recaptcha-in-wp-comments-form domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131updraftplus domain was triggered too early. This is usually an indicator for some code in the plugin or theme running too early. Translations should be loaded at the init action or later. Please see Debugging in WordPress for more information. (This message was added in version 6.7.0.) in /home2/hyjcdvmy/public_html/wp-includes/functions.php on line 6131Los amantes de los gatos van a entender a qué me refiero con decir que este lugar es maravilloso en el momento que pongan un pie en este refugio. Los gatitos están por todos lados: sobre las mesas, por el piso, por afuera, comiendo, jugando, durmiendo. Hay algunos que están en jaulas porque se encuentran en tratamiento, y otros están en una sección cerrada donde los curan y los tratan. Hay algunos a los que les falta una patita, otros que son ciegos, otros que están lastimados… Pero todos tienen muchísimo amor para dar y son cuidados por igual por voluntarios que trabajan permanentemente en este lugar casi oculto bajo ruinas.
Basta con entrar para tener a cientos de mininos acercándose, pidiendo mimos, maullando con fuerza para llamar la atención. La gente pasa a su hogar y es respetuosa, mientras los voluntarios cuentan un poco la historia del lugar y lo que significa para ellos ese pequeño santuario gatuno en el centro de la ciudad.
Los gatitos se pueden adoptar, lógicamente para aquellos que viven en Roma. Sin embargo, también se pueden apadrinar gatitos a la distancia, donando un importe mensual para cuidarlos. También venden algunas cosas que diseñan ellos para poder costear el refugio. Nosotros compramos unos imanes y un llavero pintado a mano que llevo siempre conmigo. Son algunos euros, pero para ellos significan mucho. Es un placer contribuir a que estos lugares sigan funcionando y ayudando a los cientos de gatos que merodean la ciudad italiana.
En la Torre Argentina, los animalitos andan como panchos por su casa. Aunque la atracción en sí está bastante descuidada, los protagonistas son los gatos, que se acuestan en los rincones, se acercan a los turistas o huyen de las cámaras de fotos. Es imposible pasar por este lugar sin cruzarse a algún gatito dando vueltas por ahí.
El sitio de la asociación es www.romancats.com, y hay mucha info para aquellos que quieran donar algo, o simplemente para saber más sobre esta hermosa organización en una ciudad llena de historia. El refugio se encuentra abierto todos los días, de 12 a 18 horas, y las adopciones se pueden realizar de 13 a 17. Tengan en cuenta que los menores de edad deben ingresar acompañados de un adulto.
Ojalá puedan darse una vuelta por este lugar. Para cualquier amante de los animales, es un placer que existan y subsistan estos pequeños rinconcitos en el mundo que ayudan a los compañeros más nobles. Les dejo algunas fotitos que tomé durante mi visita:
]]>Roma, Roma, Roma… Qué ciudad. Qué lugar, que parece no tener un punto intermedio entre el amor y el odio. Conozco gente que se ha enamorado perdidamente de la capital italiana, otros que no desean volver. Yo personalmente soy del primer grupo: una ciudad a la que volvería mil veces, un lugar tan lleno de historia, rincones y belleza, que me sigue fascinando con cada visita.
No es una ciudad tan pulcra y ordenada como otras capitales del viejo continente. Roma es un poco caótica, con sus autos, sus lugares históricos, su gente y sus callecitas. Es una ciudad especial, una capital que sin dudas pertenece a los italianos hasta en el último detalle. Un extraño sentido de pertenencia me invadió la primera vez que conocí este lugar, y el sentimiento es siempre el mismo.
A diferencia de otras capitales de Europa occidental, es más económico subsistir, y se van a dar cuenta pronto que también es más fácil adaptarse. Lógicamente, los italianos son muy parecidos a nosotros (nosotros a ellos, mejor dicho), por lo que pronto nos vamos a encontrar siendo parte de una comunidad que se asemeja mucho a la local. Algunos lo aman, otros lo odian. Suele ser así.
Como siempre digo sobre las capitales, es recomendable pasar por lo menos cuatro o cinco días para poder recorrer bien y no quedarnos únicamente con lo turístico, sino también perdernos un poco en cada barrio, donde cada uno tiene lo suyo para ver, conocer y admirar. Es una ciudad llena de historia, que parece ir contando un cuento en cada una de sus calles, vagamente iluminadas e irregulares. Es encontrar ruinas, edificios que fueron declarados Patrimonio de la Humanidad, historia en cada paso que damos. Es una ciudad un poco mágica, ya que no podemos evitar imaginar sus años y todos los sucesos que acogieron esas callecitas que hoy en día se vuelven caóticas entre autos y Vespas.
La moneda es el euro, y por lo general recomiendo llevarlos de acá o sacar directamente con tarjeta en un cajero automático. Como siempre, recomiendo no cambiar en la calle aunque estén en el país más seguro del mundo. Más vale prevenir que curar. Aunque sea un poco más caro, si llevan dinero para cambiar allá, háganlo en un aeropuerto o alguna casa de cambio.
No es una ciudad insegura, pero como en la mayoría de las grandes ciudades, deben tomar los recaudos necesarios para no pasar un mal momento. Cuiden sus pertenencias. No piensen que porque están en Europa no va a pasar nada. No son robos violentos, pero los arrebatos ante una distracción son comunes. No es para fomentar paranoia, sino para que tomen las mismas medidas que tomarían en cualquier lugar al tomar el metro, andar por la calle o apoyar las cosas a la hora de sentarse a comer.
Muchas veces veo gente preocupada por el idioma. Lógicamente, si los italianos no quieren que los entendamos, lo van a lograr. Sin embargo, si hablan lento y con buena predisposición de ambas partes, se entiende bastante bien. Incluso si no dominan el inglés, hablando en español ustedes también pueden hacerse entender con ellos (la bendición de ser todos idiomas latinos). Es cuestión de tener paciencia. En los hoteles por lo general encontramos mucha gente que hablaba español, pero también con un poco de inglés básico los van a entender sin problemas (como en la mayor parte de Europa).
