estética, con sus lugares que ya me sonaban familiares, con su comida maravillosa (¡y tan picante!) y sus cafés de todos los tipos y colores. Es una ciudad instagrameable pero también repleta de historia. Está perfectamente acondicionada para el turismo y es moderna, pero también sabe conservar parte de su cultura y su esencia.
Seoul me dejó maravillada con un país que, hace unos años, no estaba en mis planes de conocer. Hoy en día digo con toda certeza que me encantaría regresar y no sólo conocer más a fondo la capital (8 noches parecían un montón y terminaron sin ser suficientes), sino también recorrer otras zonas menos turísticas. Busan, Jeju, Daegu… todas tienen ahora un pin en mi mapa, en una zona que por años había pasado por alto. Seúl resultó ser un destino mucho más sencillo de lo que esperábamos para viajar por nuestra cuenta, me encantaría saber cómo es en el resto del país.
He leído opiniones diversas sobre Corea del Sur y sobre su ciudad más importante, pero a mí me ha dejado recuerdos maravillosos. A veces es extraño cómo encontramos destinos que queremos visitar (siempre cuento nuestra historia sobre Curacao), pero qué maravilla cuando no solo cumplen las expectativas sino que nos dejan con ganas de contarle a todo el mundo por qué deberían visitarlos.
Se vienen los posteos sobre Corea del Sur y sobre la maravillosa Seúl. Aunque su slogan ya será modificado pronto, a mi ese I Seoul U me quedó muy grabado en los recuerdos de una ciudad que, sin dudas, se metió en los primeros puestos de las más divertidas y atractivas en las que estuvimos.
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Recuerdo Londres y esos días que pasamos en una de mis ciudades favoritas en el mundo, esas que siempre había soñado con conocer. Tengo recuerdos muy puntuales, aunque pasaron ya casi diez años de esa primera vez.
Y seguramente por muchos años recordaré también nuestra llegada a Japón. Nuestra primera mirada a la terminal de arribos de Haneda. Nuestro primer viaje en metro. Esa primera caminata hasta el hotel por las calles frente a Hamamatsucho. Ese primer encuentro con la cultura japonesa y esa belleza caótica que tiene Tokio. Esa primera conversación con alguien que, aunque hablaba poco inglés, intentó ayudarnos de todas las maneras posibles.
Japón es diferente a todo lo que conocíamos.
Este país es, por momentos, una simulación. Muchas veces es pararse en el medio de la calle y decir esto no puede ser real. Tengo en mente el monorriel pasando por donde estaba el hotel, en alguna callecita inmaculada de Minato-ku, y me parece un recuerdo inventado, como si lo hubiese prestado de alguna película animada. Pienso en la torre de Tokio iluminada desde nuestra habitación y estoy segura que lo soñé en algún momento de mi infancia, evocando alguna escena de un animé que me gustaba mucho.
Japón es un país fascinante, de una forma que a veces es muy difícil de poner en palabras. Y conocerlo se sintió, y se sigue sintiendo, igual. Es todo eso que te dicen y más. Cuando te cuentan con emoción que nunca estuvieron en un lugar así, por favor, creeles a todos. No exageran. No hay un país igual.
Y Tokio es otro caso aparte. Aunque muchos dicen que la verdadera belleza de Japón está en las afueras de la ciudad, Tokio me generó una fascinación casi infantil. Hay personas que aman el mar, otras las montañas, otras los lugares tranquilos. A mí me encantan las ciudades. Esas que te hacen levantar la cabeza todo el tiempo, esas que te llenan de sonidos, de experiencias, de cosas nuevas para probar. La monotonía de colores en el metro, siempre impecable, siempre abarrotado de gente, contrastando con las marquesinas, los ruidos, la familiaridad de toda su cultura y el ataque constante de algo para ver. La tranquilidad de las calles laterales que desembocan en avenidas donde un mar de gente toma un significado totalmente nuevo. Creés que nunca viste un mar de gente antes de caminar por Shinjuku un domingo de lluvia. Una ciudad famosa por los excesos, pero donde uno se encuentra redescubriéndola en esas callecitas de Omotesandō que parecen sacadas de otro lugar totalmente diferente.
Hay una constante sorpresa por un día a día que parece orquestado perfectamente y que, de vez en cuando, es difícil de entender. Japón necesita un poco de paciencia. Por momentos hay que pararse al costado del camino y observar un poco, porque el día a día es realmente un escenario fuera de lo común y a veces hasta resulta un poco abrumador. Creo que es de esos lugares en los que uno podría pasar meses, quizás años, y recién empezar a comprender un poquito cómo funciona todo. Mirar qué pasa, tratar de entender, disfrutar de las cosas inesperadas que suceden en la vida cotidiana es una de las cosas más lindas que tiene este lugar. Sentarme en un café y observar fue, posiblemente, una de las cosas que más me gustaron de nuestros días en este país.
Japón se siente como un sueño, de esos en los que te despertás y tenés que pensar un rato que pasó, si fue real, un recuerdo, o simplemente algo que inventaste en tu imaginación.
Denme unos tiempo para pellizcarme, acordarme que fue de verdad y empezar a escribir.
Ojalá volvamos a vernos pronto.
どうもありがとう日本
。
Hace un tiempo ya, escribí una guía para visitar los países bálticos, que fueron una de las sorpresas de nuestro viaje por Europa del 2018/19. Sin embargo, me quedó pendiente entrar en detalle sobre cada uno de los países que conocimos. Cada uno de ellos fue especial a su manera y con muchas cosas para ver.
Hoy quiero hablar de Lituania. Un país sobre el que, honestamente, sabíamos poco y nada. Lo elegimos por dos razones. Una, nos volvimos un poco curiosos por saber por qué todo el mundo iba a los bálticos, pero solamente visitaba Estonia y Letonia. Otra, porque la verdad conseguimos un vuelo muy barato de Londres a Kaunas, y dijimos ¿por qué no?
Y qué bueno es decir ¿por qué no? algunas veces.
Resulta extraño, a esta altura del partido, llegar a países con poco turismo. Veníamos de Portugal, España, Francia, Inglaterra, donde a veces hay que pelearse con otros turistas para conseguir una foto, a base de miradas mordaces y carreras para ver quién llega primero. Y, sin embargo, en Lituania nos encontramos con un panorama totalmente distinto a los destinos previos. No había gente en la calle tomándose fotos. No teníamos que esperar para entrar a un lugar. Si guardábamos nuestra cámara, tranquilamente podíamos hacernos pasar por un par de locales.
