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Londres es uno de mis destinos favoritos en el mundo. Muchos ya lo saben. Es de esas ciudades donde siempre hay algo para ver. Van a encontrar actividades para todos los gustos y todos los bolsillos. Es real que es una ciudad cara, pero siempre hay formas de hacer el viaje un poco más económico. Nuestra estadía en Astor Hostels sin dudas fue una gran elección para manejarnos por la ciudad y ahorrar en el día a día.
En las grandes ciudades, la ubicación me parece fundamental, sobre todo si están con el tiempo justo para recorrer. Londres es una ciudad gigante y, si bien está muy bien conectada por el transporte público, ir de un lado al otro puede hacernos perder varias horas del día.
Esa fue una de mis cosas preferidas del Astor Kensington Hotel: está en el corazón de la ciudad. El barrio de Kensington es uno de los más lindos de Londres, con sus construcciones típicas y todos esos detalles que te vienen a la mente cuando pensás en esta ciudad. Está cerca del Hyde Park, de la zona de Notting Hill y es fácil manejarse caminando para conocer los alrededores.
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El hostel cuenta tanto con habitaciones compartidas como privadas. Lo bueno es que los baños son individuales, y no son varias duchas como en otros lugares. Es cómodo porque tenés todo el baño y podés estar más tranquilo, incluso siendo compartido. Hay habitaciones compartidas que también tienen baño propio. Nuestro cuarto, además, tenía vista a la calle, a esa postal tan típica del barrio. Para nosotros, que somos bastante exigentes con la comodidad de los lugares donde nos alojamos, el combo nos pareció muy bueno.
Una de las mejores cosas, sin dudas, fue el personal internacional. Gente de todo el mundo, siempre dispuesta a ayudar y con la mejor onda. Un ambiente joven, para conversar y con distintas historias para contar. Cada uno de ellos se encarga también de organizar eventos en la semana, con distintas actividades para realizar dentro del hostel y alrededor de la ciudad. Todas las semanas cambia la cartelera en la recepción, para agregar actividades a su itinerario. En la web de Astor también ofrecen descuentos en tours y van a encontrar muchos tips dentro del mismo hostel para poder planificar sus días en Londres.
Las zonas comunes del hostel constan de una sala de estar, un espacio para lavar la ropa y la cocina, que tiene un lugar para comer. La realidad es que tener una cocina tan bien equipada fue un alivio en esta ciudad. Hay una diferencia gigante entre salir a comer y comprar cosas en el supermercado para cocinar. Todo lo que puedan necesitar para cocinar lo van a encontrar. Además, por 1 libra pueden sumar a su estadía el desayuno. Lo recaudado va además para caridad, lo que nos pareció una gran iniciativa.
Entre los servicios que ofrecen, además de desayuno, pueden solicitar de forma gratuita secadores de pelo, candados y enchufes, cosa que no habíamos visto en muchos otros hostels. También hay lockers y pueden guardar su equipaje. Por una libra, además, pueden pedir toallas. El wifi, que también es gratuito, funcionaba muy bien.
La cadena cuenta con cuatro hostels distintos en zonas céntricas de la ciudad de Londres: Kensington, Hyde Park, Victoria y Museum (haciendo referencia al British Museum, que está literalmente en la puerta). También cuentan con un hostel en la ciudad de York.
Realmente recomiendo esta cadena y vivir la experiencia de alojarse en el corazón de una ciudad como Londres. Salir a caminar temprano, cuando la rutina recién empieza, aprovechar los destinos cerca y las conexiones con el resto de la ciudad, salir del hostel directo a la noche londinense y moverse caminando hasta los bares o las atracciones. Es una gran experiencia.
Pueden chequear al disponibilidad y reservar directamente desde la página del hostel. Si utilizan el código ASTORLUV, obtienen un 10% de descuento en su reserva.
Pueden chequear también la guía de Londres que publicamos hace un tiempo y que estaremos actualizando en estos días, luego de nuestro paso por esta maravillosa ciudad.
