recaptcha-in-wp-comments-form domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131updraftplus domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131Estambul tiene la particularidad, como muchos sabrán, de estar situada entre dos continentes: Europa y Asia. Su cultura es un fiel reflejo de esta combinación, que se ve en sus edificios, su gente, sus costumbres y su gastronomía.
La moneda es la lira turca. El valor es de algo como 0,15 euros (a Julio de 2019, por lo menos). Nosotros sacamos efectivo directamente desde el cajero del aeropuerto, que creo que es lo más sencillo. También pueden hacerlo en la ciudad, desde cualquier ATM que encuentren. Hay muchísimos cajeros repartidos por las calles de la ciudad, que los locales utilizan regularmente. Por lo general yo no soy partidaria de las casas de cambio, pero también pueden encontrarlas por el centro. En un lugar donde no entienden el idioma, por lo general el cajero es lo más rápido y lo más sencillo de utilizar (que siempre tiene la opción de, por lo menos, ponerlo en inglés). Chequeen con su banco siempre cuál es el límite de adelanto mensual. En Turquía particularmente no creo que tengan problema con el límite, ya que el dinero suele rendir bastante.
Es una ciudad muy grande, mucho más grande de lo que teníamos idea. Aunque un stopover no llega, ni por asomo, a ser suficiente para conocer Estambul, pueden aprovechar para ver las atracciones principales. Vale la pena.
Documentación: Para ingresar a Turquía con pasaporte argentino no necesitan visa; basta con tenerlo al día (con al menos 6 meses de vigencia desde la fecha que llegan). Tengan o no ciudadanía y pasaporte europeo, deben hacer migraciones tanto cuando entran como cuando salen del país, ya que el mismo no forma parte de la Unión Europea. Los controles fueron bastante tranquilos en nuestro caso y no nos hicieron demasiadas preguntas, pero siempre les recomiendo ir con todo impreso en una carpeta, en caso que les pidan pasajes de avión, hoteles, seguro de viaje, etc.
Para turistas argentinos, el plazo de estadía en Turquía es de 90 días. Por lo general, las reglas que aplican son similares al resto de Europa. Incluso una argentina que vive acá nos dijo que suelen “copiar” mucho las leyes que van apareciendo en la UE, por lo que suelen ser parecidas en el tiempo. En la página de la cancillería, recomiendan a las mujeres no andar solas por zonas no turísticas. La realidad es que en Estambul, aunque viajé en pareja, me sentí muy cómoda y segura.
Números útiles: como siempre recomiendo, ante cualquier inconveniente lo mejor que pueden hacer es consultar en la recepción del hotel o a su anfitrión, que siempre los locales tienen más facilidad para moverse y reaccionar ante un problema. En Turquía no hablan inglés tan bien como en otras partes del mundo, pero siempre tuvieron muchísima voluntad para ayudarnos, hacerse entender o encontrar alguien que hablara inglés un poco mejor. Acá algunos números de teléfono de Estambul para tener a mano:
Por lo general, notamos que el nivel de inglés era bastante básico, incluso en los recepcionistas o las personas que brindaban atención al cliente. Si salen un poco de la zona turísitca, es posible que sólo les hablen en turco. Si tienen que hacer un llamado o tienen una urgencia, lo primero que pueden hacer es intentar comunicarse o encontrar alguien que hable inglés. Uno de nuestros recepcionistas salió a la calle a buscar a una señora que trabajaba al lado, que hablaba bien inglés, y le pudimos explicar un problema que teníamos. La gente es muy servicial por lo general, así que no creo que vayan a tener problemas. Como siempre digo, Google Translate ayuda. Varias personas se comunicaron con nosotros de ese modo.
Corriente: La corriente en Estambul es 220v, y se utilizan los mismos adaptadores que tienen en España y muchas otras partes de Europa: tipo C o F, los que tienen dos patas redondas. Pueden llevárselos directamente de acá, ya que es un adaptador que acá se consigue, o comprarlos en los free shop del aeropuerto (muchas tiendas venden elementos de viaje, entre ellos adaptadores).
