En el pasado viaje, traté de meter unos días en Alemania como pude. Incluso cuando no cerraba muy bien con el itinerario que teníamos en mente, hicimos el esfuerzo. Mi primera vez en Europa había pasado por Frankfurt y Rothenburg Ob Der Tauber y había quedado encantada con este país, que hacía años quería conocer. Lejos del mito de la frialdad alemana, nos recibieron de excelente manera e, incluso sin saber el idioma, se las ingeniaron para ayudarnos en cada lugar que visitamos. En Berlín la situación no fue diferente. La gentileza alemana la notamos desde el primer momento, llegando yo con mi valija perdida y pocas pulgas.
Alemania es una país que fascina por sus contrastes. Aún sin conocer, ni por asomo, todo lo que me gustaría, siento que hay opciones para todos los gustos. Incluso estando en grandes ciudades, es fácil tomarse un tren y huir a un pueblito, que realmente parecen salidos de un cuento. Alemania es bella, de esos países que siempre parecen tener un lugar más para sacarte la respiración.
Desde ya arranco diciendo que a Berlín tengo que volver, así como tengo que volver a seguir recorriendo otras ciudades. Estuvimos cuatro noches y aún así me pareció poco para un lugar que tiene historia por todos lados, grandes parques, detalles, museos y todo lo que uno busca en una ciudad turística. Aún siento que mi juicio sobre Berlín es ligeramente superficial, ya que me parece que todavía me falta mucho por conocer. Sin embargo, puedo decirles que es una ciudad que tiene un poco de todo. Además de ser un libro abierto para todos aquellos que disfrutan la historia y quieren saber más sobre la época de Hitler, hay muchas alternativas para quienes buscan también descansar y divertirse.
No es particularmente una ciudad cara. Hemos comido muy bien por poco, hemos probado platos típicos así como comida rápida por pocos euros y muy buenas cervezas. Es una ciudad vibrante, con opciones, con contrastes, con actividades que parecen inagotables. Es bella de día, pero de noche también tiene un encanto especial.
Si van en Navidad, se van a encontrar con incansables mercaditos de Navidad, donde la gente se reune a comer algo y tomar vino caliente. Y hablo de los locales. Es increíble rodearse entre gente que, en su tiempo libre, sale a disfrutar de esta bella ciudad sin prisas, con sus familias, con sus mayores, con su pareja. Lejos volvió a quedar ese concepto de la frialdad alemana con la que me engañaron tantos años. Nos sentimos tan a gusto en esta ciudad y nos trataron tan bien, que no tengo palabras para recomendarles este lugar. Hay muchos españoles, incluso nos cruzamos también algunos argentinos, que hicieron el tema del idioma un poco más fácil. Pero todos los alemanes que nos atendieron fueron amorosos, ayudándonos incluso con problemas que no tenían que ver con ellos o menús en alemán donde no entendíamos ni jota. Fue el caso del metro, donde un señor grande nos ayudó muy amablemente a sacar los tickets que necesitábamos, explicándonos en el proceso qué nos convenía. También en el metro, después de comprar otros tickets, un chico nos corrió por todo el andén porque nos habíamos olvidado una tarjeta de crédito puesta en la máquina. La buena onda de todos fue realmente una sorpresa grata. La barrera del idioma fue inexistente, ya que todas las personas con las que tuvimos que hablar nos respondieron en un muy buen inglés y nos entendimos sin problemas.
Berlín tiene una vibra muy especial. Es una ciudad donde hay muchos contrastes y, creo yo, opciones para todos los gustos. Estoy preparando un itinerarios de cuatro días con lo que vimos nosotros, pero la verdad es que podría extenderme muchísimo más sobre esta ciudad. Esta capital no sólo me encantó, sino que revivió mis ganas de recorrer Alemania, con sus comidas, sus detalles, sus pueblitos, su gente. Siempre me llevo recuerdos muy especiales de cada lugar que visito. Aunque es inevitable querer volver a muchas de las ciudades que conocemos, pocas son las que nos impulsan a querer conocer más sobre un país, sobre su cultura y esos rincones no tan turísticos pero igualmente encantadores. Berlín es un buen lugar para arrancar a conocer Alemania, si es la primera vez que visitan el país, para empaparse un poco con su cultura. Pero, sobre todo, es una buena puerta para conocer a su gente y entender muchas cosas que, desde el otro lado del mundo, creemos de otra forma.
Volver a Berlín no fue sólo volver a Alemania, sino recordar por qué tenía tantas ganas de regresar a este país. Aunque no sé cuándo ni cómo, estoy segura que esta no fue, ni por asomo, nuestra última vez en tierras alemanas. ¡Pronto la guía con todo lo que hicimos más algunos tips de presupuesto, transporte y demás! Estoy subiendo muchas fotitos en mi Instagram sobre nuestro paso por la ciudad, las pueden ver acá.