No sé si habrá sido la época, pleno enero y temperaturas de -20 grados, pero tuvimos Lituania toda para nosotros. Pudimos meternos en bares vacíos, caminar por calles llenas de gente yendo a trabajar o volviendo a su casa. Quizás fue eso lo que hizo que este país me pareciera tan especial. Disfrutar de su capital sin apuros y apreciando un lugar real.
El inglés no es moneda tan corriente como en otros lugares, pero uno se puede hacer entender. No sabíamos que después terminaríamos en Ucrania. Hacerse entender en Lituania, al lado de ese país, nos iba a parecer una pavada. En línea general nos cruzamos con gente amable, con la abuela de un host que sólo hablaba ruso, con empleados de puestos de comida que nos hicieron ruidos de animales para explicarnos qué estábamos comiendo (Lituania merece otro post aparte para su comida, de verdad). Creo que, cuando hay buena voluntad de ambas partes, uno siempre termina comunicándose de alguna manera.
Vilna particularmente me sorprendió mucho. Es una capital muy linda, limpia, con esa mezcla especial que tienen este tipo de ciudades entre lo moderno y la historia. A cada minuto nos hacía recordar que es la capital de un país muy nuevo, que pasó por mucho y que lo deja ver orgullosamente en sus calles, sus museos y sus detalles. Es un recorrido pintoresco y especial, con un centro que fácilmente se recorre a pie.
Les dejo algunas de las atracciones que disfrutamos en la semana que estuvimos en Vilna. Es una ciudad a la que verdaderamente quisiéramos volver, quizás cuando podamos estar sin tanto abrigo y sin patinar por las calles cubiertas de hielo. Sin embargo, creo que en invierno también tiene su encanto. Me parece que, independientemente de la época, es una ciudad que van a disfrutar. Aquí las atracciones:
Les dejo el mapa con todos los lugares mencionados, más algunos otros donde paramos a comer a buen precio. Realmente recomiendo visitar Vilna, que parece de algún modo eclipsada por las otras capitales bálticas, y que, honestamente, no tiene nada que envidiarles.
]]>Nosotros nos alojamos en Barajas, bien cerca del aeropuerto, por una cuestión de comodidad. Llegábamos a Madrid a la mañana y nos íbamos bien temprano al otro día, por lo que no tenía sentido parar en el centro y madrugar más de lo que ya debíamos. Dejamos nuestras cosas en el hotel y nos dispusimos a ir directo para el metro. Es muy sencillo viajar desde las afueras hasta el centro con el transporte público.
El metro de Madrid se inauguró hace 100 años y cuenta con trece líneas. Sin dudas, como en toda gran ciudad, es una forma rápida y económica de moverse y aprovechar el tiempo al máximo. Nosotros amamos caminar, pero muchas atracciones se encuentran a una distancia considerable como para hacer todo a pie, en especial si están a contrarreloj. Para viajar pueden comprar la tarjeta, que vale 2,50 euros, y cargarle los tickets de viaje individuales (el precio varía, dependiendo de la zona, entre 1,50 y 3 euros) o el ticket de 10 viajes, dependiendo de lo que les convenga. Nosotros compramos las tarjetas directamente en la estación de metro del aeropuerto de Barajas. Tengan en cuenta que si van a utilizar este medio, tienen que abonar un Suplemento de Aeropuerto, necesario para poder entrar o salir de las estaciones de Metro de Aeropuerto T1-T2-T3 o Aeropuerto T4 si se viaja con un billete Sencillo o 10 Viajes.
Desde Barajas nos tomamos la línea 8, hasta la estación Colombia, y ahí combinamos con la línea 9 hasta Príncipe de Vergara. ¿Nuestro destino? El Parque del Retiro, obvio. Creo que no hay lugar en Madrid que me guste tanto. En otoño, la época en la que me tocó visitarlo, los colores son increíbles. No pueden dejar de ver su Palacio de Cristal, que es una verdadera belleza. Ahí cerquita tienen el Museo del Prado, pero no era nuestra intención perder tiempo encerrados. Nosotros no somos unos apasionados de los museos, sino de caminar las ciudades, y en 24 horas le dimos prioridad a lo que más nos gusta.
Caminando por la Calle de Atocha, nunca puedo dejar de levantar la cabeza. Esta zona de Madrid me encanta. Acá fue donde paré la primera vez que fui a esta ciudad (había escrito ya algo sobre pasar Año Nuevo), y es una zona ideal. Caminando por acá van a llegar hasta la Plaza Mayor, uno de los lugares más famosos de Madrid. Ahí nomás, en la calle Mayor, tienen 100 Montaditos (algunos días de la semana, tiene promociones de todo por un euros), una cadena de tapas por si ya están para almorzar. Si todavía están más para el desayuno o para algo dulce, no pueden dejar de ir a la famosa Chocolatería San Ginés, y tomar su chocolate con churros. A veces hay fila para sentarse en el salón, pero también tienen la opción de comprarlos para llevar y seguir camino.
Ahí nomás se van a encontrar con La Puerta del Sol, donde van a poder ver también la famosa escultura del Oso y el Madroño. Aunque como en toda zona turística, los precios son un poco más elevados, por acá van a encontrar todo tipo de souvenirs para llevarse a casa.
Volviendo un poco sobre nuestros pasos, pasamos por el Mercado de San Miguel. Pasamos solamente a mirar. La verdad que los precios del mercado no son los más amigables para el bolsillo mochilero, pero hay una variedad de productos y olores que vale la pena admirar. Madrid tiene una gastronomía increíble, por lo que no recomiendo ir a las zonas más turísticas, sino perderse por sus calles y sentarse en algún lugar local. Si quieren ir a lo seguro, hay muchísimas sucursales de La Sureña, que fue donde nosotros decidimos almorzar. Pero, por lo general, se come muy bien en todos lados.
Seguimos caminando hasta la Calle de Belén, donde se encuentra el imponente Palacio Real. En esta zona se encuentran concentradas varias atracciones que vale la pena admirar. Es realmente una parte muy bonita de Madrid. Desde acá, la caminata hasta el famoso Templo de Debod es muy corta. Es uno de esos lugares que se han vuelto muy icónicos en la ciudad. Si bien se puede entrar al templo, la mayoría elige este punto para ver el atardecer. Si caminan por el Parque del Oeste, van a encontrar muchos rincones donde la gente se sienta y espera a que termine el día.
Desde acá, pueden volver caminando por el barrio de Malasaña, donde el ambiente cuando cae la noche es ideal para unas tapas y cañas, un equivalente a nuestra picada con cerveza. Hay muchas opciones. Incluso si no son de las cerveza, por la zona van a encontrar la Sidrería el Tigre, donde con la bebida viene incluido un plato de tapas. Es una muy buena opción para comer algo barato y probar un poco de la gastronomía típica.