Comunicación: Para mí, al llegar a Turquía está bueno comprar un chip para el celular. Hay lugares donde podemos prescindir, pero acá nos pareció bastante útil. Tengan en cuenta que toda la wifi pública (incluso la de los aeropuertos), requiere tener un número de móvil para validar el acceso (les envían un sms). Además, Google Maps resulta muy útil si van a viajar en transporte público (ya que, sobre todo los buses, pueden ser algo desorganizados). Nosotros compramos uno en el aeropuerto por 30 euros, que tiene 8GB. Nos pareció bastante caro, pero necesitábamos estar comunicados. Luego leímos que, en general, comprar una SIM acá es caro. Les recomiendo comprar en Turkcell o Turk Telecom, que tenían los mejores precios. Vodafone nos pareció carísimo en comparación.
Estambul es una ciudad que a nosotros, como argentinos, nos resultó barata. Ya sea la hotelería, sentarse a comer o incluso comprar en el supermercado, todo nos resultó bastante por debajo de la media a la que nos tiene acostumbrados Buenos Aires (ni hablar de Europa). Pueden darse el lujo de ir a un lindo hotel o de cenar en un restaurante, que el presupuesto no se les va a ir por las nubes.
La primera vez que estuvimos acá, pagamos una habitación triple, ubicada en el barrio de Fatih y a metros de la Mezquita Azul, unos 50 dólares la noche, con desayuno incluído (si lo reservan desde este link, pueden obtener un 10% de descuento en su estadía). La realidad es que es un precio que muy pocos países tienen (en especial si hablamos de grandes ciudades turísticas). Los hoteles en Estambul son preciosos. Les recomiendo buscar bien, porque la realidad es que pueden conseguirse lugares bellísimos y muy bien ubicados por muy poca plata. Van a ver que todos tienen muy buen puntaje. En general, la hotelería en Turquía es buena y la gente es muy hospitalaria.
Con respecto a la comida, también hay muchas opciones y a precios relativamente accesibles. Un desayuno/merienda con un típico café turco, un té turco y una porción de torta nos salió aproximadamente 20 liras, lo que son aproximadamente 3 euros.
Para almorzar y cenar hay muchas opciones. Aunque la comida turca es definitivamente algo que hay que probar, puede ser un poco invasiva para los que no estamos acostumbrados a tantas especias y picante. Un día almorzamos en un bar (Aylak Bar, en la parte asiática) una pizza con cinco pintas de cerveza, lo que nos salió unos 20 euros. Si buscan una opción un poco más típica, en un restaurante en la zona turística de Fatih (Adonin Café Restaurant), gastamos aproximadamente 26 euros en dos platos de pastas, una hamburguesa y tres pintas de cerveza (y tenían mucha oferta de platos locales a buen precio). La realidad es que siempre recomiendo revisar la carta antes de sentarse (la mayoría de los restaurantes la tienen en la puerta, por lo general en inglés y turco), pero no creo que vayan a llevarse grandes sorpresas con los precios de la gastronomía en la ciudad. Se puede comer bien sin gastar una fortuna. Si paran a comer en alguna cadena de comida rápida (ya sea de las turcas o de las yankees), pueden comer por 2 o 3 euros por persona.
El precio del transporte público tiene un valor fijo de 2,60 liras (comprando previamente la Istanbul Kart, que sale 6 liras). Es muy fácil moverse tanto con el metro como con los buses, y por suerte aparecen en Google Maps. Basta con recordar los nombres (o, si son muy complicados, sacarle una foto al mapa del recorrido). Si no compran la tarjeta, los viajes son más caros. Por lo que sale, recomiendo comprarla. Con una sola tarjeta pueden viajar hasta 5 personas, por lo que el costo es mínimo ya si viajan en pareja o en grupo.