Documentación: para viajar a Roma desde Argentina se requiere tener pasaporte al día. No es necesaria visa. Es obligatorio contar con un seguro médico que cubra los 30.000 euros. Por lo general, lo único que solicitan a la hora de ingresar es pasaporte, pero tengan en cuenta que pueden pedirles pasaje de vuelta, alojamiento reservado y el ya mencionado seguro médico. Personalmente recomiendo ir con todo impreso (pasajes, vouchers, comprobantes) para hacer el ingreso al país lo más rápido posible. Creo que en el aeropuerto de Roma fue en el que mejor me trataron cuando entré o salí del país (quizás mi apellido haya tenido algo que ver). Con frases como con Argentina sono amici o Sono finite le vacanze? siempre el proceso de entrada y salida al país fue muy relajado. Igualmente siempre recomiendo llevar todo en regla y en el equipaje de mano, por las dudas.
Números útiles: Te dejamos un listado con algunos números que es recomendable tener a mano. De cualquier forma, hemos visto mucha policía en Roma andando por la calle (además de los militares).
Corriente: la corriente es de 220 voltios y los enchufes en Italia suelen ser de dos o tres patas redondas alineadas (pueden conseguir adaptadores en los aeropuertos, aunque siempre es más barato si los compran por su cuenta por MercadoLibre en Argentina o en algún local en la ciudad de destino). Los enchufes utilizados son los llamados tipo L, los tipo C y los tipo F.
Ley antitabaco: aunque nosotros ya estemos acostumbrados a esta ley, cabe destacar que desde hace ya varios años está prohibido fumar dentro de restaurantes, locales, aeropuertos y edificios públicos en la ciudad de Roma. Hacerlo implica arriesgarse a una multa que puede llegar hasta los 500 euros.
Otras prohibiciones y multas: el consumo de alcohol en la vía pública no está permitido, y también pueden ganarse una multa por hacerlo. En Roma, orinar en la vía pública también está totalmente prohibido y tiene por ello una de las multas más costosas de Europa. También, la viveza del turista de ir sin billete en el transporte público puede costarles hasta 55 euros.
Tener en cuenta los días festivos: durante los días feriados o festivos, muchas atracciones, mercados y bancos en Roma permanecen cerrados. Para agendar si van a estar por la ciudad durante esas fechas: Año Nuevo (1 de enero), Epifanía (6 de enero), Jueves Santo y Lunes de Pascua (la fecha varía), Día de la Liberación (25 de abril), Día del Trabajo (1 de mayo), Fiesta de la República (2 de junio), Fiesta de los Santos Patronos de Roma (29 de junio), Día de la Asunción (15 de agosto), Fiesta de Todos los Santos (1 de noviembre), Inmaculada Concepción (8 de diciembre), Navidad (25 de diciembre) y San Esteban (26 de diciembre).
En nuestro sitio, hicimos un cálculo de presupuesto aproximado para las ciudades más populares de Europa, entre ellas la bella Roma. Los precios en la nota están en euros para mantener una moneda general en la comparación de cada ciudad.
El valor diario depende mucho del tipo de viaje que decidan hacer.
Para un viaje super economico, durmiendo en couchsurfing, evitando los restaurantes y realizando actividades gratuitas, calculamos un presupuesto de unos 9 euros por día.
Ya si vamos a un hostel, aunque hagamos vida gasolera tenemos que hablar de más o menos 45 euros (si eligen una cama en habitación compartida y le suman las comidas, algún boleto en transporte público y algún souvenir o chuchería en la calle).
Ya si deciden ir a un hotel y comer alguna comida en restaurante, el precio diario puede variar un poco (se consiguen hoteles a bastante buen precio). Obviamente a esto le agregamos algún transporte y algún regalo. Lo bueno de los hoteles es que por lo general podemos buscar alguno que tenga desayuno y hacer alguna comida potente por la mañana. Incluso en los hostels, también pueden conseguir esta opción.
Ya si hablamos de hoteles de más de tres estrellas, comidas en restaurantes, excursiones y alguna compra, tenemos que pensar que vamos a gastar algo de 120 euros.
Obviamente, todo esto es muy relativo y es un estimativo en base a los precios que vimos nosotros cuando estuvimos allá. Puede variar dependiendo de la época, la zona en que se alojen, los lugares que frecuenten y las cosas que decidan comprar. Tengan en cuenta que la temporada alta es de Junio a Agosto, algo que puede influenciar en la variación de los precios (especialmente en el alojamiento).
Roma no nos pareció una ciudad cara para ser una capital. La realidad es que nuestras compras en el supermercado tenían un valor menor a lo que generalmente gastamos acá, y sentarnos en un restaurante o comprar comida en puestitos implicaba un gasto más o menos similar al que tenemos en Buenos Aires (que es la ciudad contra la que yo siempre comparo).
Por una cuestión de comodidad, ibamos mucho a la cadena de supermercados Coop. Como estábamos en un B&B, teníamos cocina, heladera y facilidades para cocinar. De cualquier modo, no es abismal la diferencia entre cocinar y comprar alguna cosa por la calle. Los precios de los supermercados nos resultaron bastante accesibles y muchos productos resultaron ser más económicos que en casa. Un pan de 500 gramos nos puede salir 1,30€ y 100 gramos de queso 1€, 100 gramos de jamón por €1,40, paquetes de galletitas por 1€; un litro de leche por 0,85€ y 1,5 litros de jugo de naranja en cartón algo de 1,15€. Las cajas de cereales grandes cuestan 2,50€. Todo esto resulta resulta útil si no tienen desayuno donde estén parando y deciden prepararlo por su cuenta.
