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Brasil – #ArgieTravellers https://argietravellers.com Blog de viajes de dos argentinos viajeros Mon, 11 Jun 2018 01:20:02 +0000 es hourly 1 https://wordpress.org/?v=6.9.4 https://argietravellers.com/wp-content/uploads/2018/06/cropped-Bandera_Argentina-32x32.png Brasil – #ArgieTravellers https://argietravellers.com 32 32 Museu do Amanhã: el futuro en Río de Janeiro https://argietravellers.com/museu-do-amanha/ https://argietravellers.com/museu-do-amanha/#respond Thu, 09 Nov 2017 12:04:59 +0000 https://argietravellers.com/?p=243 Aunque sé que el comentario puede generar alguna polémica, no soy una persona que visite muchos museos o galerías cuando está de viaje. No entiendo mucho de arte y prefiero ver la historia de la ciudad en sus calles que adentro de un museo, salvo casos muy particulares. Obviamente, respeto a quienes prefieren recorrer galerías y exposiciones y, en algunas ocasiones, me gusta hacerlo también.

El Museu do Amanhã (museo del mañana, en español) enseguida llamó mi atención. Basta ver el edificio, con una arquitectura increíble, para querer aunque sea entrar a ver de qué se trata. Esta construcción, junto al Muelle Maua y situado cerca del actual Boulevard Olímpico, fue inaugurado a fines de 2015, con un costo de 230 millones de reales. Se encuentra dentro de las obras que se realizaron en época de Juegos Olímpicos, en una zona que realmente tiene muchas cosas nuevas para ofrecer.

Desde el acceso hasta el hall del edificio, todo es una belleza. Estéticamente, está muy bien logrado el estilo futurista que buscan, bajo el concepto que tiene este museo. El nombre del mañana es por una razón: el objetivo principal de las exposiciones dentro de este edifico buscan contar hacia dónde vamos como planeta, cuáles son las consecuencias de la actividad humana sobre el mismo y como la ciencia puede influir en la búsqueda de ciudades sostenibles. Es un museo totalmente interactivo, donde el recorrido resulta muy entretenido, informativo y ameno. Hay mucho trabajo detrás de ese proyecto, que personalmente encontré fascinante. En cierto modo tiene cosas del C3 de Buenos Aires, sobre el cual escribimos una nota hace unos meses, pero apuntado desde otro ángulo diferente.

En el camino, hay muchísima infografía sobre nuestro planeta y distintas regiones del mundo, y la estética del museo en sí resulta atrapante. Las pantallas en 360 grados fueron uno de mis elementos preferidos, aunque hay muchísimas actividades que también entretienen y resultan muy informativas. En lo personal, soy bastante fanática de estas temáticas y todo me resultó atractivo, pero en general el museo es muy sencillo de recorrer (incluso si van con chicos, puede ser un paseo muy interesante). Es recomendable revisar en el sitio del museo las exposiciones con las que cuentan, aunque en sí el mismo está bastante bien señalizado. Recomendable también recorrer los exteriores del edificio, donde hay una huerta y unas buenas vistas del famoso puente Río-Niteroi.

El museo se encuentra abierto de Martes a Domingos, de 10 a 18 horas (siendo el último ingreso a las 17). El precio de la entrada es de 20 reales, aunque los días martes el acceso es totalmente gratuito. Los tickets los pueden conseguir directamente en la web del museo. Nosotros fuimos el día que era gratis y no tuvimos nada de espera, pero viajamos en temporada baja (junio). Tengan en cuenta que estos días, como suele pasar cuando una atracción tiene una fecha de acceso gratuito, pueden tener demoras. Por lo general cuando compran la entrada por internet, les pide que seleccionen un horario para hacer más ágil el ingreso.

Si les toca un día de lluvia en Río, o si quieren aprovechar para hacer algo distinto después de tanta playa, recomiendo este museo que se recorre en dos o tres horas y que, sin dudas, es una mirada al futuro que puede ser igualmente interesante como preocupante.

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Angra dos reis e Ilha Grande: el paraíso en Río https://argietravellers.com/angra-dos-reis-e-ilha-grande/ https://argietravellers.com/angra-dos-reis-e-ilha-grande/#respond Thu, 14 Sep 2017 19:43:31 +0000 https://argietravellers.com/?p=328 Había visto fotos de Angra dos Reis e Ilha Grande. Un montón. Una más linda que la otra. Me parecía hermoso. Qué suerte que, por lo general, nada le hace justicia a ver las cosas con nuestros propios ojos.

Salimos super temprano y decidimos hacer el paseo en excursión, ya que no teníamos mucho tiempo más en Río y los costos de hacer el viaje por nuestra cuenta no diferían mucho de contratarlo. Por la forma de manejar de los brasileños y el tránsito carioca, tampoco pensamos que valiera la pena contratar un auto para llegar hasta el puerto (además que los costos tampoco eran menores que el de hacer un tour). Hay que madrugar mucho pero, además de la excursión, nos llevamos una hermosa postal del amanecer sobre las playas de Barra de Tijuca. El pick-up de la excursión se realiza por esta zona y también por Copacabana, Ipanema y Leblón.