Los supermercados también son económicos, sin importar la cadena que elijan. Bim, Sok, Carrefour y Migros son algunos de los supermercados que van a encontrar en Estambul. También hay muchos almacenes que venden productos como bebidas alcohólicas, que no se consiguen en todos los supermercados.
Para que tengan una idea respecto a los precios de supermercado, compramos una caja metálica de té turco por por 6,25 liras (1,35 euros). Una botella de un litro de Schweppes está 2,70 (0,58 euros) y una de 1 litro y medio de agua está algo de 20 centavos de euro. Más o menos imaginen que estos precios aplican a la mayoría de los productos que puedan comprar. Realmente resulta muy económico y es una buena idea para comprar productos regionales sin gastar una fortuna. Café o té turco, dulces, chocolates… pueden comprar todo acá y les va a salir mucho más barato que en cualquier local de regalos.
Como dije, la hotelería en Estambul es excelente y a muy buen precio. Hoteles que parecen palacios, habitaciones con detalles hermosos y vistas desde la habitación que parecen de cuento. Basta con entrar a Booking para que vean a qué me refiero. Y sé que cuando digo esto piensan que van a gastar una fortuna, pero no es así. Si hay algo que realmente me sorprendió cuando empezamos a planificar el viaje fue el precio de estas habitaciones hermosas en las mejores zonas de la ciudad.
Nosotros fuimos al Magnaura House Hotel, aunque la elección se nos complicó bastante. Lo elegimos porque tenía buen precio por una triple, ventanas a la calle y muy buena ubicación dentro del barrio que queríamos alojarnos (Fatih). Si se fijan, la mayoría de los hoteles tienen reviews muy buenos, calificaciones por arriba de la media y fotos que dan ganas de quedarse en todos; y los precios son más que razonables. Antes del viaje armamos una pequeña wishlist con los que más nos habían gustado, hasta que finalmente nos decidimos por el Magnaura. Estos particularmente los seleccionamos porque disponían de habitaciones triples y se encontraba en Fatih, y todos tienen aproximadamente un puntaje de 9 en Booking (algunos incluso más). Se los dejo para que puedan revisarlos y ver cuál se ajusta mejor a sus necesidades:
Los precios mencionados arriba son de Booking y obviamente son aproximados (ya que depende mucho de las fechas, la temporada, etc). Si reservan desde este link a través de Booking, obtienen un 10% de descuento en su reserva. Nosotros usamos bastante este sitio y ese descuento nos hizo ahorrarnos unos cuantos euros.
Les puedo garantizar que en el Magnaura nos sentimos muy cómodos. Kadir (gracias a las novelas que ve mi madre, nunca me voy a olvidar de su nombre) se portó de diez con nosotros, nos ayudó con el transfer. Personalmente, lo recomiendo mucho. Ahora, si van a alguno de estos, ¡no duden en contarnos su experiencia!
En nuestra segunda visita a esta ciudad, estamos utilizando TrustedHousesitters, que ya expliqué en otro post de que se trata. Estamos parando en el barrio de Ferikoy, que no es tan turístico. Sin embargo, estamos muy cerquita de Taksim, que es otra zona que nos gustó mucho para turistear.
Otra opción es Airbnb. En cuanto a mí respecta, en un lugar donde no conocemos la cultura y no entendemos el idioma, preferimos movernos en hoteles, donde es más probable que encuentren gente que hable inglés. De cualquier forma, pueden buscar todas las opciones disponibles en la página de Airbnb y después nos cuentan su experiencia; hay un montón de departamentos que se ven hermosos. Registrándose desde mi perfil o el de algún viajero conocido que ya se encuentre registrado, obtienen un descuento de $600 pesos argentinos en reservas superiores a $1100.
Estambul es una ciudad muy grandes y, aunque es hermoso caminarla todo lo que les sea posible, van a tener que recurrir al transporte público, en especial si quieren cubrir mucho en un día como hicimos nosotros.
En la rede de transporte van a encontrar metro, buses, tranvías e incluso ferries, que les van a permitir cruzar desde la parte europea a la asiática de una forma muy agradable (y económica).