Para la comida, los supermercados también son una gran opción. Hay paquetes de fideos por 0,60€, que pueden acompañar por una salsa De Cecco por 0,70€. El kilo de arroz está más o menos 2€. El kilo de papas está 0,72€. También venden unas ensaladas en paquete, con una mezcla de verduras, por unos 1,18€. También pueden comprar las tortillas tipo rapiditas por 1,35€. Como verán, los precios son más que accesibles y una muy buena opción si algún día planean cocinar. Además, en los supermercados venden muchos sandwiches listos y pizzas listas para poner en el horno por aproximadamente 2€.
Con respecto a la bebida, tenemos agua de 2 litros por 0,28€, lo que nos resultó baratísimo. Las gaseosas y el té helado de 1,5 litros están más o menos entre 0,75€ y 1€. La botellita de 66cl de cerveza Peroni se consigue por 0,80€. También hay botellas de vino que arrancan en los 2€.
Si hablamos de salir a comer, depende mucho del lugar que elijamos. Obviamente, no es lo mismo comer en algún barcito del Trastevere que frente al Coliseo. Nosotros hemos llegado a comer bien (plato+bebida) por 12€. En McDonald’s, se puede comer por unos 7€ u 8€. Una pinta de cerveza en un bar les puede salir unos 4€, y pueden tomarse un trago por 7€. El café o capuccino puede tomarse por 1€. Salir a comer afuera en Italia no es una locura si buscan bien dónde sentarse. Eviten las zonas excesivamente turísticas y van a poder comer como en casa.
El transporte es caro para nosotros como en todo Europa, pero más económico que en otros lugares (1,50€). Como siempre digo, dependiendo de cuánto vayan a usarlo puede que les convenga sacar algún pase por día/s, que arranca en 7€ por 24 horas.
Por Aire:
Desde Buenos Aires, hay muchos vuelos que llegan a Roma. Aerolineas Argentinas mismo suele tener un vuelo directo, que yo no he tomado pero que me han dicho que es muy bueno para ser un tramo tan largo y cansador. Mi experiencia personal fue con Air Europa (escala en Madrid) y Alitalia, dos aerolíneas de las más económicas para viajar y con servicios, si bien no de lujo, adecuados para lo que pagamos.
Roma cuenta con dos aeropuertos:
Aeropuerto Leonardo Da Vinci – Fiumicino (FCO): es el más importante de la ciudad, donde llegan los vuelos internacionales y donde les tocará aterrizar si llegan directo desde Argentina o desde alguna de las escalas de las aerolíneas que operan desde nuestro país. Este aeropuerto se encuentra a 32 km del centro de Roma, pero se encuentra muy bien conectado al centro de la ciudad. Si tienen una escala larga, doy fe que es un buen lugar para estar, ya que tiene muchos servicios, restaurantes y tiendas.
Para ir al centro hay varias opciones. Una de las más populares es el tren Leonardo Express que va desde Fiumicino a la estación Termini. El precio es de 14€, y es un viaje de 30 minutos; con frecuencia de media hora desde las 6:37 hasta las 23:37. Si van para el lado de Tiburtina, también pueden tomar el Metropolitano FM1, que sale cada 15 minutos y cuesta 5€.
Otra opción que nosotros utilizamos son los autobuses que, si bien tardan alrededor de 55 minutos, son bastante más económicos que el Leonardo Express y también llegan a Termini. Nosotros utilizamos el de la compañía Terravision, cuyo boleto tiene un valor de 5€ por tramo. También pueden tomar el Roma Airport Bus, que tiene un costo de 6€.
También hay taxis que van al centro, pero no recomiendo en absoluto esta opción, a menos que se trate de un caso particular. El tiempo de viaje es más o menos el mismo que el del bus, y el valor del viaje puede rondar los 50€.
Aeropuerto Ciampino – Giovanni Battista Pastine (CIA): este aeropuerto, muchísimo más pequeño que Fiumicino, se encuentra a 15 kilómetros del centro. Es muy utilizado por empresas low-cost como Ryanair, Easy Jet y Wizz Air.
La mejor forma de ir al centro de la ciudad es con los mismos buses que operan desde Fiumicino: Tanto el Terravision como el Roma Airport Bus tienen un valor de 5€ y pueden llegar al centro (Termini) en 40 minutos. Ahí mismo después pueden tomar el metro para llegar a otros puntos de la ciudad.
Por Tierra:
Nosotros llegamos a Roma desde Salerno en tren. Los trenes regionales llegan a la estación Termini y hay muchísimas opciones para alcanzar la ciudad, por precios bastante económicos. También muchas compañías de buses tienen como destino la capital italiana. Nosotros utilizamos Flixbus para irnos de acá a Florencia, aunque las opciones de compañías son muchísimas. Les recomiendo, si van a ir por tierra desde otra ciudad, que busquen en GoEuro la mejor opción para llegar.
También pueden alquilar un auto y llegar de este modo, pero no lo recomiendo. El tráfico en Roma no es agradable en absoluto: las calles son estrechas y es bastante complicado moverse en este medio. Si tienen mucha paciencia, quizás puedan considerarlo, pero sino les recomiendo que ni siquiera lo intenten.
El clima en Roma es mediterráneo. En el verano, de junio a septiembre y especialmente en julio y agosto, las temperaturas se pueden volver bastante pesadas para los que decidan recorrer la ciudad. En invierno hace frío, pero es muy soportable en comparación a otras ciudades europeas y se puede sobrevivir muy bien sin llevar una exageración de ropa de abrigo, ya que por lo general las temperaturas no suelen ser mínimas de 2 o 3 grados.
Sin importar el clima, es fundamental llevar un piloto y buen calzado para caminar, ya que Roma es una ciudad ideal para caminarla y conocerla, sea verano o invierno.
Las opciones de hotelería en Roma son infinitas, y se pueden encontrar alojamientos a muy buen precio, si lo comparamos con otras capitales de Europa. Por lo general recomiendo alojarse en el centro, ya que Roma es una ciudad muy linda para caminarla y el transporte público no es el fuerte de la capital italiana. Si están con auto, quizás les convenga evitar el centro.