Si tienen el tiempo y las ganas de hacer el viaje por su cuenta, hay transfers que los llevan por una tarifa aproximada de 50 reales por persona (por tramo); también hay buses que salen desde la Terminal Rodoviaria Novo Rio, que están unos 31 reales (también por tramo). A esto, luego, hay que sumarle el precio del traslado a las islas, que son únicamente accesibles por barco. La empresa Barcas S.A. ofrece servicio regular de traslados desde Cais da Lapa hasta Vila do Abraão. El viaje dura 90 minutos y cuesta 6,50 reales en los días de semana y 14 los sábados y domingos. También hay servicios más costosos y de mayor lujo, que realizan el traslado en solo 45 minutos, por un billete de 20 reales. A nosotros la excursión nos salió aproximadamente 200 reales por persona que, sumando todos los gastos que implicaba hacerlo por nuestra cuenta, nos parecía un buen valor. Quizás si tienen más tiempo para disfrutar de las playas, es más recomendable que lo hagan sin tour, ya que los tiempos siempre son más acotados. Nosotros fuimos en temporada baja y con poco tiempo, así que esta parecía la mejor opción.

Una vez en la ruta y después de alguna siesta involuntaria, llegamos a un parador para comer algo, usar los baños y seguir con el camino. Es una distancia de aproximadamente 3 horas, pero que vale la pena hacer para conocer semejante lugar.

Angra dos Reis es un pueblito mínimo, sin mucho para hacer pero con algunos lugares para alojarse. Pueden elegir quedarse acá si lo que buscan es paz absoluta, aunque no hay mucho para conocer y es más recomendable ir en el día desde la ciudad. Incluso si quieren quedarse por esta zona, quizás es más recomendable hacerlo directamente en Ilha Grande, donde hay bastante oferta hotelera.

Salimos a la playa y pronto embarcamos, rodeados de gente de todas las nacionalidades. Sin esperar a que la barra empezara a funcionar, muchos subieron con sus packs de cerveza bajo el brazo y la fiesta arrancó incluso antes de que el barco dejara la costa. Con música local y el barco andando a paso firme por las hermosas aguas de Angra, partimos hacia nuestro primer destino: Ilha Grande. El ambiente dentro del barco es auténticamente local: música, baile, cerveza, alegría y un paisaje paradisíaco, algo que se ve por demás en tierras cariocas.

Cuando llegamos a destino, el barco ancló y nos ofrecieron máscaras para poder ver los peces bajo el agua. Llegamos a la famosa Lagoa Azul, con tiempo para nadar y apreciar ese paisaje sobre y bajo el agua. El agua es bastante fría, algo que yendo en invierno se sintió, pero después del viaje, el sol y la cerveza, un chapuzón viene bastante bien. Luego, el recorrido sigue hasta Freguesia de Santana, donde también hay tiempo para disfrutar del mar y, en este caso, de la playa. El viaje sigue, en barco, hasta la Praia de Japariz, donde se realiza la última parada para un almuerzo tardío en una especie de buffet autoservicio, algo muy típico en Brasil.

Luego, cuando en invierno ya empieza a caer un poco el sol, emprendimos el regreso, aún con música, alcohol y esa alegría que contagian los brasileros en cualquier ciudad, en cualquier rincón. Obviamente, entre el cansancio del sol y el recorrido, el viaje de vuelta se hizo corto, entre siestas y paradas para comprar alguna cosa para comer.

Si bien creo que es un lugar en el que tranquilamente uno podría quedarse días descansando, disfrutando de las playas y el paisaje sin hacer más nada, fue una linda experiencia para hacer en el día. Un lugar al que definitivamente espero volver algún día, ya que parece de esos en los que siempre se pueden encontrar rincones nuevos, todavía más lindos que los que ya conocíamos (aunque parezca imposible).

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Un paseo por el Gabinete Portugués de Lectura https://argietravellers.com/real-gabinete-portugues-de-lectura/ https://argietravellers.com/real-gabinete-portugues-de-lectura/#respond Thu, 03 Aug 2017 19:39:55 +0000 https://argietravellers.com/?p=634 Tengo un fanatismo por los libros, la literatura, las librerías y las bibliotecas. Creo que estar rodeada de libros, de ese olor tan familiar, es una de las sensaciones más reconfortantes del mundo. Desde chica, me apasiona ir a las librerías (cuanto más grandes, mejor) y perderme entre las filas de libros (nuevos, usados, da igual) por horas.

Cuando fuimos a Río de Janeiro, buscando cosas para hacer, uno de los lugares que llamó mi atención fue el Real Gabinete Português de Leitura, una bellísima biblioteca fundada en 1837 por inmigrantes portugueses. El edificio, con una fachada diseñada por Germano José Salle, que ha ganado modestia al lado de las construcciones de la ciudad, se encuentra perdida en el centro de Río, en una zona consumida por los locales, los vendedores y el desorden.