Si vuelan con Turkish, ya no llegarán más al aeropuerto de Ataturk (como lo hicimos en 2017), sino que van a arrivar al nuevo aeropuerto de Estambul. Este aeropuerto, lamentablemente, se encuentra muchísimo más alejado que el anterior, pero pusieron a disposición de los viajeros algunas nuevas opciones para llegar a la ciudad.
Desde el Aeropuerto de Estambul, en el subsuelo, van a encontrar la terminal de micros que salen a distintos puntos de la ciudad. Los Havaist Airport Shuttle cuentan con más de 20 líneas que se dirigen a los diferentes barrios de la ciudad. Lo bueno es que, buscando en Google Maps, les va a aparecer cuál deben tomarse. Nosotros, por ejemplo, parando en el barrio de Feriköy nos tomamos el que iba en dirección a Sultanahmet y nos bajamos en la primera parada (y pagamos 18 liras por persona). Los precios de los buses van desde las 12 liras hasta las 30 liras (dependiendo de la línea que tomen) y pueden pagarse tanto con tarjeta de crédito como con la Istanbul Kart. Ahí mismo donde paran los buses pueden comprar la tarjeta de transporte, que luego podrán usar en la ciudad. Hay diferencia con tomarse un taxi que, en promedio, seguramente les saldrá más de 120 liras. Debo decir que se viaja bastante bien, en especial por el precio.
Hay varias formas de pagar por el transporte público en la ciudad. La Istanbul Kart que mencionaba antes es muy fácil de usar; ya que pueden comprarla y funciona como una “sube” a la que vamos añadiendo crédito para viajar (y obviamente con la cual salen más baratos los viajes). La realidad es que lo más conveniente es comprar esta tarjeta, que sale 6 liras turcas e ir cargando dinero en las máquinas que se encuentran en las estaciones de metro. Las máquinas son nuevas y bastante intuitivas, e incluso tienen la opción de ponerlas en español. Las mismas no dan vuelto, pero el sobrante al comprar la tarjeta se les suma como crédito para viajar. Por ejemplo, si van a pagar la Istanbul Kart con 20 liras, la máquina les va a devolver la tarjeta cargada con 14 liras.
Con respecto a los taxis, la realidad es que por recomendación nos dijeron que es preferible no utilizarlos. Como en muchos lugares del mundo, a veces los turistas se vuelven un blanco fácil para que quieran estafarnos, sobre todo si no hablamos el idioma local. Si van a pedir un taxi, por lo general recomiendo que lo pidan desde la recepción del hotel y pregunten cuánto les puede llegar a salir. Si van a subirse en la calle, chequeen siempre que esté puesto el taxímetro. Los locales también nos recomendaron la aplicación BiTaksi, que es como una especie de Cabify. Uber funciona acá pero no es legal actualmente, por lo que tampoco recomendamos utilizarlo.
Como comenté antes, caminar esta ciudad me parece elemental. Es un lugar bellísimo, y es increíble perderse por las pequeñas calles, con sus subidas y bajadas, en lugares a los que el transporte público no llega. Lo mejor que pueden hacer es llegar hasta los distintos barrios con el bus o con el metro y luego aprovechar para recorrer a pie todas las atracciones.
Con respecto a qué comer, la gastronomía turca tiene platos muy variados, aunque nuestro estómago quizás no se encontraba preparado para el tono picante que tienen sus comidas. Les recomiendo que sean cautos, y no está demás llevar algún protector hepático, buscapina, y algún que otro remedio para el dolor de estómago, porque es algo que puede pasar. Yo voy siempre preparada porque soy medio flojita, y en Estambul tuve que hacer uso de mi kit de medicamentos desde el primer día. Obviamente, va en cada uno saber qué nos hace mal, pero hay algunas cosas que no deberían ser picantes y en Estambul lo son.