Recuerden además que en Roma, como en muchas ciudades europeas, deben abonar un impuesto por noche de hotel que no se encuentra incluído en el precio final de la reserva. Este impuesto varía dependiendo del tipo de alojamiento al que vayan. De acuerdo al sitio oficial de la capital Italiana, se abonan 3€ en hoteles de 1 o 2 estrellas, 4€ en 3 estrellas, 6€ en 4 estrellas, 7€ en 5 estrellas y 3,50€ en bed and breakfasts, hostels y casas de alquiler. Si deciden ir a un camping, la tasa es de 2€ por noche.
Por lo general, en las capitales hay muchos supermercados y muchas alternativas para comprar cosas y cocinar en el departamento, en caso que decidamos utilizar Airbnb. Pueden buscar todas las opciones disponibles en la página de Airbnb y después nos cuentan su experiencia. Hay habitaciones privadas cerca de la estación Termini que arrancan en 25€ (aproximadamente 500 pesos la noche). Aunque a nosotros nos resultaba más conveniente un departamento (en Airbnb hay algunas muy buenas opciones por 45€ o 50€ la noche), la habitación privada puede ser una buena opción para quienes viajan solos. Registrándose desde mi perfil o el de algún viajero conocido que ya se encuentre registrado, obtienen un descuento de $600 pesos argentinos en reservas superiores a $1100. Booking también ofrece un descuento de este estilo: en caso que quieran alquilar un departamento por esta plataforma, después de reservar mediante este link y alojarse, se les realizará un reintegro del 10%.
Hay varias opciones de transporte en esta ciudad, bastante famosa por un tráfico caótico y construcciones de metro frustradas por descubrimientos arqueológicos. Les dejo un plano que me pareció muy interesante, con muchas opciones de transporte de la ciudad. Lo pueden ver en buena resolución acá.
Metro:
El metro romano es más bien pobre. Con sólo dos líneas, conecta con algunos puntos de interés pero el acceso al mismo es bastante menos cómodo que en otras ciudades (a menos que estén parando por la zona de Termini, donde tienen acceso a ambas líneas). Los andenes se encuentran bastante sucios y no es en sí de las mejores experiencias que hemos tenido viajando en el metro europeo, pero cumple su función y no tuvimos problemas cuando lo utilizamos.
Es recomendable siempre que cuiden sus pertenencias como lo harían en Buenos Aires, ya que nos advirtieron que puede haber carteristas. Siempre es recomendable llevar todo dentro de la mochila o cartera y tenerla hacia adelante, a la vista.
El metro se encuentra abierto todos los días de 5:30 a 23:30. Tanto los viernes como los sábados, el horario de cierre se extiende hasta la 1:30 de la madrugada. El precio del billete es de 1,50€, válido por 100 minutos (nos permite combinar medios de transporte por ese período de manera gratuita). Sino, por lo general, es conveniente comprar el billete diario (BIG), que por 6€ nos permite viajar en el día, de modo ilimitado, en todos los medios de transporte. También hay un abono ilimitado por 2 días (12,50€), 3 días (18€) y por una semana (24€), que les convendrá comprar dependiendo del tiempo que se queden en la ciudad y cuánto piensan movilizarse por la ciudad. Por lo general, si toman la recomendación de quedarse 4 o 5 días en la capital, la tarjeta semanal tiene un muy buen precio y les permite conocer la ciudad de modo fácil y económico. Nosotros compramos esa y le sacamos provecho.
Bus:
La red de buses de Roma resulta muy útil para complementar el metro.
Importantísimo: si sacan cada viaje de forma independiente, recuerden validar el ticket. Verán que mucha gente se sube y no hace nada, pero esa tiene abonos mensuales (por lo general, la gente que vive en la ciudad). Tienen que validar el ticket en las máquinas que están en el bus para evitar una multa en caso de un control.
Hay muchísimas líneas de bus como para ponerlas en un mapa, pero el sitio de ATAC nos permite ingresar nuestro origen y destino para poder saber qué línea debemos tomar. Pueden utilizar el buscador en este link (está en inglés y en italiano).
Tranvía:
El tranvía de Roma cuenta con seis líneas, que pueden ver en el plano (click aquí para ver la versión ampliada y descargable). Los tranvías funcionan de forma similar a los autobuses en la ciudad de Roma, con los mismos horarios y la necesidad de validar sus tickets.
Taxi:
El taxi es una alternativa para los que no desean utilizar el transporte público en Roma, aunque hay que tomar ciertos recaudos a la hora de hacerlo. Hay que tener en cuenta que hay muchos estafadores, que buscan sacar provecho de los turistas, como en muchas otras ciudades con tantos visitantes. Si toman el taxi desde el hotel, soliciten en recepción que les pidan uno (la reserva telefónica es con un suplemento de 3,50€). Si lo hacen por su cuenta, verifiquen que sean los autos blancos que tienen algún número en el exterior (que pertenece a su agencia) y, si pueden, anotar el número de licencia en caso que tengan algún problema.
Las tarifas a los aeropuertos son fijas: 48€ es el valor del viaje hasta Fiumicino y 30€ el viaje hasta Ciampino. Quedará en cada uno saber si le conviene esto o el transporte público (tengan en cuenta que además se cobra un suplemento de 1€ por valija). Si necesitan ir desde Termini hasta algún hotel por la zona céntrica, el trayecto no debería superar los 15€. De cualquier manera, busquen siempre la ruta por Maps para chequear el recorrido a medida que lo van haciendo.
Otra opción es Uber, aunque no lo hemos probado en la capital italiana.
Tren:
El tren conecta Roma con otras ciudades, e incluso con el mismo aeropuerto como comentamos anteriormente. Es muy sencillo emitir los tickets en la misma estación (Termini), aunque también pueden hacerlo desde la página de Trenitalia o Italotreno, los principales servicios ferroviarios de Italia.