No nos habían dicho las mejores cosas del centro de Río, sobre todo en horas pico, pero decidimos ir igual a este lugar. La primera vez lo encontramos cerrado, así que otro día volvimos para intentar conocer esta imponente biblioteca. Nos bajamos en la estación Uruguaiana, en una zona que nos resultó una mezcla entre Once y Paseo Colón. Bastante caótica en días de semana, pero igualmente fácil de hacer caminando y recorrer las pocas cuadras que nos separaban de nuestro destino.

En la entrada del Gabinete, tuvimos que registrarnos e ingresamos a una sala amplia, de colores apagados y detalles por todos lados. Los libros cubren las paredes desde el suelo hasta el techo, decorado con un vitró único que dan ganas de quedarse observando por horas. El aroma, los colores, el silencio… Para cualquiera que disfruta de los libros, es una escena única; vale la pena tomarse unos segundos, sin sacar fotos ni buscar detalles, y disfrutarla.

El Salón de Lectura alberga más de 350.000 libros, de todos los colores, épocas y tamaños.

Da miedo romper el silencio que se respira en este lugar, incluso al sacar una foto. Muchos estudiantes brasileños eligen este sitio para ir a estudiar y concentrarse en ese ambiente, rodeado de libros, luz cálida y paz. La consulta de libros está abierta al público en la Sala de Lectura.

Este edificio, que surgió como un espacio para ofrecer a los refugiados políticos portugueses en Brasil las publicaciones de su país, es hoy en día un ícono turista, vistado por cientos de extranjeros que aprecian la belleza de una construcción que supo hacerle frente al paso de tiempo y la historia.

Recomiendo realmente visitar esta biblioteca, una atracción diferente en la ciudad de Río de Janeiro. Les dejo algunas fotos de nuestro breve pero agradable paso por este lugar que parece sacado de un set de película.

Dirección: R. Luís de Camões, 30 – Centro, Rio de Janeiro.

 

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Ver un clásico en el histórico Maracaná https://argietravellers.com/ver-un-clasico-en-el-maracana/ https://argietravellers.com/ver-un-clasico-en-el-maracana/#respond Fri, 21 Jul 2017 12:14:16 +0000 https://argietravellers.com/?p=251 El estadio Maracaná de Río de Janeiro es un lugar histórico e icónico para cualquier fanático del fútbol. Cuando llegamos a la ciudad, estaba entre uno de los atractivos turísticos que no podíamos dejar de visitar. Sin embargo, averiguando un poco y pensando en sacar una excursión, encontramos que las visitas guiadas al estadio se encuentran suspendidas y que los tours únicamente incluyen una visita por el exterior.

Fue ahí cuando llegó a nosotros el fixture de la fecha siguiente, que incluía uno de los partidos más famosos del fútbol brasileño: el “fla-flu”, popular clásico carioca entre el Flamengo y el Fluminense, a disputarse en el gran Maracaná. Inmediatamente, y a un día del partido, supimos que teníamos que ponernos en campaña para conseguir entradas.

La realidad es que las entradas, como en la mayoría de los partidos, pueden comprarse por internet hasta un día antes del partido. El valor mínimo de los tickets es de 30 reales (unos 150 pesos), un valor normal para una entrada popular. Después de comprarlos, los mismos deben retirarse por las boleterías del estadio antes del partido. Lo ideal es hacerlo con tiempo, ya que las filas afuera del estadio para retirar entradas eran largas y el sol de Río no acompaña para largas esperas, incluso en junio.

No obstante, estábamos muy cerca de la fecha y ya el sábado a la noche la posibilidad de comprar una entrada por internet no era una opción. Hay otras tres alternativas para aquellos que quieran ir a ver un partido en Brasil. Primero, hay tours que se organizan para ir a ver este tipo de partidos. Recuerdo que mis viejos me habían contado que, en su momento y con un panorama bastante distinto en los estadios, habían optado por estas empresas para ir a ver el clásico. Por lo general es la opción más cara, pero se encargan de las entradas, los traslados, los accesos… Te despreocupás de todo. Otra opción es comprar directamente en la boletería, antes del partido. Como les comenté, las filas eran largas, pero es una buena opción para comprar tickets a precios bajos hasta finalizado el primer tiempo. El estadio no estaba lleno, así que lo más probable es que pudieran conseguirse sin problemas. La otra opción, que fue a la que nosotros recurrimos, es averiguar en la recepción del hotel. Ellos se encargan de conseguir las entradas que, obviamente, terminan saliendo más que comprarlas por otra vía. Sin embargo, estando tan cerca de la fecha, era lo más rápido y nos olvidamos de tener que irlas a buscar. El precio fue, por entrada, de 130 reales (cuatro veces más que el precio original), pero no teníamos muchas alternativas.