En definitiva, no pueden irse sin probar un kebab. Hay que ser insistente con el non-spicy (no picante), porque los turcos se toman muy enserio el condimentar las comidas. Obviamente, el té y el café turco son otro must de cualquier viaje a este país, acompañados de alguna delicia turca (una especie de turrón blando con distintos sabores) o alguna de sus tortas.
Si van en una época en que el clima acompañe, los puestos de comida callejeros son otro ícono de la ciudad, donde vale la pena. Pueden comer un simit (una especie de pan con semillas), un choclo o un helado, que los venden por todas partes. También pueden probar algún jugo de frutas o una limonada, algo que los turcos utilizan mucho para escaparle al calor.
También deben probar los dulces turcos, que los venden por todos lados. Los baklava (una especie de pastel turco con nueces, miel y masa filo) también son uno de esos bocados típicos que hay que probar. Los venden mucho en los cafés, en los mercados e incluso en la calle. El börek, también una pieza de pastelería pero rellena con queso, carne o verduras también es también muy recomendable, y con uno de los famosos té turcos para acompañar. Las delicias turcas también son otro de los protagonistas de todos los mercados y tiendas de souvenirs, y tienen muchísimas variedades para degustar.
La cerveza pueden comprarla en los pubs, siendo la Efes la más popular y la que suelen servir en todos los restaurantes. Tengan en cuenta que muchos supermercados no venden alcohol, pero sí lo hacen algunas tiendas pequeñas (el equivalente a lo que serían acá los supermercados chinos). La cerveza en general es barata, y tomarse una pinta en un bar les puede costar alrededor de dos euros.
Con respecto al dónde, hay bastantes opciones para sentarse a probar comida típica (y no tanto). Como comentaba, los precios son relativamente accesibles, lo que hace que sentarse a comer no sea un lujo que nos damos, sino más bien una oportunidad para comer bien y aprovechar este destino. Hay muchos locales callejeros, locales de comida rápida pero aún así típica de la zona y al paso, o incluso muchas cafeterías donde el té turco y la pastelería están a la orden del día.
Algunos lugares que puedo recomendarles:
Puedo decir honestamente que hay una infinidad de lugares para comer, y la realidad es que es muy fácil sentarse en una ciudad donde los precios dentro de todo son accesibles. Hay muchísima oferta, tanto de comida callejera como de restaurantes elegantes, así que también va un poco en lo que se les antoje comer. Personalmente no soy muy fanática del picante, que es algo que en la comida turca abunda mucho. De cualquier modo, es una gastronomía más que interesante y de la que merece la pena probar un poco de cada cosa. Y, sí ustedes tampoco son muy amigos de la comida spicy, hay mucha oferta de restaurantes internacionales para todos los gustos.
Si hablamos de atracciones, hay muchísimo para hacer en esta ciudad. Tuvimos que reducir la lista de opciones a las que nos parecían más interesantes, por una cuestión de tiempo, y sin dudas nuestro pequeño ayuda memoria no decepcionó:
Para mí ese pequeño listado son como los must, lo que hay que ver si tienen muy poquito tiempo. Ahora, si están con algunos días más y pueden aprovechar para recorrer otros lugares, acá les dejo los agregados que hicimos nosotros durante el segundo viaje:
De verdad, no dejen de visitar esta ciudad ubicada entre dos continentes, que tiene muchísimo para ofrecer: una cultura rica y muy diferente, una amplia gama de gastronomía, edificios que sacan el aliento y muchísimo para aprender sobre su historia y forma de vida. Un destino de esos que uno no sabe bien qué esperar, pero que sin dudas consiguió enamorarnos en el poco tiempo que estuvimos.
]]>Llegamos muy tarde, y pedimos un transfer desde el hotel para que nos pasara a buscar por Ataturk, el aeropuerto internacional. Siendo tres personas, el precio resultaba bien para el promedio de un taxi en Europa: pagamos 160 liras turcas, algo de 35 euros. Un transfer nos salía lo mismo más o menos (para tres) y este nos esperaba y nos dejaba en la puerta del hotel. También tienen la opción de tomar el metro, pero hay que estar atentos a los horarios: funciona de 6 de la mañana a 12 de la noche. La línea que va hasta el aeropuerto es la M1, y es probable que después tengan que hacer alguna combinación si se alojan en la parte más turística.