Recuerden por favor, que si viajan por Trenitalia y compran los boletos directamente en la estación, tienen que validarlos antes de viajar. El no hacerlo implica una multa. Para validar los tickets tienen que hacerlo en unas máquinas verdes y blancas de Trenitalia que se encuentran en los andenes. Las mismas deben hacer un ruido al poner el billete e imprimir fecha y hora en ellos. ¡Cuidado con esto! Nosotros lo hicimos, hizo el ruido y no nos imprimió nada. Si tienen algún problema con la máquina, no duden en preguntar al personal que está en el anden, que siempre nos dieron una mano con este tema. Chequeen siempre que el billete tenga una impresión luego de validarlo: eso es lo que importa. Este proceso no es necesario para billetes comprados por internet. Basta con llevar en papel o en el teléfono el pasaje que tiene el código QR. Esto basta al personal que pasa a controlar para chequear su boleto.
Si están pensando conocer otras ciudades desde Roma, es una forma muy confortable de moverse por el país, rápida y más económica que un avión. Hemos sufrido algunas demoras durante nuestro viaje (algunos minutos, un caso de un poco más de media hora), pero el funcionamiento general de los trenes es muy bueno.
Les recomiendo buscar los trayectos en Go Euro, que incluye las distintas opciones para viajar en tren dentro de Italia y también a países vecinos.
Auto:
Les diría que si se van a quedar en Roma, descarten el auto. Fue una pésima experiencia para familiares que decidieron utilizar este medio de transporte en la capital. El tráfico es caótico; las calles, estrechas, y la paciencia de los italianos, muy poca. A menos que tengan un plan muy específico o que se estén quedando en las afueras, yo no recomendaria este medio. Se consiguen autos por 250 pesos por día, un buen valor si viajan en grupo y tienen mucha paciencia para manejar.
Roma tiene la particularidad de ser una ciudad donde podemos encontrar buena comida por buenos precios. Con pastas y pizza, nos encontramos con una gastronomía a la que estamos muy acostumbrados en nuestro país.
En Roma, como en gran parte de Italia, hay mucha street food o comida callejera. Puestos pequeños que dan a la calle ofrecen pizza, shawarma, panini y otras tantas comidas rápidas un poco más sanas que la de McDonald’s o Burger King. Si buscan no gastar demasiado y no les molesta comer al paso, esta puede ser una buena opción para comer en Roma. Los supermercados tienen también algunos sandwiches por unos pocos euros, y todos sabemos que si hay algo bueno es el prosciutto italiano.
Si van a las famosas cadenas de comida rápida, no se preocupen por el idioma: en los locales de McDonald’s hay máquinas para hacer el pedido, que se encuentran disponibles en varios idiomas. No tienen que hacer más que seleccionar lo que quieren, pagar, y retirar el pedido cuando los llaman por caja.
Si tienen una escala larga en esta ciudad (como nos sucedió a nosotros) y quieren dejar el equipaje de mano en algún lugar para recorrer, hay muchísimas opciones en Roma para dejar las maletas (deposito bagagli).
En Fiumicino hay un depósito en la Terminal 3 de arribos internacionales. Está abierto desde las 6:30 hasta las 23:30, con un valor de 6€ por bulto cada 24 horas. El pago se realiza al retirar el equipaje.
La compañía Stow Your Bags tiene un método de depósito automático del equipaje en puntos muy turísticos de la ciudad, a muy poca distancia de las principales atracciones: en la zona de los Museos Vaticanos (Via Germanico 20), en la zona de Piazza Spagna y la Fontana Di Trevi (Via della Vite 42) y también por donde se encuentran Piazza Navona, el Pantheon y Campo de’ Fiori (Via dei Chiavari 8). El precio es de 2€ por hora y se paga por taquilla, donde entran cuatro maletas pequeñas. Es más caro que el servicio por día, pero es ideal si están en el centro y no tienen dónde dejar las cosas (por ahí en algunos departamentos y hoteles no cuentan con servicio de guardamaletas; conviene chequear cuando hacen la reserva).
Otra opción es Bagbnb. Por su nombre, adivinarán que funciona de modo muy similiar a Airbnb. Los angels son propietarios de locales que guardan el equipaje allí mismo, por un valor de 5€ por día. Es un buen precio y, lo que tiene como ventaja, es que no hay limitaciones con respecto al tamaño del equipaje. No lo hemos probado, pero leímos muy buenas críticas sobre este servicio. Las reservas pueden hacerse únicamente online, y hay muchísimos sitios disponibles en Roma para dejar el equipaje. Pueden chequear los lugares acá.
Otro sitio con un servicio interesante es Bags Free. Lo que tiene como particularidad es que, además de poder dejar las valijas en Termini, las mismas pueden ser transportadas a donde el cliente lo desee. Si van con algo muy pesado o se van de la ciudad y después vuelven, puede ser otra opción para tener en cuenta. Están abiertos de 8 a 20 horas. El depósito sale 4€ por día (3€ a partir del tercer día), y el traslado desde el depósito en Termini hasta el hotel donde se estén alojando, unos 6€. También tienen otras opciones para llevar maletas al aeropuerto y demás, que pueden chequear acá.
Sobran cosas para hacer en una ciudad tan llena de historia como de belleza. Hay atracciones que son pagas, pero mucho de lo que hay para ver y conocer en Roma puede apreciarse de forma gratuita. La realidad es que en nuestro último viaje gastamos muy poco en accesos a atracciones y, caminando la ciudad, nos encontramos con muchísimas cosas gratuitas para apreciar simplemente recorriendo Roma.