]]>Islandia es un lugar soñado, y no me voy a cansar nunca, ni en cien posteos, de decir que valió la pena cada euro invertido en este maravilloso lugar. Se puede visitar unos días sin gastar una fortuna. Simplemente tuvimos que bajar las pretensiones y saber, de entrada, que no nos quedaba otra que adaptarnos al gasto diario que teníamos y ver cómo nos arreglábamos con eso. Es un tema que repito bastante, pero creo que viajar y conocer es una cuestión de voluntad. A veces no necesitamos una fortuna para conocer ciertos lugares, ni siquiera los más caros, sino un poco de capacidad de ahorro y otro tanto de capacidad de adaptación.
La realidad es que, primero que nada, cabe decir que llegamos al país muy próximos al fin de año que, sumando que es una época muy buena para ver auroras, lo encarece un poco más. Para unos pocos días, estuvimos bien y salimos ilesos de nuestra experiencia en uno de los países más caros de Europa. Quizás, si lo que buscan es ahorrar, es conveniente buscar otras fechas de temporada baja como pueden ser octubre o noviembre, donde los precios puede que sean más económicos —sobre todo en alojamiento—, pero aún así estén en época de ver las auroras.
Los vuelos los sacamos por Icelandair bastante sobre la fecha, por lo que no puedo ponerlos como referencia. Buscando con más tiempo, la aerolínea tiene buenas ofertas. Incluso Wow Air, la low-cost islandesa, saca de vez en cuando algunos vuelos a excelente precio para conocer Reykjavik y alrededores, saliendo desde las principales capitales y ciudades europeas. Les recomiendo chequearlo con tiempo porque pueden encontrar muy buenas ofertas para viajar a Islandia desde otras partes de Europa, e incluso desde los Estados Unidos o Canadá. También hemos visto muy lindas ofertas de Wizz Aire, que salen de vez en cuando. Cada tanto veo que sacan ofertas interesantes para ir desde Madrid o Barcelona, también desde los Bálticos, Londres o Polonia. Hay que estar atento.
Con respecto al alojamiento, nosotros en esas fechas encontramos mucha diferencia entre ir a una habitación con baño privado o sacar dos camas en un hostel, con baño compartido. Veníamos de países donde pagar dos camas en un hostel nos salía lo mismo que ir a un lindo hotel, por lo que nos sorprendió mucho la brecha entre ambos tipos de alojamiento. Al ser pocos días, decidimos reservar en el Hlemmur Square. Lo particular de este lugar es que es un hostel pero también es un hotel, contando con habitaciones privadas y más lujosas en los pisos superiores. En las primeras plantas se encuentran las habitaciones compartidas, con los correspondientes baños, duchas y la cocina. Pagamos algo de 30 euros la noche (por persona), lo que resultó barato para el costo de vida que tiene el país. Además, el hecho de tener cocina y heladera facilitó mucho el poder ir a los supermercados a comprar algunas provisiones para nuestros días en el país. También chequeamos otras opciones como el Bus Hostel o el Galaxy Pod Hostel, pero el precio y la inmejorable ubicación en Reykjavik nos hicieron decidirnos por el Hlemmur. Laugavegur, la calle sobre la que se encuentra, es una zona muy linda para pasear, comprar y comer.
Otra opción para alojarse es Airbnb. Antes de viajar, leía que mucha gente local no estaba renovando los alquileres de sus casas ya que, debido a la cantidad de turismo que está recibiendo el país, les convenía mucho más publicarlas en Airbnb. Las opciones de casas o habitaciones privadas son muchísimas. Si bien las casas completas no son un regalo, puede convenir si hacen viajes en grupo. Con respecto a las habitaciones privadas, manejan muy buenos precios y la gente nos pareció super cordial, así que no creo que tengan problemas conviviendo con alguien más. Nosotros estuvimos a punto de elegir una de estas, con un precio aproximado de 45 euros por noche (para dos personas), en una casa con muy buena ubicación. Finalmente nos decidimos por el hostel, pero si viajan solos o en pareja una habitación privada puede ser una opción interesante. Incluso un poco más en las afueras, si están con auto, pueden conseguir excelentes precios y disfrutar un poco de la vida típica local. También, mucha gente nos ha hablado sobre hacer Couchsurfing, que es básicamente algo similar a una habitación privada por Airbnb, pero gratis. Si bien por lo general las comodidades no son las mismas, el hecho de no pagar puede resultar un alivio si tienen un presupuesto realmente ajustado. Es cuestión de ver hasta dónde puede gastar cada uno y priorizar las cosas que quieren hacer, qué quieren visitar o cuánto tiempo van a estar y dónde les conviene alojarse.