Algo que siempre ronda en la cabeza de los argentinos cuando vamos a ver un partido de fútbol en el exterior es el tema de la seguridad. La verdad es que cuando nos dijeron de ir a ver un clásico en popular, lo pensamos dos veces. En la recepción del hotel dijeron que era tranquilo, así que decidimos arriesgarnos, siempre tomando los recaudos necesarios: llevamos pocas cosas, duplicados de documentos… Ya saben. Estamos tan acostumbrados a la paranoia que ya nos parece normal hacer todas estas cosas.

Desde la previa del partido, nos sorprendimos con el ambiente que se vivía. Viajando en el subte (como comenté, es muy fácil moverse por la ciudad con este medio de transporte y llegar al Maracaná), los hinchas y las camisetas se mezclaban sin problemas, los transportes no estaban colapsados y el ambiente era más bien relajado. Algo que debería ser así en todos lados pero que, bien sabemos los que vamos a la cancha, no es algo que pase siempre. A pesar que hace poco se conocieron noticias sobre un enfrentamiento entre dos hinchadas cariocas, el clima que vivimos nosotros fue muy diferente a lo que cuentan las noticias y nos sorprendió mucho lo que escuchamos. Nos pareció un buen ambiente en general, con mucha seguridad y un público eufórico pero muy descontracturado.

En el exterior del estadio, los hinchas de ambos equipos se mezclan entre cantos y chicanas, pero más bien con esa naturaleza alegre que tienen los brasileños. Parejas con camisetas del Flamengo y el Fluminense iban de la mano, familias apoyando a su club, hinchas cantándole a las cámaras de Fox… El clima, con 28 grados y un sol radiante, acompañaba el clima festivo. Nosotros fuimos en invierno, pero en verano recomiendo gorra y protector solar, porque el calor de Río se siente más sobre el concreto.

Y ese estadio. Que belleza el Maracaná con la vida de los hinchas, la fiesta, el clásico… Uno de los estadios más lindos que tuve la suerte de ver, no sólo por su estructura y apariencia (además de todas las mejoras que trajeron el Mundial y los Juegos), sino por toda la historia que lleva encima.

Los controles de seguridad no fueron nada diferente a lo que son acá en Buenos Aires. Como ya saben, no pueden pasarse líquidos y recomiendo ir sin mochila para agilizar las cosas, aunque entramos bastante rápido para ser un partido tan importante. La cancha no estaba llena ni por asomo, pero el sector popular del Flamengo (el local en aquella fecha), se encontraba bastante lleno de hinchas, que ya desde temprano hacían sonar sus canciones.

El partido resultó ser entretenido, nos llevamos un 2 a 2 con un gol del Flamengo a última hora que enloqueció a la tribuna en la que nos encontrábamos (y lo tenemos en video, al final de este post). Sin embargo, como en todo clásico, la fiesta la arma la gente y si hay algo que los brasileños saben es cómo ponerle color, entusiasmo y ritmo a cualquier evento. Sin parar de cantar, sin parar de mover banderas y sin dejar de tomar cerveza (sí, como en la mayoría de los estadios del mundo se vende alcohol, a 6 reales la lata), el clima es algo único.

Si tienen la suerte de estar en Río de Janeiro en una fecha así, les recomiendo ir a presenciar este espectáculo. Incluso sin ser un partido importante, para los simpatizantes del fútbol, ir al Maracaná ya es de por sí una experiencia única.

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Conocer Río de Janeiro en metro https://argietravellers.com/conocer-rio-de-janeiro-en-metro/ https://argietravellers.com/conocer-rio-de-janeiro-en-metro/#comments Wed, 19 Jul 2017 21:09:07 +0000 https://argietravellers.com/?p=381 Habíamos escuchado lo bueno y lo malo de una de las ciudades más populares de Brasil. Como siempre, en todas las ciudades grandes hay muchas opciones de transporte, pero no teníamos ninguna referencia puntual sobre recorrer Río de Janeiro en metro.

Decidimos bajar en la estación más cercana a nuestro hotel (General Osorio, en Ipanema) y explorar un poco. La red de metro cuenta con tres líneas: la 1, la 2 y la 4, esta última inaugurada en 2016 para los Juegos Olímpicos. Todas conectan con los puntos más icónicos de la ciudad y, combinando en algunas ocasiones con otros medios de transporte, son una forma rápida de conocer la ciudad y las principales atracciones turísticas de Río de Janeiro.

Antes que nada, algunas cuestiones que nos preguntábamos incluso antes de viajar. ¿Es seguro? La realidad es que nos pareció un medio de transporte seguro, limpio y muy nuevo después de todas las refacciones que se realizaron en la ciudad con motivo del Mundial y los Juegos. Las estaciones y los coches cuentan con aire acondicionado, lo que resulta una bendición para moverse por una ciudad que tiene temperaturas y humedad bastante elevadas todo el año. Los vagones son amplios y uno, incluso de pie, viaja muy cómodo. Las estaciones son grandes, por lo que hay que realizar una buena caminata dentro de cada una, pero tienen muy buenos y variados accesos en cada una de ellas.