Antes de viajar, evaluamos comprar la Roma Pass o la Omnia card, pero ninguna de las dos nos convenció mucho. Si piensan hacer muchos museos, quizás pueden sacar la Roma Pass de 72 horas, que tiene un valor de 38,50€ e incluye descuentos a muchas de las principales atracciones de Roma y dos entradas gratuitas a museos (una si sacan la de 48 horas). Como les digo, depende del tipo de viaje que vayan a hacer y de cuánto les interese conocer. Acá les dejo un link a un documento donde pueden chequear el valor de las atracciones con y sin la tarjeta, y ver si les conviene o no sacar este pase. El mismo lo pueden comprar por internet, así como también en los aeropuertos, estaciones de trenes y museos.
Algunas atracciones gratuitas:
Algunas atracciones pagas:
Hacé click acá para verlo en Google Maps. Las actividades se encuentran marcadas en azul; los lugares para comer, en verde. Siempre recomiendo tener el mapa de la ciudad descargado en el celular. Pueden hacerlo desde la misma aplicación de Maps, haciendo click en el menú izquierdo. Eligen la opción “zonas sin conexión” y puede seleccionar una zona personalizada para descargarse en el teléfono y poder consultar aún cuando no tienen internet. No funciona con las rutas del transporte público, pero está bueno para tener una idea de dónde estamos, los lugares que están cerca y demás.
]]>Distinto fue el recorrido que hice esta vez, en una época muy diferente y durante casi cinco días. La primera oportunidad, había estado en primavera. Esta vez, llegué el ocho de enero (aunque había pasado una pequeña escala durante el 30 de diciembre, de la que ya te contaré en otro momento), y todavía podían verse las decoraciones navideñas, los vestigios de las fiestas y esa sombra que poco a poco iban dejando las vacaciones europeas. Entre calles vacías nos perdimos hasta llegar a Piazza Spagna y disfrutar del árbol de colores que se lucía en la cima de la popular escalinata.
El clima en invierno es distinto: la noche cae pronto, las calles parecen más vacías, los locales más solitarios… Es una alternativa a ese habitual caos de las capitales, una opción para poder disfrutar de los monumentos, los lugares y los detalles con un poco más de paz. Aunque yo soy team invierno, reconozco que a veces el frío puede ser un problema para recorrer. Lo que tiene Roma es que el invierno no es tan crudo como en otros lugares de Europa, y con un buen abrigo se está bien.
Al día siguiente, y después de un gran recibimiento en el Hotel 59 Steps Trevi junto a un buen desayuno, salimos a caminar por la ciudad. Ese día habíamos decidido ir al Coliseo. Con anticipación habíamos comprado los tickets por internet (desde acá), que salen 12 euros por persona, son válidos por dos días y permiten ir no sólo a la maravilla romana por excelencia, sino también visitar el Foro Palatino.
Ya había estado en el Coliseo antes, pero el recuerdo que me llevé este año fue muy diferente: lo primero que llama la atención son los hombres armados que, erguidos al lado de sus vehículos o patrullando por los alrededores, intimidan a cualquiera. El control, previamente inexistente, nos demoró poco menos de quince minutos, pero estábamos avisados que en temporada los tiempos pueden ser bastante más extensos. Hay que tener en cuenta que ahora sólo permiten el ingreso de 3.000 personas en simultáneo, por lo que los tiempos pueden variar dependiendo de la concurrencia. Nosotros fuimos con una mochila pequeña y el bolso de la cámara (es importante no llevar cosas grandes), y en poco tiempo ya estábamos dentro de uno de los monumentos más maravillosos que tuve la suerte de conocer.
Aunque hay opciones de tours guiados, con la audioguía el recorrido se hace bastante ameno. Hay mucho para ver y ahora es bastante más fácil conseguir buenos puestos para observar y mejores fotografías al haber menos gente. Nos demoramos ahí unas dos horas y, después de un stop para comer algo, fuimos a la heladería Giolitti para buscar el postre. Dado que el pase del Coliseo y Foro Palatino es válido para dos días, nos pareció razonable dejar este último para el día siguiente. Como un poco de shopping no le hace mal a nadie, decidimos pasar por los locales de Via del Corso para aprovechar las rebajas de invierno. Si bien Italia no es uno de los países más baratos de Europa para hacer compras, para nosotros seguía siendo muy barato. Conseguimos camperones por 80 euros y sweaters por 15 o 20. Valijas que habían ido medio vacías, entre ropa, souvenirs y comida, volvieron con unos cuantos kilos más. Y, para qué mentir, nosotros también.
En la noche previa a mi cumpleaños, no podía evitar disfrutar un poco de la noche romana. Después de caminar las cuadras frías y tomar un Aperol en un bello bar del centro (The Public House, un pub con un ambiente cálido y tranquilo), pasamos por la Fontana Di Trevi antes de las doce de la noche. Increíble pero real, tener una foto de la fuente sin una persona metida en el medio parecía un sueño. El invierno tiene sus ventajas, aunque haya que sufrirlo un poco. Con una moneda y un deseo de yapa, esa fue la forma en la que decidí recibir mi último cumpleaños.
Al día siguiente salimos un poco más tarde de lo esperado para el Foro Palatino. Nuevamente, no hubo tal cosa como tener que esperar para entrar, sino que directamente pasamos con nuestros tickets por los molinetes. Esta vez, hicimos el recorrido sin ningún tipo de guía y dejándonos llevar por los indicadores y los textos distribuidos a lo largo del camino. En una amplia caminata llena de ruinas e historia, le dedicamos unas buenas horas a este lugar. Por la tarde, elegimos seguir nuestro camino por la Torre Argentina. La visita a la Torre Argentina, más allá de la relación que tiene con Julio César, estaba en mi itinerario por una razón particular: el lugar es conocido como un santuario de gatos. No sólo son animales que andan merodeando por el lugar constantemente, sino que también, debajo de las ruinas, funciona un lugar que se dedica especialmente a cuidar, curar y encontrar hogar a los gatos callejeros de la ciudad eterna. Ya me explayaré sobre este tema, pero es sin dudas un sitio que todos los amantes de estos hermosos animales deberían visitar.