Esa misma noche, probamos un kebab (non spicy, que resultó ser picante de verdad), y decidimos guardarnos para el siguiente día, que teníamos poco tiempo y mucho para conocer. Por más buena que sea Turkish, todos los vuelos de tantas horas son agotadores. Nuestro hotel, el Magnaura House Hotel, está en una ubicación ideal. Muy cerca de la Mezquita Azul, pasamos esa noche con el transfer por semejante estructura imponente, que no podíamos dejar de conocer al día siguiente. La realidad es que durante los viajes que hice en el último tiempo, tuve la oportunidad de conocer muchos lugares fascinantes. Sin embargo, Estambul es un sobresalto constante. Hay tanta majestuosidad en sus construcciones. Las mezquitas no son más que un ejemplo de todo lo bello que hay en esta ciudad.
Para aprovechar la luz solar de los últimos días de otoño, que es poca, arrancamos muy temprano con el recorrido. Lo bueno de Estambul es que el clima es mucho menos crudo que en otras zonas de Europa, y pudimos disfrutar de un día despejado y unos 15 grados a pocos días que comenzara el invierno (como para ir entrando en clima, después de tener 30 grados el día anterior en el hemisferio sur). El desayuno en el hotel lo tomamos alrededor de las ocho de la mañana, horario justo para disfrutar de la salida del sol desde la terraza. Si hay algo fascinante son los amaneceres y atardeceres sobre el Cuerno de Oro. Algo que no hay que perderse, de verdad.
Estambul resulta una ciudad sin dudas pintoresca y variopinta para caminarla, incluso a pesar del tráfico y el turismo, que abundan. El camino por el barrio de Fatih, uno de los más populares de la zona europea, resulta casi surrealista. Cuando se van asomando los minaretes de las mezquitas, esas torres imponentes que parecen salidas de una película. Uno se siente tan pequeño; esa es una de las cosas más fascinantes de viajar. En Estambul no fue más que una reafirmación de esa belleza que tiene Europa, con su antigüedad y su historia tan a flor de piel.
Pasando la Mezquita Azul y Santa Sofía, una parada obligada fueron los bazares. Ya contaremos un poco más en otro post sobre dos de los más famosos, donde pueden llevarse los recuerdos más particulares de Estambul, sólo si pueden regatear a los vendedores (algo que, a decir verdad, no es mi fuerte). No me canso de repetir que las calles y los rincones de esta ciudad despiertan encanto, sorpresa y algo muy especial. Con cada paso hay algún detalle para ver, algo nuevo, algo imponente. Los bazares no son más que un ejemplo de algo a lo que estamos muy poco acostumbrados y que resulta emocionante por el simple hecho de ser desconocido.
Tomar un té turco en una mesita en la calle, viendo la gente pasar y aprovechando las temperaturas gentiles que nos tocarnos en el final de la primavera, fue sin dudas también otro punto fuerte de esta ciudad. Es una escena única, tan distinta a la que estamos acostumbrados que guarda cierta magia extraña. Esa fue la sensación con la que nos movimos por este destino. Los mismos locales se toman constantemente su tiempo para disfrutar de esta bebida típica, que abunda por las calles, los mercados y el día a día como pausa dentro y fuera de la jornada de trabajo.
El puente de Galata, con sus pescadores y ese caos constante con el que vibra el famoso Cuerno de Oro, es una de las zonas más emblemáticas de la ciudad. ¡Si nos llevaremos postales de este lugar! Aunque los caminos son largos e irregulares, es difícil cansarse de caminar por sus calles. No sólo consiguen acá el pescado fresco, sino que también hay muchos restaurantes debajo del puente que lo venden y que permiten disfrutar de otras especialidades turcas. Es una zona un poco más caótica que otras, pero sin dudas un buen lugar para sentarse a observar la ciudad. Particularmente soy fan de estos lugares atestados de gente común, que muestran la vida más típica.