Hay tres formas de pagar el metro. Desde las ventanillas o en algunas máquinas del Metro (las que tienen la M blanca en un círculo azul) se puede comprar el billete unitario, que cuesta 4,30 reales. También hay dos tarjetas prepagas que permiten cargar dinero en máquinas autoservicio y pagar con ellas: la Río Card y la tarjeta del Metro. Nosotros sacamos esta primera, que sirve para todos los medios de transporte. El valor de la tarjeta es de 3 reales y la carga mínima de 5. El valor del viaje en metro sigue siendo el mismo, pero tienen la comodidad de poder cargar dinero una vez sola y ahorrarse las filas en las estaciones para comprar los boletos unitarios. Con esta tarjeta, además, pueden combinar con los servicios de integración que tiene el metro de Río como son el BRT y el Metro na superficie (que cuentan con tarifa reducida para aquellos que compran la tarjeta).

Las máquinas de Río Card son muy sencillas de utilizar. Hay que tener en cuenta que algunas sólo aceptan efectivo y no dan cambio. Hay que buscar específicamente las que dicen Río Card, ya que a veces no se encuentran en la misma zona que las del Metro. En caso que las máquinas estén fuera de servicio, algo que nos ha pasado en la estación del Maracaná, pueden dirigirse a la ventanilla para que se las recarguen.

Algunos puntos de gran interés en la ciudad que pueden visitarse utilizando el metro:

Corcovado y Cristo Redentor: un ícono de Río, al que puede llegarse fácilmente combinando el subte con el servicio de integración de ómnibus y el Trem do Corcovado. Utilizando ya sea la línea 1 o la 4, pueden bajarse en la estación Largo do Machado (billete de 4,30 euros). Ahí, sin costo adicional y con validez de dos horas, pueden utilizar el servicio de integración que va a Cosme Velho, donde pueden tomarse el tren de Corcovado (entre 61 y 74 reales, dependiendo la época) que los llevará hasta la estación Paineiras, de donde salen los transfers que llevan a la base del Cristo Redentor (y tienen un costo de 41 reales). El viaje les sale un total de 105 reales (unos 500 pesos actualmente). Esta excursión en particular recomiendo hacerla en tour, ya que resulta más barato, pero esta es una buena alternativa si quieren recorrer la zona por su cuenta y a su ritmo, algo que realmente vale la pena en el Corcovado. Sino otra alternativa al metro son las combis (las mismas que los llevan a la base), que los levantan también en Copacabana, Largo de Machado o Barra de Tijuca. Los precios difieren dependiendo de la zona en la que se encuentren y el día en que hagan la excursión, por lo que les recomiendo chequear los valores en la página oficial de Paineiras-Corcovado.

Pan de Azúcar: otro de los must de Río, con una vista increíble de la ciudad. Con cualquiera de las líneas de subte pueden llegar hasta la estación Botafogo, donde deben hacer la integración con el bus 513 – Botafogo Urca (recordar que la integración debe ser realizada en un período máximo de dos horas). Desde ahí llegan a la base del famoso bondinho, el teleférico que los lleva hasta el Morro de Urca y el Pan de Azúcar. La entrada para adulto básica sale unos 80 reales, aunque hay varias opciones de distintas tarifas que pueden ver en la página oficial del bondinho. Es una linda excursión para hacer sin tour, ya que hay mucho para ver tanto en Urca como en el Pan de Azúcar. Incluso está la oportunidad de hacer, por un costo adicional, un recorrido en helicóptero por Río de Janeiro, saliendo desde el morro.

Jardín Botánico de Río: un espacio verde, hermoso, a poca distancia del Cristo y con una diversidad de flora que exige algunas horas para poder recorrerlo. Hay dos formas de llegar: nosotros elegimos ir en metro hasta Leblon (estación Antero de Quental, de la nueva línea 4) y caminar hasta el jardín por Av. Bartolomé Mitre (es un camino muy directo, de aproximadamente 2 kilómetros). Otra opción es ir con cualquier línea hasta la estación Botafogo y de ahí tomar el Metro na superficie, en sentido a Gávea, un bus que los deja en la estación Jardim Botânico. La entrada al jardín está unos 15 reales, aunque hay algunas tarifas reducidas (y OJO que sólo aceptan efectivo). Está abierto de 12 a 17 los lunes y de 8 a 17 el resto de los días, aunque por las dudas siempre es recomendable chequearlo en su sitio. Para visitar el Parque Lage, otra gran zona verde cercana al Jardín Botánico, deben hacer lo mismo pero bajarse con el Metro na superficie en la estación Hospital da Lagoa. El acceso, de 8 a 17hs, es totalmente gratuito.

Arcos de Lapa, Escadaria Selaron y Catedral Metropolitana: la zona de Lapa, en el centro de Río de Janeiro, es una de las más icónicas de la ciudad. Desde la estación de metro Cinelandia (tomando cualquier línea), tienen acceso a tres de las atracciones más visitadas de Río, todas a una distancia relativamente corta. La zona, sin embargo, no es de las más lindas de la ciudad (incluso a pesar de la belleza e historia de las atracciones que muestra) y, personalmente, recomiendo hacerla con alguno de los Free Walking Tours que están por la zona y que salen, justamente, desde la Estación Cinelandia.