Luego, ya de noche, nos volvimos caminando por la Gran Vía, hasta llegar a la Fuente de Cibeles y ver la Puerta de Alcalá iluminada, antes de volvernos para el hotel. Teníamos un vuelo muy temprano y estábamos muertos, pero felices de haber aprovechado un día a full en Madrid.
Para mí, esto es lo fundamental. Obviamente, faltan algunos lugares que me gustó visitar: el barrio de Latina, o el estadio Bernabéu (recomiendo mucho el tour), incluso nos quedó pendiente la postal de desde la terraza de Bellas Artes. Por falta de tiempo, nosotros decidimos dedicarnos a caminar un poco la ciudad y ver todas aquellas cosas gratuitas y típicas de la capital española. ¿Para cuántos días da quedarse en Madrid? En mi opinión, varios. Pero, si están con las horas contadas, creo que es un buen pantallazo general de esta ciudad hermosa. Como nosotros, seguramente, se quedarán con ganas de volver.
]]>La capital portuguesa es una ciudad que realmente nos encantó, y que tiene mucho para ver. Portugal es un país al que volveríamos sin dudarlo. A continuación compartimos una guía con toda la información que recolectamos durante nuestra visita para que puedan planificar la suya.
Lisboa es una ciudad mucho más grande de lo que esperábamos. La capital portuguesa tiene más de 500.000 habitantes y es una de las zonas más pobladas del país. Sin dudas, es una ciudad llena de vida, de colores y sabores, algo que creo es muy característico de este país. Es un lugar al que fuimos porque teníamos un stopover de TAP, la aerolínea de bandera, pero que nos terminó encantando. Sin dudas, creemos que será la primera de varias visitas a este país.
Con respecto a la seguridad, no tuvimos problemas. En la Plaza de Comercio intentaron vendernos droga a plena luz del día, algo que después nos enteraríamos que es totalmente normal. Por más que nos resultó raro, con decirles que no, basta; no nos sentimos amenazados ni nada por el estilo. Lo mejor que pueden hacer en estas situaciones es ignorarlos y seguir con la suya.
En general, Lisboa no nos pareció un lugar inseguro. Como en toda gran ciudad, hay que tener cuidado con los carteristas y estar atento, evitar lugares poco turísticos por la noche y todas las precauciones que por lo general tenemos en otros lugares. Personalmente, me sentí muy cómoda paseando por la ciudad, incluso de noche. Con el idioma, la señalización se entiende bastante bien y, en línea general, les van a hablar un básico de inglés en las zonas turísticas, por lo que tampoco creo que tengan problema con eso.
Siempre repito lo mismo, pero eviten cambiar efectivo en la calle. En la mayoría de los lugares aceptan tarjeta, pero siempre es recomendable usarla sólo en locales y lugares confiables. Si van a comprar en puestos en la calle o similares, lo mejor que pueden hacer es comprar con efectivo. Si llegan al aeropuerto, pueden sacar con la tarjeta en el cajero; también pueden hacerlo en la ciudad. Si pueden llevar algunos euros con ustedes desde su ciudad, también puede ser una buena idea.
Documentación: para viajar a Lisboa desde Argentina se requiere tener pasaporte al día. No es necesaria visa. Al ser parte de la Unión Europea, es obligatorio contar con un seguro médico que cubra los 30.000 euros. Por lo general, lo único que solicitan a la hora de ingresar es pasaporte, pero tengan en cuenta que pueden pedirles pasaje de vuelta, alojamiento reservado y el ya mencionado seguro médico. Personalmente recomiendo ir con todo impreso (pasajes, vouchers, comprobantes) para hacer el ingreso al país lo más rápido posible. Si tienen pasaporte de la comunidad europea, van a poder acceder rápidamente.
Siempre recomiendo viajar con seguro médico, sea requisito o no. Los que leen el blog desde hace tiempo, ya saben lo que opino al respecto. A nosotros nos salvó muchísimas veces. Pueden chequear las promociones que tiene Assist365: con el código ARGIES, tienen un descuento adicional del 5% sobre las promociones vigentes.
Corriente: Como en la mayoría de los países de Europa, los enchufes son Clase F, compatibles con los clase C (también de dos patas). Si no tienen alguno, seguro pueden comprar en el aeropuerto o en cualquier tienda por la calle. El más reciente nosotros lo compramos en un local que arreglaba celulares.
Los precios nos parecieron un poco más económicos que la media europea, en especial en los precios de las atracciones y a la hora de sentarnos a comer. En general, Portugal es un buen destino si manejan un presupuesto ajustado. Si bien la moneda es el euro, el costo de vida en general nos pareció más bajo que en otros lugares con la misma moneda. Si a eso le sumamos que encima viajamos en temporada baja, lo que abarató también el alojamiento, se puede conocer esta ciudad por muy poca plata.
Saben que no me gusta hablar de un presupuesto por día, porque creo que es muy propio de cada uno y qué les guste hacer. Algunos le dan prioridad a tener una habitación privada, otros a poder sentarse a comer, algunos otros a comprar recuerdos de viaje… En fin, creo que me entienden. El presupuesto depende del tipo de viaje que hagan. Lo que sí puedo decirles es cuánto gastamos aproximadamente y los precios que pueden esperar a encontrarse allá.
Nuestro gasto diario, incluyendo alojamiento, comida y transporte, fue aproximadamente de 50/60 euros por día (para dos personas). Tengan en cuenta que la mitad de esto fue alojamiento (una habitación privada en Airbnb que tuvimos que sacar sin demasiada anticipación), más una comida en la calle, más una comida en el departamento (comprando en el supermercado), más dos o tres viajes en metro/bus. Nuestro presupuesto para esta parte del viaje era muy limitado, pero es una ciudad en la que realmente se puede viajar barato.
Por Aire:
Nosotros llegamos a Portugal desde Porto Alegre con TAP (el vuelo Buenos Aires – Porto Alegre era operado por Aerolíneas Argentinas). Lisboa tiene conexiones buenísimas con el resto de los países europeos, por lo que no es difícil meterla dentro del Eurotrip. A nosotros incluso llegar a Lisboa desde América nos pareció genial: es un vuelo un poco más corto que a otros destinos, y puede ser incluso un buen inicio para recorrer Europa por tierra.
El aeropuerto de Lisboa, además, tiene excelente conexión con el centro de la ciudad. Ya sea en transporte público o en Uber, es muy fácil llegar al centro y relativamente económico.
Por Tierra:
A pesar de estar en una punta del continente, Portugal está perfectamente conectado y es muy fácil llegar por tierra. Desde España hay muchísimas opciones para llegar a Lisboa. Nosotros habíamos ya sacado un vuelo con stopover, pero pueden utilizar los buses de Flixbus, que damos fe que son una buena combinación de bueno y barato para viajar por Europa, y bastante más económica que tomar un avión. Si están por España, el roadtrip en coche es otra opción buenísima.