Para ir y volver del aeropuerto, compramos los traslados que ofrecían a bordo de IcelandAir, la aerolínea de bandera por la que viajamos. Sin embargo, también pueden comprarlos por internet. Es una forma cómoda, rápida y a buen precio para acercarse al centro. El llamado Flybus tiene buena frecuencia después de la llegada de los vuelos y a nosotros nos dejaba en la puerta de nuestro Hostel (tiene varias paradas). El precio es de 2950ISK (23.50 euros, más o menos) por tramo, aunque les sale 5500 (casi 44 euros) si compran ida y vuelta.
Transporte público no usamos. Reykjavik se puede recorrer caminando perfectamente, tomándose el tiempo para apreciar una ciudad pequeña, tranquila y muy pintoresca. En algún momento consideramos la posibilidad de alquilar un auto, pero dados los precios de hacerlo (un alquiler arrancaba en los 65 dólares por día, aproximadamente) y la época de rutas nevadas, consideramos mejor recorrer en excursión y movernos por la ciudad a pie. Las excursiones no son baratas, y la única opción fue seleccionar sólo algunas y dejar el resto para otra visita, que no dudamos que se hará realidad en algún momento. Nuestras elegidas, por una cuestión de tiempos y deseos de conocer desde siempre, fueron la cacería de luces del norte y la Laguna azul. Estos tours los sacamos tanto por Gray Line (Laguna Azul) y Reykjavik Excursions (Luces del Norte). Los precios no varían mucho entre compañías, lo que cambia simplemente es el tipo de excursión. De las auroras van a encontrar muchísimas opciones y un rango de precios bastante amplio. Nosotros hicimos una de las más económicas, por aproximadamente 40 euros. Calculen que cualquier tour que hagan, de lo que sea, no va a salir menos que eso. Es recomendable que vayan viendo y decidiendo cuáles quieren hacer.
Mucha gente me preguntó qué onda los free tours, que en un país tan caro pueden ser una mano para conocer y no gastar una fortuna. Si bien no llegamos a hacer ninguno, City Walk tiene un tour gratuito para conocer Reykjavik, y algunos otros de pago como lo son el Pub Crawl, otro que recorre la historia financiera de Islandia o incluso opciones de tours privados. Si tienen poco tiempo, es una buena forma de llevarse un pantallazo de la ciudad.
Con respecto a la comida, debo decir que los precios si se encarecen mucho más que en otras ciudades europeas. Recomiendo altamente la cadena de supermercados Bonus, que tiene los mejores precios de la ciudad —mucha gente me había dicho antes de viajar que sólo debía comprar acá, en los super del chanchito. Si buscan hacer comidas rápidas y baratas, hay muchísimas variedades de pan a buen precio (algo de 1,50 euros el lactal) y muchas opciones para preparar sandwiches en una heladera gigante —literal, pueden entrar en la heladera. Muchos snacks y comida a buen valor. También, si paran en un hostel con cocina pero no tienen ganas de andar preparando nada, hay comidas hechas. Para que se den una idea, pueden encontrar bandejas de comida por aproximadamente 3,90 euros. Comer por esa plata en Islandia casi no existe, así que es una buena opción si lo que buscan es ahorrar.
