El estadio Maracaná de Río de Janeiro es un lugar histórico e icónico para cualquier fanático del fútbol. Cuando llegamos a la ciudad, estaba entre uno de los atractivos turísticos que no podíamos dejar de visitar. Sin embargo, averiguando un poco y pensando en sacar una excursión, encontramos que las visitas guiadas al estadio se encuentran suspendidas y que los tours únicamente incluyen una visita por el exterior.
Fue ahí cuando llegó a nosotros el fixture de la fecha siguiente, que incluía uno de los partidos más famosos del fútbol brasileño: el “fla-flu”, popular clásico carioca entre el Flamengo y el Fluminense, a disputarse en el gran Maracaná. Inmediatamente, y a un día del partido, supimos que teníamos que ponernos en campaña para conseguir entradas.
La realidad es que las entradas, como en la mayoría de los partidos, pueden comprarse por internet hasta un día antes del partido. El valor mínimo de los tickets es de 30 reales (unos 150 pesos), un valor normal para una entrada popular. Después de comprarlos, los mismos deben retirarse por las boleterías del estadio antes del partido. Lo ideal es hacerlo con tiempo, ya que las filas afuera del estadio para retirar entradas eran largas y el sol de Río no acompaña para largas esperas, incluso en junio.
No obstante, estábamos muy cerca de la fecha y ya el sábado a la noche la posibilidad de comprar una entrada por internet no era una opción. Hay otras tres alternativas para aquellos que quieran ir a ver un partido en Brasil. Primero, hay tours que se organizan para ir a ver este tipo de partidos. Recuerdo que mis viejos me habían contado que, en su momento y con un panorama bastante distinto en los estadios, habían optado por estas empresas para ir a ver el clásico. Por lo general es la opción más cara, pero se encargan de las entradas, los traslados, los accesos… Te despreocupás de todo. Otra opción es comprar directamente en la boletería, antes del partido. Como les comenté, las filas eran largas, pero es una buena opción para comprar tickets a precios bajos hasta finalizado el primer tiempo. El estadio no estaba lleno, así que lo más probable es que pudieran conseguirse sin problemas. La otra opción, que fue a la que nosotros recurrimos, es averiguar en la recepción del hotel. Ellos se encargan de conseguir las entradas que, obviamente, terminan saliendo más que comprarlas por otra vía. Sin embargo, estando tan cerca de la fecha, era lo más rápido y nos olvidamos de tener que irlas a buscar. El precio fue, por entrada, de 130 reales (cuatro veces más que el precio original), pero no teníamos muchas alternativas.
Algo que siempre ronda en la cabeza de los argentinos cuando vamos a ver un partido de fútbol en el exterior es el tema de la seguridad. La verdad es que cuando nos dijeron de ir a ver un clásico en popular, lo pensamos dos veces. En la recepción del hotel dijeron que era tranquilo, así que decidimos arriesgarnos, siempre tomando los recaudos necesarios: llevamos pocas cosas, duplicados de documentos… Ya saben. Estamos tan acostumbrados a la paranoia que ya nos parece normal hacer todas estas cosas.
Desde la previa del partido, nos sorprendimos con el ambiente que se vivía. Viajando en el subte (como comenté, es muy fácil moverse por la ciudad con este medio de transporte y llegar al Maracaná), los hinchas y las camisetas se mezclaban sin problemas, los transportes no estaban colapsados y el ambiente era más bien relajado. Algo que debería ser así en todos lados pero que, bien sabemos los que vamos a la cancha, no es algo que pase siempre. A pesar que hace poco se conocieron noticias sobre un enfrentamiento entre dos hinchadas cariocas, el clima que vivimos nosotros fue muy diferente a lo que cuentan las noticias y nos sorprendió mucho lo que escuchamos. Nos pareció un buen ambiente en general, con mucha seguridad y un público eufórico pero muy descontracturado.
En el exterior del estadio, los hinchas de ambos equipos se mezclan entre cantos y chicanas, pero más bien con esa naturaleza alegre que tienen los brasileños. Parejas con camisetas del Flamengo y el Fluminense iban de la mano, familias apoyando a su club, hinchas cantándole a las cámaras de Fox… El clima, con 28 grados y un sol radiante, acompañaba el clima festivo. Nosotros fuimos en invierno, pero en verano recomiendo gorra y protector solar, porque el calor de Río se siente más sobre el concreto.
Y ese estadio. Que belleza el Maracaná con la vida de los hinchas, la fiesta, el clásico… Uno de los estadios más lindos que tuve la suerte de ver, no sólo por su estructura y apariencia (además de todas las mejoras que trajeron el Mundial y los Juegos), sino por toda la historia que lleva encima.
Los controles de seguridad no fueron nada diferente a lo que son acá en Buenos Aires. Como ya saben, no pueden pasarse líquidos y recomiendo ir sin mochila para agilizar las cosas, aunque entramos bastante rápido para ser un partido tan importante. La cancha no estaba llena ni por asomo, pero el sector popular del Flamengo (el local en aquella fecha), se encontraba bastante lleno de hinchas, que ya desde temprano hacían sonar sus canciones.
El partido resultó ser entretenido, nos llevamos un 2 a 2 con un gol del Flamengo a última hora que enloqueció a la tribuna en la que nos encontrábamos (y lo tenemos en video, al final de este post). Sin embargo, como en todo clásico, la fiesta la arma la gente y si hay algo que los brasileños saben es cómo ponerle color, entusiasmo y ritmo a cualquier evento. Sin parar de cantar, sin parar de mover banderas y sin dejar de tomar cerveza (sí, como en la mayoría de los estadios del mundo se vende alcohol, a 6 reales la lata), el clima es algo único.
Si tienen la suerte de estar en Río de Janeiro en una fecha así, les recomiendo ir a presenciar este espectáculo. Incluso sin ser un partido importante, para los simpatizantes del fútbol, ir al Maracaná ya es de por sí una experiencia única.