Ipanema, Leblon y Barra de Tijuca: tres puntos donde, me habían dicho y tuve la posibilidad de comprobar, se encuentran algunas de las mejores playas de Río. La Avenida Visconde de Pirajá, los Shoppings de Barra, las playas y las pasarelas… Si quieren llegar acá, no tienen más que llegar hasta General Osorio con la línea 1, donde comienza la nueva línea 4, que va desde Ipanema hasta Barra de Tijuca en 13 minutos, con paradas en Leblon y São Conrado. Desde General Osorio, saliendo por el acceso E (lagoa), también tienen acceso a la Laguna Rodrigo de Freitas, otro lugar muy visitado en esta zona.

Copacabana: Si están en el centro, es muy fácil llegar a Copacabana con la línea 1 del metro. Pueden bajar en Cardeal Arcoverde, Siqueira Campos o Cantagalo, dependiendo de la zona de Copacabana a la que deseen ir.

Maracaná: una leyenda y una visita obligatoria para los simpatizantes del fútbol. La gran estación Maracaná es accesible mediante la línea 2 de metro, con salidas a las puertas A, B y C. Hoy en día, por lo que averiguamos, los tours no están ingresando al estadio sino que la visita es sólo externa. Sin embargo, siempre pueden sacar entradas para ver un partido y disfrutar de este templo del fútbol (ya les contaré la experiencia con el clásico carioca).

Sambódromo: a poca distancia del Maracaná, otro de los emblemas de la ciudad. Se puede llegar fácilmente con la línea 1 hasta Estação Praça y una pequeña caminata. Fuera del período de carnaval, el lugar permanece abierto y puede conocerse de forma gratuita.

Museu do Amanha y Acuario de Río: desde la estación Uruguaiana, accesible con cualquier línea, se puede ir andando hasta el increíble museo futurista de Río, donde también pueden ver el Parque Maua y el cartel de “Río te amo”. Por el Boulevard Olímpico pueden llegar caminando hasta el Acuario, o pueden tomar uno de los modernos tranvías cariocas que tienen muy buena frecuencia. La entrada al museo es de 10 a 18 y cuesta unos 20 reales (hay algunas opciones de media entrada para menores de 21 y mayores de 60). El mismo está abierto de martes a domingos y los días martes la entrada es totalmente gratuita. En cuanto al Acuario, los horarios son los mismos del museo pero se encuentra abierto todos los días, con una entrada que cuesta 80 reales por persona. Otra forma de llegar, si quieren ir directamente, es bajar en la estación Cinelândia o Carioca y combinar con el servicio de bus VLT (sentido Rodoviária | Praia Formosa) hasta la estación Utopia AquaRio.

Como nota aparte: Dentro del transporte público, la red de colectivos también funciona muy bien, y pueden utilizar la Río Card para combinar en los tramos donde el subte no llega si prefieren no caminar. La tarifa es de 3,80 (para cualquier viaje) y puede pagarse también en efectivo arriba del bus. También el taxi es una opción un poco menos económica, pero que puede resultar conveniente si están apurados. En especial para viajes cortos, tomar un taxi no nos pareció una locura y pueden pagarse con tarjeta de crédito, e incluso pueden chequear previamente el valor aproximado del recorrido en este sitio. También una buena alternativa son las aplicaciones como Uber o 99 que, si cuentan con un chip o roaming para tener internet, pueden abaratar mucho los costos. Desde Barra de Tijuca al aeropuerto internacional el viaje nos salió 70 reales, contra los 110 que marcaba el taxímetro (desde el hotel, nos lo pidieron mediante la app). La alternativa para el aeropuerto también son los buses: para los que van a Copacabana, el 2018 sale del aeropuerto y los lleva por 16 reales, en un viaje de más o menos una hora. Estos buses especiales tienen horarios específicos y pueden pedir toda la información en el mismo aeropuerto cuando llegan, en información turística.

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Río de Janeiro: la ciudad de los contrastes https://argietravellers.com/rio-janeiro-la-ciudad-los-contrastes/ https://argietravellers.com/rio-janeiro-la-ciudad-los-contrastes/#respond Tue, 18 Jul 2017 20:57:29 +0000 https://argietravellers.com/?p=379 Creo que todos los que disfrutamos de viajar, e intentamos hacerlo lo más seguido posible, tenemos una lista de destinos pendientes que esperamos conocer en algún momento. Río de Janeiro estuvo desde siempre entre esos que más deseaba conocer pero que, por un motivo u otro, terminaba postergando inevitablemente.

La última vez que había estado en la ciudad carioca, había sido desde la panza de mi mamá. Andá a saber si fue eso, o las historias de la familia sobre una de las ciudades más lindas del mundo, pero siempre había querido conocer Río de Janeiro. Gracias a una de esas cosas del destino, terminé ganando por Al Mundo y Gol unos pasajes a Brasil (ya contaremos un poco más sobre el vuelo), a cualquier destino, y sabía desde un principio cuál iba a ser el elegido.