Para los lectores que sean #TeamVerano, Lisboa es el paraíso. Nosotros llegamos a esta ciudad un 17 de Noviembre, y pudimos darnos el lujo de andar con manga corta un par de días. Muchos argentinos viajamos a Europa en enero o febrero por cuestiones de año escolar/universitario o vacaciones laborales, por lo que Lisboa es una buena elección para quienes viajan al invierno europeo y no buscan nieve ni temperaturas bajo cero.
Obviamente, también tuvimos clima de campera. Tampoco se hagan los cancheros si viajan en invierno. Pero seguro la van a pasar mejor que en otras zonas del viejo continente. Nunca tuvimos que abrigarnos demasiado. Además, somos fans de la temporada baja. 20 grados y poca gente es la combinación ideal.
Nuestros primeros meses de viaje fueron en modo full ahorro, por lo que en Lisboa probamos por primera vez algo que nunca habíamos elegido antes en materia de alojamiento: sacar una habitación privada por Airbnb. Si bien ya habíamos utilizado este sitio antes, siempre habíamos sacado departamentos enteros. Ir a una casa de familia en una habitación de alquiler era una nueva experiencia para nosotros, por lo que no sabíamos qué esperar.
Honestamente, a nosotros nos gustó mucho la experiencia, pero tiene puntos a favor y en contra. Si bien me gustaría armar algo aparte sobre esto, quiero decirles que en general es una buena opción si buscan ahorrar. Es más probable conseguir algo más céntrico de esta manera y suele ser tranquilo durante el día. Lo malo quizás es que uno a veces debe compartir cocina y baño con otras personas, pero no es muy diferente a lo que sucede en un hostel. Incluso, para quienes buscan dormir tranquilos, suele ser mucho más fácil en una casa de familia. Lo que sí puedo sugerirles es que pregunten bien cualquier duda que tengan antes de ir: no se olviden que no están yendo a un departamento, sino a la casa de alguien. Por ejemplo, si tienen problemas de alergia a las mascotas, tengan en cuenta que muchos pueden tener gatos y en las publicaciones a veces no lo aclara. Para nosotros fue una sorpresa positiva tener un michi en la casa, pero para otros sabemos que puede no serlo.
Nosotros pagamos más o menos 32 euros la noche. La verdad que el precio nos cerraba, y el departamento estaba muy bien ubicado: en el hermoso barrio de Arroios, a pocas cuadras de distintas estaciones de metro. En general, se pueden encontrar cosas buenas por ese precio, pero no creo que vayan a gastar mucho menos.
Pueden buscar todas las opciones disponibles en la página de Airbnb. Registrándose desde mi perfil o el de algún viajero conocido que ya se encuentre registrado, obtienen un descuento de $600 pesos argentinos en reservas superiores a $1100.
Viajar en transporte público en Lisboa nos resultó muy cómodo y muy sencillo. Si pueden alojarse cerca de una estación de metro, van a tener una opción fácil y económica para recorrer las principales atracciones de la ciudad.
El viaje sale 1,45 euros y pueden comprar en las estaciones la tarjeta recargable por 0,50 euros (llamada Viva Viagem, el equivalente a nuestra SUBE). Las máquinas sólo aceptan monedas y tarjetas de crédito, así que también tengan en cuenta eso a la hora de comprar.
Aunque el 90% de los viajes los hicimos en metro, también usamos los buses, para ir a aquellas zonas donde las líneas subterráneas no llegaban. Si están pocos días, pueden manejarse con el primero tranquilamente. Nosotros no utilizamos nunca taxi o coche, por lo que doy fé que con el transporte público es más que suficiente, incluso para ir al aeropuerto.

Importante: tengan en cuenta que el metro de Lisboa opera de 6:30 a 1 de la mañana, y algunas estaciones cierran antes, así que chequeen antes de viajar. Si tienen que ir al aeropuerto, pueden pedir un Uber por aproximadamente 4 o 5 euros (dependiendo de la zona en que se encuentren).
Ir en tren a Sintra:
Si quieren conocer esta maravillosa ciudad y no quieren pagar una excursión, es muy sencillo hacerlo en tren por cuenta propia. Hace un tiempo armé un post con toda la info, que pueden ver acá. Incluso para conocer otras zonas de Portugal, el servicio de trenes nos pareció muy cómodo y fácil de usar.
En Lisboa (y en Portugal en general, por lo que nos han dicho), se come de maravilla. La gastronomía portuguesa nos sorprendió y nos dejó tan encantados como su gente. Se come bien y se come barato, por lo que Lisboa suma puntos por ahí también para nosotros, que amamos probar platos locales cuando viajamos..
No fuimos a muchos restaurantes, pero sí podemos decirles que los precios son aptos para sentarse a comer, incluso para los que viajamos con poco presupuesto. Incluso el mercado Time Out Lisboa, muy turístico y con precios un poco más altos, tiene algunas opciones de menús que arrancan en 7,50 euros. Si paran por Arroio, donde estábamos nosotros, hay menos lugares turísticos y comimos dos personas por 12 euros (dos platos gigantes, uno de ellos el típico Bacalhau, con pan casero y agua). Quienes nos atendieron no hablaban inglés ni español, pero nos trataron muy bien y nos entendimos bastante.
Hay también puestitos de comida al paso y van a encontrar los famosos 100 Montaditos (cadena española), donde algunos días de la semana se puede ir “de tapas” por un euro cada una. Es una gran opción para variar un poco y comer barato.
El supermercado también tiene buenas opciones de comidas preparadas, algo a lo que nosotros recurrimos mucho. Fuimos a la cadena Pingo Doce, donde había platos interesantes por precios que iban desde 1,50 a 3 euros. Si están parando en un departamento, es una de las mejores forma de ahorrar en comida.
Si van para el barrio de Belem, donde está la torre, no pueden dejar de pasar a comer unos pastéis de Belem, un dulce típico de la zona. El local por lo general tiene mucha gente, pero vale la pena esperar. Pueden comprarlos por 1,10 euros.
Si quieren salir o buscan una zona de bares, super recomendado el barrio de Alfama, que fue donde vimos más movida. Cuando el clima acompaña (que en Lisboa suele ser moneda corriente), está hermoso para sentarse en las mesitas a la calle a tomar algo.
Algunas atracciones gratuitas:
Algunas atracciones pagas:
Estambul tiene la particularidad, como muchos sabrán, de estar situada entre dos continentes: Europa y Asia. Su cultura es un fiel reflejo de esta combinación, que se ve en sus edificios, su gente, sus costumbres y su gastronomía.