Para comprar alcohol, lo más recomendable es comprar en el free shop. Los supermercados en Islandia no venden bebidas alcoholicas, sino que hay tiendas especializadas. Vinbudin es la tienda, que vende alcohol a un precio equitativo en todo Islandia. En la página del comercio pueden revisar todos los precios. Recomendable igualmente, si quieren probar alguna bebida local, que la compren al llegar o al irse en el aeropuerto. Hay muchos packs copados de cervezas locales, botellas de vodka, gin o licores típicos a muy buen precio, tanto para consumir como para llevar de recuerdo. Si van a comprar en la ciudad, tienen que tener en cuenta que les va a salir más caro, pero pueden encontrar algunas latitas de cerveza local por cosa de 1,60 euros (Viking, una de las lagers más baratas). Nosotros compramos una Einstök Arctic Pale Ale, una cerveza un poco más cara en botella de 330ml, y la pagamos algo de 3,5o euros.
Si buscan sentarse en un restaurante, hay opciones para comer el típico ramen japonés (había uno justo al lado de nuestro hotel) a muy buen precio, en un lugar llamado Noodle Station. Dos noches nos dimos el gusto de sentarnos a comer en Svarta Kaffid, uno de los locales que más disfrutamos durante nuestra estadía y sobre el que ya desarrollaré en un post. Exquisitas sopas por algo de 14 euros, y una linda variedad de cervezas locales (en época de fiestas, la cerveza navideña de Gull es lo más). Si bien no es un precio módico, es muy correcto para lo que es comer en Islandia. Háganse a la idea que, si tienen planeado comer afuera, no van a gastar mucho menos que eso. Una particularidad es que en Islandia ya no existe la cadena McDonalds, un recurso que suele ser utilizado por algunos viajeros para comer rápido y barato. Sin embargo, hay algunas opciones de comida rápida, que pueden servir para salir del paso. Como les comentaba, un menú económico en la zona de Reykjavik les puede llegar a salir entre 14 y 18 euros por persona, mientras que una cena en un restaurante no va a salirles menos de 30, 35 euros por persona. Por eso es que recomiendo tanto aprovechar la cocina, si van a hostel o Airbnb y cocinar. Sin dudas, Islandia fue uno de los lugares en los que más gastamos en comida. Si pueden y no les molesta comprar en el supermercado y cocinar, es un buen destino para ponerlo en práctica. Y el mate se volvió nuestro aliado infalible. Con los diez grados bajo cero de térmica, llegar a nuestra habitación y cebar unos mates calentitos para sacarnos el frío no tenía precio.
Por descontado está decir que, si necesitan hacer shopping, están en el país equivocado. Hay muchos negocios en el centro de Reykjavik, aunque en su mayoría son tiendas de souvenirs —y vamos a decir que no nos resultaron baratos ni siquiera los imanes. Kringlan, el centro comercial más grande de la ciudad, se encuentra algo alejado del centro propiamente dicho, pero se puede llegar tranquilamente a pie (desde nuestro hotel eran unos 30 minutos). El edificio es grande, con muchas tiendas de ropa, licores y demás. Incluso tienen algunas opciones de comida rápida como Subway o Domino’s, en caso que estén buscando una cena económica. Igualmente, como comentaba, los precios del país en sí no son los ideales como para salir de shopping, pero si tienen una urgencia es una buena opción. La verdad es que gastamos mucho comprando sólo souvenirs para la familia. Y, como fan del fútbol, no pude hacer más que traerme la camiseta de la selección islandesa (qué, como la mayoría de esas cosas, tiene un precio más o menos universal —75 euros—; aunque era más barato comprarla en el free shop que en las tiendas de recuerdos, donde rondaban los 100 euros).
