Es primero de septiembre, otra vez. Es el primero de septiembre del que habla el epílogo de uno de los libros más leídos por los adolescentes de mi época. Soy de la generación de chicos que creció con los libros de Harry Potter. El 1 de septiembre significa algo para nosotros. El 1 de septiembre sabíamos que era el día en que tocaba volver a Hogwarts. El día en que flotaban los chistes sobre cómo el tío Vernon debía haberse robado nuestra carta. El día que volvíamos a ver las películas, esperando ser parte de ese universo tan mágico, tan único, que Joanne Rowling supo crear desde la nada misma, para convertirse en uno de los mundos ficticios más hermosos de la literatura moderna.
En enero de 2015 tuve la posibilidad de, por algunas horas, sentirme más cerca de este increíble mundo de Harry Potter. Porque los estudios de Warner Bros tienen magia. Les juro que hay algo ahí adentro que te pone la piel de gallina. Porque fueron tantos años, tantos libros y películas, la espera en la librería del barrio para conseguir un ejemplar cuanto antes, volver corriendo de la escuela para leer, esperar los estrenos en el cine… Estar ahí fue como la frutilla del postre a una historia que comenzó cuando tenía 11 años y mi mamá trajo el primer libro de la saga a casa.
Hay muchos tours que realizan el recorrido por el estudio, con traslado incluído. Yo decidí hacerlo por mi cuenta, más que nada por un tema de costos. Warner Bros Studios está situado a 32 kilómetros de Londres, por lo que el viaje implica un tren y un micro, pero es muy fácil llegar por cuenta propia y el viaje dura aproximadamente 40 minutos. El tren sale desde London Euston y llega a Watford Junction Station, y tiene un valor de 17 libras para ir y volver en el día (es la opción any time day return y es lo más económico). Los trenes los pueden comprar desde la página de Trainline, seleccionando la opción “return”, “same day” y una vez que realizan la búsqueda les va a aparecer para comprar los tickets para ir y volver en el día. Luego, desde Watford Junction sale un bus de la compañía Mullany’s Coaches, que salen 2,50 libras (ida y vuelta) y que tienen una frecuencia de 15 minutos, saliendo el último 20’ minutos antes de que cierren los estudios. Es recomendable que revisen los horarios en el sitio oficial de Warner Bros Studios, ya que los horarios varían dependiendo de la época del año.
Las entradas tienen que comprarse por anticipado. Pueden comprarlas directamente desde el sitio de WBS. El costo básico para un adulto es de 39 libras. Si bien es un precio considerable, les garantizo que la experiencia lo vale. En un principio dudaba un poco porque me parecía mucha plata en aquel momento para el tipo de viaje que estaba haciendo, pero les garantizo que la experiencia vale la pena. El total entre el tren, el metro y la entrada es de unas 58,50 libras, lo que implica hacer el recorrido por nuestra cuenta. Si quieren hacerlo en tour, los mismos están aproximadamente de 80 libras en adelante (si hablamos de un tour básico que únicamente incluye transporte hasta y desde los estudios y entrada).
Llegada después de un viaje que se me hizo más bien rápido, tuve que aguardar en una sala, donde todos los visitantes nos encontrábamos rodeados de películas de Harry Potter hasta que nos llevaran hasta las puertas del Gran Comedor para explicarnos de qué iba todo eso. Las puertas se abren, y ahí están las mesas, que no son tan largas como en las películas pero igualmente espectaculares. Y las réplicas de los personajes más populares de la película, y la mesa de los profesores… El recorrido es todo así. Un sobresalto constante, una emoción increíble y una fascinación absoluta por cada detalle que se encuentra preciosamente guardado en esos estudios. Es, si pierden la noción del tiempo, perder casi todo el día acá adentro mirando todos los detalles. De verdad les digo, aunque pensaba que iba a ser relativamente breve, fueron horas perdida entre magia. Y cuando llegás a la tienda, aunque los precios son elevados, no te querés ir ni ahí.
El callejón Diagon, la sala común de Gryffindor, la oficina de Dumbledore. Las ropas, los trajes, las varitas, los libros… Todo tiene tanto detalle que parece que realmente te caíste en el mundo de Harry Potter. Hay tanto para ver que por momentos uno se desorienta un poco, por lo que les recomiendo ir por partes para no marearse. Querés ver todo, pero andá de a poco porque sino vas a terminar loco.
Obviamente, no me podía ir sin probar una de las experiencias más mágicas de este lugar: volar en escoba. Sí, posta. Con el famoso fondo verde que se ve en las grabaciones de todas las películas con efectos especiales, podemos subirnos a un simulador de vuelo. Después de elegir la túnica de la casa que queremos (Gryffindor de la cuna hasta el cajón), te dejan subirte a estos simuladores y te sacan unas fotos para que puedas llevarte de recuerdo. Una experiencia que vale la pena, dentro de las tantas emociones que se sienten en estos famosos estudios.
Y si algo me faltaba para saber que este lugar era mágico… cuando salimos a Privet Drive, con esa casita tan modesta que muestran en la primera película, vi por primera vez nieve en Europa. Una nevada suave me acompañó por el resto de mi recorrido por el autobús noctámbulo de la tercera película, el puente de Hogwarts e incluso la moto de Hagrid. Cada pequeño pedacito es increíble. Es estar ahí, en ese universo que por tantos años parecía lejano y estaba ahí.
Y hoy es 1 de septiembre, y ya estoy un poco grande para esperar que llegue una carta de Hogwarts. Pero esta fue mi visita al fantástico mundo de J.K. Rowling, y la verdad es que fue casi tan mágico como tomar el Expreso de Hogwarts a principio de mes.