Me había pasado con otras ciudades, que a primera vista parece que las conocés. Cuando el micro que nos llevó desde el aeropuerto hasta nuestro hotel dobló en la esquina del Hilton y empezó a avanzar por Avenida Atlántica, por la emblemática costa brasileña, con esa pasarela tan icónica con sus dibujos y sus puestitos, sentía que había estado ahí en algún momento y, a su vez, que cualquier imagen que había visto antes no le hacía justicia a una de las avenidas costeras más lindas que vi. Es una sensación casi normal, cada vez que viajo, de sorprenderme con cosas que creía ya conocer. La belleza de las playas de Copacabana, con sus detalles y su gente, me enamoró.

Pero no es solo la playa. Hay algo de los habitantes y el clima de Brasil que fascina un poco, y que se masifica en ciudades como Río. Y no me refiero únicamente a los 29 grados en pleno inicio del invierno, sino algo más. Es la actitud. Es la voluntad y esa sensación de despreocupación que parece flotar en el aire. Es la onda, quizás la caipirinha o tener playas bellísimas para disfrutar todos los días en el medio de una ciudad cosmopolita, pero hay una vibra de relax que parece llenar las calles que van de Leme hasta Leblon y que se vuelcan sobre sus playas, repletas de gente incluso en días laborables.

Igualmente no nos quedamos solo con el sol y el mar. También, además de la belleza de Río de Janeiro, habíamos escuchado hablar de problemas que son moneda corriente de la ciudad donde vivimos. La inseguridad, los robos y todos esos fantasmas que acechan cuando uno viaja a una ciudad tan grande, tan poblada y de la que ya ha escuchado historias de gente conocida. Me cuesta mucho, sin embargo, quedarme con las palabras y opiniones de otros. Me cuesta no salir por mi cuenta y explorar un lugar, sea en la parte del mundo que sea. Siempre tomando los recaudos necesarios, salimos a recorrer el centro carioca. Intentando siempre mantenernos por avenidas y cuidando cosas de valor, teniéndole el respeto que uno puede tenerle a una ciudad tan grande y desconocida, recorrimos el centro que sorprende con los contrastes que muestra ante las escenas de costa y playa, gente corriendo y disfrutando del sol, y la ciudad, la gente trabajadora y que vive en el centro, las diferencias entre las construcciones y las vibras de un lugar maravilloso que parece tener dos caras. Desde el camino al aeropuerto, se pueden ver las casas de ladrillo frente al hotel Ibis. En la ruta que va de Ipanema a Barra de Tijuca se pueden observar las casas que se irguen en la Rocinha, una de las favelas más grandes de latinoamérica, ubicada entre dos de las zonas más caras de Río.

Hay tantos atractivos turísticos, que no alcanza una nota para ponerlos todos. Creo que de a poco vamos a ir contando y armando una guía para los que vayan a conocer o decidan volver a esta ciudad, que definitivamente pide volver más de una vez, aunque sea para volver a pasear por la Avenida Atlántica comiendo un churro relleno o un choclo.

Es una ciudad con tantas caras que uno se maravilla de ir caminándola (porque hay que caminarla). Todos esos edificios descuidados que contrastan con las obras que fueron realizadas en los últimos años para el Mundial y los Juegos Olímpicos. Las pequeñas casas que parecen volcarse sobre los morros y los grandes edificios que se encuentran cerrados como pequeños barrios privados en las zonas más top de la ciudad. Las playas y los vendedores, los turistas y los locales, los paseos populares y las novedades, las cervezas y los cocos… Hay tanto para ver, que sentí que una semana se pasó volando. Es una ciudad en la que uno, a pesar de los cuidados y las advertencias, se siente a gusto. Yo no sé qué será, pero la calidez carioca es contagiosa y resulta fácil sumarse a esa facilidad que parece, en esencia, invitar a ser parte de esa alegría despreocupada que se esparce por las playas de la ciudad. Pero también resulta interesante ver la otra cara, esa parte de Río que poco se ve en las guías turísticas pero que, sin embargo, era la esencia de la ciudad desde que la visitaron mis viejos y, hoy en día, se encuentra más viva que nunca.

Es una ciudad que hay que conocer. En estos días voy a estar contando un poco más sobre la experiencia en esta gran ciudad, los recorridos y lugares para conocer y las cosas que más disfrutamos en este lugar, al que es imposible no querer regresar a nada de haber vuelto.

Te dejamos una Guía para conocer Río de Janeiro viajando en Metro.