Como siempre digo, no hay lugares imposibles para conocer si uno tiene el deseo y la voluntad para hacerlo. Después de los pasados dos años, que estuvimos por Suiza e Islandia, estamos convencidos que es más una cuestión de flexibilidad y saber adaptarse que otra cosa. Tuvimos que resignar ir a una habitación privada, sentarnos a comer en un restaurante o llevarnos muchas chucherías como souvenirs, pero sin dudas nos llevamos de recuerdo cosas mucho más valiosas y espectaculares que un llavero o un imán. Más de una vez escuché gente decir que ellos en las vacaciones no piensan resignar comodidades para ir un lugar a pasarla mal. Por eso lo llamamos viajar, a veces, y no vacacionar. La idea no es descansar, ni nunca lo fue cuando pensamos en ir a este país. La idea fue conocer, y a veces los lugares son tan increíbles, que pronto te olvidás si tenés que compartir un baño o comer ramen instantáneo en la cocina del hostel. Recomiendo, aunque tengan que hacer algunos pequeños sacrificios (si se los puede llamar así), animarse a conocer este país que, si bien caro, vale cada corona islandesa gastada en él.
]]>Si hay algo fundamental durante la planificación de un viaje, es decidir dónde nos vamos a alojar. En viajes largos, se puede volver un factor clave para determinar costos y, muchas veces, es donde intentamos ajustar el presupuesto para intentar hacer un viaje más bien “gasolero”. Pero también, cuando nos tomamos vacaciones, es el lugar al que volvemos a descansar, donde tenemos que reponernos y relajarnos para encarar otro día conociendo.
Ahora bien, yo personalmente creo que el alojamiento es de las cosas más importantes y buscamos ciertas cosas que, creo, son comunes a todos: comodidad, después de un día de andar de acá para allá o si necesitamos simplemente descansar lejos de la rutina; ubicación, si nos gusta conocer la ciudad a pie o tenemos poco tiempo para cubrir lo elemental; limpieza, porque a nadie le gustan esas sorpresas inesperadas ni dormir en lugares sucios… Hay un montón de factores a considerar y, obviamente, también el precio es importante para los que viajamos con un presupuesto ajustado. Las prioridades van en cada uno, pero hay cosas que creo que son comunes a la mayoría de los viajeros.
Hay algo que es importante a la hora de decidir: el destino y las condiciones en las que viajamos. No es lo mismo alojarnos en Londres que en Estambul, no es lo mismo quedarse en el centro que en las afueras, no es igual el precio al viajar en temporada alta que en baja, no es lo mismo viajar solo que viajar en grupo. A veces, si queremos ahorrar, quizás es importante considerar estos factores a la hora de planificar y plantearnos si estamos dispuestos a resignar alguno a la hora de armar nuestro viaje: ¿podemos hacer base en una ciudad más barata, y recorrer otros lugares desde ahí?, ¿nos conviene quedarnos en el centro o estamos bien si conseguimos algún lugar en las afueras?, ¿podemos irnos en temporada baja?, ¿y compartir alojamiento? Son todas preguntas que está bueno hacerse si tenemos pensado viajar y queremos ahorrar un poco.
Teniendo en cuenta cada uno de estos puntos por separado, vamos por partes.
Con respecto a la ciudad y la ubicación, me parece que es importante pensar lo que vamos a hacer. Si vamos a alquilar un auto, puede ser una buena idea quedarnos en las afueras, quizás hasta en otra ciudad, y viajar para conocer. Sobre todo en familia y en lugares donde los precios en el centro son muy por arriba de la media, es una gran opción para recorrer y aún así quedarse en un buen lugar. También hay barrios que son más caros que otros, como en todos lados. Es importante también fijarse esto y quizás, en las ciudades que es seguro, elegir un barrio menos top y animarnos a zonas con menos lujo.
Booking tiene la opción de Ver en mapa, donde podemos observar los alojamientos disponibles distribuidos en el mapa de la ciudad. En Londres, por ejemplo, podemos ver la diferencia entre quedarse una noche en Hammersmith y quedarse en el centro. Los dos son hoteles tres estrellas, con cancelación gratuita y puntuación fabulosa, y aún así hay mucha diferencia en los precios (el de Hammersmith incluso incluye desayuno, mientras que en el otro hay que hablar de $219 extra por persona). Reconozco también que depende un poco de buscar y de cuán dispuestos estamos a movernos para ir y venir desde el centro (además de considerar que el transporte también es un gasto más si necesitamos movernos mucho). Hay mucha variedad de precios también dependiendo del hotel al que vayamos y los servicios que incluyen.