La moneda es la lira turca. El valor es de algo como 0,15 euros (a Julio de 2019, por lo menos). Nosotros sacamos efectivo directamente desde el cajero del aeropuerto, que creo que es lo más sencillo. También pueden hacerlo en la ciudad, desde cualquier ATM que encuentren. Hay muchísimos cajeros repartidos por las calles de la ciudad, que los locales utilizan regularmente. Por lo general yo no soy partidaria de las casas de cambio, pero también pueden encontrarlas por el centro. En un lugar donde no entienden el idioma, por lo general el cajero es lo más rápido y lo más sencillo de utilizar (que siempre tiene la opción de, por lo menos, ponerlo en inglés). Chequeen con su banco siempre cuál es el límite de adelanto mensual. En Turquía particularmente no creo que tengan problema con el límite, ya que el dinero suele rendir bastante.
Es una ciudad muy grande, mucho más grande de lo que teníamos idea. Aunque un stopover no llega, ni por asomo, a ser suficiente para conocer Estambul, pueden aprovechar para ver las atracciones principales. Vale la pena.
Documentación: Para ingresar a Turquía con pasaporte argentino no necesitan visa; basta con tenerlo al día (con al menos 6 meses de vigencia desde la fecha que llegan). Tengan o no ciudadanía y pasaporte europeo, deben hacer migraciones tanto cuando entran como cuando salen del país, ya que el mismo no forma parte de la Unión Europea. Los controles fueron bastante tranquilos en nuestro caso y no nos hicieron demasiadas preguntas, pero siempre les recomiendo ir con todo impreso en una carpeta, en caso que les pidan pasajes de avión, hoteles, seguro de viaje, etc.
Para turistas argentinos, el plazo de estadía en Turquía es de 90 días. Por lo general, las reglas que aplican son similares al resto de Europa. Incluso una argentina que vive acá nos dijo que suelen “copiar” mucho las leyes que van apareciendo en la UE, por lo que suelen ser parecidas en el tiempo. En la página de la cancillería, recomiendan a las mujeres no andar solas por zonas no turísticas. La realidad es que en Estambul, aunque viajé en pareja, me sentí muy cómoda y segura.
Números útiles: como siempre recomiendo, ante cualquier inconveniente lo mejor que pueden hacer es consultar en la recepción del hotel o a su anfitrión, que siempre los locales tienen más facilidad para moverse y reaccionar ante un problema. En Turquía no hablan inglés tan bien como en otras partes del mundo, pero siempre tuvieron muchísima voluntad para ayudarnos, hacerse entender o encontrar alguien que hablara inglés un poco mejor. Acá algunos números de teléfono de Estambul para tener a mano:
Por lo general, notamos que el nivel de inglés era bastante básico, incluso en los recepcionistas o las personas que brindaban atención al cliente. Si salen un poco de la zona turísitca, es posible que sólo les hablen en turco. Si tienen que hacer un llamado o tienen una urgencia, lo primero que pueden hacer es intentar comunicarse o encontrar alguien que hable inglés. Uno de nuestros recepcionistas salió a la calle a buscar a una señora que trabajaba al lado, que hablaba bien inglés, y le pudimos explicar un problema que teníamos. La gente es muy servicial por lo general, así que no creo que vayan a tener problemas. Como siempre digo, Google Translate ayuda. Varias personas se comunicaron con nosotros de ese modo.
Corriente: La corriente en Estambul es 220v, y se utilizan los mismos adaptadores que tienen en España y muchas otras partes de Europa: tipo C o F, los que tienen dos patas redondas. Pueden llevárselos directamente de acá, ya que es un adaptador que acá se consigue, o comprarlos en los free shop del aeropuerto (muchas tiendas venden elementos de viaje, entre ellos adaptadores).
Comunicación: Para mí, al llegar a Turquía está bueno comprar un chip para el celular. Hay lugares donde podemos prescindir, pero acá nos pareció bastante útil. Tengan en cuenta que toda la wifi pública (incluso la de los aeropuertos), requiere tener un número de móvil para validar el acceso (les envían un sms). Además, Google Maps resulta muy útil si van a viajar en transporte público (ya que, sobre todo los buses, pueden ser algo desorganizados). Nosotros compramos uno en el aeropuerto por 30 euros, que tiene 8GB. Nos pareció bastante caro, pero necesitábamos estar comunicados. Luego leímos que, en general, comprar una SIM acá es caro. Les recomiendo comprar en Turkcell o Turk Telecom, que tenían los mejores precios. Vodafone nos pareció carísimo en comparación.
Estambul es una ciudad que a nosotros, como argentinos, nos resultó barata. Ya sea la hotelería, sentarse a comer o incluso comprar en el supermercado, todo nos resultó bastante por debajo de la media a la que nos tiene acostumbrados Buenos Aires (ni hablar de Europa). Pueden darse el lujo de ir a un lindo hotel o de cenar en un restaurante, que el presupuesto no se les va a ir por las nubes.
La primera vez que estuvimos acá, pagamos una habitación triple, ubicada en el barrio de Fatih y a metros de la Mezquita Azul, unos 50 dólares la noche, con desayuno incluído (si lo reservan desde este link, pueden obtener un 10% de descuento en su estadía). La realidad es que es un precio que muy pocos países tienen (en especial si hablamos de grandes ciudades turísticas). Los hoteles en Estambul son preciosos. Les recomiendo buscar bien, porque la realidad es que pueden conseguirse lugares bellísimos y muy bien ubicados por muy poca plata. Van a ver que todos tienen muy buen puntaje. En general, la hotelería en Turquía es buena y la gente es muy hospitalaria.
Con respecto a la comida, también hay muchas opciones y a precios relativamente accesibles. Un desayuno/merienda con un típico café turco, un té turco y una porción de torta nos salió aproximadamente 20 liras, lo que son aproximadamente 3 euros.
Para almorzar y cenar hay muchas opciones. Aunque la comida turca es definitivamente algo que hay que probar, puede ser un poco invasiva para los que no estamos acostumbrados a tantas especias y picante. Un día almorzamos en un bar (Aylak Bar, en la parte asiática) una pizza con cinco pintas de cerveza, lo que nos salió unos 20 euros. Si buscan una opción un poco más típica, en un restaurante en la zona turística de Fatih (Adonin Café Restaurant), gastamos aproximadamente 26 euros en dos platos de pastas, una hamburguesa y tres pintas de cerveza (y tenían mucha oferta de platos locales a buen precio). La realidad es que siempre recomiendo revisar la carta antes de sentarse (la mayoría de los restaurantes la tienen en la puerta, por lo general en inglés y turco), pero no creo que vayan a llevarse grandes sorpresas con los precios de la gastronomía en la ciudad. Se puede comer bien sin gastar una fortuna. Si paran a comer en alguna cadena de comida rápida (ya sea de las turcas o de las yankees), pueden comer por 2 o 3 euros por persona.