Pasando el puente, Karaköy nos esperaba con la famosa Torre de Galata y sus alrededores, llenos de locales, cafés y turismo. También es una zona muy intensa y llena de gente, donde las calles irregulares van llevando a rincones de lo más interesantes. La subida a la torre es, en mi opinión, una parada obligatoria para disfrutar de la ciudad desde otro ángulo. Estambul es bellísima, y su vista panorámica sin dudas no decepciona. Hay un restaurante dentro de la torre, pero es necesario tener reserva para comer ahí. La verdad los precios son más elevados que en otros lugares de la ciudad, pero no es una locura. Si van a darse un gusto, los precios de Estambul hacen que pueda ser mucho más accesible que en otro lugares.
Caminando bastante pero disfrutando del paisaje, llegamos hasta la peatonal Istiklal, sin dudas una calle famosa y llena de locales. Si lo que buscan es hacer compras, este es el lugar. Hay muchísima vida local en esta zona, varios restaurantes y hasta artistas callejeros. Una parte muy linda de la ciudad para conocer y hacer un poco de shopping, aún en la parte europea de Turquía.
Por la tarde decidimos conocer también la parte asiática. El metro de Estambul es un buen medio para moverse por una ciudad tan grande. Es recomendable sacar los viajes por ventanilla, ya que en cantidad salen más baratos que por las máquinas. Es rarisimo que no exista el concepto de “combinación” en la ciudad turca, y que cada tramo se realice por separado. Pero con el boleto por tiempo pueden utilizar también el tranvía, que es otro medio ideal para moverse y aprovechar para conocer. No es complicado utilizar el transporte público; es cuestión de estar atentos a los nombres de las estaciones, nada más.
El lado asiático es algo distinto. Cuando llegamos, nos recordó un poco al barrio porteño de Once —a grandes rasgos, por el caos, los negocios y el movimiento de gente local—, pero sólo fue momentáneo. Después de caminar un poco, encontramos las cuadras principales, plagadas de bares y un ambiente mucho menos turístico a nivel de atracciones, pero aún así muy atractivo para para recorrer. Acá está la movida de Estambul, y es muy fácil encontrar un pub para tomar una cerveza o comer algo. Incluso si quieren un break de la comida turca, hay mucha variedad para elegir.
La ciudad de noche es otra, que merece ser visitada y fotografiada. La iluminación y los edificios hacen una combinación muy única. Los puentes, con sus luces que se ven desde el avión; las mezquitas, que se rodean de una mística muy hermosa; las callecitas, que siguen con esa regla europea de inspirar muchas cosas cuando cae la noche y se prenden las luces. Caminar por Estambul de noche es casi obligatorio. Los locales de comida se iluminan y los vendedores salen a las calles para invitarlos a tomar algo, a probar algún plato, a revisar la carta…
El consejo más grande que puedo darles sobre esta ciudad es que vayan. A veces existe una duda sobre la cultura tan distinta, y he escuchado mucha gente decir que no es una ciudad que les interese conocer porque “¿Qué hay en Estambul?”. A veces es la ignorancia de destinos que quizás no son tan populares de este lado del globo —como lo son Roma, Barcelona o París—, lo que nos hace dejar de lado estos destinos; pero puedo dar fe que no tiene nada que envidiarle a las grandes capitales europeas. La diferencia cultural es justamente una de las tantas cosas que hace de esta una ciudad tan mágica, donde cada calle parece una aventura nueva para descubrir. Nosotros definitivamente nos quedamos con ganas de ver mucho más, así que no tendremos más opción que volver.
Pronto estaremos publicando una guía con atracciones, qué comer y cuáles son los precios promedio de nuestra estadía en Estambul que, si bien corta, alcanzó para que ya estemos pensando en una segunda visita a Turquía.
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