Las fechas. Ah, sí, ese siempre es un dilema. Yo amo viajar durante las fiestas de fin de año, y sé que es probable que los precios suban un poco para esa época. ¿La solución? Siempre buscamos ofertas, tratamos de reservar con anticipación, ir a ciudades que de por sí son baratas para pasar los días festivos y, obviamente, resignar algunas comodidades durante esas fechas particulares. Por lo general, los precios altos en invierno duran poco y después enero se vuelve un mes bastante económico para recorrer el hemisferio norte. En el caso del sur, lamentablemente es temporada alta, pero siempre se pueden buscar alternativas por otro lado o resignar la fecha para reducir costos. Acá, por ejemplo, una pequeña muestra de lo que pasa con los hoteles de Río de Janeiro cuando dejamos de viajar en Enero y nos vamos en Abril. No es una barbaridad de diferencia por una noche, pero si nos vamos varios días ya el número empieza a ser más significativo:

Si viajan en grupo, contratar un departamento o buscar un alojamiento en Airbnb son, sin dudas, las opciones más convenientes. Se puede ahorrar muchísimo dividiendo gastos de un departamento, sin mencionar el hecho de poder cocinar y comprar en el supermercado cosas para llenar la heladera. Algunos de estos alojamientos incluso cuentan con lavarropas, que también puede resultar muy útil en viajes largos o cuando guardamos en la valija lo justo y necesario. Comprar comidas o cosas para hacer, en el caso de Europa, es una forma de ahorrar muchísimo dinero. Los precios que se manejan son incluso más bajos que los de supermercados argentinos en algunos bienes como bebida, leche, yogur, galletitas, etc. Incluso muchos ofrecen comidas preparadas, que basta poner en el microondas para cenar por muy poco. Acá la diferencia en Praga, entre una habitación doble en un hotel (con baño privado y sin desayuno), a un departamento para cuatro personas desde Airbnb; ambos en el centro de la ciudad:

Las reservas por Airbnb son fáciles de hacer (ya hablamos de esto en alguna oportunidad) y tienen muchas opciones y departamentos en zonas en las que, quizás, un hotel nos saldría muchísimo más. Hoy en día también hay alquiler de departamento por Booking y, lo que tiene a favor es que pueden hacerse reservas por sólo una noche (algo que en Airbnb es menos común, ya que por lo general te piden un mínimo de noches para rentarte el departamento). Como no me canso de decir, cada uno tiene que ver las condiciones del viaje que va a hacer y pensar qué se ajusta mejor a sus planes. Si van a reservar por Airbnb, les dejo el link a mi perfil para que obtengan un pequeño descuento. Si se registran desde ahí o desde el perfil de un amigo, tienen un bono de $600 pesos para realizar su primera reserva (que supere los 1.100 pesos argentinos). Un regalito de la gente de Airbnb para que nos animemos a viajar con ellos. Actualización 11/04/18: El pasado Diciembre, realizamos nuestra primera reserva por la plataforma, y te cuento nuestra experiencia acá.
Ahora, ¿Qué pasa si ninguno de estos puntos sirve? ¿Qué pasa si queremos estar en el centro, en fechas específicas y no podemos viajar en grupo? Bueno, es probable que tengamos que gastar un poco más, pero siempre hay opciones. Algo clave es tener paciencia y buscar. Veo gente que se desespera por sacar alojamiento enseguida, que se cansa muy pronto de ver y comparar precios, pero esa es la clave de todo. Yo, en la mayoría de los casos, contrato hoteles o departamentos por Booking, donde los precios siempre me parecieron bastante buenos y donde siempre que tuve un problema me lo supieron resolver (en Italia nos hicieron un reembolso porque no nos recibieron, ya contaré en algún momento de qué modo hacer el reclamo). La página a veces tiene ofertas del día que resultan muy buenas, que realmente hacen la diferencia. Además de eso, cuenta con un descuento del 10% (el llamado genius), que aplica después del quinto hotel que reservan con la empresa. Con esto nos hemos ahorrado unos cuantos pesos a la hora de contratar un hotel.