El precio del transporte público tiene un valor fijo de 2,60 liras (comprando previamente la Istanbul Kart, que sale 6 liras). Es muy fácil moverse tanto con el metro como con los buses, y por suerte aparecen en Google Maps. Basta con recordar los nombres (o, si son muy complicados, sacarle una foto al mapa del recorrido). Si no compran la tarjeta, los viajes son más caros. Por lo que sale, recomiendo comprarla. Con una sola tarjeta pueden viajar hasta 5 personas, por lo que el costo es mínimo ya si viajan en pareja o en grupo.
Los supermercados también son económicos, sin importar la cadena que elijan. Bim, Sok, Carrefour y Migros son algunos de los supermercados que van a encontrar en Estambul. También hay muchos almacenes que venden productos como bebidas alcohólicas, que no se consiguen en todos los supermercados.
Para que tengan una idea respecto a los precios de supermercado, compramos una caja metálica de té turco por por 6,25 liras (1,35 euros). Una botella de un litro de Schweppes está 2,70 (0,58 euros) y una de 1 litro y medio de agua está algo de 20 centavos de euro. Más o menos imaginen que estos precios aplican a la mayoría de los productos que puedan comprar. Realmente resulta muy económico y es una buena idea para comprar productos regionales sin gastar una fortuna. Café o té turco, dulces, chocolates… pueden comprar todo acá y les va a salir mucho más barato que en cualquier local de regalos.
Como dije, la hotelería en Estambul es excelente y a muy buen precio. Hoteles que parecen palacios, habitaciones con detalles hermosos y vistas desde la habitación que parecen de cuento. Basta con entrar a Booking para que vean a qué me refiero. Y sé que cuando digo esto piensan que van a gastar una fortuna, pero no es así. Si hay algo que realmente me sorprendió cuando empezamos a planificar el viaje fue el precio de estas habitaciones hermosas en las mejores zonas de la ciudad.
Nosotros fuimos al Magnaura House Hotel, aunque la elección se nos complicó bastante. Lo elegimos porque tenía buen precio por una triple, ventanas a la calle y muy buena ubicación dentro del barrio que queríamos alojarnos (Fatih). Si se fijan, la mayoría de los hoteles tienen reviews muy buenos, calificaciones por arriba de la media y fotos que dan ganas de quedarse en todos; y los precios son más que razonables. Antes del viaje armamos una pequeña wishlist con los que más nos habían gustado, hasta que finalmente nos decidimos por el Magnaura. Estos particularmente los seleccionamos porque disponían de habitaciones triples y se encontraba en Fatih, y todos tienen aproximadamente un puntaje de 9 en Booking (algunos incluso más). Se los dejo para que puedan revisarlos y ver cuál se ajusta mejor a sus necesidades:
Los precios mencionados arriba son de Booking y obviamente son aproximados (ya que depende mucho de las fechas, la temporada, etc). Si reservan desde este link a través de Booking, obtienen un 10% de descuento en su reserva. Nosotros usamos bastante este sitio y ese descuento nos hizo ahorrarnos unos cuantos euros.
Les puedo garantizar que en el Magnaura nos sentimos muy cómodos. Kadir (gracias a las novelas que ve mi madre, nunca me voy a olvidar de su nombre) se portó de diez con nosotros, nos ayudó con el transfer. Personalmente, lo recomiendo mucho. Ahora, si van a alguno de estos, ¡no duden en contarnos su experiencia!
En nuestra segunda visita a esta ciudad, estamos utilizando TrustedHousesitters, que ya expliqué en otro post de que se trata. Estamos parando en el barrio de Ferikoy, que no es tan turístico. Sin embargo, estamos muy cerquita de Taksim, que es otra zona que nos gustó mucho para turistear.
Otra opción es Airbnb. En cuanto a mí respecta, en un lugar donde no conocemos la cultura y no entendemos el idioma, preferimos movernos en hoteles, donde es más probable que encuentren gente que hable inglés. De cualquier forma, pueden buscar todas las opciones disponibles en la página de Airbnb y después nos cuentan su experiencia; hay un montón de departamentos que se ven hermosos. Registrándose desde mi perfil o el de algún viajero conocido que ya se encuentre registrado, obtienen un descuento de $600 pesos argentinos en reservas superiores a $1100.
Estambul es una ciudad muy grandes y, aunque es hermoso caminarla todo lo que les sea posible, van a tener que recurrir al transporte público, en especial si quieren cubrir mucho en un día como hicimos nosotros.
En la rede de transporte van a encontrar metro, buses, tranvías e incluso ferries, que les van a permitir cruzar desde la parte europea a la asiática de una forma muy agradable (y económica).
Si vuelan con Turkish, ya no llegarán más al aeropuerto de Ataturk (como lo hicimos en 2017), sino que van a arrivar al nuevo aeropuerto de Estambul. Este aeropuerto, lamentablemente, se encuentra muchísimo más alejado que el anterior, pero pusieron a disposición de los viajeros algunas nuevas opciones para llegar a la ciudad.
Desde el Aeropuerto de Estambul, en el subsuelo, van a encontrar la terminal de micros que salen a distintos puntos de la ciudad. Los Havaist Airport Shuttle cuentan con más de 20 líneas que se dirigen a los diferentes barrios de la ciudad. Lo bueno es que, buscando en Google Maps, les va a aparecer cuál deben tomarse. Nosotros, por ejemplo, parando en el barrio de Feriköy nos tomamos el que iba en dirección a Sultanahmet y nos bajamos en la primera parada (y pagamos 18 liras por persona). Los precios de los buses van desde las 12 liras hasta las 30 liras (dependiendo de la línea que tomen) y pueden pagarse tanto con tarjeta de crédito como con la Istanbul Kart. Ahí mismo donde paran los buses pueden comprar la tarjeta de transporte, que luego podrán usar en la ciudad. Hay diferencia con tomarse un taxi que, en promedio, seguramente les saldrá más de 120 liras. Debo decir que se viaja bastante bien, en especial por el precio.
Hay varias formas de pagar por el transporte público en la ciudad. La Istanbul Kart que mencionaba antes es muy fácil de usar; ya que pueden comprarla y funciona como una “sube” a la que vamos añadiendo crédito para viajar (y obviamente con la cual salen más baratos los viajes). La realidad es que lo más conveniente es comprar esta tarjeta, que sale 6 liras turcas e ir cargando dinero en las máquinas que se encuentran en las estaciones de metro. Las máquinas son nuevas y bastante intuitivas, e incluso tienen la opción de ponerlas en español. Las mismas no dan vuelto, pero el sobrante al comprar la tarjeta se les suma como crédito para viajar. Por ejemplo, si van a pagar la Istanbul Kart con 20 liras, la máquina les va a devolver la tarjeta cargada con 14 liras.