Después de nuestro paso por el santuario de los gatos, seguimos por Corso Vittorio Emanuele II hasta el imponente Castillo de Sant’Angelo, en otro de los espacios que más me gustaron de Roma. Rodeando el castillo está el Parco Adriano, un lugar tranquilo, que parece una porción alejada del ruido de la ciudad. Durante la época de invierno, también hay una pequeña pista de patinaje sobre hielo oculta entre los caminos de este espacio verde.
Otra de nuestras paradas fue el emblemático Vaticano, al día siguiente, que también merece un post aparte. En esta visita, la segunda, decidimos no hacer los museos, pero es una experiencia muy interesante, sean religiosos o no. Como dije, la seguridad está ahora a la orden del día y policías y milicia pueden verse por doquier. En el stop gastronómico, el elegido fue Angry Pork, un pequeñísimo restaurante de porchetta y birreta que nos deleitó con sus sándwiches de cerdo y un ambiente cálido a pocas cuadras de la Santa Sede.
Por la tarde, nos dimos otro gusto y fuimos hasta la Piramide di Caio Cestio, para poder merendar en uno de los lugares que esperaba visitar desde que llegamos: Romeow Cat Bistrot, un pequeño café de gatitos escondido en un rincón de la ciudad. Obviamente, la experiencia merece un post aparte. Creo que ya a esta altura no es noticia cuánto amo los gatos. Por la noche fuimos a cenar a Carlo Menta, un lugar que nos habían recomendado y que sin dudas no nos defraudó con su comida. El barrio del Trastévere, inusualmente vacío, también fue una linda caminata para la noche de miércoles.
Ya habíamos estado durante nuestra escala por Piazza Navona y Piazza del Popolo. Sin embargo, durante nuestro último día en Roma decidimos volver y seguir el recorrido más a fondo y visitar Villa Borghese. Recomendable llegar hasta acá, ya que las vistas que se obtienen de la ciudad son increíbles. Además, es otro barrio de la ciudad muy lindo para caminar y conocer.
Aunque obviamente hay mucho para explayarse y, si fuera por mi, podría estar hablando sobre Roma una vida, creo que la idea es concisa: Roma es una ciudad con mucho para hacer, mucho para ver y que, definitivamente, tiene algo que nos hace querer volver. Hay algo de Roma, de la ciudad eterna, que siempre nos va a dar excusas para visitarla una vez más.
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Conocía Roma y sabía cuál era mi lugar favorito y dónde quería quedarme la segunda vez que fui. Obviamente, hay zonas más caras que otras y quedarse siempre cerca de las atracciones principales implica gastar un poco más. Pero en este caso, creo que valía la pena. Salir a cualquier hora y estar a unos pasos de la increíble Fontana Di Trevi fue, sin dudas, una de las mejores cosas que tuvo nuestra estadía en Roma.
Cuando dimos con 59 Steps Trevi en Booking, ni lo dudamos. Obviamente, ir en temporada baja tiene sus ventajas. Pagamos algo de 67 euros la noche, por una habitación doble con desayuno incluido. Y se pone mejor.
Llegamos desde Termini, tomándonos el metro hasta Barberini y caminando las pocas cuadras que nos separaban de Via dei Crociferi. Nos recibió el chico que trabajaba en el restaurante pegado al edificio, que dicho sea de paso es donde se toma el desayuno todas las mañanas. El edificio en sí no da la impresión de ser un gran hotel, ya que es más bien un edificio histórico con departamentos; tampoco el hecho de que no tenga ascensor y haya que subir unos… 59 escalones. Sí. Sin embargo, la habitación, que es en sí pequeña, cuenta con todas las comodidades. Además, en un piso que se comparte con otras pocas habitaciones, hay una pequeña cocina con heladeras, cafetera y microondas. El hecho de que te dejen aguas, cápsulas de café y algunas cosas para comer de cortesía también suma muchos puntos.
Si el lugar no nos había encantado ya por su ubicación y tranquilidad, la atención del personal fue sin dudas otra de las cosas a destacar. Elisabetta y todo el staff nos hicieron sentir como en casa. El primer día, nos dieron un mapa y nos mostraron todos los puntos de interés que estaban cerca del hotel (incluso la heladería Giolitti, algo que hoy en día todavía les estamos agradeciendo). Durante el desayuno, siempre nos preguntaron nuestros planes y si había algo en lo que podían ayudarnos. Además del buen desayuno que ya de por sí ofrecen, el personal siempre nos trató de la mejor manera y nos ofrecieron prepararnos omelettes y cosas que no estaban en la mesa. Durante nuestra última noche, nos invitaron a tomar algo caliente. El día que nos íbamos, que salíamos muy temprano, nos dejaron algunas cosas para desayunar en la cocina, para que no nos fuéramos sin comer nada.
Sin dudas, además del trato, la ubicación nos resultó comodísima para movernos por la ciudad: está cerca, ya sea caminando o en transporte público, de los lugares más interesantes de Roma. Por la noche, además, la zona está llena de restaurantes y lugares para comprar comida, por lo que resulta agradable el movimiento y los locales abiertos hasta tarde (incluso en invierno). Demás está decir que la Fontana Di Trevi a sólo unos pasos hace que la zona tenga vida propia, algo que se aprecia bastante, sobre todo cuando es temporada baja. Además, disponer de las llaves del edificio resulta muy cómodo para moverse de noche y aprovechar para salir y tomar algo.
Definitivamente, nuestra estadía en Roma fue maravillosa, y volveríamos a este pequeño rincón escondido en una de las zonas más encantadoras de la increíble capital italiana.
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Los gatos son los mejores animales del mundo. Para mí. Ahora, si estás de acuerdo y vas a Roma, tenés que pasar por Romeow Cat Bistrot. Mi experiencia con cafés de gatitos se había frustrado más de una vez: por cosas de los viajes compartidos, no había podido ir en Londres, no había podido ir en Madrid y Buenos Aires está muy lejos de tener un lugar así. Así que cuando pasé por Roma, supe que no había Coliseo ni Foro Romano que me impidiera dedicarle una tarde a este lugar.
