Hay países que siempre soñamos con conocer. Ya conté un poco como Japón fue mi sueño de tantos años, quizás más de los que recuerdo, hecho realidad. Hay otros que simplemente no están en nuestros planes. Quizás por el tipo de atracciones, quizás por seguridad, quizás porque simplemente no sabemos mucho sobre ellos y no logran despertar nuestro interés.
Mi historia con Corea del Sur es un poco así. Poco sabía de este país, que, de a poco, se fue metiendo en el plano del entretenimiento de una forma tan sutil que casi ni nos dimos cuenta. Mi primer interés real por Corea surgió, como el de mucha gente, por una serie de televisión. Durante la pandemia vi mi primer k-drama, uno que probablemente sea de los más famosos del país asiático, uno que hace pocos días salió en las noticias por hacer que un pequeño pueblo de Suiza tenga que cobrar entrada para ingresar a una de las zonas donde se grabó.
Con el paso del tiempo me fui enganchando, me fui acostumbrando al idioma, me empezaron a dar curiosidad sus costumbres, su comida, sus lugares. Empecé a leer a sus autores, a escuchar su música. Y cuando se presentó la oportunidad de conocer la capital de Corea del Sur —porque fue una oportunidad más que un plan—, estaba muy emocionada de finalmente poder visitar este país que indiscretamente se había metido en mi radar.
Y sinceramente no me extraña que la cultura coreana se haya vuelto tan popular. Es una cultura con tantas cosas fascinantes, llamativas, curiosas. Seúl es una capital que lo tiene todo, realmente. Es una ciudad que a mí me encantó desde el primer momento, con toda su estética, con sus lugares que ya me sonaban familiares, con su comida maravillosa (¡y tan picante!) y sus cafés de todos los tipos y colores. Es una ciudad instagrameable pero también repleta de historia. Está perfectamente acondicionada para el turismo y es moderna, pero también sabe conservar parte de su cultura y su esencia.
Seoul me dejó maravillada con un país que, hace unos años, no estaba en mis planes de conocer. Hoy en día digo con toda certeza que me encantaría regresar y no sólo conocer más a fondo la capital (8 noches parecían un montón y terminaron sin ser suficientes), sino también recorrer otras zonas menos turísticas. Busan, Jeju, Daegu… todas tienen ahora un pin en mi mapa, en una zona que por años había pasado por alto. Seúl resultó ser un destino mucho más sencillo de lo que esperábamos para viajar por nuestra cuenta, me encantaría saber cómo es en el resto del país.
He leído opiniones diversas sobre Corea del Sur y sobre su ciudad más importante, pero a mí me ha dejado recuerdos maravillosos. A veces es extraño cómo encontramos destinos que queremos visitar (siempre cuento nuestra historia sobre Curacao), pero qué maravilla cuando no solo cumplen las expectativas sino que nos dejan con ganas de contarle a todo el mundo por qué deberían visitarlos.
Se vienen los posteos sobre Corea del Sur y sobre la maravillosa Seúl. Aunque su slogan ya será modificado pronto, a mi ese I Seoul U me quedó muy grabado en los recuerdos de una ciudad que, sin dudas, se metió en los primeros puestos de las más divertidas y atractivas en las que estuvimos.