Con respecto a los taxis, la realidad es que por recomendación nos dijeron que es preferible no utilizarlos. Como en muchos lugares del mundo, a veces los turistas se vuelven un blanco fácil para que quieran estafarnos, sobre todo si no hablamos el idioma local. Si van a pedir un taxi, por lo general recomiendo que lo pidan desde la recepción del hotel y pregunten cuánto les puede llegar a salir. Si van a subirse en la calle, chequeen siempre que esté puesto el taxímetro. Los locales también nos recomendaron la aplicación BiTaksi, que es como una especie de Cabify. Uber funciona acá pero no es legal actualmente, por lo que tampoco recomendamos utilizarlo.
Como comenté antes, caminar esta ciudad me parece elemental. Es un lugar bellísimo, y es increíble perderse por las pequeñas calles, con sus subidas y bajadas, en lugares a los que el transporte público no llega. Lo mejor que pueden hacer es llegar hasta los distintos barrios con el bus o con el metro y luego aprovechar para recorrer a pie todas las atracciones.
Con respecto a qué comer, la gastronomía turca tiene platos muy variados, aunque nuestro estómago quizás no se encontraba preparado para el tono picante que tienen sus comidas. Les recomiendo que sean cautos, y no está demás llevar algún protector hepático, buscapina, y algún que otro remedio para el dolor de estómago, porque es algo que puede pasar. Yo voy siempre preparada porque soy medio flojita, y en Estambul tuve que hacer uso de mi kit de medicamentos desde el primer día. Obviamente, va en cada uno saber qué nos hace mal, pero hay algunas cosas que no deberían ser picantes y en Estambul lo son.
En definitiva, no pueden irse sin probar un kebab. Hay que ser insistente con el non-spicy (no picante), porque los turcos se toman muy enserio el condimentar las comidas. Obviamente, el té y el café turco son otro must de cualquier viaje a este país, acompañados de alguna delicia turca (una especie de turrón blando con distintos sabores) o alguna de sus tortas.
Si van en una época en que el clima acompañe, los puestos de comida callejeros son otro ícono de la ciudad, donde vale la pena. Pueden comer un simit (una especie de pan con semillas), un choclo o un helado, que los venden por todas partes. También pueden probar algún jugo de frutas o una limonada, algo que los turcos utilizan mucho para escaparle al calor.
También deben probar los dulces turcos, que los venden por todos lados. Los baklava (una especie de pastel turco con nueces, miel y masa filo) también son uno de esos bocados típicos que hay que probar. Los venden mucho en los cafés, en los mercados e incluso en la calle. El börek, también una pieza de pastelería pero rellena con queso, carne o verduras también es también muy recomendable, y con uno de los famosos té turcos para acompañar. Las delicias turcas también son otro de los protagonistas de todos los mercados y tiendas de souvenirs, y tienen muchísimas variedades para degustar.
La cerveza pueden comprarla en los pubs, siendo la Efes la más popular y la que suelen servir en todos los restaurantes. Tengan en cuenta que muchos supermercados no venden alcohol, pero sí lo hacen algunas tiendas pequeñas (el equivalente a lo que serían acá los supermercados chinos). La cerveza en general es barata, y tomarse una pinta en un bar les puede costar alrededor de dos euros.
Con respecto al dónde, hay bastantes opciones para sentarse a probar comida típica (y no tanto). Como comentaba, los precios son relativamente accesibles, lo que hace que sentarse a comer no sea un lujo que nos damos, sino más bien una oportunidad para comer bien y aprovechar este destino. Hay muchos locales callejeros, locales de comida rápida pero aún así típica de la zona y al paso, o incluso muchas cafeterías donde el té turco y la pastelería están a la orden del día.
Algunos lugares que puedo recomendarles:
Puedo decir honestamente que hay una infinidad de lugares para comer, y la realidad es que es muy fácil sentarse en una ciudad donde los precios dentro de todo son accesibles. Hay muchísima oferta, tanto de comida callejera como de restaurantes elegantes, así que también va un poco en lo que se les antoje comer. Personalmente no soy muy fanática del picante, que es algo que en la comida turca abunda mucho. De cualquier modo, es una gastronomía más que interesante y de la que merece la pena probar un poco de cada cosa. Y, sí ustedes tampoco son muy amigos de la comida spicy, hay mucha oferta de restaurantes internacionales para todos los gustos.
Si hablamos de atracciones, hay muchísimo para hacer en esta ciudad. Tuvimos que reducir la lista de opciones a las que nos parecían más interesantes, por una cuestión de tiempo, y sin dudas nuestro pequeño ayuda memoria no decepcionó:
Para mí ese pequeño listado son como los must, lo que hay que ver si tienen muy poquito tiempo. Ahora, si están con algunos días más y pueden aprovechar para recorrer otros lugares, acá les dejo los agregados que hicimos nosotros durante el segundo viaje:
De verdad, no dejen de visitar esta ciudad ubicada entre dos continentes, que tiene muchísimo para ofrecer: una cultura rica y muy diferente, una amplia gama de gastronomía, edificios que sacan el aliento y muchísimo para aprender sobre su historia y forma de vida. Un destino de esos que uno no sabe bien qué esperar, pero que sin dudas consiguió enamorarnos en el poco tiempo que estuvimos.
]]>La Central Nuclear de Chernobyl sufrió uno de los accidentes nucleares más grandes de la historia, un accidente que podría haber hecho inhabitable gran parte de Europa. Es una historia sobre la que creíamos conocer mucho pero, en realidad, conocíamos poco. La experiencia en sí fue fuerte, pero muy informativa. Es increíble caminar por Pripyat, hoy conocida como la ciudad fantasma. Una ciudad que, en su momento, era un modelo a seguir por las ciudades de la URSS. Pripyat era conocida como la ciudad del futuro, llena de profesionales jóvenes que habían sido relocalizados para trabajar en la central nuclear más grande del mundo.
Creo que es un lugar que vale la pena conocer. Son esas cosas que tenemos que tener muy presentes, incluso décadas después de sucedidas. Aunque son ese tipo de atracciones de los que uno termina saliendo con angustia, hay que verlos. Oír las historias de los guías, algunos de ellos niños de la Unión Soviética cuando esto sucedió o nacidos en los años inmediatamente posteriores, nos hacen pensar que es un evento muy cercano, algo que afectó a muchísimas familias que hoy en día aún sufren las consecuencias.