El café está en un barrio más bien alejado, en una zona que no resulta tan turística como otras, incluso cuando a unas pocas cuadras está la Piramide Di Caio Cestio y la estación Ostiense. Tiene más pinta de barrio y es bastante más tranquilo que otras zonas de Roma. Con el subte (la linea B), llegan hasta la estación Piramide y de ahí son unas pocas cuadras hasta el café.
Romeow está en una esquina y las vitrinas permiten ver a los gatitos desde afuera. Por los techos, durmiendo en las sillas o en sus camas. Están por todos lados. Y hay que tenerlo en cuenta cuando entrás: el café es de ellos, y se hace lo que ellos quieren. Son gatos, después de todo. Funciona así.
El lugar tiene cocina vegana, con un menú muy variado, tanto dulce como salado. Nosotros fuimos por la tarde, a la hora de la merienda, y pudimos pedir un capuccino hecho con leche de avellanas y una porción de su cheesecake vegano que es para chuparse los dedos. Los precios son un poco elevados en relación a otros lugares (el capuccino 3,50 euros, tampoco es una locura) pero el lugar es hermoso y la comida muy buena. Además, ¡hey! ¡hay gatitos!
Los felinos van de acá para allá con total libertad. Está aclarado en un pequeño cartel que tienen todas las mesas: no hay que molestarlos o levantarlos. Los gatitos hacen su vida y, si ellos deciden acercarse, aceptan los mimos sin chistar. El café está especialmente diseñado para que los gatos estén tranquilos, todos son hermosos y están muy bien cuidados. Mientras nosotros comíamos, los vinieron a alimentar y todos parecen estar muy bien educados para saber que esa es su comida. Juegan entre ellos, se trepan por las estanterías ubicadas estratégicamente en las paredes, y montan un pequeño espectáculo sin siquiera saberlo.
Es un lugar del que no quería irme ya que, además de los gatitos, la decoración, la comida y la tranquilidad se disfrutan muchísimo. Si están por Roma y quieren hacer algo distinto, este es un gran café para comer algo, con una compañía muy especial.
El local, extrañamente, está cerrado lunes y martes. De miércoles a domingo, está abierto desde las 11 hasta las 23:30hs.
]]>Giolitti tiene la pinta de los bares típicos antiguos que podemos ver por barrios tradicionales de Buenos Aires: todo con decoración más bien excesiva, mucha madera y mármol, luces cálidas y la posibilidad de sentarse a tomar el helado (con un costo adicional) o el té en un ambiente que parece sacado del 1900.
El local, incluso en pleno invierno, estaba repleto de gente. La mayoría de las mesas se encontraban vacías, pero la vitrina llena de helados estaba rodeada de gente, esperando para poder elegir entre la infinidad de gustos y variedades que tienen.
El cucurucho nos salió 3,50 euros, un valor que nos pareció normal para lo que era: tres gustos y la opción de ponerle panna (crema) por arriba. Una locura. Lo peor es que ni siquiera teniendo tres gustos es fácil decidirse. Hay una variedad increíble e interesante de sabores y todos los que probamos (fuimos más de una vez, obviamente) estaban buenísimos. Destaco el nutella, que literalmente es nutella puro pero es una delicia, y la gianduia di torino, un clásico italiano.
La heladería está en Via Uffici del Vicario, 40, en el centro de Roma y cerca de muchos puntos de interés. Realmente vale la pena hacer una parada en el recorrido turísitico para probar, en mi opinión, uno de los mejores helados de Italia.
La página de la heladería la pueden visitar acá.
]]>Y el sentimiento crece cada vez más a medida que te adentrás en la ciudad. No hicieron más que leer mi apellido para querer saber de dónde habían venido mis abuelos y ponerse a hablar como si nos conocieramos de toda la vida (o como si yo los entendiera). No tuve más que decir mi edad para que quisieran recomendarme lugares para salir a la noche. No tuve que decir mucho, porque me sentía demasiado familiarizada con todo el ambiente que se genera en una de las ciudades más bellas que tuve la suerte de conocer. Sí, porque la perfección de otras ciudades no se pudo comparar con ese atractivo tosco que tiene Roma. Roma es arte. Es esa imperfección que, en su esplendor, te emociona, te hace sentir algo muy distinto a otros lugares.
Imposible olvidar esa primera imagen del Coliseo, entrando a la ciudad. Entre el caos de gente y autos se impone, como algo que parece de fantasía, como algo que parece construido adrede para deleitar a los turistas. Toda la belleza de lo antiguo, que parece encastrado entre la vida actual. El pensamiento de ponerse en lugar de esa gente romana, que convive con ese entorno casi mágico, que parece sacado de un libro.
Las personas nos parecen conocidas, la vida nos parece familiar, incluso en ese escenario único. La comodidad de sentirnos en un lugar donde las costumbres son las mismas, donde la comida nos resulta familiar y fácil de digerir, porque es la comida que conocemos, las comidas que nos hacía la abuela. Es comer una pizza, un gelato, unas pastas. Es ese balance hermoso entre Europa y la costumbre. Es el corazón de Italia, y queda en el corazón de todos.
Es dificil elegir un destino favorito, pero sí es fácil saber aquellos lugares a los que necesariamente debemos volver porque todavía nos queda mucho por hacer, por ver, y por volver a disfrutar. Recuerdo pararme en la Fontana Di Trevi a tirar una moneda, con un entorno lleno, llenísimo de gente y de ese bullicio que la capital conoce tan bien. Y mi deseo fue volver. Fue poder experimentar de nuevo esa sensación de estar en casa, a miles de kilómetros de mi ciudad.
Siempre creo que dejamos una parte de nosotros en los lugares que visitamos y la sensación es diferente al volver.
Espero que el deseo se cumpla pronto.
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