Este es un ejemplo de una oferta del día para una noche en un departamento de Londres, que depende siempre de las fechas y puede variar si las mismas cambian:

Y acá la diferencia del precio regular y el precio genius de un hotel sencillo en París, en el popular barrio de Montmartre, en las mismas fechas (13 a 15 de diciembre). El descuento aparece una vez que estamos logueados (y después de haber contratado y estado alojados en más de cinco hoteles por la página). Es un 10%, que en los casos puntuales no parece hacer la diferencia, pero cuando empezamos a sumar alojamientos resulta ser que nos ahorramos bastante:


Obviamente, para los que van con un presupuesto más ajustado y viajan de forma gasolera, también están los hostels, que no siempre tienen que ser alojamientos ruidosos para jóvenes que buscan salir hasta la madrugada. Hay de todo, y siempre hay que leer los comentarios del lugar y comparar opciones. Además del ya mencionado Booking, también hay otros sitios confiables y con buenos precios; siempre hay que fijarse (Despegar, Hoteles.com, Al Mundo, donde en algunas ocasiones también se puede pagar en cuotas). En algunas ciudades, viajando en invierno, nos salían lo mismo dos camas en una habitación compartida de un hostel que una habitación privada en un hotel tres estrellas (y con desayuno). Pero, si se inclinan por la opción de hostels, además de las páginas regulares para buscar alojamiento, Hostelworld tiene una muy buena guía de este tipo de alojamientos y pueden reservarse habitaciones desde ahí mismo. En el mismo sitio pueden ver las críticas de cada uno de estos lugares, si son tranquilos, si se organizan fiestas y demás. Hay para todos los gustos.
También una opción a la que recurren muchos viajeros que buscan recortar gastos es Couchsurfing. El sitio, popular entre los jóvenes, es una opción para viajar sin tener que gastar en alojamiento. Funciona básicamente como rentar una habitación en Airbnb, sólo que es de forma “gratuita” (el gratuito, por lo general, implica alojar al nuestro anfitrión cuando visite nuestro país). Por lo general nuestros hosts nos arreglan un sofá cama o una habitación y, además de dormir en sus casas, tenemos la posibilidad de conocer desde adentro la vida de un local. Tengo muchos amigos que viajaron utilizando este sitio y las experiencias, por lo menos en Europa, fueron totalmente satisfactorias. Es una gran alternativa para ahorrar plata y, de paso, tener un anfitrión local que conoce la ciudad y nos puede contar qué cosas ver, qué hacer, dónde comer y demás. Simplemente basta con crearse un perfil, buscar un host en base a sus referencias y cruzar los dedos para que acepte nuestra solicitud.
Creo que cuando hablamos de alojamiento no hay recetas mágicas. Simplemente se trata de tener un poco de paciencia, buscar ofertas, comparar precios y, en algunos casos, priorizar algunas cosas sobre otras para poder quedarse en un lugar bueno, bonito y barato. Doy fe, siendo bastante selectiva con los lugares en los que me quedo cuando estoy de viaje, que es totalmente viable.
Actualización 07/07/17: Booking lanzó una promoción para obtener un 10% de descuento sobre nuestra próxima reserva, realizándolo desde el link de referencia de un amigo (algo similar a lo que hace Airbnb). Les dejamos el nuestro para que, además de tener en cuenta todo lo que dijimos, puedan ahorrarse otro extra. Sólo tienen que realizar la reserva haciendo click acá. Tengan en cuenta que el descuento se acredita después de alojarse, así que es ideal para aquellos que vayan armando el itinerario sobre la marcha.
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