Cómo elegir un tour:
Hay muchas formas de conocer la zona de Chernobyl, aunque es necesario hacerlo con un tour. El acceso a esta zona está restringido, ya que algunas partes todavía tienen altos niveles de radiación, incluso a más de 30 años de ocurrido el accidente. Es indispensable viajar con sus pasaportes, ya que hay puntos de control para acceder.
Nosotros estuvimos varios días chequeando diferentes tours, aunque finalmente nos decidimos por Chernobyl Tours. Como lo sacamos sobre la fecha, los precios entre compañías no varían mucho, y esta empresa en particular era la primero que nos aparecía en TripAdvisor, ya que era la que mejores comentarios tenía. La compañía ofrece tours en el día o de varios días, donde de hecho se quedan a dormir dentro de la llamada zona de exclusión. Si pueden reservar con tiempo, en especial en temporada alta, recomiendo hacerlo. Algunas fechas ya no estaban disponibles cuando nosotros hicimos la reserva.
En el caso de la compañía que utilizamos nosotros, se deposita una parte vía PayPal (pueden crear una cuenta y se les debita de la tarjeta de crédito) y luego otra parte en efectivo a la hora del tour, que puede ser en euros, dólares o grivnas ucranianas. Todo esto se los van a aclarar antes de reservar; las condiciones fueron muy claras. Los precios pueden variar dependiendo de la fecha o de con cuánta anticipación lo contraten, pero sale alrededor de 80 euros. Es un precio bastante elevado, en especial para los valores promedio que maneja Ucrania, pero es una de las actividades más turísticas que tiene el país y es casi esperado que saquen provecho de ello.
Cómo es el recorrido:
El tour sale de la parte trasera de la estación de trenes, por lo que es muy fácil de encontrar. Les van a mandar un mapita con indicaciones muy claras (para nosotros las más fáciles de identificar fueron el McDonalds y el KFC que están en esa misma cuadra). Pueden llegar fácilmente a esta zona, que está muy bien conectada. Hay tours que ofrecen pasarlos a buscar por hoteles/departamentos céntricos por un adicional, pero no creemos que sea necesario. Fue muy fácil llegar al punto de encuentro y el transporte público en Kiev es extremadamente barato (pueden ver esto en nuestra guía sobre Ucrania).
Cuando llegamos, pagamos y nos subimos a una van. Los tours suelen ser pequeños; nosotros en temporada baja éramos sólo ocho personas, lo que hace la experiencia mucho más dinámica y personal. Nuestra guía era ucraniana pero hablaba muy bien inglés. Tienen la opción de contratar un traductor español para el tour, pero sale algo de 100 euros por día. Si son un grupo grande, por ahí puede ser una buena alternativa si tienen cero inglés. En general la guía hablaba despacio y, al ser tan pocos, era muy sencillo poder preguntarle cosas o pedirle que repitiera algún dato.
El viaje es por ruta y mientras tanto van a ver un video explicativo sobre el accidente. Había muchas cosas que no sabíamos, y me parece interesante dejarlo en suspenso para que lo vean cuando realicen el tour. Es para entrar un poco en clima de lo que están a punto de ver.
Antes de ingresar a la zona de exclusión, como se conoce actualmente a la zona del accidente, van a hacerles el control de pasaporte. De todos los papeles se encarga la guía; ustedes sólo tienen que pasar con su pasaporte en mano para que se los revisen. Luego vuelven a subir al bus y arranca el verdadero viaje.
Se nos cruzan dos ciervos en el camino. A pesar de ser una zona que no puede ser habitable por humanos, el accidente y la exclusión permitieron que muchas especies de flora y fauna se desarrollaran y vivieran en la zona. Incluso van a ver a los que llaman coloquialmente perros radioactivos, un montón de pichichos que viven dentro de este lugar y andan por las zonas donde hay más gente.
Dentro del recorrido de un día, van a visitar la famosa escuela que sale en gran parte de las fotos, Pripyat y la planta de Chernobyl, con algunas paradas ocasionales. Si van en invierno, como fue nuestro caso, vayan bien abrigados porque el frío en esta zona puede ser intenso, y lleven buen calzado por el hielo. Recuerden que muchas de las rutas no tienen mantenimiento permanente y los caminos están al natural. En verano es importante ir cubierto, con calzado cerrado a pesar del calor y llevar protector para los mosquitos. En general, todas estas indicaciones se las van a dar antes del tour.
Fuera de lo que es la data para realizar el recorrido, puedo decirles nuevamente, como experiencia personal, que vale la pena. Siempre cuando pasan estas cosas, ya sean desastres naturales o evitables, creemos que es importante conocerlos y tomar consciencia. Una ciudad que era el modelo de perfección soviética acabó de la peor manera. Una ciudad fantasma. Las víctimas y los héroes merecen ser recordados. Y el paseo es una muestra escalofriante de lo que pasó.
¿Es seguro?
Por supuesto, nunca haríamos algo que no sea seguro. Averiguamos antes, pero también nos los reconfirmó nuestra guía durante el recorrido. Ir en el día a Chernobyl no los va a exponer a más radiación que un vuelo larga distancia. Siempre que se mantengan dentro de los caminos permitidos que indica la guía, no van a tener ningún problema.
Hay mucha información en internet, pero la realidad es que es un lugar que visitan muchísimas personas en todas épocas del año y que no estaría habilitado al turismo si no fuera seguro. Si siguen las indicaciones de quienes los llevan, no hay ningún riesgo.
Alguna data adicional y otras preguntas que me hicieron:
Me consultaron sobre la comida dentro de la zona. Hay una especie de restaurante donde pueden comer y comprar comida. Este servicio lo pueden contratar antes de viajar; es como una especie de buffet con algunas opciones. Personalmente no lo recomiendo mucho. No pueden comer fuera de este lugar, pero si pueden llevarse su propia comida. Pueden ir con algunos sandwiches, galletitas y bebidas, que van a estar bien para pasar el día. A la entrada de la zona de exclusión, también hay un puestito que vende souvenirs, gaseosas y algunos snacks.
Me consultaron también sobre si era seguro conservar la ropa que utilizaron para el tour. Leí mucho esto en internet, y cuando preguntamos en el tour, nos dio un poco de risa. No es necesario quemar la ropa, ni tirarla, ni nada. No conozco nadie que lo haya hecho, y no van a tener problema si la lavan y la siguen usando. Yo no estaba tampoco en condiciones de tirar mis borcegos, aunque actualmente los pobres ya están pidiendo un cambio. No sé si hay que creer todo lo que leemos en internet, pero consulten a su guía si les quedan dudas.
Pueden ver más fotos sobre este recorrido en mis historias destacadas de Instagram.
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