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Iguazú: Argentina monta el show, Brasil tiene platea https://argietravellers.com/cataratas-del-iguazu/ https://argietravellers.com/cataratas-del-iguazu/#respond Wed, 13 Apr 2016 20:47:46 +0000 https://argietravellers.com/?p=814 Hacía años que quería visitar Iguazú. No soy fanática de los climas cálidos y húmedos, por lo que había dejado pasar la oportunidad, convencida de que, si algún día iba, sería en invierno, cuando el calor fuese más… soportable. La realidad es que es difícil como amante del frío, encontrar un clima idóneo en Misiones, por lo que me decidí a ir en Abril aunque la época no fuese la mejor. Y efectivamente, llegamos y el calor no era agradable, pero no tan inaguantable como creía. Por lo menos, no en un principio.

Nuestro destino fue Puerto Iguazú, y hay que ser sinceros: la ciudad no ofrece más que las atracciones turísticas por las que todos viajan. Lejos de ser un lugar que haya explotado el tener tan cerca una de las maravillas de nuestro país, Puerto Iguazú no es más que un pueblo, con costumbres que respetan dicha categorización, con muchos hoteles en zonas que no parecen turísticas en absoluto y un centro reducido que se limita a dos avenidas, Córdoba y Brasil, interesantes a la hora de comer o comprar artesanías. Notable fue la diferencia cuando pasamos por Foz Iguazú, una ciudad totalmente diferente y donde la vibra de pueblo desaparece por completo.

Sin embargo, nadie va a Puerto Iguazú para quedarse en la ciudad. Tres o cuatro días son un tiempo limitado pero suficiente para conocer lo que se necesita conocer. Nuestro itinerario fue ajustado y terminamos bastante cansados, pero el rally es totalmente justificable para no perderse una de las cosas más lindas que tiene la Argentina: las cataratas del Iguazú. Arrancamos por el lado brasileño, aunque todos nos habían dicho que el lado local era mucho más lindo. Hay algo que es cierto: el show está en Argentina, pero Brasil es quien sacó platea preferencial para disfrutar del espectáculo desde un ángulo tranquilo, con fotografías que permiten capturar la esencia de lo que se ve luego en el Parque Nacional de Iguazú y con un recorrido que requiere mucho menos esfuerzo físico (Brasil tiene 20% de los parques, mientras que Argentina tiene el 80% restante). Hay algo bastante encantador en cruzar la frontera y estar tan cerca de tierras nacionales, pero en un lugar que parece completamente diferente: si hay algo que saben hacer bien los brasileros es generar ciudades con atractivos turísticos.

Aunque muchas personas me habían dicho que los hoteles en Iguazú, por lo general, no son muy atractivos, tuvimos la suerte de caer en uno que lo era. Todos, incluso los de menor categoría, tienen pileta: el tema del calor es una constante en la ciudad y no hay nada más lindo que llegar muerto de una excursión y sumergirse un ratito en la pileta a hacer absolutamente nada. Nuestra elección, Awkati Suites, con habitaciones cómodas y desayuno incluído. Sumó muchos puntos tener bar en el hotel y la posibilidad de cenar ahí. La realidad es que la vida nocturna en Puerto Iguazú es poca. La comida no es nada del otro mundo, pero se come bien por precios que nos son exorbitantes. Del lado brasilero, las churrasquerías ofrecen variedad y del lado argentino es recomendable la pesca como el pacú. Realmente no es una zona para hacer un tour gastronómico y el cansancio por todo el trajín del día a veces invita a cenar lo más cerca posible.

En el Parque Nacional es cuando el tema del calor es más complicado. El consejo es tener agua en la mochila todo el tiempo y estar atento a las duchas y canillas de agua potable distribuidas por el lugar. Gorra, protector solar, ropa fresca… ya saben. Recomendable el tour con el gomón por debajo de las cataratas. Realmente la experiencia de estar ahí abajo, sintiéndote insignificante frente a la famosa Garganta del Diablo, es una sensación única. Los arcoiris te siguen de cerca y quedás ahí, al lado de esas caídas magníficas… Si tienen lugar en la mochila, llevar una toalla o ropa para cambiarse no es una mala idea; salís empapado.

Las minas de Wanda, el parque de las Aves y las ruinas de San Ignacio son lugares que lamentablemente no tuvimos tiempo de visitar, pero del parque escuché muy buenas críticas de gente que hizo las otras excursiones con nosotros. Además, otra atracción que invita a los turistas es el Duty Free Shop que se encuentra en la frontera entre Brasil y Argentina. Hay ofertas, sí, pero nada del otro mundo: ropa, zapatillas, perfumes y maquillajes son las cosas que conviene comprar. Lo que es tecnología y comestibles nos resultó caro, pero el lugar está bastante lindo para recorrer (y, de paso, descansar un poco del calor de la ciudad).

Me tomó tiempo decidirme a visitar una de las maravillas del país, pero vuelvo feliz de haber ido y recomiendo este paseo a cualquiera que tenga la posibilidad de escaparse unos días por un precio que, dentro de todo, creo que es razonable. Tenemos cerca uno de los paisajes naturales más hermosos del mundo. Creo que el esfuerzo por ir a verlo con tus propios ojos vale la pena. Las fotos no le hacen justicia, de verdad.

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